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Por desgracia, al otro lado de la línea no suelen estar ni Meg Ryan no Tom Hanks, y el contenido dista mucho de ser amoroso, o siquiera sentimental, me refiero a esos correos electrónicos que todos recibimos de vez en cuando, y cuyo contenido es exclusivamente…, procuraré ser educado al elegir el término: ideológico.
Y dentro de la avalancha, al menos los políticos pueden ser tolerables, sobre todo con la que está cayendo, aunque tengo ya muchas ganas de comprobar si los que ahora envían chuflas y ridiculizaciones hacia los que nos desgobiernan, hacen gala del mismo sentido del humor cuando nos desgobiernen los suyos, y sean sus bandejas de entrada las que se llenen de mofas, espero que en ese momento presuman también tanto de ingenio como de fair-play.
Los que verdaderamente me sacan de quicio, bueno, se acabó la corrección, los que me envenenan la sangre son aquellos que se permiten manipular a modo los datos y episodios de
Estos cruzados de no sé qué torticera justicia se indignan ante la Ley de la Memoria Histórica , que yo sepa, en ella se habla de las víctimas de la Guerra Civil sin especificar bando alguno, y de las víctimas del franquismo. A nadie, de ningún bando, ni se le exige que busque restos ni se le impide que lo haga, así que no entiendo estos dolores, salvo que se busque reinstaurar lo que muchos años de democracia han logrado aniquilar.
Y para quien piense que sólo piden subvenciones los familiares de republicanos, una vez más la lógica más matemática: en una guerra siempre hay más víctimas del bando perdedor, por si alguna vez se lo habían preguntado. En fin, lo más grande de esta democracia es que todo el mundo podrá seguir diciendo lo que quiera, por eso escribo este artículo, pero por favor, no manipulemos tanto. O tal vez lo que yo tenga que hacer sea filtrar mejor mi lista de contactos electrónicos. Vale.
Totalmente de acuerdo contigo, Antonio. Suscribo cuando dices.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo y que el calor nos sea leve.
Bravo, Antonio, que es un fastidio la retahíla permanente.
ResponderEliminarLa concordia de un pueblo no se gana con el rencor alzado.
Abrazos veraniegos.
Jamás habrá paz en este país, hermano. Habrá treguas, a lo sumo. El rencor se incorporó en 1939 al código genético de la nación. Es un hecho que juzgo incontestable. Ha pasado el suficiente tiempo como para constatar que no basta con la muerte de los protagonistas "calientes" del hecho: sus hijos, nietos y bisnietos continúan la catarata del odio. La memoria es un artefacto triste.
ResponderEliminarChapeau, Antonio. Como siempre, magistral.
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