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miércoles, 29 de julio de 2020

METRÓPOLIS - EL PUDOR


EL PUDOR

      Abigail fuma un John Player extra largo en la ventana de su despacho, un poco voluptuosa por la transgresión. Mira el finísimo cilindro y busca en él los últimos resquicios de su vida anterior, en Las Vegas, de los hoteles de lujo que dirigir con esa mano firme que ella gustaba de enfundar siempre en un guante de seda.

     El humo y ese sabor casi mentolado es lo único que le queda de los últimos dos años, eso y los labios de aquel joven engendro, Lenny Pepperidge, o Linus cómo demonios se apellidara, que la engañó llevándose por delante todo su futuro.

     Ha pasado muchas noches sola, demasiadas, recordando una y otra vez aquella botella de Cristal, aquel sofá tentador y el estruendo de la puerta cuando el FBI irrumpió en su habitación para librarle de aquella tortuosa perdición, al tiempo que le echaban a la cara su enfermiza efebofilia.

      Ahora ya no queda nada ni del sueldo, ni del glamur, ni del poder, al menos de aquel poder superior con el que lúbricamente tocaba la cima de la ciudad más perturbadora de América.

       Hay que saber perder, o dar cuatro pasos atrás, aunque las palabras de aquel Linus sigan resonando en sus oídos, y algunas noches incluso en su vientre. Todo se puede recuperar, el tiempo no ha sido un enemigo tan terrible, sus pechos, siempre recoletos y un tanto púberes, no van a sucumbir a las inclemencias de la gravedad, y eso alimenta su orgullo de nuevo.

       Prende un nuevo extra largo y mira su nueva obra, aquel centro de rehabilitación de jóvenes que se ha hecho un nombre en Fresno, por su eficiencia y el alto número de internos rehabilitados. A fin de cuentas no se está tan mal, ni tan lejos de La Vegas.

      - Señorita Sponder, llegan los nuevos.

    Apaga el cigarrillo mientras una tenue sonrisa regresa a sus labios y se recoloca ante el espejo el discreto pero encantador escote.

jueves, 23 de julio de 2020

PREMIO HACHE 2021 - 22 SEGUNDOS, EVA MEJUTO


IDENTIDAD


   ¿Qué ocurre cuando uno decide abrirse al mundo y mostrarse tal cual es por internet? Peligro, es quizá la primera palabra que nos saldría al paso, prevención la segunda, si logramos refrenarnos un poco, y libertad sería ya la tercera, sobre todo si quien toma esa decisión lleva toda su vida asumiendo que su identidad, la que en verdad siente, no es la que le ha otorgado la naturaleza.

     Con una mano sutil, Eva Mejuto hace que Álex ocupe el lugar de Ánxela, o que asuma por fin que ése es su destino y todo lo demás un accidente. Esto, que dicho así puede sonar muy fácil, topa con un mundo que es mucho más injusto de lo que la corrección política hace creer, y en el que aceptar al diferente se convierte en una odisea de cuyos obstáculos no terminamos de vernos libres.

     Álex es como es y se ha mostrado siempre así, con toda la autenticidad de un ser humano fuerte, capaz de luchar por su identidad, y el mejor mérito de esta novela es no escatimar dificultades, no pintarlo todo con la positividad de un arcoíris, sino enfrentar al lector con nuestra propia realidad, la que quizá nos asuste hasta que alguien como el abuelo marinero de Álex tira la puerta abajo con el demoledor uso de la cordura.

     La madre y Ana, amiga de Álex, son los otros pilares que sustentarán el proceso de transición que el protagonista debe superar, y a cuyo inicio le abandonamos, quizá porque en esos veintidós capítulos ya hemos vivido lo que en principio importaba, la decisión de aceptarse como uno es, y no como los demás o los cánones pretenden que seamos. Quizá sea pretencioso hablar de lecciones vitales, pero el lector reflexionará sobre lo sencilla que podríamos hacer de vez en cuando la vida, eso seguro.

’22 SEGUNDOS’. Eva Mejuto.
Lóguez Ediciones. Barcelona 2019. 140 páginas

miércoles, 22 de julio de 2020

METRÓPOLIS - EL RETRATO


EL RETRATO

     Danielle se tumba en la cama abrazando el retrato sobre su pecho, sin necesidad de mirar cómo los reflejos dorados lo van engrandeciendo. No necesita verlo, solo sentirlo en su pecho, como tantas veces la sintió a ella en soledad, incansable, haciendo de la fidelidad la mayor de las virtudes.

    Ahora ya casi no le duele, a pesar del último golpe, a pesar de la repentina e innecesaria aparición de su cuerpo, como si eso pudiera borrar la huella de su espíritu, la omnipresencia de la belleza en todos los rincones de aquella casa, en todos los pliegues del tiempo.

    Ya no necesita hurtarle el perdón al señor por haber traído a la nueva, manchando así la memoria que nunca se podría manchar. Qué lejos estaba la una de la otra, qué lejos la vulgaridad de la clase, y qué ciegos todos para fingir que no se daban cuenta. Como si a la señora hubiera podido superarle alguien, como si la lealtad se pudiera alquilar.

     Cuánto debió de revolverse ella al ver los vanos intentos de cambiar las cosas, cuando la perfección es inmutable, y con qué fingida inocencia intentaba la otra ganarse una confianza imposible.

    Acaricia el retrato sin parar buscando la coincidencia con la seda, con aquel cabello que cepillaba cada noche, morosa, ilusionada solo con poder tocarlo, olerlo, orgullosa de prepararlo para que ella lo luciera ante el mundo.

   Con qué delicadeza la ayudaba a vestirse, con qué devoción le puso aquel vestido que la inmortalizaría en el cuadro, el mismo que luego la otra no supo cómo llenar, porque cuando una es inferior todo a su alrededor se vulgariza.

    Piensa por un instante que le hubiera gustado salvar el cuadro, como un regalo postrero para el mundo, pero es una idea vana. Nadie, nadie más que ella disfrutará de su recuerdo, nadie tendrá el privilegio de haber conservado su amor. Por eso posa sus labios en el retrato mientras las llamas van lamiendo golosas todos los muros de Manderley.


miércoles, 15 de julio de 2020

METRÓPOLIS - AQUEL VERANO INOLVIDABLE


AQUEL VERANO INOLVIDABLE

      No quiero que te vayas, no todavía, tengo muchas cosas que contarte, tengo muchas dudas que preguntarte, quiero que me veas en mi trabajo, en el centro social, cuidando de los demás, haciendo lo correcto, lo que siempre me decías que era lo lógico y yo no conseguí entender hasta aquel verano.

    Boo está aquí también, ha venido a verte, no quiere hablar porque dice que no le vas a oír, pero yo sé que sí, sé que en algún lugar, en algún rincón de esa cabeza privilegiada tuya puedes escucharnos y saber que todo ha ido bien, que las cosas, por mucho que parezcan torcerse, pueden enderezarse si uno quiere.

    Jeremy viene de camino, tendrías que verle ahora, le han hecho socio de uno de los mejores bufetes de Washington, terminó allí porque allí es donde está ahora la cuna de la ley, aunque tú siempre pensabas que la ley estaba donde hubiera una persona de bien. Me ha costado un poco convencerle para que viniera ahora, porque dice que le quieren en el Congreso, pero no ha dejado de llamar un solo día. Congresista Finch, ¿te imaginas?

    Ya sabes que él no era como nosotros, siempre fue el más pragmático de los tres, pero no tengas ninguna duda de que siempre se miró en ti para llegar donde ha llegado. Yo estoy más que orgullosa, y Boo también, de vez en cuando se pone al teléfono y le cuenta nuestras andanzas.

     No, desde luego que no me he arrepentido de llevarme a Boo a casa, cuando murieron los Radley lo vi claro, ya te lo dije, y ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, aunque a ti te preocupara que me afectasen los comentarios de los demás. Éste sigue siendo el mismo pequeño pueblo, pero eso nunca me importó, ya lo sabes.

    Podrías apretarme un poco la mano, sólo un poquito, para que yo sepa que sigues aquí, que no te has esfumado. Ayer vino Calpurnia, la pobre, casi no puede andar pero se acercó a verte, aunque rompió a llorar y tuve que sacarla de aquí para que no te entristeciera.

  Necesito que aguantes un poco más, que te quedes conmigo, Atticus, para que el verano que se avecina sea otra vez como los de siempre.


MORTALES - ANTONIO J. RUIZ MUNUERA


(LA VERDAD, "ABABOL", 11/07/2020)

viernes, 10 de julio de 2020

PREMIO HACHE 2021 - EL EFECTO FRANKENSTEIN, ELIA BARCELÓ


HOMENAJE


 Hay varias maneras de homenajear a un clásico, la académica, consistente en pergeñar un sesudo y técnico estudio, y la literaria, en cuyo caso entra en juego la inquietud creadora, o recreadora, del autor. A este segundo caso pertenece la novela de Elia Barceló, con la salvedad de que ella no se limita a un simple homenaje, sino que va varios pasos más allá, como buena autora curiosa y aficionada al terror que es.

¿En qué consisten estos pasos? Pues en recorrer un camino paralelo al que en su momento transitaría Mary Shelley, paralelo en todos los sentidos, tanto argumental como temporalmente, porque a las primeras de cambio nos encontramos con una puerta interdimensional, o mejor dicho, una puerta temporal a través de la cual un joven y desorientado Max ha llegado a Ingolstadt en el presente de Nora, conmocionándolo y amenazando con poner la existencia de la joven patas arriba. Ciudad que, como recodarán los lectores más avezados, es aquella en la que cierto doctor realizó sus experimentos destinados a recrear la vida.

Estamos ante una novela juvenil de las buenas, de las que desafían al lector sin mimos, sino cogiéndole de la pechera, a pesar de su juventud, y llevándole hasta otro tiempo, un tiempo en el que abundaban las logias, los antiguos regímenes amagaban con caer y los científicos más atrevidos se entregaban a la experimentación con cadáveres.

A ese tiempo accederá Nora, y vivirá los consabidos contrastes pero también le pondrá a esa época la pimienta de una mujer rebelde, rebelde entonces pero siempre con la cabeza muy bien amueblada. Ella y Max nos harán vivir una trama intensa que conecta desde el inicio con la figura de Frankenstein, y que va a ir regalando al lector una sorpresa tras otra, pero siempre con un tono y una calidad literaria de muchos quilates. Y agárrense los lectores al llegar al desenlace. Hermosa y brillante novela.

‘EL EFECTO FRANKENSTEIN’
Autora: Elia Barceló.
Editorial: Edebé. Barcelona 2019. 336 páginas

jueves, 9 de julio de 2020

LA CASA DE BERNARDA ALBA - FEDERICO GARCÍA LORCA

Reseña de La casa de Bernarda Alba

Título: La casa de Bernarda Alba
Autor: Federico García Lorca
Editorial: Cátedra
Año: 2005 (original escrita en 1936)
Páginas: 288
Género: Drama
Sobre el autor

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros 1898 – Granada 1936). Poeta y dramaturgo, pasó los primeros años de su infancia en su pequeño pueblo granadino antes de marchar a Granada para estudiar en la Universidad. Allí conoció a Manuel de Falla, personaje que ejerció gran influencia sobre él, transmitiéndole el amor por el folclore y lo popular. Años más tarde, se trasladó a la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde se dedicó con pasión a la música, el dibujo, el teatro y la poesía. Su obra se caracterizó por poseer un lenguaje personal, inconfundible, que residió en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.

Sinopsis de la obra

Tras la muerte del segundo marido de Bernarda Alba, la casa familiar se va a sumir en un luto de ocho años del que solo se saldrá para el matrimonio de Angustias, la hija mayor, con Pepe el Romano. En medio de un ambiente asfixiante, de cárcel, calor y noches en vela, se van descubriendo otros secretos que guardan algunas de las hermanas Alba, y que amenazan con socavar la autoridad de la inflexible matriarca.

Reseña de La casa de Bernarda Alba

Menos es más
Con esta máxima podríamos haber galardonado la obra de Lorca de haberse escrito y estrenado ahora, y no es una razón exclusivamente literaria, sino más bien llena de connotaciones dramáticas, y que muestran bien a las claras la importancia que le otorgó al simbolismo en este drama, o la desnudez, tanto geográfica como emocional, con la que despojó en todo momento la escena de todo aquello que pudiera resultarle superfluo al espectador.
Un puñado de mujeres, unos sentimientos descontrolados, un encierro, poco más necesitó el autor granadino para armar una de las obras que se ha instalado ya por derecho en la galería de los clásicos de nuestra literatura. Y eso que no hay un tema grandilocuente, ni una ambientación ostentosa, ni siquiera unos personajes de alcurnia, pero en cambio hay alma, a raudales, en cada cuadro, en cada escena, casi diríamos que en cada parlamento, y eso, tratándose del teatro, es oro puro.
Podríamos seguir después deteniéndonos en el lenguaje, popular, sentencioso, lleno de dichos y refranes, vivo, lacerante, a ratos incluso vulgar, un español profundo de la más profunda de las Andalucías, pero brillante al tiempo que lleno de lirismo, incluso para la recriminación (“suavona, yeyo, espejo de tus tías”, llega a decirle Bernarda a una de sus hijas). Imaginemos ahora la conmoción que supondría para el espectador de ciudad, y de ciudad fina, escuchar estos diálogos. El más simple se había retorcido el colmillo pensando “ya está aquí nuestro Federico con las suyas”, pero un público más sensible habría reconocido, a las pocas escenas, sentirse erizado por lo que ese lenguaje ocultaba.
Con todo lo anterior, hablar de tiranías y libertades, o lo que es lo mismo, de Bernarda frente a Adela, habría sido para Lorca como mostrar sus interioridades, tal y como acostumbraba a hacer, y llevarlas en esta obra a unos extremos quizá más avanzados, los que auguraban un nuevo despegue de su carrera teatral, algo que por desgracia ya nunca podríamos comprobar.
Pero hasta esos conflictos, esas ansias de amor y libertad, se dosifican para el espectador tras las palabras, tras tres actos que en sí mismos son otras tres obras teatrales, tras lo que viene del exterior, llámense segadores o Pepe el Romano. Lorca armó un universo en el que esos planetas femeninos orbitan en torno a un sol (Bernarda) que ve tambalearse su imperio cuando Venus (nuestra Adela) le rompe en su rostro la vara del dominio. Lo demás, amor y muerte, hipocresía y envidias, pertenece a la esencia del ser humano, la misma que Federico caló siempre en sus obras con una mano delicada y certera.

domingo, 5 de julio de 2020