jueves 24 de diciembre de 2009

TRAMPANTOJOS



Paseo al perro en la luna nueva de Roche, hay una epidemia de aullidos lastimeros que brota de las casas más antiguas. Antaño los perros le aullaban a la muerte, hoy sólo a su cautiverio, miro al mío al otro extremo de la correa y no sé quién cautiva a quién, quién lleva a quién, qué dios ciego y caprichoso nos domina a los dos.


martes 22 de diciembre de 2009

TRAMPANTOJOS



Tres jóvenes juegan al billar americano, él lleva una serpiente tatuada en el bíceps y la airea a pesar del invierno, ellas hablan, hablan, los tres ríen a carcajadas estruendosas cuando yerran el tiro y la bola blanca desaparece. Bocas abiertas y vacías rivalizando con el bostezo perpetuo de las troneras.

En la mesa de la izquierda un aspirante a viejo mira el vacío por entre los cañotes de una barba mal afeitada, los dedos juguetean con una copa de vino agrio. En la mesa de la derecha un patriarca alto como Polifemo tamborilea cantando una copla flamenca que nadie le ha pedido. Entre ambas, mi isla de cuatro patas, con mis tesoros al aire, un café, un libro, mi cuaderno y la pluma, y el mejor tesoro de todos: el tiempo.


De repente, uno y otro se hablan, a gritos, escupiendo participios mutilados y soeces, vomitando urracas que pasan sobre mi cabeza defecando los improperios del decoro. Miro a un lado, al otro, blandiendo mi libro abierto para que de él nazca un escudo protector, pero siguen gritando hasta que se cansan. Infame desperdicio de aire, palabras y aliento.


A la barra llega una mujer que no es una mujer, sino una arpía con cartilla del paro, en el pelo el remolino del sueño borracho de la siesta, en la cara chafarrinones de maquillaje prestado que hiere los ojos y hasta el olfato, en la voz la vulgaridad del aguardiente o el hachís, en el alma más años de los que merecería haber cumplido. Golpea a su viejo amante, también borracho, le recrimina que la llame y luego cuelgue, le castra con cada movimiento. Gritan los dos, nadie sabe hablar sin vocerío. Junto a ellos, un treintañero de trazas mongoloides cuelga su sonrisa babeante de sus hombros pero se escabulle para no ser también emasculado.


domingo 13 de diciembre de 2009

CRÍTICAS LITERARIAS - JOSÉ SARAMAGO



El primer perdedor


Como si hubiera dejado algunas cuentas pendientes tras su Evangelio según Jesucristo, José Saramago entra ahora en el Antiguo Testamento con la justiciera fuerza del Dios de los hebreos, pero siempre con su ánimo fabulador y zumbón, con esa palabra precisa y ese verbo variadísimo que enviar a los ojos y los oídos de sus lectores, sabedor de que ésos son los dos sentidos primordiales a la hora de reconocer la buena literatura.


Caín, el primero de los perdedores, el primero de los antihéroes, despierta rápidamente las simpatías del narrador, lejos de la tibieza de sus progenitores y de la ñoñería del hermano perfecto. De esa simpatía se alimentará toda la novela, y Saramago la comparte con el lector al tiempo que le muestra a un Creador caprichoso y cruel, constantemente cuestionado por el propio Caín, en unos debates en los que el fratricida siempre sale triunfante, porque utiliza una dialéctica y una lógica siempre aplastantes.


Quienes busquen rigor histórico, textual o sacro, en estas páginas, deben buscarse otros títulos, Saramago sitúa a su Caín en diferentes momentos de la Historia Sagrada, y ahí radica otro de los méritos de la novela, en la facilidad con la que se justifica esa ubicuidad, asumida sin rechistar por todos los personajes que escoltan a Caín. El protagonista, por lo tanto, asiste al intento de sacrificio de Isaac, y detiene el brazo de Abraham ante la demora de los ángeles, también yace tórridamente con Lilith, participa en la caída de Jericó, contempla la destrucción de Sodoma y la ira de Moisés ante el sacrilegio del becerro de oro.


Y siempre acumula, con cada episodio de esta especie de “road movie” a lo divino, numerosas razones para cuestionar a un Dios al que no respeta ni siquiera cuando le mete de polizón en el arca de Noé. Da gloria leer a un Saramago provecto cuya mano literaria sigue rezumando casi el elixir de la eterna juventud.


‘Caín’. José Saramago.

Alfaguara. 189 páginas.


sábado 21 de noviembre de 2009

CRÍTICAS LITERARIAS - FERNANDO IWASAKI


Burla esdrújula

Suripantas de ayuntamiento, coaliciones políticas imposibles, celebraciones de centenarios futboleros, alardes de la cocina patria, damiselas del feminismo más recalcitrante disfrazadas de progres culturales, defensores de la memoria histórica de las guerras carlistas y hasta de las guerras púnicas, espeleólogos de grutas vecinales con ínfulas de novena maravilla mundial, presentadoras casposas y cadenas televisivas leonadas en busca de reventar los índices de audiencia. Cualquiera de estos especímenes puede, a poco que se lo proponga, convocar un concurso de cuentos a lo largo del panorama nacional, y Fernando Iwasaki, un escritor al que le sobra tanto humor como ingenio derrocha, ha decidido reírse en este volumen de toda esa fauna y demostrar que con un solo relato, modificado para cada ocasión, se pueden ganar, por lo menos, siete de esos concursos.


Con japoneses insertados en España como protagonistas, no hay relato que no provoque en el lector varias carcajadas, tanto por los disparatados planteamientos como por el desarrollo de los mismos, hilarante a más no poder, amparando la decisión de Iwasaki de burlarse, al tiempo que los defenestra, de los mercaderes de los certámenes literarios, entre cuyos jurados no duda en incluir al concejal o director general de turno, escoltado por un grupo de escritores conocidísimos. Y eso sin respetar autonomía ni región ibérica alguna, al contrario, colocando con un tino considerable tanto el elogio como la crítica costumbrista de todas ellas, con el fin de alinearse con una de las dos Españas: la que es capaz de reírse de sí misma.


Este libro es histriónico, sarcástico, hiperbólico, satírico, fantástico, crítico, muy crítico, sardónico, enigmático, teológico, histórico, memorístico, homérico, un pelín satánico pero también angélico, caótico, asiático, peripatético, humorístico, drástico, cadavérico, futbolístico, gastronómico, acrobático, político, sintético, jesuítico, lúcido, muy lúcido, folklórico, pictórico, algo sátiro, pedagógico, cúbico, apocalíptico, melancólico, académico, simbólico, anticarpetovetónico, idílico, un poco telúrico, magnético, filosófico, astrológico, anárquico, zoológico, calórico, psicológico, sociológico, elíptico, atlántico, tantálico, también fóbico, lúdico, huracánico, estrambótico, pacífico, ecléctico, eléctrico, homogéneo y, sobre todo, cáustico, muy cáustico.


‘España, aparta de mí estos premios’. Fernando Iwasaki.

Páginas de Espuma. 160 páginas.


(LA VERDAD, ABABOL, 21/11/09)


martes 17 de noviembre de 2009

LA LINTERNA MÁGICA - EL NOMBRE DE LA ROSA



EL NOMBRE DE LA ROSA


Desde Rusia, pero sin amor, así le han regalado a Arturo Pérez-Reverte una “matrioska” rellenita de trampas y censuras. Y todo porque el Servicio Antidroga de allá ha incluido a su novela “La reina del sur” en una lista negra de más de treinta títulos, por incitar al consumo de estupefacientes, nada menos. Será que como no hay mafias rusas suficientes, ahora temen que aparezca alguna nueva, de importación, eso en un país en el que la nieve cae no sólo durante el invierno, el mismo que tiene a un presidente de bíceps exhibicionistas y que antes tuvo a otro que conservaba su propia momia en vodka, y no como la de Lenin, que debe de andar ya parcheadita de ver tanta tontería.


Esto de elaborar índices de libros prohibidos ya lo han hecho antes los hijos de Obama, sobre todo tras el jaque mortal que recibieron sus torres, pero entre todos tendríamos que conminar a Zapatero para que entrase a exigir lo que nos toca, a saber, los derechos de la exclusiva que creó el Santo Oficio y que el gran Cervantes puso en el papel en aquel donoso escrutinio. Desde aquí propongo la creación de una plataforma reivindicativa de la memoria negra histórico-literaria, que por algo nos lo trabajamos a conciencia en su momento.

Rabietas aparte, imagino al bueno de Arturo, barbado ya como el Fray Guillermo de Baskerville de la pantalla, dispuesto a batirse por defender a su Teresa Mendoza, y dispuesto también a decirles a estos ex bolcheviques que, ya puestos, tendrán que censurar “Romeo y Julieta”, por incitar al suicidio, y lo que es peor, al amor, o “Los tres mosqueteros”, que fomentan las intrigas gubernamentales, o “Cyrano de Bergerac” por instigar la superchería del buen poeta, o “La Regenta”, no vaya a ser que las rusas quieran sentirse queridas, o hasta “Cien años de soledad”, no sea que rusos y rusas quieran vivir y soñar.


Estoy, no me importa repetirme, hastiado de tanta falsaria corrección política, mejor dicho, de tanta ultracorrección política. Si yo llamo tonto a un alumno mío, en un alarde de enajenación impropio de mi persona, me pueden arruinar la carrera aunque a la criatura le falten dos o tres hervores, pero si un politiquillo se empeña en condenar libros, no pasa nada. Vamos, será que las obras de la literatura rusa no eran perniciosas, “Crimen y castigo”, una antología del gerontocidio, “Ana Karenina”, la apología del adulterio, y “El idiota”…, bueno, ¿a qué incitaría esta otra? Esperemos que, ahora que nos falta invierno, los rusos no nos hagan más regalitos de este jaez.


sábado 7 de noviembre de 2009

OJOS DE FUEGO

Queridos amigos, dejo aquí la gran (y un tanto desmedida, me parece a mí) crítica que Gonzalo Gómez Montoro ha publicado en La Verdad sobre mi novela "Ojos de fuego". Vaya desde aquí todo mi agradecimiento para mi amigo Gonzalo, no sólo por sus palabras, sino por incitar a los demás a sumergirse en esta historia, ya no seré yo el único que prometa que nadie se arrepentirá de hacerlo.

Dejo también el enlace de la página de Gonzalo, donde siempre hay interesantes comentarios literarios: http://aguasdeceniza.blogspot.com/2009/11/critica-de-ojos-de-fuego-de-antonio_07.html

SÁBADO 7 DE NOVIEMBRE DE 2009

Crítica de "Ojos de fuego", de Antonio Parra Sanz


Desopilante metafísica de bar

“Ojos de fuego”. Antonio Parra Sanz. Tres Fronteras. 177 páginas / 14 euros.

Con Ojos de fuego inaugura el escritor madrileño Antonio Parra Sanz la serie de novelas negras protagonizadas por Sergio Gomes, un peculiar y entrañable detective abonado al vodka y al sándwich mixto, e influido en su nacimiento por la mejor tradición hard-boiled norteamericana —léase Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Jim Thompson y un largo etcétera— así como por el Montalbano de Andrea Camilleri o los grandes autores nacionales del género: Francisco García Pavón, Manuel Vázquez Montalbán y, ya en nuestros días, Lorenzo Silva o Alicia Giménez-Bartlett (por citar sólo algunos nombres).

Partiendo de tan ilustres influencias, Parra Sanz ha compuesto una historia de ritmo trepidante, plagada de corrupciones empresariales y negocios oscuros, de asesinatos turbios y amores imposibles con femme fatale incluida. La sensación de verosimilitud atraviesa todas las páginas de esta novela que disecciona, con un gran sentido del humor en los diálogos y situaciones (formidable el encuentro de Gomes con Claudio Rubins en la torre de oficinas o el interrogatorio con los policías Palazuelos y Carmona), las altas y bajas esferas de la sociedad madrileña, unidas ambas por un hilo aparentemente invisible y que el autor hace palpable en los constantes cambios de escenario. Por otra parte, las conversaciones de Gomes en Bocaccio con el barman Cordero y en la agencia con su jefe Galindo resultan igualmente destacables, un derroche de agudeza y desopilante metafísica de bar.

Ojos de fuego está narrada con un estilo ágil, de adjetivos inesperados y descripciones expresivas que dan lo mejor de sí mismas en las ambientaciones callejeras de Madrid (es reseñable, en este aspecto, el seguimiento de Gomes a Cartujo por el centro de la capital o la persecución a los gemelos en el secuestro de la Cari). La novela representa, pues, un comienzo muy digno para una saga que encierra muchas posibilidades por explotar y, al mismo tiempo, la prueba fehaciente de que el género negro puede estar al nivel de la mejor literatura, aportándole al lector un extra de diversión. A buen seguro, aquellos que hayan leído esta primera entrega aguardarán la segunda historia de Sergio Gomes con la misma impaciencia que con la que ya lo hace un servidor.

Publicado el 7-XI-09 en el semanario cultural Ababol del diario La verdad.


jueves 29 de octubre de 2009

LA LINTERNA MÁGICA - LA FAMILIA ADDAMS

LA FAMILIA ADDAMS

Pero qué bien lo pasarían ahora en nuestro país Gómez, Morticia, Fétido Addams y compañía, instaladitos en un territorio recién colonizado y que en las últimas noches de octubre rinde homenaje a muertos, monstruos, espectros y demás fauna de ultratumba, incluidos algunos políticos. Hala, llega Halloween, a disfrazarse tocan, a llamar a las puertas y darle un susto al personal a cambio de kilos y kilos de dulces. Y uno, que no es dentista, y que además padece del corazón, tiene que elegir dolorosamente, no ya entre truco o trato, sino entre no abrir la puerta o calzarle una hostia descomunal en toda la máscara, que eso también asusta lo suyo, al inconsciente de turno.



Es cuando menos curioso que nuestros jóvenes, esas joyas de la ESO, se enganchen a esta fiesta tan española, pero es natural, son los mismos que piensan que Papa Noel es de Norteamérica y que los Reyes Magos son de la Polinesia. Y para no ser menos, ejércitos de enseñantes progres y voluntariosos se ponen con ellos a decorar colegios e institutos con murciélagos, sábanas y calabazas (hay que joderse, tanto que renegamos de aquel Naranjito y ahora adoramos a su versión zombie). A asustar, que son cuatro días y eso del más allá enriquece mucho las programaciones educativas. Doy fe de que es imposible tomarse en serio una reunión docente con telarañas colgando por las paredes, nada de lo que trate un claustro de profesores en semejante ambiente puede ser tomado en serio, pero la nueva pedagogía es la nueva pedagogía, aunque se desarrolle en una lúdica cámara de los horrores.

Y pienso yo que esta invasión de una costumbre yanqui no tendría que estar tan justificada, porque si se trata de acuñar miedo, terror o pánico, hay muchos momentos del año en los que el españolito medio los experimenta sin tantas alharacas, véase la fecha de cumplir con Hacienda, la vuelta de las vacaciones, esas navidades llenitas de paquetes, un expediente de regulación de empleo, la sonrisa de Francisco Camps, una mirada de Esperanza Aguirre… Vamos, que hay donde elegir sin tener que seguirle el juego a Obama, y sin tener que hacerse una siniestra foto con él y dejar que nuestras hijas adelantasen esta celebración, y menos mal que no posaron Pepiño Blanco o Mª Teresa Fernández de la Vega, porque habrían parido la instantánea más horrorosa de nuestra vida democrática.



Pero no todo está perdido, me confirman mis espías que la Conferencia Episcopal, ese bastión de las tradiciones más puras de nuestra España, ha decidido contraatacar, pidiendo a los fieles un mayor rigor en la celebración de los días uno y dos de noviembre, y por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo. Denme Tenorios y comendadores en lugar de calabazas y brujas, llenemos los cementerios, resucitemos a los donjuanes que en el mundo han sido y enviémoslos a seducir a las féminas estadounidenses, a ver si son capaces de doblegar tanta lorza de manteca de cacahuete. A fin de cuentas, nuestros adalides religiosos han sido siempre grandes expertos a la hora de provocar terror, ya fuera en un potro, en una hoguera o en una consuetudinaria repartición de hostias.


Espero que el fin de semana, el que toque mi timbre tenga mucha paciencia, o lleve un buen casco en su disfraz. Buh.