domingo, 14 de octubre de 2018

EJECUTAR A OTTO MAIER - PACO LÓPEZ MENGUAL


CRUEL TRIÁNGULO

 
Así podría calificase la relación que mantienen, durante toda la novela, Leandro, Carola y Luchino, tres activistas de izquierdas que en el tardofranquismo se verán abocados a cometer un atentado de magnitudes inimaginables, y gracias a los cuales recreamos el ambiente sociopolítico vivido en Murcia en los tiempos previos a la muerte del dictador.

Paco López Mengual es un hombre que engaña, uno le ve mesurado, tranquilo, a ratos diríase que algo despistado, pero siempre está escuchando, y de esa atención, además del cariño hacia la literatura, nace una novela en la que lo psicológico va de la mano de lo histórico y lo ficcional, y en la que nos regala a tres magníficos personajes, una niña rica que quiere salirse del tiesto y vivir la senda revolucionaria, un joven dispuesto a todo y más por la causa, y un tercer hombre magnético, que será el nudo que aglutine a su alrededor la existencia de sus dos compañeros.

 Para que la novela no sea un manifiesto de la lucha comunista contra el dictador, Paco López Mengual elabora una trama en la que las injusticias que sufre Leandro le abren la puerta de su mente, y en la que las manipulaciones, los engaños, la sombra policial (impagable la figura del policía Silla) y las venganzas tienen mucho que decir en el destino de este trío, así como en el final de algún nazi que otro de los que se refugiaron en nuestro país al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Con dos tramas temporales, seremos víctimas del juego pergeñado por el autor molinense, en el que nada, o casi nada, termina siendo lo que a priori parecía. Y todo ello con una prosa exacta, y unos guiños que nos llevan por el camino deseado, ya sea de ida o de vuelta, en Murcia o en Madrid, en libertad o en el interior de una celda. Inolvidable.

‘EJECUTAR A OTTO MAIER’
Paco López Mengual.
La Fea Burguesía. Murcia 2018.
272 págs. 10 euros.

(LA VERDAD, "ABABOL", 13/10/2018)


EL APAGÓN - ESTEBAN NAVARRO


(LA VERDAD, "ABABOL", 13/10/2018)

ASESINOS INOCENTES - JOSÉ JAVIER ABASOLO (2)


(LA VERDAD. "ABABOL", 13/10/2018)

JUEGO DE MÁSCARAS - RUBÉN F. UCEDA


(LA VERDAD, "ABABOL", 6/10/2018)

jueves, 4 de octubre de 2018

DONDE LLORAN LOS DEMONIOS - PEDRO MARTÍ

Donde lloran los demonios- Reseña

Donde lloran los demonios es la última y trepidante aventura literaria del inspector Giralt. Una reseña de Antonio Parra

Título
Donde lloran los demonios.
Datos publicación
Editorial Dokusou. Murcia 2018. 448 págs.
Datos del autor
Pedro Martí Martínez (Albacete, 1988), estudió Magisterio en la UCLM especializándose en la enseñanza del inglés. Además de ejercer como maestro en Murcia, es el autor de la saga de novelas policíacas protagonizadas por el inspector Giralt. Es también colaborador habitual del magazine literario radiofónico El bancal de los artistas y co-presentador de Logros y Trofeos en Voz FM. En 2015 publicó La pieza invisible, obra que supuso no solo su debut literario, sino también el de su principal creación: el inspector César Giralt Plaça.
En 2017 publicó su relato Todo mío dentro de la antología Cartagena Negra junto a obras de otros tantos autores especializados en el género negro. Ese mismo año fue seleccionado por la Diputación de Albacete para protagonizar una serie de encuentros literarios en diferentes municipios de la provincia. Más tarde, ese mismo verano, participó como ponente y tertuliano en la IV edición de Cartagena Negra. En 2018 ha publicado Donde lloran los demonios, segunda novela protagonizada por el inspector Giralt.
Sinopsis de la obra
El inspector César Giralt disfruta de una felicidad que le había sido negada desde el cruel asesinato de su hermana a manos del Encerrador siete años atrás. Pero cuando la vida por fin le muestra su lado más amable, la sombra de sus peores miedos regresa a Barcelona de la mano del invierno más frío de los últimos años. El cadáver de una chica llega a la misma playa en la que apareció, en idénticas circunstancias, una de las víctimas del Encerrador.
¿Es posible que se trate de un imitador? ¿O acaso el asesino de Eva ha vuelto de entre los muertos? Ayudado por su equipo, el inspector Giralt emprenderá una última travesía por los recovecos de su pasado para descubrir qué tipo de persona es en realidad antes de afrontar un último baile con el mismísimo diablo.
Reseña
Arrasador
La pieza invisible nos puso ante los ojos a un policía denostado, amargo y con una capacidad de sufrimiento considerable, también iracundo y difícil de llevar, era César Giralt, con un equipaje de dolor digno del más sufrido de los detectives y a pesar de ello capaz de seguir adelante como un tigre herido de muerte, justo cuando sabe que ya no le queda otra alternativa que la de seguir atacando hasta el último aliento.
Pedro Martí sabía bien lo que hacía en aquella novela, con lo que no contábamos entonces era con la espera a la que nos iba a someter, como si fuéramos pequeños individuos en un formicario mientras él nos contemplaba ir de un lado a otro. Sé de buena tinta que no fue sadismo, ni mucho menos, sino la voluntad de la búsqueda constante de la perfección, que es algo que persigue este autor albaceteño afincado en Murcia, miembro de la nueva hornada de novela negra que fue bautizada como Generación 16. Donde lloran los demonios, por tanto, debía seguir su curso, como los lutos, hasta superar la ira y la negación y ser aceptada por su autor como algo listo para salir al mundo, por eso la satisfacción, suya y nuestra, ha sido sin duda mayor.
Esa paciencia la ha tenido también El Encerrador, el asesino metódico y serial que reaparece para asombro de Giralt, repitiendo crímenes y víctimas de manera enfermiza. Dejar morir de hambre a las jóvenes que secuestra no hace sino tintar todavía más de oscuro la trama, y hablando de negritud, son demoledoras esas páginas negras de la novela, precisamente porque están dedicadas al asesino y sus disquisiciones, sus recuerdos, entre los que buceamos los lectores tratando de hallar algún atisbo de una solución que para nosotros está aún muy lejos de llegar.
Y no sólo para nosotros, lo que ocurre es que César Giralt está hecho de otra pasta, y una vez más tendrá que demostrarlo, cuando su vida se ponga, de nuevo y todavía más, patas arriba, cuando los pocos asideros que le quedan estén a punto de ser cortados y él se vea otra vez enfrentado a la decisión más dura de toda su existencia.
Con un ritmo frenético, y unas sombras que se van cerniendo sobre cada página, Pedro Martí ha logrado alcanzar un estado al que sólo algunos grandes del noir americano han podido llevarnos, si recordamos por ejemplo los tormentos que Connolly inflige a Charlie Parker, pero Giralt es español, y Pedro Martí también, y hay que felicitarse porque aquí se haya escrito una novela como ésta.
https://punica.es/donde-lloran-los-demonios-resena-2/

DONDE FUIMOS INVENCIBLES - MARÍA ORUÑA

Donde fuimos invencibles- Reseña

Donde fuimos invencibles, de María Oruña. Una novela reseñada por Antonio Parra Sanz

Título
Donde fuimos invencibles.

Datos publicación

Editorial Destino. Barcelona 2018. 414 págs.

Datos del autor

María Oruña (Vigo, 1976), gallega de padre cántabro, desde pequeña visita con frecuencia Cantabria. Allí ha ambientado Los Libros de Puerto Escondido, Un lugar a donde irPuerto escondido y ahora Donde fuimos invencibles. Su paso por el género negro está resultando todo un éxito, a juzgar por las traducciones al alemán, el francés y el catalán. En las novelas de esta serie los protagonistas son los paisajes cántabros y el equipo de la teniente Valentina Redondo, que se ha ganado el cariño de miles de lectores. Oruña es abogada y actualmente compagina esta profesión con la escritura.

Sinopsis de la obra

El verano está terminando y la teniente Valentina Redondo está contando los días para empezar sus vacaciones. Pero algo insólito sucede en el centro mismo del pueblo costero de Suances: el jardinero del antiguo Palacio del Amo ha aparecido muerto en el césped de esa enigmática propiedad.
El palacio es una de las casonas con más historia de los alrededores, y después de permanecer mucho tiempo deshabitada, el escritor americano Carlos Green, heredero de la propiedad, ha decidido instalarse temporalmente en el lugar donde vivió sus mejores veranos de juventud. Pero la paz que buscaba se verá truncada por el terrible suceso, y aunque todo apunta a una muerte por causas naturales, parece que alguien ha tocado el cadáver, y Carlos confiesa que en los últimos días ha percibido presencias inexplicables a la razón.
A pesar de que Valentina es absolutamente escéptica en torno a lo paranormal, tanto ella como su equipo, e incluso su pareja, Oliver, se verán envueltos en una sucesión de hechos insólitos que les llevarán a investigar lo sucedido de la forma más extravagante y anómala, descubriendo que algunos lugares guardan un sorprendente aliento atemporal y secreto y que todos los personajes tienen algo que contar y ocultar.

Reseña

El camino del más allá

En esa ruta parece que nos pone María Oruña en esta tercera entrega de la serie “Las novelas de Puerto Escondido”, o lo que es lo mismo, la trilogía protagonizada por la benémerita teniente Valentina Redondo, a quien ya tuvimos la oportunidad de conocer y acompañar tanto en Puerto escondido como en Un lugar a donde ir. El marco, obviamente, continúa siendo Suances, una Cantabria quizá más acogedora que en entregas anteriores, cosas de la época del año, tal vez también porque los hechos a los que ha de enfrentarse Valentina exigen concentrarse en el interior de un palacio y no tanto en cuestiones climatológicas, si exceptuamos el mar, que tiene un papel determinante en ciertos momentos de la novela.
Un jardinero muerto en el Palacio del Amo, donde se ha refugiado su propietario, un diletante americano, Carlos Green, ex campeón de surf y que es el último heredero de la casona, en la que se dedica a escribir mientras llega el momento de la venta. Green tampoco está solo, porque sus noches se ven asaltadas por la presencia, nunca mejor dicho, de alguien que deambula por la casa, una antigua actriz vinculada a los Del Amo, los antiguos propietarios.
Para encajar los hilvanes del más allá con el prosaísmo de una investigación policial que tarda en arrancar (el jardinero pareció morir por causas naturales), María  Oruña se vale de otros personajes que, en lectivas sesiones universitarias, andan dándole vueltas a la existencia o no de vida tras la muerte, un reputado profesor y un joven “cazafantasmas”, mantenedor de un blog en el que da buena cuenta de sus investigaciones. El mérito de la autora, una vez más, es el respeto hacia esas fuentes que aparecen en sus novelas, tanto Cristian Valle, el bloguero inquieto, como el profesor Machín, son tratados con la máxima delicadeza y profesionalidad, no solo acogiendo sus teorías, sino haciéndoles partícipes de lo que ocurre en el palacio a partir de que crezcan las sospechas de una presencia sobrenatural.
La vida de Valentina, por tanto, anda un poco sacudida por el escepticismo y lo que no es de este mundo, claro que cuando la asistenta del palacio muere calcinada en un incendio provocado, la maldad del mundo de los vivos parece apuntarse un nuevo tanto. Por otro lado, mientras eso ocurre, y además de salpimentar la trama con los debates Machín-Valle, María Oruña nos regala los fragmentos de la novela que escribe Carlos Green, una antología de los años juveniles, de las playas cántabras, del surf, en esencia, de esa época en la que todos éramos invencibles, antes de que la vida adulta empezase a repartir mandobles y nos demostrara que de invencibles, más bien poco.
Toda la novela, por tanto, se mantiene sobre una arquitectura bastante completa, el crimen, la amenaza del más allá, los recuerdos, el paraíso perdido de la juventud, algunos sueños adultos que empiezan a adivinarse. Así no hay forma alguna de que el lector se distraiga o se aburra, porque todo encaja con extrema naturalidad, cuando hay que guardar silencio por si aparece un espíritu se guarda, y cuando hay que volar porque la investigación avanza, los colaboradores de la teniente vuelan, y ganando quilates como personajes, todo hay que decirlo, agrandándose junto a otros de la galería Oruña, como forenses, jueces o amigos de Oliver.
Del motivo de las muertes, de lo que hay escondido en el palacio, de los secretos familiares o de lo que el tiempo va a deparar a Valentina y Oliver Gordon, no puedo ni debo hablarles, eso pertenece a la privacidad del lector, lo que sí puedo decirles es que van a pasar unas horas muy plácidas leyendo este nuevo caso de Valentina Redondo, y que no se van a arrepentir de acompañarla. Tal vez cuando lleguen al final de la novela terminen de entender bien estas últimas palabras.
https://punica.es/donde-fuimos-invencibles-resena/

NO LEVANTES LA VOZ - JUAN JOSÉ LARA


(LA VERDAD, "ABABOL", 29/09/2018)

EL HOSTAL DEL INGLÉS - FRANCISCO JOSÉ SEGURA


(LA VERDAD, "ABABOL", 29/09/2018)

martes, 2 de octubre de 2018

MATAR AL TERTULIANO - JUAN PEDRO COSANO

‘Matar al tertuliano’- Reseña

Matar al tertuliano es la nueva novela de Juan Pedro Cosano, reseñada por nuestro crítico literario Antonio Parra

Título

Matar al tertuliano.

Datos publicación

Editorial Almuzara. Córdoba 2018. 415 págs.

Datos del autor

Juan Pedro Cosano (Jerez, 1960), compagina la literatura con el ejercicio de la abogacía. Accedió al mundo editorial en 2014, cuando su novela El abogado de pobres mereció, por unanimidad del jurado, el “V Premio Abogados de Novela”. Le siguieron Llamé al cielo y no me oyó, segunda entrega de las aventuras de Pedro de Alemán, el abogado de pobres del Jerez del siglo XVIII, un personaje soberbio que ha cautivado a miles de lectores; La fuente de oro, un aplaudido melodrama que retrata el mundo bodeguero jerezano durante los años treinta del siglo pasado; y Las monedas de los 24 (Novela nominada al Premio Andalucía de la Crítica 2018), la tercera entrega de las aventuras del abogado de pobres. Antes había publicado la novela histórica Hispania, el poemario La noche calma (2007) y la novela negra Las muertes pequeñas (2009).

Sinopsis de la obra

Florencio Patón es inspector jefe de la UDEV de la comisaría de policía de Pozuelo de Alarcón. Odia su nombre y su apellido, ha sufrido un mal divorcio y ha de soportar a un hijo que, sin trabajo y próximo a la treintena, dedica su tiempo a cazar Pikachus con sus amigotes. Está cansado de su trabajo, tal vez también de la vida, espera el pase a la segunda actividad y, en su existencia, hay pocos alicientes aparte de su desmedida afición a las series y a las buenas películas. Tiene entre quienes lo conocen fama de bebedor, de algo machista y de hacer gala de una cierta radicalidad en sus opiniones.
A su comisaría llega una mañana, aterrorizado, Alberto Luis Conesa, célebre presentador de una tertulia televisiva del corazón, para denunciar que a su casa ha llegado un anónimo en el que, so pena de muerte, se le conmina a revelar “su secreto”. La investigación le es encomendada, para su desesperación, al inspector Patón, que se ve obligado a iniciar sus pesquisas entre gente –periodistas de medio pelo, colaboradores televisivos…- de la que le gustaría hallarse lo más lejos posible.
Cuando tres famosos tertulianos televisivos aparecen asesinados y otros se ven obligados a revelar en antena sus más inconfesables secretos, lo que para el inspector Patón comenzó siendo una tarea deleznable terminará convirtiéndose en una investigación apasionante de la que no deseará ser apartado cuando el caso sea asumido por la Brigada Central de Investigación de Delitos contra las Personas.

Reseña

The show business
No hay nada como el negocio del espectáculo, y si es televisivo mucho mejor, porque es amigo del pronto pago. Los vertederos catódicos en “prime time” se tambalean cuando sus más rutilantes estrellas comienzan a recibir unas misteriosas cartas, en las que un supuesto vengador amenaza con acabar con sus vidas salvo que se inmolen en pantalla, es decir, que confiesen en antena y en riguroso directo sus más turbios y profundo secretos.
Cunde el pánico y sólo un hombre está llamado a aclararlo todo, el inspector Florencio Patón, orondo, mayor y atípico policía de Pozuelo de Alarcón, con ciertos problemas intestinales y un buen cargamento de manías, o “tocs”, si acudimos al vocabulario de la época. Juan Pedro Cosano ha perfilado a un personaje magnífico, histriónico y capaz de convivir con el ridículo, pero al mismo tiempo a un agente de la ley con todas las letras, habilitado para saltarse jurisdicciones si su instinto le marca el camino de lo que puede ser la verdad.
Una novela que mezcla lo negro con lo humorístico, algo que escasea y en lo que deberían reparar de vez en cuando las voces del género, y que además lanza sus correspondientes mensajes sociales, tanto en lo referente a la bazofia televisiva que ven muchas personas y que enriquece a ciertas cadenas, como en lo que atañe al mundo de la mentira y la corrupción, al “todo vale” para llegar a la cima.
Pues no todo vale, ahí están las cartas de este misterioso asesino que sabe en qué llaga puede poner el dedo para conseguir sus propósitos. La cuestión radica en seguir leyendo para ver quién vence, si el justiciero de la tele o la señora ciega de la balanza.
https://punica.es/matar-al-tertuliano-resena/

TAXI - CARLOS ZANÓN


SANDINO O EL CORAZÓN DE BARCELONA

  
A veces, como lectores, echamos un poco de menos una novela de esas de personaje, en las que una sola alma es capaz de conducir toda la trama y la narración. Eso es lo que nos regala Carlos Zanón con esta puesta de largo de Jose Sandino, un taxista barcelonés al que acompañamos durante una semana, en un progresivo descenso a los infiernos, entre las sombras del insomnio y las amenazas de la deslealtad o el tratado de cómo lograr deshacerse de una mercancía incómoda sin morir en el intento.

Sandino es amargo, está solo, a ratos perdido, guarda un fondo sarcástico justo una planta por encima de donde guarda el cariño, tiene problemas para conservar ciertas amistades, salta de cama en cama buscando algo más que compañía, es la oveja parda de la familia, la negra es su hermano pero él consigue pasar más desapercibido. Servicial si hace falta, indómito pero callado cuando el cliente lo requiere, y muy observador, porque la atalaya con ruedas en la que vive le permite contemplar, y juzgar, una ciudad como Barcelona, a la que le recorre las costuras comparándolas con el anterior traje de emperatriz que en otras décadas lució la ciudad condal.

Carlos Zanón, no vamos a descubrir ahora el secreto de la perfecta narración, sabe muy bien lo que se hace, lo ha demostrado ya en varias entregas negras, pero en esta ocasión se sale de todos los géneros para convertirse en la voz, los ojos y el alma de Sandino. Y nos da la clave para traspasarnos esa función, sentándonos en el asiento delantero del taxi. Novela dura, abrupta a ratos, con toques de humor ácido, crítica social, sentimental, negra incluso, con un ambiente musical necesario porque hay muchos caminos que recorrer. Tal vez algunos paladares se sorprendan, pero el que tenga buenas papilas narrativas le encontrará a la novela un retrogusto del silgo XX, cuando aún había muchas cosas por descubrir.

‘TAXI’. Carlos Zanón.
Editorial: Salamandra. Barcelona 2017.
368 páginas. 20 euros.

(LA VERDAD, "ABABOL", 22/09/2018)

LIBÉLULAS EN LA NOCHE - JAVIER TRESCUADRAS


(LA VERDAD, "ABABOL", 22/9/2018)

domingo, 2 de septiembre de 2018

GOLPES- PERE CERVANTES

‘Golpes’- Pere Cervantes- Reseña

Reseñamos ‘Golpes’, la última novela de Pere Cervantes, flamante II Premio Cartagena Negra de Novela (por ‘Tres minutos de color’).


Título
Golpes
Datos publicación
Editorial Alrevés. Barcelona 2018. 192 págs.

Datos del autor

Pere Cervantes nació en Barcelona y se crio a caballo del Poble-sec y el barrio marinero de la Barceloneta. Tras veinticinco años pateando las calles de este país con una placa en su bolsillo y un arma de fuego en su cintura (prefiere no imitar al inspector Méndez, de González Ledesma), afirma disponer de una mirada en modo grabación que le sirve de primera mano para crear sus novelas. En su paso por los Balcanes como miembro de las Naciones Unidas, aprendió que la hostilidad, al margen de etnias y religiones, suele atemperarse con la lectura.
Esta es su nueva novela policíaca después de haber publicado las veneradas No nos dejan ser niños y La mirada de Chapman, ambas en Ediciones B, y Tres minutos de color (Alrevés).  Desde el año 2016 es colaborador habitual en la Cadena SER (SER Cat), en «3-14-16: La nit que no s’acaba», y coguionista del largometraje La soledad de las ballenas, del director de cine Rodolfo Carnevale.
Sinopsis de la obra
Alfa, un policía bajo sospecha, recupera su libertad provisional tras dormir 444 noches en una prisión catalana. Una vez libre, dispone de una nómina estrangulada que apenas alcanza los ochocientos euros y una media de espera judicial de seis años hasta que reciba la sentencia final; pero Alfa no ha sido instruido para malvivir.
Por eso, cuando alguien le propone empezar una nueva vida apoderándose de cincuenta kilos de cocaína ajena, Alfa no se lo piensa dos veces. Solo necesita cuarenta y ocho horas, regresar a Castellón, despedirse de gente querida y ejecutar de manera inversa lo que hasta ahora venía haciendo.
Estamos ante una novela basada en hechos reales y en muchos encuentros y pactos entre caballeros para lograr que Alfa desvelara los entresijos de una vida supeditada a bucear en las aguas del narcotráfico. Porque Alfa es un púgil inacabado, un estratega del combate, y siempre el centro del universo de las mujeres que ama. Pero, por encima de todo, un hombre necesitado de una moto con la que rodar en busca de esa libertad que precisa para seguir respirando.
Una novela que indaga en la pérdida de la verdadera identidad, y sobre la importancia de tener a quien te acoja en una de las esquinas del cuadrilátero de tu vida. Y es que, sin nadie en la esquina, el combate está perdido.

Reseña

Segundos fuera
Sigue Pere Cervantes empeñado en sorprender al lector, y en esta ocasión lo ha hecho con un personaje duro, encallecido por los golpes del título y por los combates de la vida, pero un personaje que es quien maneja la novela desde la primera hasta la última página. Abel Dou, más conocido como Alfa, es un luchador nato, acaso porque no conoce otra forma de andar por la vida más que la que aprendió en el cuadrilátero, sazonado por las enseñanzas de un padre que le acompañaba en el rincón.
Ese pasado pugilístico ni siquiera es un pasado sino que sigue siendo presente, el más amargo de los presentes, y fue presente también mientras Alfa era el número uno de Estupefacientes, hasta que un error, uno de esos golpes fallidos que le hacen a uno perder pie porque no encuentra blanco en el contrincante, le llevó a juicio y a pasar 444 noches encerrado.
Pere Cervantes tenía entonces dos opciones, dejarse arrastrar por el lado oscuro, ya saben, lumpen, delitos continuados, lenguaje canalla, o bien escuchar con calma a su personaje, dejarle hablar y que le contase al lector todo lo que le ha ido alimentando, y quemando, a lo largo de su vida: las mujeres a las que no supo amar (sí conquistar pero nunca conservar), los pocos hombres que conforman sus rincones de seguridad, o la figura de su hija Khasima, de lo poquito por lo que merece la pena seguir luchando.
La justicia, o la injusticia, va siempre lenta, tanto que sigue sin aclarar o no la culpabilidad de Alfa, pero eso sí, mientras tanto la mantiene suspendido de empleo y sueldo, habitando un limbo del que acaso sólo se pueda escapar de una manera: acudiendo a antiguos conocidos y disponiéndose a hincarle el diente a alguna mercancía que le proporcione el salvoconducto necesario para volver a empezar.
La prosa de Pere Cervantes es potente, intensa, a ratos demoledora, sobre todo cuando se desvelan episodios del pasado de Alfa, o empellones que la vida le propina a él mismo o a alguno de sus amigos, como la muerte de la niña Mamen. La primera persona empleada es tremenda pero genera un inmenso respeto hacia el personaje, quien nos va salteando el golpe que tiene a la vista con todo aquello que le llevó a ser encarcelado y la vida que fue capaz de llevar antes y después de estar entre rejas.
Una novela acaso un poco breve pero trazada con un ritmo perfecto que nos permite acompañar a Abel, o a Alfa, cabalgando en su moto en pos de la puesta de sol, del crepúsculo en el que un hombre está más cerca de encontrarse consigo mismo.
Texto: © Antonio Parra Sanz, 2018.
https://punica.es/golpes-pere-cervantes-resena/

lunes, 27 de agosto de 2018

OCEAN XL

Ocean XL- Relato esencial de Antonio Parra Sanz

El escritor, crítico literario y colaborador habitual de esta casa, Antonio Parra Sanz, nos presenta ‘Ocean XL’, un entrañable caso del comisario Carmona



OCEAN   XL

Con la misma indolencia ceremoniosa de cada mañana, Carmona encendió el primer veguero del día, un “Don Julián” nº 5 que era todo el recuerdo que sobrevivía como herencia de la boda de su hija mayor. A estas alturas de su carrera, no le parecía nada irreverente perfumar con las volutas del humo las inmediaciones de un nuevo cadáver, porque ni era el primero con el que se encontraba, ni por supuesto, bastante bien lo sabía él, tampoco sería el último que sus ojos habrían de ver antes de que se evaporaran los siete años que le restaban de servicio activo.
– Joder, jefe, los de la prensa se van a cebar, menuda carnaza tienen aquí.
Los dos metros de Palazuelos le impedían, como casi siempre, disfrutar de las primeras bocanadas y los primeros vistazos, del silencio con el que constatar lo fugaces que resultan los gestos de quien ha sido sorprendido por la muerte sin que nadie haya tenido la delicadeza de avisarle.
– Coño, Palazuelos, no seas morboso, y no dejes entrar a nadie hasta que llegue Concha con el juez.
Se encerró en aquella habitación, tan normal y huérfana de accesorios como la de cualquier hostal, para darle buena parte de razón al comentario de Palazuelos. Sobre la cama casi sin deshacer yacía un hombre cuyas extremidades se mostraban a medio camino entre el descanso y la resistencia, los brazos reposando sobre el vientre, cubierto apenas por una renegrida camiseta, una pierna estirada aprisionando la pantorrilla de su compañera, flexionada por la rodilla, terminadas ambas en dos calcetines grisáceos que pugnaban por hacer valer su olor por encima de las emanaciones del cigarro de Carmona. Hasta ahí, nada salía de los parámetros que podían considerarse normales, ni siquiera la desnudez del muerto, ni tampoco la congelación del ademán de su sexo, un miembro crecido a medias como si le hubieran cortado el suministro sanguíneo en lo más animoso de los preliminares. Pero lo que sí escapaba de lo habitual era el calzoncillo que tapaba la mitad del rostro, y la pernera retorcida que se ceñía al cuello con mordiscos violáceos, y a través de la cual sobresalía la cabeza de aquel hombre. Normalmente, los muertos de Carmona no tenían pedigrí, así que pensar en refinamientos sexuales no detenidos a tiempo no le servía de mucho, ni el estilo del tipo parecía confirmarlo ni, por supuesto, el lugar era el más indicado para tales proezas.
Mientras repasaba sin necesidad el trazado de una raya capilar cada vez más ensanchada y cana, dejó que los ojos se fueran alejando del cadáver para reconocer los alrededores de la cama, una camisa arrugada y lo que parecían ser unos pantalones se amontonaban en el suelo. Sobre la mesilla de noche, una cartera, algunas monedas, dos o tres cigarrillos escapando del paquete y una petaca, imitadora grotesca de la piel del cocodrilo, volcada con el tapón medio desenroscado, constituían todas las pertenencias de aquel hombre. Francisco José C. A., leyó en un ajado carnet, casi sin filo en los bordes y que le facilitó por primera vez el rostro, demasiado delgado, demasiado vulgar, que el algodón de los calzoncillos no permitía ver. Con el plástico en la mano satisfizo su curiosidad y movió la petaca, que osciló levemente a causa del líquido que aún se agitaba en su interior, lamentó que fuera una petaca y no una botella que poder aligerar de contenido, porque a pesar de su flema, empezar el día de aquella manera le dejaba un preocupante vacío en el estómago, sobre todo si antes de salir de casa a su Milagros le daba, como había sido el caso, por reanudar la discusión que el sueño aplazó la noche anterior, acerca del novio de la hija menor, y las andanzas trasnochadoras en las que ambos se prodigaban cada vez con mayor frecuencia.
– Empezamos bien el día.
Las palabras de Concha le sorprendieron en un complejo ademán, una mano alzando el puro hacia la boca y la otra palpando la oquedad que se adueñaba del generoso abdomen. La inmensidad de la forense se instaló con rapidez en el espacio de la habitación, le propinó un cariñoso cachete en el centro de su generosidad y él correspondió con el consabido manotazo en el descomunal trasero que ya se dirigía, con celo profesional, hacia el cadáver. Era un juego de lo más inocente que ambos compartían desde hacía años, porque ni a Carmona le preocupaba lo más mínimo la línea, ni a Concha le interesaban los hombres en modo alguno, como demostraba con indiferencia cada vez que alguien le preguntaba irónicamente por su Mariano, aludiendo a dos personajes de un conocido humorista gráfico. El cuarteto lo completaban Palazuelos y el juez, un joven novato que se empeñaba en mirar por todos los rincones de la habitación para evitar el encuentro con el cuerpo y que los demás se encontrasen con un desagradable vómito salpicándoles los pies. Carmona entreabrió las cortinas y le regaló al cristal de la ventana la siguiente bocanada de humo, junio tocaba a su fin y con el prólogo de las vacaciones llegaban también los jueces sustitutos, enviados siempre con despreocupación a levantar cadáveres para cuya presencia nunca estaban preparados, y así será – pensaba – hasta que el rigor mortis no sea asignatura obligatoria en los temarios de las oposiciones a la judicatura.
Al otro lado del vidrio, bajo las escaleras, se amontonaban decenas de cuerpos agitados y sudorosos, sudorosos los de los curiosos, agitados los de los periodistas, quién sabía si por la inquietud con la que aguardaban hincarle el diente a presa tan jugosa, o por la presencia a su alrededor de esos otros cuerpos sudorosos. Carmona detestaba las ruedas de prensa, siempre que podía se escabullía dejando que fuese el juez de turno, o la propia Concha, quienes atendieran tanta pregunta sádica, últimamente incluso le había dejado a Palazuelos ese honor, algo contraproducente que ya le había granjeado algunas broncas del Comisario Jefe. En esta ocasión supo que no podría escurrir el bulto, lo supo incluso antes de reparar en la silueta nerviosa que se movía sin cesar en la retaguardia del grupo de curiosos, una mujer asustada que iba y venía apretando contra el pecho una bolsa de deporte, pero prefirió imaginar que lo haría debido a la extrema juventud del juez y a un extraño acceso de conciencia que le impedía permitir que Concha se explayase en los detalles.
– Asfixia por estrangulamiento – certificó Concha mientras le sujetaba al juez los documentos para la firma. Pero no acaba ahí la cosa, a bote pronto y antes de abrirle, el angelito, además de un buen cargamento etílico, lleva encima tranquilizantes como para parar un tren, por eso se resistió sólo a medias, no hay demasiadas muestras de lucha. ¿Das tú la charla o la doy yo?
Concha tampoco consideraba al bisoño juez capaz de encararse con la prensa. Carmona le hizo un gesto que englobaba de una vez la orden de salir y la asunción de su responsabilidad como interlocutor; en los ojos acuosos del juez había toneladas de agradecimiento cuando apretó la mano del comisario.
– Habrá que hablar con el recepcionista – silabeó Palazuelos sin atreverse a interrumpir del todo el ensimismamiento de su jefe.
Los curiosos se multiplicaban como los insectos, a pesar de que las casas más cercanas distaban cerca de un kilómetro del edificio del hostal, enfrentado a otro simétrico, aunque con menos alturas, que hacía las veces de cafetería y restaurante. Poca vida debe llevar consigo – mascullaba Carmona mordisqueando con fuerza su “Don Julián” – quien viene a morir a un sitio como éste, en medio de la nada, expulsado hasta de los barrios residuales de la ciudad. Al otro lado de la carretera, la podredumbre de un vertedero de escombros ensombrecía aún más la ya de por sí desolada presencia del restaurante, al tiempo que hacía más notoria la continua peregrinación de peatones y coches que se iban abalanzando sobre el anzuelo de la furgoneta oscura del Anatómico Forense y las balizas luminosas que, con más pena que gloria, intentaban mantener a raya a periodistas y vecinos.
Tratar de articular palabra cuando se produce el encuentro con una nube de micrófonos, manos y cámaras era poco menos que imposible, y Carmona lo sabía, para cuando cesó el escándalo, y una voz, sin duda la más persistente, logró hacerse oír, su cabeza ya había seleccionado esos datos fríos y precisos que no suelen dejar satisfecho a ningún periodista, pero que sí contentan a los mandos policiales. Siguió fingiendo a medias sin perder la calma y elevando los ojos por encima de las cabezas y los artilugios, hasta encontrar lo que buscaba. Sentada en el arcén, con las piernas recogidas por los brazos y soportando en las rodillas una negra y desinflada bolsa de deporte, la mujer asustada parecía haberse rendido, los ojos fijos en el asfalto y un leve balanceo de adelante a atrás, mientras se eternizaba pronunciando las mismas tres palabras.
– El recepcionista tiene la descripción de una mujer que llegó con el muerto, jefe.
El susurro de Palazuelos puso fin al interrogatorio, Carmona se dio la vuelta ignorando definitivamente las últimas preguntas. Unos pasos después, Palazuelos intentó proseguir pero las palabras de su jefe le dejaron con la boca abierta, mudo y desgarbado muñeco de ventrílocuo.
– Morena, de unos treinta años, uno sesenta y poco, más o menos bien parecida pero con unas ojeras enormes y kilos de sufrimiento en la cara.
– Joder, jefe, ni que fuera usted adivino.
Carmona señaló con la cabeza al arcén en el que la mujer continuaba con su retahíla, la sombra de Palazuelos sólo se movió unos instantes después, cuando al fin logró volver a encajar la mandíbula.
– Venga con nosotros.
La presión de Carmona sobre el hombro de la mujer fue mínima, pero parecía que ella la estuviese aguardando, levantó los ojos llorosos hacia la ventruda figura en la que terminaba aquel brazo y se incorporó con lentitud, dejando que Palazuelos recogiera del suelo la bolsa de deporte, olvidada con indiferencia. Cruzaron la carretera intentando esquivar los grupos que aún no terminaban de dispersarse y apagaron con un gesto firme los ademanes del recepcionista al reconocer a la mujer, estampándole casi en las narices la puerta del despacho del gerente.
Mientras Palazuelos la ayudaba a sentarse, Carmona se empeñaba en encontrar algún parecido entre la foto del carnet y el rostro que se ocultaba entre un remolino de lágrimas y cabellos.
– María Dolores, ¿qué ha hecho usted, mujer?
– Iba a dejarle, señor inspector, iba a dejarle.
– Comisario, bonita, comisario.
Carmona apartó a Palazuelos con la excusa de que sacara de allí la bolsa de deporte y telefonease al Comisario Jefe, las dotes persuasivas de su ayudante, tan conocidas como a menudo censurables para su propio jefe, estaban de más en aquella habitación. La mujer ya estaba lo suficientemente asustada y no era menester estimular todo lo que sin duda estaba a punto de confesar.
– Iba a dejarle, comisario, sólo quería que se durmiera y marcharme, pero entonces se puso eso en la cabeza y empezó a decirme cosas de la Merche, que si le iba a hacer esto, que si le iba a hacer lo otro, y no sé qué me pasó…
– Tranquilícese y vayamos por partes, si me lo cuenta en orden nos enteraremos mucho mejor.
– Llevábamos dos años juntos, yo no he tenido mucha suerte, ¿sabe usted?, la Merche es hija de otro matrimonio, pero parecía que a Paco no le importaba, ¿y yo qué iba a saber? Estaba tan sola que cuando empezó a rondarme, con esa figura y esa labia, porque tenía una labia de aquí te espero, pues eso, que una no es de piedra, ¿qué iba yo a pensar que lo hacía por lo de la casa? Es que yo tenía un pisito que me dejó una tía mía, ¿sabe?, ahí al lado, donde van a construir el híper nuevo, y nos han expropiao, casi por cuatro perras, ya me dirá usted si hoy un piso se puede valorar sólo en treinta mil euros. Y Paco venga a insistir en que a caballo regalao…, pues eso, yo no quería ceder, pero al final nos conformamos, claro, como él lo que quería era trincar el dinero y largarse. Porque fue cobrar el cheque y hacer las maletas, así sin más me dijo que se iba, que no iba a cargar con una mujer con remolque como yo, así que me vine con él al hostal, a ver si le convencía, qué sé yo cómo se me ocurrió traerme la caja de Zolpiden, es que yo no duermo bien, ¿sabe?, desde el divorcio no he pegado el ojo cabalmente ni una noche, y menos con una hija como la mía, que la Merche ha salido al padre, de armas tomar.
– ¿Dice usted que se vino con él al hostal? – Carmona no se sentía capaz de soportar aquel torrente de un tirón.
– A ver si le convencía, que una todavía tiene argumentos para convencer a un hombre, me dijo que antes me invitaba a unas copas ahí enfrente, por los viejos tiempos, y mientras se arreglaba empecé a rellenarle la petaca con las pastillas. Iba bebiendo ya antes de salir, al bajar dejó el sobre con el dinero en una caja, en recepción, y nos fuimos, pero no aguantó más de cuatro copas. Para cuando volvimos, se tenía que apoyar en mí, subimos y se echó en la cama, así que yo aproveché y bajé a por el sobre, pero cuando subí a por mis cosas, todavía estaba despierto, medio desnudo, esperándome. Fue ver el sobre y darle un ataque de risa, me llamó muerta de hambre, y que a dónde iba a ir yo con eso, no paraba de reírse, pero lo peor fue cuando empezó a hablarme de la Merche, que si estaba poniéndose muy buena, que si iba a hacer un cambio, madre por hija, y todas las guarrerías que iba a hacer con ella, se puso los calzoncillos en la cabeza sin parar de reírse… Lo siguiente que me viene a la cabeza es verle tirado en la cama, ya sin fuerzas, y yo tampoco las tuve para irme. Pero le juro, comisario, que sólo quería que se durmiera, le iba a dejar, iba a coger a la Merche y a mi madre y a empezar de nuevo.
Palazuelos entró prologando a dos inspectores de la Brigada Central, Carmona se percató de que uno de ellos ya se había hecho cargo de la bolsa de deporte.
– Muchas gracias, comisario, ya nos encargamos nosotros. ¿Le ha llamado el Comisario Jefe? Bueno, ya le llamará, está usted fuera de zona pero le agradecemos que la haya retenido hasta ahora.
Carmona interrogó a Palazuelos con la mirada y éste le devolvió un elocuente encogimiento de hombros. María Dolores le miró incrédula al descifrar el susurro que el comisario le dejó en el oído:
– Hágame caso, diga que no se acuerda de nada desde antes de llegar al hostal.
Carmona rebuscaba en su chaqueta en busca de un nuevo veguero, tratando de entender por qué la vida se había empeñado en ponerle delante un inicio de día como aquél. Mirando alejarse la espalda de la mujer no pudo dejar de pensar en las calaveradas de su hija menor, y en la suerte que le aguardaría con aquel chico que la arrastraba en su moto de discoteca en discoteca. Pensó también en lo alejadas que muchas veces se encuentran la ley y la justicia, y en que estaba necesitando un carajillo que le entonase el cuerpo después de lo que llevaba de mañana.
– Con casos como éste, vamos a batir el récord de rapidez, ¿eh, jefe? – el optimismo de Palazuelos era casi tan grande como su estatura.
– Ya estoy viejo para esto, coño.
Texto: © Antonio Parra Sanz, incluido en el libro de relatos ‘Desencuentros’, 2003.
https://punica.es/ocean-xl-relato-esencial/

lunes, 13 de agosto de 2018

CARTAGENA NEGRA 2018 - ENTREVISTA EN LA OPINIÓN

"Como te entre el gusanillo de la novela negra, ya no te lo quitas en la vida"

"Si respetamos entre todos la calidad, no hay por qué llegar a la saturación de este género", explica Antonio Parra Sanz

12.08.2018 | 20:07

"Como te entre el gusanillo de la novela negra, ya no te lo quitas en la vida"

Escritor y profesor. Con motivo del ciclo Cartagena Negra, que tendrá lugar en la ciudad portuaria entre el 4 y el 8 de septiembre, LA OPINIÓN publicará diariamente un cuestionario con los autores participantes.
¿Qué tiene la novela negra para haber llegado hasta el favoritismo de los lectores?
Mucho tesón y mucha voluntad, porque en sus inicios todos la tildaban de literatura de segunda y ella solita ha sido capaz de borrar los tópicos y hacerse un hueco en el mercado, y no pequeño precisamente. Además, como tiene vertientes sociológicas, psicológicas y lúdicas, es capaz de contentar a muchos tipos de lectores.
¿No correremos el riesgo de saturarnos y agotar el género?
Como pasa en todos los géneros, hay novelas buenas, mediocres y malas, la cuestión está en conseguir que predominen las buenas, que serán las que permanezcan en el tiempo. Si respetamos entre todos la calidad, y aquí coloco a autores, editores, libreros y críticos, no hay por qué llegar a la saturación.
¿Usted se sintió desde siempre atraído por este género?
Casi casi, la culpa la tuvo Manuel Vázquez Montalbán, al ofrecerme la serie de Pepe Carvalho, que fue la que me enganchó ya para siempre. A partir de aquellas novelas, me acerqué a Chandler, Hammett y Ross McDonald. Poco a poco, el género se me metió en la sangre, hasta llegar al punto de disfrutar de él también como escritor. En el fondo somos un poco como Alonso Quijano con la novela de caballerías, como te entre el gusanillo del género negro ya no te lo quitas en la vida.
Ahora que han pasado algunas décadas de expansión, ¿se atrevería a valorar la evolución que ha tenido el género en España?
La evolución ha sido extraordinaria, incluso diría que está siendo extraordinaria, porque sigue adelante, primero logramos incorporar a las fuerzas del orden, algo que en los orígenes, en pleno franquismo, era impensable (salvo para el gran García Pavón), luego surgieron los detectives protagonistas de series, se incorporó la mujer, no creo que haya un país con mejores autoras de género negro que España. Y ahora el panorama es tan amplio que podríamos establecer un buen número de subgéneros negros, y muy dignos además.
Elija a un personaje y a un autor del género a quienes les hubiese gustado conocer.
Como autor me habría encantado sentarme a comer y charlar con el gran Vázquez Montalbán, habría sido una jornada de comida, merienda y cena, por tantas y tantas preguntas. Personaje, me quedo con Philip Marlowe, también habría pagado por acompañarlo en su coche en algún que otro caso.
¿Cómo se logra organizar un festival como Cartagena Negra? Ya que es usted uno de los organizadores? Alguien dirá que así es más fácil participar, defiéndase.
Teniendo mucha fe, y estando rodeado de un magnífico equipo que comanda Francisco Marín. En estos cuatro años hemos ido cumpliendo un sueño, que era el de poner a Cartagena en el mapa de las jornadas negras de España, ahí tenemos que darle las gracias al Ayuntamiento. Y luego echándole mucho valor, acudiendo a los amigos escritores del género, y preocupándonos siempre por ofrecerle al lector lo mejor, en títulos y en el trato con los autores. En cuanto a lo de participar, se me propuso formar parte de una mesa redonda sobre el crimen en Cartagena, y no me pude negar, pero trato de limitar mi presencia todo lo posible.
¿Cuáles son sus armas y métodos preferidos a la hora de matar?
No tengo preferencias, me gustan mucho las armas de oportunidad, aquellos objetos que en su esencia no sirven como arma, pero que en un contexto concreto pueden liquidar a cualquier víctima. Y luego dejo que los personajes sean los que elijan aquellas armas o métodos que les resulten más atractivos. En ese sentido soy muy respetuoso con mis asesinos, también tienen derecho a expresar sus preferencias.
Ahora una complicada: elija algún personaje real para quitar de en medio y justifique el crimen, claro.
Uf, ustedes quieren que me detengan. Con la que ha caído en los últimos años en el tema de la política, las tentaciones serían muy grandes, aunque la realidad, como siempre, nos ha adelantado por la derecha, y si no miren la cantidad de personas relacionadas con casos de corrupción que han desaparecido de formas muy curiosas. Lo que me encabrona últimamente es la gente que comete agresiones sexuales o aquellos que agreden a los niños, ahí sí tengo que morderme mucho la lengua, y el deseo.
¿Cómo podemos valorar el papel de la mujer en la novela negra actual?
A ver, tenemos dos opciones, si me muevo entre la corrección política diré que muy bien, han aumentado las autoras de manera creciente y todo parece un camino de rosas. Pero como me gusta ser incómodo, diré que todavía estamos un poco lejos de conseguir la naturalidad. Insisto en lo dicho más arriba, no creo que haya un país con mejores autoras de novela negra que España, pero los lectores deben dar también un paso al frente, y sobre todo los editores, porque a veces parece que, en caso de duda entre un autor y una autora, se elige primero a él, y eso no lo entiendo, hay que apelar a la calidad de la obra, y no al nombre de quien la escriba. Y como autores, debemos abrir el abanico a las mujeres en nuestras tramas, para todo lo necesario, ya sean investigadoras, víctimas, asesinas, y terminar con ciertos papeles florero que aún subsisten en algunas novelas.
En Dos cuarenta y nueve hay un asesino que pretende redimir a la sociedad, ¿cree que necesitamos que nos rediman?
Cualquiera sabe, el ser humano cada vez está más desorientado, y eso también significa que florecen muchos “salvapatrias” que equivocan su labor. Hay un escaparate inmenso hoy en día para esos salvadores trasnochados, y son las redes sociales. En lugar de usarlas para tender puentes, las estamos usando para señalar al que no piensa como nosotros, para acusar y levantar la voz, para empuñar la razón de manera equivocada. Cada grito en un muro de Facebook, cada insulto es como un crimen metafórico, y así no vamos nada bien. No creo que tengamos salvación como colectivo, habrá que ir a las individualidades, y ahí en cambio sí creo que hay personas magníficas.
¿Es Cartagena una ciudad vestida para el crimen?
Es una ciudad tan válida como cualquier otra para el crimen. Es una ciudad con puerto, con lo que eso tiene de fronterizo y de ambientes propicios para que ocurran crímenes. Lo importante es que la ciudad ha crecido en todos los sentidos, y ha adquirido también entidad como para que, en ella, ocurran cosas buenísimas y delitos de cierto calibre, y no ficticios precisamente.
¿Qué hay de Sergio Gomes, su detective, volveremos a verlo en acción?
Sí, volverá. Ahora se ha instalado en Cartagena, lo que le abre un nuevo panorama de casos y posibilidades. De hecho, actualmente está enfangado en la búsqueda de una adolescente desaparecida, un caso que es posible que le permita conocer a otro detective privado que está adquiriendo cierto renombre en el panorama literario de la región.
Ofrézcale algún consejo al lector de novela negra.
Que se relaje, disfrute y que, aunque le pueda la tentación, no sea tan excesivamente puntilloso a la hora de destripar tramas. Los lectores de novela negra somos muy puñeteros, porque parece que disfrutamos averiguando cosas de la investigación antes de que nos las cuente el autor. En fin, que disfruten del género, pero empezando por muestras españolas, que las hay y buenísimas, no me gusta que se antepongan obras de otros lares teniendo lo que tenemos en el país.
https://www.laopiniondemurcia.es/descubre-fds/2018/08/13/gusanillo-novela-negra-quitas-vida/946001.html