Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Relatos sin Contrato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos sin Contrato. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de marzo de 2020

ENTREVISTA A ROSA RIBAS

ENTREVISTA A ROSA RIBAS,

UN ASUNTO DEMASIADO FAMILIAR

RELATOS SIN CONTRATO - EL HALCÓN MALTÉS
Fotografía: Heraldo de Aragón
Con motivo de la aparición de Un asunto demasiado familiar, la nueva novela de Rosa Ribas, hemos charlado con su autora sobre novela negra, sobre la desaparición y la culpa como motivos literarios, y un poco sobre lo divino y lo humano.

– Un asunto demasiado familiar no es una novela negra pero tiene guiños detectivescos, ¿por qué eligió esta profesión para la familia Hernández?
Fue el resultado de un proceso. En primer lugar estaba el propósito de escribir una novela centrada en una familia, un proyecto que quería llevar adelante hacía tiempo. Mientras le daba vueltas, caí en la cuenta de que uno de los denominadores comunes en las vidas de las familias son los secretos. El sintagma “secretos de familia” (y supongo que también mi predilección por el género negro) me llevaron a la idea de hacerlos detectives para jugar con la paradoja de que ellos, especialistas en desvelar los secretos que otros preferirían mantener ocultos, no conozcan los que se esconden en su propia casa.
 – Los hombres y las mujeres de esta novela parecen muy diferentes, ¿hay entre ellos una guerra de sexos soterrada?
No. No creo.
 – ¿Desaparecer puede ser tan fácil, puede ser la solución más sencilla para acabar con lo que a uno no le gusta de la vida?
Es una forma posible de huida, pero no es nada sencilla, aunque lo parezca a primera vista. Como dice uno de los personajes de la novela, uno siempre deja rastros por el simple hecho de existir. 
 – Y en relación con lo anterior, ¿es la culpa un potente argumento literario?
 Potentísimo. Es uno de los motores de las actuaciones humanas, por lo menos en nuestra civilización. Nos educan en la culpa e invertimos mucho esfuerzo en reparar aquello de lo que nos sentimos culpables. 
– Quizá sea una de sus novelas más psicológicas hasta ahora, ¿ha disfrutado más entrando en las mentes de los Hernández Obiols que con sus tramas negras?
Siempre me he considerado más autora de personajes que de tramas. Las tramas, si lo pensamos bien, son mucho más fáciles de construir que los personajes complejos.
A las personas nos interesan las personas. Si consigues la ilusión de que tus personajes se conviertan en personas para los lectores, les interesará lo que hagan y lo que les suceda. Si no es así, incluso la trama más elaborada, sin buenos personajes implicados en ella no dejará de ser una sucesión de acciones que acabará dejando al lector indiferente.
Y sí, he disfrutado mucho metiéndome en las cabezas de los Hernández Obiols, aunque en la mente de Lola no me he atrevido a entrar.
 – ¿Volveremos a leer a la Rosa Ribas negrocriminal?
 Claro. Aunque ahora estoy inmersa en la continuación de la saga de la familia Hernández.
 – ¿Por qué se decidió a situar a la familia en un barrio concreto, y más bien pequeño, de Barcelona? Sorprende un poco teniendo en cuenta el trabajo que realizan.
Me atraía la idea de que se tratase de un barrio de Barcelona, Sant Andreu, que conserva muchos rasgos del pueblo que fue antes de pasar a ser parte de la ciudad, porque me ofrecía un escenario claramente delimitado, un lugar donde la gente se conoce, donde las estructuras sociales son más estrechas que en la gran urbe dentro de la cual está englobado y, a la vez, estamos hablando de Barcelona, con todo su potencial. Se trata, sin embargo, de una Barcelona mucho menos conocida, alejada de las rutas turísticas o de los bajos fondos habituales en las novelas negras.
Quería una agencia de detectives de barrio, nada de glamour, tampoco el glamour de perdedores, ya algo trasnochado e impostado, de muchos detectives actuales imitadores de Marlowe o Spade. Los Hernández se ocupan de casos de infidelidades, desapariciones, falsas bajas laborales, adolescentes huidos, peritajes de los seguros… Trabajos de detectives que los llevan a conocer lo mejor y lo peor de la gente. Para eso no hay que salir del barrio.
 – En la novela se juega mucho con la información, ¿es tan cierto eso de que su posesión supone poder?
Sobre todo cuando se trata de informaciones que otros preferirían mantener escondidas. Mateo Hernández, el padre y director de la agencia, lo sabe muy bien. Por eso recorre el barrio recopilado informaciones que en un primer momento pueden parecer inanes, pero que, sumadas a otras, ganan en valor. Él mismo comprueba lo que esto significa cuando se ve obligado a tomar un caso porque hay alguien que sabe cosas de su pasado que incluso la mayor parte de su familia ignora.
 – ¿Qué percepción de la novela le ha llegado a través de los lectores, y qué le han dicho especialmente los lectores de novela negra?
 Estoy muy contenta con la recepción de la obra, con el hecho de que los comentarios apunten a temas muy diversos presentes en la novela: hay lectores que se centran más en las relaciones familiares, otros en la psicología, sobre todo en la enfermedad de Lola, otros destacan aspectos sociales… Lo me muestra que es una novela con capas e interpretaciones diferentes, uno de los objetivos al escribirla.
Y hay una lectura en clave de novela negra que deriva no solo de que los protagonistas sean detectives. Los lectores de novela negra me parece que observan que lo más negro –más que los casos que investigan los detectives– es lo que pasa en la familia.
 – ¿Qué le ha supuesto su paso a una editorial como Tusquets?
 Llegar a casa.
 – ¿Dónde se siente más valorada, en Alemania o en España? ¿Hay mucha diferencia entre los lectores de ambos países?
 Es diferente porque en Alemania solo se han traducido mis novelas negras, por lo que solo me conocen por esta faceta. Es difícil decir de un modo general en qué se diferencian los lectores en ambos países. Lo que sí he notado cuando he participado en presentaciones o lecturas es que los lectores alemanes tienden a una crítica más directa.
 – Y en el panorama editorial de ambos, ¿qué diferencias sustanciales hay?
El mercado editorial alemán, aunque esté sufriendo la perdida de lectores general, es muy potente. Los índices de lectura son más altos y hay un dominio de la literatura de género negropolicial desde hace años. Si no recuerdo mal, de cada diez novelas que se publican, entre tres y cuatro son de este género. La asociación alemana de escritores de novela negra cuenta con más de 800 asociados y no todos están en ella.
 – ¿Qué tiene entre manos ahora Rosa Ribas?
 Sigo con la familia Hernández. Cuando estaba escribiendo Un asunto demasiado familiar me pasó lo que me sucede tantas veces, que me enamoré de mis personajes. Me cuesta mucho separarme de ellos. Por suerte, los Hernández guardan todavía muchos secretos.
 – Venda su novela, ¿qué le podemos decir sobre ella a un lector para que acerque a leerla?
  ¡Ay! Soy fatal haciendo estas cosas. Écheme una manita.
 – Esta sección lleva un título emblemático y eso casi nos obliga a cerrar la entrevista con una pregunta también emblemática: ¿de qué material están forjados los sueños de Rosa Ribas?
De un material secreto.

lunes, 23 de diciembre de 2019

ENTREVISTA A JULIO CÉSAR CANO

Entrevista a Julio César Cano, Flores Muertas

Con motivo de la aparición de Flores muertas, la cuarta entrega de la serie del inspector Monfort, hemos charlado con su autor, Julio César Cano, un hombre sosegado que nos da las pautas de su concepción de la literatura y satisface algunas curiosidades más sobre su personaje de cabecera.

– Flores muertas es la cuarta entrega de la serie del inspector Monfort, todas transcurren en Castellón, ¿qué le ha atraído de esa ciudad para convertirla en escenario de sus novelas?
La necesidad personal y el reto que suponía ambientar una novela policíaca en una provincia poco conocida fueron los primeros impulsos. El lugar en el que vivo actualmente me pareció idóneo para contar una historia desde el punto de vista tanto del personaje principal (el inspector Monfort) como de mí mismo, de alguien que vino de fuera y que tiene una capacidad distinta para narrar lo que ve en el día a día.
Escribí Asesinato en la plaza de farola, la primera novela de la serie, sin intención de que tuviera continuidad, pero los lectores tienen la última palabra y por eso sigo con ello.

– Castellón es una ciudad pequeña, ¿qué opina del boom del rural noir que últimamente se está viviendo en el género?
El mundo rural es ideal para situar tramas de este género. Miguel Delibes con Los Santos Inocentes me marcó el camino a seguir. Las montañas, los bosques, el campo, la niebla, la lluvia, el frío y el viento, pero también la costa desierta en invierno o las gentes de los pueblos con sus rencillas y envidias entre vecinos y familiares.
Es completamente normal, y me alegra, que exista un boom del rural noir. Siempre ha estado ahí, no es ninguna novedad, pero me satisface que ahora se ponga más en valor si cabe. Soy un asiduo lector de esta parcela del género.
– ¿Ha cambiado mucho Monfort en estas cuatro novelas? ¿Y Julio César Cano ha cambiado también?
Cuando di vida a Monfort ya había cruzado la hipotética barrera de la cincuentena. De haber sabido que los lectores acogerían con tanto entusiasmo las novelas lo hubiera creado más joven.
Monfort ha cambiado, por supuesto, como los demás personajes de las novelas. Queda poco de aquel policía visceral y descarnado, con poco apego a la vida, sin apenas amistades, que esgrimía la bandera de la soledad como forma de vida. Ahora piensa antes de actuar y nos lo cuenta, se ha hecho mayor, es inevitable. Es importantísimo que los personajes crezcan con el tiempo, que evolucionen, que el lector experimente con cada libro los cambios habituales en sus vidas. Y, por supuesto, yo también he cambiado, espero que para bien. Los personajes están vivos, y seguramente mañana ya no pensarán igual como lo harían hoy.

– En esta novela encontramos muy presente el mundo musical, ¿se ha roto ya el mito aquel de sexo, drogas y rock and roll? Teniendo en cuenta su pasado, ¿ha supuesto por su parte algún ajuste de cuentas?
El mito del sexo, las drogas y el rock and roll siempre está presente en nuestra existencia estemos ligados al mundo de la música o no. Actualmente los artistas se han convertido en empresarios que deben afrontar con seriedad su trabajo. En otras épocas no muy lejanas el rock and roll era una forma de vida, y muchos la llevaron hasta las últimas consecuencias. El resultado fue que a unos les fue mejor que a otros en su caminar por ese filo de la navaja.
Me gusta lo que dices del «ajuste de cuentas». Es la primera entrevista en la que alguien da totalmente en el clavo. Sí, en efecto, la parte musical de Flores muertas bien podría ser un ajuste de cuentas. Yo viví en primera persona la época fantástica en que se ganaba mucho dinero con la música, la época en la que las compañías discográficas ocupaban varias plantas en edificios relevantes del Paseo de la Castellana de Madrid. Luego, todo eso se fue al garete por culpa de las descargas ilegales, por la piratería, por la prohibición de organizar conciertos en salas pequeñas, por la crisis que dilapidó los presupuestos de los ayuntamientos para contratar grupos para las fiestas patronales. Y con todo eso, cientos de artistas, cientos de grupos que hasta ese momento vivían de los conciertos, tuvieron que colgar sus instrumentos y dedicarse a otras cosas.

– También se habla de la creación artística y de las sombras de un pasado oscuro, ¿son buenas alternativas narrativas?
Pese a que parte de mi vida la dediqué a la música, no había escrito nunca sobre este tema en una obra de ficción. Me apetecía dado que conozco bien el tema. Los argumentos de la narrativa literaria policial o negra ya están inventados por los grandes autores desde hace mucho tiempo. Creí que indagar en el pasado oscuro de unos artistas podía ser una variante distinta a lo escrito hasta ahora. Me apetecía explorar otros campos menos conocidos por el público lector.

– A Monfort le acompaña un puñado de personajes que ya conocemos, e incluso alguno nuevo; como autor, ¿siente debilidad por alguno de ellos?
Siento verdadera debilidad por todos los personajes que acompañan a Monfort. Quizá uno de mis preferidos desde el primer día es la ahora subinspectora Silvia Redó. Creo que es el contrapunto de Monfort, una de las pocas personas vivas que logra llevarle la contraria. Pero también me encantan otros personajes como el forense Pablo Morata o el recién llegado Robert Calleja o la jueza Elvira Figueroa, sin desmerecer con ello a los habituales como el comisario Romerales o los agentes Terreros y García y, sobre todo, la entrañable abuela Irene.

– Como es lógico tratándose de un inspector de policía, en sus novelas hay mucho procedimiento policial, ¿ha conseguido familiarizarse con esos aspectos policiales, tiene quien le asesore bien?
Me enganché al género con las novelas de Arthur Conan Doyle o de Agatha Christie cuando era un chaval, también con las películas de Alfred Hitchcock. De ellos aprendí que el público necesita conocer, pero que no siempre exige que seamos grandes entendidos en la materia. Hay escritores que se atreven a dar clases magistrales sobre la psicología de un asesino. Hay que estudiar mucho y dedicar parte de una vida para ello. No basta con escribir novelas de género negro. No tengo claro todavía que el lector busque siempre la realidad absoluta, prueba de ello son las series que se nos ofrecen a diario en las plataformas digitales o en la televisión, cuya veracidad no siempre es la más acertada. Por suerte son numerosos los amigos lectores de Monfort que forman parte de los cuerpos de seguridad del estado. Podría abusar un poco más de su ofrecimiento y así las cosas quizá fueran más exactas.

– A la hora de armar sus tramas, valore estos conceptos en orden de importancia: caso, personaje, crimen, asesino.
En lo que a mis libros corresponde, sin «caso» no hay trama y sin «personajes» no hay quien conduzca la historia. El «crimen» forma parte esencial del caso y el «asesino» siempre es un personaje más que en ocasiones se convierte en el protagonista.

– ¿Quedan argumentos por explotar en la novela negra o la realidad nos ha superado definitivamente?
La realidad siempre nos supera. Nos superó en el pasado, nos supera en el día a día, y lo seguirá haciendo en el futuro. Muchas veces, cuando escucho las noticias, creo que aquello que escribo se queda siempre muy corto.

– ¿A quién le debe cosas Julio César Cano, literariamente hablando?
A los que viven conmigo y soportan el cambiante humor del yo escritor. A los lectores que con su fiel apoyo esperan la nueva novela. A los editores que tuve en el pasado y que encendieron la llama de lo que soy hoy. A mis editoras actuales, que me brindan su apoyo en todo momento. A los que organizan festivales literarios y otro tipo de eventos relacionados con el libro, porque ponen sobre la mesa nuestros nombres. A los libreros, porque sin ellos nuestros libros no tendrían visibilidad. A los amigos escritores, por los ratos compartidos. Y a José Antonio Labordeta, que vino a casa, comió pan y chorizo, bebió vino tinto, y me dio una palmada en la espalda y cuatro consejos.

– Premio QUBO, Letras del Mediterráneo, Premio Pasión… ¿le da qué pensar el hecho de que le hayan concedido tantos premios?
Los premios son alegrías que proporcionan el ánimo necesario que a veces hace falta para seguir adelante. El mejor premio, no obstante, es saber que hay lectores que esperan con ganas el nuevo trabajo que está por llegar.

– ¿Y cómo cree que el lector percibe a Monfort y a sus historias?
Monfort y los suyos se han hecho un espacio en las estanterías de muchos lectores. No sé cómo percibe cada lector a un personaje como él. Espero que les caiga bien en ocasiones, mal en otras, que sufran con él, que se alegren de sus progresos, que le reprochen las recaídas emocionales también. Pero me gustaría que los lectores tuvieran un buen concepto, porque él sí lo tiene de todos los lectores. Es un buen tipo, con un corazón enorme.

– ¿Alguna vez se ha arrepentido de elegir alguna trama, o de lo contrario, de haber desechado alguna dejándola en el cajón?
En alguna ocasión, a media novela por escribir, he tenido la tentación de borrar lo escrito. Por suerte no soy impulsivo en esos momentos y no destruyo lo escrito. Tiendo a recomponer, a reconducir, a que repose lo escrito, nunca a destruir.

– Recientemente una librería de Castellón ha puesto en venta sus primeras obras, ¿eso le asusta o le satisface?
Por supuesto que me satisface. Tengo en muy buen concepto a mis novelas anteriores a Monfort. Está claro que si pudiera recompondría muchas cosas de esas novelas, pero eso me pasa con todas. No me asusta, me encanta que los libreros pongan en alza aquello que escribí tiempo atrás y de lo que personalmente me siento orgulloso.

– ¿Qué tiene ahora entre manos?
La quinta novela protagonizada por Monfort. En estos momentos estoy inmerso en el universo del inspector, justo en ese momento en el que dudo de todo, escribo, borro, vuelvo a escribir, guardo, leo, duermo poco y trato de no volverme loco. Creo que sabes a qué me refiero.

– Esta sección lleva un título emblemático y eso casi nos obliga a cerrar la entrevista con una pregunta también emblemática: ¿de qué material están forjados los sueños de Julio César Cano?
Mis sueños son sencillos. Son sueños de paz y de armonía, de amor y de sinceridad. De trabajo y solidaridad. También sueño con tener más tiempo. Tiempo para leer, tiempo para escribir. Tiempo para soñar también. ¡Muchísimas gracias! Ha sido un placer contestar a tus estupendas preguntas.

Entrevista realizada por Antonio Parra Sanz

miércoles, 15 de mayo de 2019


Fotografía: de Hanska, por @Jeosm
Cuando aún está muy reciente la aparición en las librerías de La Red Púrpura, la segunda entrega de la inspectora Elena Blanco, hemos charlado con su autora, Carmen Mola, que nos ha confesado un buen puñado de secretos, tanto de sus personajes como de su percepción de la literatura y del género negro.
– ¿Qué le ha parecido el recibimiento que el lector le ha hecho a Elena Blanco?
Maravilloso, sólo puedo estar feliz. Ni en el mejor de mis sueños, mientras escribía La novia gitana, imaginé que en tan poco tiempo existirían dos novelas protagonizadas por Elena Blanco y tantos lectores que hubieran decidido dedicar parte de su tiempo a disfrutarlas. Se lo agradezco a todos, a los que les ha gustado más y a los que les ha gustado menos. También a los que me han hecho críticas, de todo se aprende.
– Ahora que ha pasado ya algún tiempo desde que Elena apareció, ¿cómo valora la llegada de su personaje a este mundo tan complejo de la novela negra?
No estoy metida en el mundo de la novela negra. Nunca he ido a jornadas, semanas de novela negra, encuentros entre autores y demás. No tengo relación con otros autores y autoras y desconozco su opinión, más allá de la que reflejan en las redes sociales, a las que tampoco soy muy aficionada. Supongo que son los demás escritores los que tienen que valorar a Elena Blanco. Yo sigo siendo lectora de novela negra y sigo descubriendo muy buenos autores, tanto en España como fuera.
– Háganos una confesión, si se puede, ¿el personaje de Elena nació antes de las tramas o primero surgieron las historias y luego su protagonista?
La verdad es que no lo sé. Supongo que nacieron a la vez Elena y La novia gitana. Un crimen, una investigadora, un proceso… No he sido muy consciente del orden, o por lo menos no lo recuerdo. Evidentemente, en el caso de la segunda novela, La Red Púrpura, ya tenía tanto a Elena como a la BAC. 
– Y ya que estamos, ¿por qué está tan baqueteada, va a concederle algún respiro en algún momento?
Hay lectores que se quejan de que no haya investigadores que tengan una vida feliz, que terminen de trabajar y se vayan a su casa, en la que tengan una familia encantadora, unos niños preciosos, un jardín bien cuidado y una bonita colección de bonsáis. No estoy de acuerdo, ni como escritora ni como lectora. La gente feliz está muy bien en la vida real, las novelas piden personajes que sufran y que se sobrepongan. Así que la respuesta es no: por muchas novelas que pasen, la vida de Elena Blanco será siempre un caos.
– Además de haber protagonizado ya dos tramas muy adictivas, ¿cuál cree que es el motivo de que ella y sus compañeros calen tan hondo en el público?
No lo sé. Yo trato de que mis personajes me caigan bien a mí, que es un paso importante para que le caigan bien a los demás. Creo que los miembros de la BAC, pese a sus peculiaridades, son simpáticos, entrañables, personas a las que tendría cariño en la vida real. Me gustan mucho Elena, Chesca, Mariajo… Hay algunas características de las tres que me gustaría tener a mí. Reconozco que siento una simpatía especial por Orduño. Quizá los lectores piensen de ellos lo mismo que yo y de ahí que los hayan aceptado.
– Como lector, he de decirle que el equipo de la BAC me parece una auténtica joya en cuanto a caracteres, ¿le ha sido fácil gobernarlos o alguno ha tenido tentaciones de rebelarse?
Te agradezco el elogio. Me hace gracia esto de la rebelión de los personajes. A mí no se me rebelan, tal vez a medida que pasen las novelas alguno lo haga, pero no tendré piedad y lo mataré. Lo que sí adquieren es personalidad propia en el sentido de que hay decisiones que no puedo tomar en su contra. Me explico, hay veces que escribo a uno y, al releerlo, sin saber por qué, digo: esto Zárate no lo haría, tengo que cambiarlo. Tal vez sea el mismo Zárate, o el personaje que sea, el que me avisa y esa sea la mayor rebelión que se permiten.
– Hay un personaje, Rentero, que parece la antítesis de Elena y su equipo, ¿cree que España es un país en el que abundan este tipo de caracteres entre quienes ostentan mayores responsabilidades?
A mí me hacen gracia Rentero y sus lujos a costa del presupuesto. Me divierte documentarme para saber qué whisky pediría o a qué restaurante le gustaría ir. Supongo que hay muchos personajes de esos en nuestro país, pero no estoy segura de que no tengan su parte de utilidad. En las novelas de Elena Blanco, Rentero sirve para anclar los pies al suelo a la inspectora.
– El mal está muy presente en ambas novelas, ¿tanto nos acecha en la realidad?, ¿estamos tan expuestos como parece mostrar en estas dos tramas?
Creo que sí, aunque yo, afortunadamente, no lo noto en la vida real. Pero veo los telediarios y leo los periódicos y me escandalizo. Hay verdaderos canallas sueltos. La gente dice que mis novelas son fuertes, pero no reflejan ni una mínima parte de lo que ocurre un día cualquiera.
– En La novia gitana se habla de los rasgos calés, su concepto de la vida, sus costumbres, y a veces hay grandes barreras, ¿tan diferentes somos unos de otros?
No soy una especialista en el mundo gitano. He contado varias veces que mi fascinación por los gitanos viene de una época de mi vida que viví cerca de Tirso de Molina y me cruzaba con ellos a diario, hasta llegué a tener alguna confianza con varias vecinas gitanas con las que coincidía tomando café por Cascorro. Tenía sentimientos encontrados con sus costumbres, unas me gustaban y otras no, pero me parecía admirable su forma de luchar para conservarlas.
– Muertes en directo, malos tratos, vejaciones, apuestas…, un gran despliegue en La red púrpura. Da un poco de miedo intuir lo que puede hallarse en las profundidades de Internet, ¿usted las ha visitado para escribir esta novela?
Las he visitado, poco y con una pinza en la nariz para no oler su peste… He contado con la ayuda de un amigo con más experiencia que yo en esos asuntos que me ha guiado por ese inframundo. No le recomiendo a nadie que lo visite, ni siquiera como experiencia. Si puedo, no volveré.
– En ambas entregas aparecen personajes jóvenes, y enfrentados a situaciones bastante duras, ¿se nos está cayendo un poco el mito de confiar en los que vienen detrás y han de cambiar el mundo?
¿Existía ese mito? Debe de ser que pertenezco a la generación del baby boom y nunca he confiado en el poder regenerativo de las generaciones. Yo creo que, como en cualquier grupo de gente, entre los jóvenes hay gente muy preparada, que va a cambiar el mundo, gente a la que el mundo le va a pasar por encima y otros —los más— que se limitarán a ver la vida transcurrir. La gran diferencia entre los de mi edad y los siguientes es que nosotros no conocimos Internet hasta muy tarde y ellos han crecido usándolo. Antes pensaba que eso era una ventaja para ellos, ahora he dejado de estar segura.
– ¿Y qué hay de los que ostentan el poder, siguen moviéndose entre la impunidad?
Esa es, por lo menos, la sensación que muchos tenemos. Quizá no sea más que una variante de las teorías conspiranoicas: hay alguien arriba que conspira y para quien no valen las reglas…
– Volviendo al género negro, ¿qué le parece la expansión que está viviendo algo que al nacer fue catalogado como literatura de segunda?
Eso, volvamos a la literatura. A mí el género negro siempre me ha gustado como lectora; siempre me preguntan por él, pero eso no quiere decir que sea el único género que lea. No creo que la novela negra sea literatura de segunda, aunque sí pienso que puede ser literatura de entretenimiento. Pero es que eso no me parece mal, no debemos olvidar que dedicar a la lectura el tiempo de ocio es apasionante. Hay ratos en los que me apetece leer un tipo de novelas y ratos en los que prefiero sólo evadirme, para esos es perfecta la novela negra.
– Y ya que seguimos hablando del género, dicen que cada vez aumentan más las protagonistas femeninas, ¿cree que eso es una moda o una necesidad que debía haber sido cubierta hace mucho tiempo?
Las mujeres vamos tomando protagonismo en muchas áreas en las que nos había estado vedado. Y no olvidemos que el porcentaje de mujeres lectoras, en comparación al de los hombres, es muy alto, es normal que las protagonistas de las novelas lo sean. Yo viajo mucho en metro y suelo ir leyendo, pero me gusta levantar la vista y ver cuánta gente va con libros o con dispositivos de lectura, somos más las mujeres que los hombres. Ahora bien, pienso una cosa, ya hemos conquistado el mundo de las inspectoras y el de las víctimas, ¿para cuándo el de las culpables?
– ¿Qué es lo que impulsa a escribir a Carmen Mola?
Escribo por diversión. Intento pensar en más causas, pero no se me ocurren. He dedicado gran parte de mi ocio a la lectura durante toda mi vida y siempre he pensado en que sería capaz de escribir una novela. Había veces en que en la cabeza reescribía la novela que estaba leyendo, no siempre mejorándola. Por circunstancias de la vida lo había ido posponiendo, pero llega un momento en que te encuentras con el tiempo y la predisposición para escribir y te lanzas. Me lo pasé muy bien haciéndolo, pero supongo que si La novia gitana hubiera pasado sin pena ni gloria, mi atrevimiento se habría quedado ahí. Al funcionar como ha funcionado, me puse con La Red Púrpura. También lo he disfrutado. Ya veremos hasta dónde sigo.
– Tiene que satisfacernos otra gran curiosidad, ¿volveremos a ver pronto a Elena Blanco?
Tiene relación con la pregunta anterior. Con La Red Púrpura me he divertido, ya veremos cómo la reciben los lectores. Son mis dos requisitos, el día que uno de ellos falle, o yo no disfrute o a la gente no le guste, dejaré de escribir o, por lo menos, dejaré de escribir a Elena Blanco.
– Esta sección lleva un título emblemático y eso casi nos obliga a cerrar la entrevista con una pregunta también emblemática: ¿de qué material están forjados los sueños de Carmen Mola?
Éstas son las preguntas que más temo. Siempre pienso en lo difícil que tiene que ser contestar un cuestionario de esos en los que te preguntan por un olor, un sabor, una cualidad que prefieres en los demás… Temo no ser ingeniosa y defraudar a quienes lo leen. Puede que esa sea una de las razones de firmar con seudónimo.
Mis sueños, por decir algo, están forjados de tinta y papel, aunque escribo directamente en el ordenador. No sé, ¿ves como no era ingeniosa?