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jueves, 16 de junio de 2022

METRÓPOLIS - CASTING

 

CASTING

 

Nancy da una nueva calada, profunda, intensa, para que la marihuana le llegue bien adentro, allí donde habitan los prejuicios de la hija perfecta que ha renunciado a ser. Bajo los tilos de la calle aguardó a que el coche de mamá girara por la esquina y entonces encendió aquel salvavidas, apoyada en el tronco, dejándose observar por tres o cuatro universitarios que hubieran ignorado sus leves pechos de no haberse topado con aquella mirada traviesa, con esa sonrisa lasciva.

Nancy continúa fumando porque sabe que no son para ella, que nunca serán para ella porque no transigirá con perpetuar las costumbres de la ciudad. Decir que está ya muy harta de ser la niña de los Bowden sería quedarse corto, y más ahora que papá abogado parece haberse vuelto paranoico: no fumes, no salgas sola, no te vistas así, no te pintes tanto. El hogar es un campo de prisioneros con unos muros que eran eternos hasta que le vio allí hace un par de noches, recostado en lo alto, fumando aquel enorme puro, taladrándola con unos ojos que invitaban a todo, a transgresión, a libertad.

Nancy no ha dicho nada, Nancy hace tiempo que ya no dice nada, mientras deja que papá abogado y mamá florero se destrocen entre medidos silencios. Y hoy tampoco iba a ser una excepción. ¿Qué le iba a contar a mamá? ¿Que anoche se buscó entre las sábanas hasta regalarse un orgasmo intermitente? ¿Que lleva días sin dormir desde que él le deslizó aquella nota del casting para la obra del instituto, junto al cigarro de marihuana que ahora está consumiendo? ¿O que en esos ojos vio una mirada tan sexual como liberadora, que ya no la miraba como a una niña?

Nancy apura las últimas caladas, hinchando su pecho aunque el volumen no deje de engañarla. Pero ya no le importa, acaba de encontrar el sosiego suficiente como para entrar a la sala, bajando por el pasillo central acariciando los respaldos de las butacas. No está para sorprenderse ante el hecho de ser la única candidata al papel de una obra inexistente. Sólo puede deslizarse felina hacia el escenario, hacia la penumbra en la que refulge como un astro soberano el habano sobre el que los labios de Max Cady se andan relamiendo.

Nancy cierra los ojos y empieza a subir, temblorosa y húmeda, los escalones que conducen a la tarima, que llevan hasta aquella brasa que la atrae sin remisión.



sábado, 19 de marzo de 2022

METRÓPOLIS - JURAR EN VANO

 

JURAR EN VANO

Dos dosis bien medidas del mejor bourbon, reposando en aquella mesa de juguete, y otras dos rayas bien densas, como orugas satisfechas, en el pequeño espejo que él ha dejado a su espalda. Ése es el conjunto que le da la bienvenida a aquel pedazo de mujer, a aquella lascivia pura que le ha ido recortando el sueño desde que viera la insatisfacción en sus ojos.

No le ha dado importancia al abrazo lastimero con el que ella le ha saludado, mientras se quitaba su estola de visón dejándola caer en el suelo de aquella roulotte mugrosa. Pero sí se ha quedado flotando entre sus pechos ingrávidos y libres, trotando en aquel mono de lentejuelas con el que ella habrá iluminado aún más media ciudad.

Si tuviera conciencia, se avergonzaría de haberla citado en aquel cuchitril, de no haberle reservado una suite en el Mirage, o en el Bellagio, pero no pueden delatarse, nadie puede saber, nadie puede ver en aquel lugar lleno de lenguas acusadoras. Por eso le ofrece el bourbon buscando un brindis rápido, para no pensar, para no enfrentarse a lo que es el verdadero martirio de aquella visita.

Ella empieza a llorar, a suspirar sus quejas, el espejo acude en su ayuda, los dos inhalan por turnos y por unos momentos el tiempo se detiene, hasta que ella regresa a sus lamentos de esposa desatendida, incluso de mujer amenazada, y él bebe y bebe más para enmascararlo todo, para que la realidad no le destroce la noche.

Ambos saben lo que hacen allí pero él seguirá engañándose porque sólo así conseguirá perderse entre aquellos ojos azules, entre la carne de aquellos labios que ya le han buscado dos veces, tras la excusa del abrazo y la lágrima inconsolable. Y es un pasaporte que él no puede rechazar, así que le jura entre suspiros que le ayudará a recuperar las joyas, que sabe que son suyas y está en su derecho de reclamarlas.

Y sigue jurándole mientras prepara otras cuatro rayas que vuelan del espejo con un vértigo que le marea. Y no deja de jurar mientras ella sorbe sus últimas lágrimas y se pone a la faena de agradecérselo inclinando la cabeza y maniobrando en su bragueta con dedos hábiles. Le juraría todo el amor del universo, el mismo que él sintió desde que se vieran por vez primera. Le juraría todo ahora que Ginger Mckenna cierne la boca sobre su miembro como si con ese gesto se sacudiera de una vez el apellido Rothstein, ahora que él ya no se siente bajito, ni feo, ni gruñón.

Nicky Santoro logra disfrazar de amor hasta la traición que ahora mismo está cometiendo.



lunes, 10 de enero de 2022

METRÓPOLIS - UN REFRESCO

 

UN REFRESCO

 

    Por un refresco, por un puñetero refresco, y luego esa bomba, esa maldita explosión que lo cambió todo, que me ha dejado este nubarrón del que no sé cómo salir. Los ojos pesan una enormidad, los párpados son de arena mojada y se me clavan en el rostro.

    Vuelve la música, esos malditos bongos que tanto machacaron mis tímpanos, y las voces, esas risas al otro lado de la pared, desencajadas, histéricas, como si nacieran justo en mi tabique, en mi techo, en mi ventana.

    Se me enreda la protesta en una lengua grande, reseca y pastosa, ya ni el apellido Vargas puedo pronunciar, como si en algún momento hubiera sido un sortilegio que cambiara algo. ¿Dónde estás, Mike, por qué no vienes, por qué no has vuelto a llamar? ¿Por qué los dejaste entrar, con la música, las botellas, el humo? ¿Por qué me llevaste a ese maldito motel? ¿Por qué no pudiste quitarme el sol de encima?

    La cama se mueve, va de un lado a otro, como un tronco a la deriva, empujada por otros ruidos nuevos, son jadeos que saltan de un oído al otro, con este calor, este agobio de sábanas de engrudo y párpados enladrillados.

    Preferiría la música otra vez, los tambores y el humo, en lugar de estos sofocos densos. La cabeza se me va a un lado y a otro, alguien ha golpeado la cama pero mis brazos no responden, otra sacudida, otra más, y de repente el silencio, al fin.

    Vuelvo a tragar saliva, vuelve a entrar un resquicio de luz, vuelvo a ver, pero no, no quiero mirar esos ojos hinchados sobre mi rostro, ni esa cabeza sudorosa, ni esa lengua estrangulada rebosando los labios finísimos de aquel hombre, ¿cómo se llamaba?, ¿Gray, Grandi? No puedo gritar, no hay humedad suficiente en la garganta.

    Caigo de nuevo, los bongos, la música, el humo, aquel tipo histérico y flaco, el refresco, esos ojos, esas bolas llenas de sangre…, y ahora barrotes, pero todo borroso, todo menos esa figura. ¿Eres tú, Mike? Por Dios, júrame que eres tú y acaba de una vez con esto.



miércoles, 20 de octubre de 2021

METRÓPOLIS - EL DIABLO NO EXISTE

 

EL DIABLO NO EXISTE

    Horas y horas de aislamiento, preguntas y más preguntas, el humo de aquel barco entrando de nuevo en mi nariz, y un universo entero de datos y posibilidades frente a mí, en aquel ínfimo despacho, en aquel reducto en el que nadie podía creerse dueño de nada.

    Ahora el sol baña de nuevo mi rostro, el mismo astro que ellos creen puesto ahí por su dios, o por vaya usted a saber por qué fuerza superior. Ha sido tan fácil, tan extraordinariamente fácil que hasta casi siento un poco de vergüenza.

    Ya no tardarán en venir a recogerme, si han cumplido mis instrucciones estarán a punto de llegar, tan sólo tengo que caminar un par de calles más y todo habrá terminado, aunque he de reconocer que me ha entrado algo de pena. Charlar con aquel poli, Kujan, era entretenido, tan solícito, ofreciéndome café, mirándome casi con lástima, inclinando incluso la cabeza para empatizar un poco más conmigo.

    Y qué cara puso cuando le conté aquello de que el mayor logro del diablo había consistido en hacer creer al mundo que no existía, se quedó callado sin saber si le hablaba en serio o si pretendía tomarle el pelo, pero lo descartó enseguida, un tullido simplón como yo no podría nunca tomarle el pelo a alguien de su experiencia.

    Ni a él ni a ningún otro tipo con dos dedos de frente, y para hacer lo que hicimos se necesitaba mucho más que dos dedos de frente, toda la frialdad posible para lidiar con un ególatra, un golfo, un ludópata y algún que otro yonqui. Ese fue el primero de los obstáculos, conseguir que todos caminaran en la misma dirección.

    Y hablando de caminar, ya es hora de dejar de arrastrar el pie, que al final se me va a dormir la pierna, ya se acabaron las mentiras, ya se acabó del todo Keyser Soze. Ah, ahí llega el coche al fin.



martes, 14 de septiembre de 2021

METRÓPOLIS - RELLAMADA

 

RELLAMADA

     Margot recupera el resuello casi al mismo tiempo que permite a la lucidez regresar a su cabeza. Sabe que tiene que pensar deprisa, que tiene que actuar deprisa y no perder la calma, por mucho que el cuerpo que yace a sus pies la escandalice un poco, con los dedos acusadores de las tijeras sobresaliendo de su espalda, señalándola.

    Lo primero es volver a coger el auricular, el angustioso silencio que le llega le confirma que Tony sigue al otro lado. Sí, ha de ser él forzosamente, esperando para comprobar que todo se haya cumplido, ignorante de lo que acaba de pasar, de la vida que se ha esfumado ante ella.

    Reuniendo en la garganta toda la angustia posible, lanza al aire una y otra vez la pregunta hasta que la voz dubitativa de su marido le arranca media sonrisa. Tartamudear ahora es casi lo más sencillo, extraviarse en frases inconexas no le cuesta trabajo alguno, incluso le apetece jugar con una pizca descriptiva, como si ella no hubiera visto en su momento aquella raída gabardina, y el lacio bigote del ahora difunto Alex Swann.

    Como suponía, Tony retoma el control, solícito y caballeroso, no le queda otra y se deshace en atenciones verbales, tan correctas como frías, incluso cuando le promete que será él mismo quien avise a la policía, y ella se lo permite sin dudarlo, así debe ser.

    Margot sigue dejando que el llanto fluya, y los sofocos, y la voz entrecortada, aunque mataría, de nuevo, por servirse una copa y paladear un cigarrillo recostada en el sofá. Pero los plazos son los plazos y ahora ya no puede cometer error alguno.

    Pasados esos eternos minutos, cuelga apretando la clavija con dos dedos y sin retirarse el auricular de la oreja se apresta a realizar otra llamada, quizá la más importante, antes de que se le ocurra llegar a algún policía demasiado diligente.

    - Hola Mark. Sí, tal y como suponíamos… Sí, Swann. Todo bien, deseando que las cosas echen a rodar… No te preocupes, te llamarán, así que no te derrumbes. Antes de lo que crees volveremos a cruzar ese maldito océano para siempre.



miércoles, 11 de agosto de 2021

METRÓPOLIS - SEGUNDOS FUERA

 SEGUNDOS FUERA

    Toda la comisaría central de Los Ángeles está allí, jaleándolos, soñando con ver a Bucky Bleichert ganar un nuevo combate, rebosando juventud por los poros.

    Elizabeth gime al notar el cigarrillo entrando en uno de sus pechos. Hace horas que no llora, no le han quedado lágrimas tras la última fractura de la nariz, ni lágrimas ni fuerzas para mover los brazos, para soñar con liberarse.

    Lee Blanchard bailotea sereno en su rincón, su madurez serena tratará de suplir el exceso de energía de su oponente. Los agentes más viejos, los que van camino de ser ya dinosaurios, han apostado por él, no en vano le han visto ya muchas veces sobre la lona.

    Otro golpe, esta vez más leve, cae ahora sobre los muslos de Elizabeth, no es una quemadura, es como si un dibujante marcase un trazo que afinara después. Y bien que lo afinan esas manos sádicas, están cortando el tatuaje de su flor, están rompiendo toda la dermis con una circunferencia diabólica. Suspira cuando el bisturí, porque eso sí lo ha visto, finaliza su tarea, y en cambio sólo puede gruñir cuando el trozo de piel, y tinta, y sangre, entra en su vagina con un golpe seco que casi le arrebata el alma.

    Bucky se ha lanzado con todo ya en el cuarto asalto, todo el gimnasio rezuma sudor, envidia y tabaco. Blanchard le ha estado parando como ha podido, sobre todo cubriéndose el rostro, como si protegiera un tesoro que le ha hecho dejar al descubierto estómago, hígado y riñones. Bucky lo sabe y le castiga de nuevo el abdomen con varios ganchos intermitentes. Toda la policía angelina ruge, los billetes pegajosos siguen cambiando de manos.

    Para cuando a Elizabeth le rajan ambas mejillas, armándole la sonrisa de Glasgow, casi no le queda aliento, el delirio ha parado hace tiempo, ya ni escucha los jadeos de su agresor, apenas percibe nada, un golpe más y revienta el único ojo sano. Lo demás no lo sentirá, ni el corte en el pezón, ni la evisceración, ni el tinte en el pelo, ni la manicura. Nada queda de ella cuando esas manos expertas sierran su cuerpo por la mitad.

    Blanchard se rehace y castiga los pómulos de Bucky, ambos siguen echando el resto. Han llevado el juego hasta el final, con la excusa del orgullo y el premio de hacerse con el primer gran caso que se presente. Mientras jadean, ninguno de los dos sabe que jamás olvidará el nuevo día, y con él el hallazgo del cadáver de Elizabeth Short.




martes, 13 de julio de 2021

METRÓPOLIS - JUBILACIÓN

 

JUBIILACIÓN

     Tres meses, tres meses y ya, noventa días y dejaré de ver el dichoso cartelito, la verja y las columnas. Nunca pensé que se pudiera desear tanto perder un edificio de vista. El edificio y todo lo de su interior, no aguanto un solo Napoleón más, ni otra Juana de Arco ni otro Julio César, juro que no aguanto uno más.

    Bueno, esta casa parece seria, aunque vivir aquí, junto a un cementerio en pleno Brooklyn, tampoco es muy habitual. Eso sí, tranquilo seguro que sí lo es. Vaya, una mujer asomada a la ventana en la casa de enfrente, silbando tranquilamente, tal vez debería ir a preguntarle, puede que ella conozca a los Brewster y me pueda dar algún detalle más de lo que esté ocurriendo.

    Porque Mortimer ha sonado muy extraño, tres ingresos, qué barbaridad, y yo documentos sólo traigo para uno, aunque el jaleo enorme que se oía por el teléfono igual me tendría que haber prevenido. Pero no, siempre ha sido muy honesto, y muy centrado para ser un autor teatral. Incluso he oído por ahí que iba a casarse, quizá así se asiente ya del todo, porque con la herencia que arrastra…

    Pero ya estoy otra vez. No presuponer, no juzgar, no chismorrear, se firman los papeles, aviso a los muchachos, zanjamos el asunto cuanto antes y a descansar, ellos, el interno y yo, como debe ser.

    Vaya, parece que haya mucho movimiento ahí dentro. Otro tipo que asoma a una ventana, me recuerda a Boris Karloff, qué cosas. Al final el cansancio me va a jugar alguna mala pasada. ¿No decía? ¿Pues no oigo ahora cornetas? Vamos, White, no seas absurdo, será algún taxista gracioso, piensa, piensa, tres meses, tres meses, repítelo sin cesar hasta que te lo metas en la cabeza.

    No me han dejado ni llamar a la puerta, Mortimer casi me arranca el brazo para hacerme entrar, aunque con el jaleo que hay aquí no me extraña, qué de voces, si hasta las tías andan gritando. Ah, ahí está Teddy, es el único que parece contento, con esa, esa…, vaya, sí, es una corneta, había oído bien.

    Bueno, despleguemos los documentos y acabemos cuanto antes, no sé qué he escuchado por ahí de que alguien debe irse a Panamá.

    - Teddy, ven a saludar al señor Whiterspoon, necesita una esclusa nueva en Happy Day.

    Tres meses, tres meses, no dejes de repetirlo, por lo que más quieras, White.



jueves, 1 de julio de 2021

METRÓPOLIS - EN LA PLAYA

 

EN LA PLAYA

 

    Tranquilo, Michael, tranquilo. Mírame, mírame a mí. Eso es, con calma, respira hondo, no te vas a asustar, ya no. No es la primera vez que lo ves. No, a Harlen no, no le mires a él. A mí, eso. ¿Ves el mar, ahí, esplendoroso? Así, míralo también mientras me ayudas a darme la vuelta. No, no te preocupes, no va a ser para tanto, es la tela de la camisa, que se vuelve muy escandalosa con la sangre, pero eso también lo sabes.

    A veces pienso que ahora sabes demasiadas cosas, pero que yo te he enseñado muy pocas, como eso de la dignidad. No hagas caso a quien la menosprecie porque es lo único que nadie podrá quitarte nunca. ¿Que si ha merecido la pena todo esto por conservar la nuestra? Por supuesto que sí, y te aseguro que volveríamos a hacerlo, aunque esta vez sin errores, sin confianzas.

    No, no vuelvas la cabeza, no le mires más, ya no puede hacernos daño. Cuando llegue el momento, tienes que coger su cámara y traerla aquí, junto a la ventana, para fotografiar al sol cuando se esconda bajo el mar. ¿Te acordarás? Claro, eso es, en el momento que hemos visto cada una de estas tardes. Pero no llores, Michael. No, no voy a decirte que los Sullivan no lloran porque te mentiría, y sabes que nunca te he mentido.

    No contar toda la verdad no es lo mismo que mentir, él lo sabe bien, por eso no nos ha dado tregua, porque tenía miedo de que yo sí te contase toda la verdad. Bueno, supongo que al final el miedo estaba justificado. Es simple, Michael, no íbamos a volver no por no rendirnos, sino porque yo no quería para ti lo que no pudo ser mío, y porque John Rooney tenía que aprender, aun siendo un viejo decrépito, que no puede tenerlo todo. Si no quiso un hijo en su momento no tiene por qué querer ahora un nieto.

    Así es, veo por tu mirada que al fin lo entiendes, pero me quedo tranquilo, porque sé que no volverás, ni siquiera para matarle, de eso ya se encarga el tiempo, que sabe hacerlo muy bien y corre siempre mucho más que nosotros.

    No llores, Michael…, no llores y levántame…, que quiero ver ese sol contigo una vez más.



miércoles, 16 de junio de 2021

METRÓPOLIS - EXEQUIAS

 

EXEQUIAS

 

    Lynn nunca ha sabido por qué han de doblar la bandera en un triángulo, si es para ahorrar espacio o para que la liturgia dure lo que la solemnidad requiere. Con la primera brisa ha sentido un escalofrío que Bud también ha percibido, respondiéndole con un cariñoso apretón en el brazo.

    Ninguno de los dos se fija en la mujer que recibe el triángulo de tela, no sabrían decir si hay belleza o fealdad en un rostro que parece un tanto inexpresivo, a diferencia de las dos jóvenes caras que le flanquean, una mujer pelirroja que sí enjuga lágrimas y un joven tan delgado como su padre, tal como si le hubieran sacado de un molde del hombre que antaño conocieron.

    Lynn está cansada, ha venido conduciendo desde Arizona y el cuerpo se le ha revuelto con cada kilómetro, como si cada rodada fuera un golpe nuevo, un disparo nuevo, una palabra menos de todas aquellas que Bud no ha podido pagarle en todo este tiempo.

    Quisiera recostar la cabeza en el hombro de Bud pero no se atreve, porque lo que en verdad le gustaría es tenerlos a los dos a ambos lados, dándole seguridad, sacándola una vez más de aquella maldita ciudad a la que había jurado no volver.

    No llegaron a cruzar llamada alguna, y las primeras cartas dubitativas con remite angelino nunca fueron contestadas, pero siguieron la carrera de su amigo con la misma atención, aunque sin confesárselo entre ellos. Le vieron por televisión ascender a comisario, a jefe de policía, a fiscal general y por último a gobernador. Y con cada ascenso la veían también un poco más delgado, un poco más consumido pero a la vez un poco más feliz, como si cada nuevo cargo renovara su pícara sonrisa, la misma que no perdió ni siquiera la noche del fatal atentado.

    Bud la deja sola un instante y se levanta para acercarse al féretro, pero pasa de largo hasta llegar a la zona de las coronas. Saltándose todo el protocolo y con aquella media sonrisa muda, ha adelantado hasta la primera línea la que ellos han encargado, dejando que el nombre de Rollo Tomassi sobresalga por encima de los demás.

    Antes de volver junto a Lynn, guiña un ojo, se besa los dedos y los planta sobre la fotografía, en el pecho del sonriente y difunto gobernador Edmund Exley.




lunes, 31 de mayo de 2021

METRÓPOLIS - NORIA

 

NORIA

    Al tercer estornudo, Holly siente unas ganas enormes de bajar a tierra firme, ni lo entendía cuando su amigo le citaba allí ni lo entiende ahora, cuando esa infección está arrasando la ciudad. Se ajusta la mascarilla y mira de nuevo el reloj, intentando averiguar quién de los presentes en aquella cabina es el hombre que le ha hecho subir hasta allí.

    Una nueva tos y un nuevo escalofrío, la noria sigue girando sobre el Prater y aquellos enormes vehículos apenas se balancean. Han pasado ya unos cuantos años y no quiere volver a examinar una conciencia que le ha traicionado. Tanto juzgar al inclemente Harry y ha terminado como él, a punto de convertirse en traficante.

    La palabra ya no es tan fuerte pero continúa significando lo mismo, la enfermedad no, la penicilina ya no es necesaria porque no puede con este nuevo virus, media Viena se ha infectado y los aeropuertos han cerrado. El destino le ha arrinconado en una ciudad que odia y en la que empezaron a morir sus sueños literarios.

    Ni una novela más de aquellas lejanas praderas, ni una historia de espías, ni siquiera una trama costumbrista, el vacío que Harry le regaló en aquella alcantarilla le ha colonizado hasta el último rincón del alma. Los prejuicios también han huido, como lo han hecho los que tienen dinero, como lo harán los que le compren una vacuna que hoy va a pagar a precio de oro.

    Ni chocolate ni niebla, ni posguerra ni democracia, sólo células infectadas, es lo único que le importa, eso y la posibilidad de salir de aquella maldita ciudad. Todo lo que le afeó a Harry ha terminado repitiéndolo, todo lo que juró que nunca haría está a punto de ser su único salvoconducto para la libertad.

    Ya no queda ética, quien pueda pagar se librará del virus, y él se librará para siempre del pasado, sonríe bajo la mascarilla porque Harry tenía razón. Aún está sonriendo cuando un hombre se le acerca esquivando a las familias suspendidas en la noria.

    - Un placer conocerle, señor Martins – susurra mientras pone en su mano media docena de viales.



domingo, 23 de mayo de 2021

METRÓPOLIS - MANOS SUAVES

 

MANOS SUAVES

 

    La señora Davenport cree que no las oigo, que no me entero de sus burlas, de cómo se intercambiaron las gafitas rosadas cuando las hallaron al fondo del cajón, pero se equivocan, escucho cada queja, cada maldición, cada tos de esa garganta vieja y fumadora. Y ella no es la peor, hay otras dos que me zarandean sin miramiento alguno, que se demoran a propósito a la hora de cambiarme la bolsa de la sonda, que se carcajean cada vez que el doctor Saunders deja descansar mi uretra con unos días de la cárcel de los pañales sin saber que eso me hace aún más daño.

    Hace tiempo que dejé de hablar, ni puedo ni lo deseo, pocos rincones de mi piel quedan ya sensibles y ninguna de estas arpías ha logrado nunca aliviarme, ni siquiera acercarme a antiguas satisfacciones. El tiempo es peor enemigo cuando cuenta con aliadas como ellas. Tan sólo un día, no hace mucho, recibí algo de paz, unos dedos suaves, como de terciopelo, como si los de ella hubieran regresado, unas manos suaves que se demoraron en el masaje, sofocando las escoriaciones de mi espalda sin saber que restañaban también las de la conciencia.

    La memoria es cruel, pero firme cuando le tocan en su centro, y esos dedos me devolvieron a aquellos veranos, a aquel jardín húmedo, a esas gafas que son lo único que he logrado conservar y que estos monstruos mancillan cuando se aburren. Cómo explicar lo que esos dedos jóvenes han resucitado en mi interior, cómo agradecer ese sacrificio, esas diez ofrendas casi púberes que tanto me han devuelto, que me han llevado a sonreír al menos con unos ojos que la Davenport ignora por sistema, como hace con todo.

    Cuento las horas para que retiren el pañal y deseo con fervor que sean esos dedos los que se ocupen de sondarme, quienes me devuelvan esas olvidadas caricias ahora que ya nadie podrá reprocharme nada, ahora que están todavía sin contaminar, sin corromperse, sin rendirse ante el tiempo que terminará por mancillarlo todo.

    - Llamad a la nueva, hay que sondar al viejo Humbert.

    - Menudo estreno va a tener la pobre.

    Por primera vez en mucho tiempo agradezco unas palabras de la Davenport y sus gorgonas.



lunes, 10 de mayo de 2021

METRÓPOLIS - NUEVO EQUIPAJE

 

NUEVO EQUIPAJE

    Miss Plimsoll deshace el equipaje casi con cierta alegría, diríase que incluso con una sonrisa de complicidad. Desde que vio lo que vio en la sala del tribunal sabía que ya no terminarían en las Bermudas, aquellos dos seres eran tan parecidos en su terquedad que estaban más que condenados a encontrarse.

    Desdobla los enormes pantalones mientras se asombra de lo compleja que es la naturaleza humana, tan alejada de la lógica matemática de sus medicinas o los diagnósticos cumplidos. Y es que aún no se ha repuesto de los últimos testimonios y de la resolución que tuvo el caso, dejando en su sitio algunas cosas que a ella se le antojaban descolocadas desde la atalaya donde había seguido el juicio desde el primer día.

    Si los hombres son complejos, cuando se trata de salvar el cuello se vuelven aún más complicados, y se pierden en laberintos de mentiras de los que sólo mujeres como aquélla serían capaces de sacarlos. Deposita a un lado el resto de las pertenencias de Sir Wilfrid, para que luego ya Carter y Brogan-Moore se encarguen de llevárselas.

    Ahora es momento de meter el traje de chaqueta de cheviot, el negro no, sería demasiado elegante y allá donde va a ir Christine puede que le acarree problemas. El otro, el otro es mejor, más llevadero, más humilde, más sincero, si se quiere. Igual que la polvera, ahora mismo ignora si le permitirán tenerla en la celda, pero es un detalle que ella se merece; total, lo peor que puede pasar es que se la devuelvan, junto al carmín y las medias, pero ya se encargará ella de hacerle llegar todo cuando llegue su primer día ante el juez.

    Christine no es como su jefe, no necesitará medicinas, estará tan firme como siempre, dispuesta a encarar lo que le llegue, como la mujer fuerte que es, así que sin más cierra la maleta y se dispone a esperar mientras en otro maletín mucho más pequeño ordena el termo con el brandy, las píldoras de la tensión y un par de inyecciones de calcio que tendrá que blandir ante los ojos de Sir Wilfrid con tenacidad implacable. Antes de salir, vuelve sobre sus pasos y esconde tras el termo un par de habanos, los preferidos del abogado.



martes, 27 de abril de 2021

METRÓPOLIS - LA PIPA

 

LA PIPA

    La mujer lleva todo el juicio tratando de no retorcerse demasiado las manos, incluso se ha quitado el luto para no llamar tanto la atención, aunque eso haya sido como dejar que su Óscar empiece a escaparse un poco más de su recuerdo.

    Escucha y escucha alegatos, acusaciones, declaraciones interminables, y en ninguna de esas intervenciones sale a relucir el apellido de su hijo, como si con su sombra también el Wallace de los documentos arrancara a difuminarse. Mira hacia abajo y al menos le queda la pipa, aquella recogida y pequeña cazoleta en cuyo lateral todavía puede seguir acariciando las iniciales OW, como él hacía mientras pasaba sus cansados ojos por los libros de cuentas.

    Fue lo poco que le entregaron, no pudo ni verle, y ni siquiera aquellas gafas juguetonas que se deslizaban por su nariz sobrevivieron tampoco, la única que resistió fue la pipa, la pipa y la placa, pero ésa no ha querido volver a tocarla, la condenó al fondo de un cajón porque el gélido metal le provoca unos temblores que indefectiblemente terminan por arrancarle el llanto y postrarla un par de días en la cama.

    Ha perdido ya la cuenta del tiempo que lleva en esa sala, y ni siquiera es capaz de percatarse de que esta mañana el ambiente parece más crispado, más tenso, como si todo se acercase a su final. Ella, en cambio, no se ha podido acercar a ninguno de los dos culpables de la muerte de su hijo, ni al perfumado vanidoso que se repantinga en el banquillo de los acusados ni al hombre del sombrero y el traje gastados, en primera fila tras el estrado, que siempre frota sus manos sin remisión, casi con tanta intensidad como ella frota la pipa.

    Pero son manos diferentes, las suyas nunca dispararían, ni en nombre de ninguna ley, las suyas eran sólo para acariciar la cabeza de su hijo entre balance y balance, aunque ahora haga el esfuerzo de que no le tiemblen cuando llegue el momento.

    Ha logrado levantarse y parece que nadie la estuviera viendo, adelanta la mano en la que guarda la pipa de su hijo y camina por el pasillo central de la sala. Únicamente quiere que vean aquel objeto, los dos, que sepan lo que había detrás y ya no ha de volver. El juez lanza al viento su veredicto y todo explota a su alrededor.

    La señora Wallace es engullida por la multitud de periodistas y curiosos, y no puede acercarse a aquellas dos barreras de cuerpos que frenan a los dos hombres que busca, gritándose uno al otro, ladrándose uno al otro. Para cuando es capaz de dar tres o cuatro pasos más, Capone ha sido sacado de la sala, así que la pipa de Óscar sólo puede recaer en las manos de un Ness a quien la pregunta de la mujer le derrumba:

    - ¿Qué va a hacer ahora?, ¿eh?, ¿qué va a hacer?, dígame que con esto bastará.



martes, 20 de abril de 2021

METRÓPOLIS - TERTULIA

 TERTULIA

Para Raquel Cambronero


    Annie prepara con mimo la jeringuilla, comprobando que la dosis sea la adecuada, sonríe porque hay prácticas que nunca se olvidan y hoy necesita regresar al pasado para lograr que él esté lúcido el tiempo suficiente. Junto a la gasa y el alcohol está la tarjeta con todas las preguntas que ha preparado, aunque muchas de ellas más que preguntas son observaciones y hasta consejos, y ella se sonroja un poco y toca la cruz que lleva al cuello al pensar si no será algo de soberbia darle consejos a alguien como él.

    Va recogiendo todo mientras aguarda a que llegue el momento perfecto, cuando el sol se vaya a poner y sobre la nieve que se acumula fuera deje únicamente el rastro de una luz un tanto perezosa. La ambientación ha de ser perfecta, eso sí lo aprendió bien de él, un marco vulgar se puede cargar la mejor de las historias, y la de hoy ha de nacer con toda la fuerza posible, porque así es como se arrancan las nuevas etapas, los nuevos personajes.

    Abre con cuidado la puerta de la habitación y la cierra aún con más esmero. Deposita la bandeja en la mesilla de noche y deja el resto del material en el suelo, apoyado junto a la pared, para que él no lo vea. Descorre las cortinas dejando que el crepúsculo caiga sobre su frente sudorosa y procede, con infinita delicadeza, a clavar la aguja en el antebrazo de Paul, cuyo rostro esboza un leve guiño, como queriendo salir de la inconsciencia.

    Para cuando despierta del todo, Annie está ya a los pies de la cama, con su sonrisa más franca, las manos en el regazo, preguntándole qué tal se encuentra hoy. Paul presenta un rostro cansado, aunque la sustancia que ahora corre por sus venas le ha devuelto fuerza a su mirada. Intenta incorporarse a duras penas, olvidando que el yeso de la pierna se lo impide.

    Annie se sienta a su lado y arranca la tertulia, tiene hasta que anochezca del todo para convencerle de que ella ha de ser el personaje de su próxima serie de novelas, un personaje duradero al que no debe matar, como ha hecho con el anterior. Se deshace en razones y hasta le da el argumento de la primera entrega de la serie.

    Paul la mira con ojos desorbitados y trata de escupirle, pero no tiene saliva, algo que Annie soluciona en un momento al coger la maza del suelo y volver a machacar de nuevo la dolorida pierna del escritor. Hoy ha gritado menos que ayer, ella sonríe y confía en que mañana por fin le convencerá.



miércoles, 7 de abril de 2021

METRÓPOLIS - FASCINACIÓN

 

FASCINACIÓN

    No es guapo, porque no lo es, pero hay un imán en esa mirada, una profundidad que me ha helado las entrañas cuando me ha dado la mano pronunciando ese nombre, breve y rotundo, mientras le franqueaba la entrada.

    Papá dice que le suena, que cree conocer a su padre, al señor Anthony, pero cualquiera sabe, a veces creo que siendo el senador Morton no se puede permitir decir que no conoce a todo el mundo, so pena de perder votantes o influencias. Yo no le había visto nunca por aquí, claro que tampoco hemos dado muchas fiestas desde que murió mamá.

    Al menos ahora el tan ansiado compromiso entre Anne y Guy nos ha puesto de nuevo en el candelero, y nos deja montar un sarao como éste, a pesar de que Guy haya pasado por el calvario de su reciente viudedad. ¿Se podrá decir viudedad cuando muere la persona de la que te estabas divorciando?

    Debo dejar de imaginar tanto, sólo me faltaba murmurar sola ahora, en medio de toda esta gente, bien que nos criticarían mañana mismo, si es que no lo van a hacer ya con el dichoso compromiso. El tenista y la hija del senador, como si los estuviera oyendo. Pues yo me alegro por ellos, se lo merecen, Anne ha soportado bien el tirón y no ha dejado que la prensa la acorralase cada vez que le acompaña a algún partido.

    Antes de que me dé cuenta me quedaré sola con papá, por eso cuando este tal Bruno me ha mirado así no he podido evitar un escalofrío. Normalmente se fijan tan poco en mí…, a veces me canso de ser la ocurrente Bárbara, con sus gafitas de intelectual, una memoria febril para los pequeños datos y ningún atractivo más.

    Tengo que acercarme a ese grupo en el que él capitaliza la atención, esas viejas no hacen más que reírse, no sé qué les estará contando pero se está haciendo el amo de la velada. Ahora parece que hablan de crímenes, mira tú por dónde, se creerán que estamos en la Inglaterra del siglo pasado.

    Pero cómo las encandila, ahora está tratando de demostrar cómo se estrangula, qué graciosa está la señora Cunningham dejando el cuello en sus manos, quién fuera ella, todas las miradas se van a esas manos delicadas que no dejan de apretar y apretar, menos mal que en cambio soy yo ahora quien se ha quedado de nuevo con sus ojos.



martes, 30 de marzo de 2021

METRÓPOLIS - HOJAS DE TÉ

 

HOJAS DE TÉ

 

    Ya no sabe cómo llamarla, ha probado a mantener el usted, ha desterrado el señorita Monroe en beneficio del Ada familiar, ha limpiado el piano hasta la saciedad, rompiendo incluso una cuerda adrede para ver si ella era capaz de repararlo y volverle a arrancar alguna melodía.

    Ha tejido ya varias colchas, y no sólo para su cama, ha llegado a poner alguna en el salón, frente a la chimenea, y hasta ha escrito a su propio padre para que se acerque por las noches a tocar el banjo bajo la ventana, pero nada ha tenido resultado hasta ahora.

    A veces añora la guerra, le gustaría que los hombres volvieran entre andrajos para que ella los atendiera, para que siguiera sintiéndose útil, para que disfrazara la esperanza con cada silueta que se adivinase por el camino. Coloca las hojas dentro de la tetera, y lo cubre con la tapa agujereada para que el agua cumpla con su tarea.

    Apenas logra contener las lágrimas cuando la ve allí, sentada en el sillón, encerrada en su propio pasado, revolviendo entre los dedos aquel gastado daguerrotipo en el que la figura de Inman se va borrando un poco más cada día, con cada nevada, con cada ocaso.

    Con cuidado para no quemarse vierte ahora el humeante líquido en las dos tazas, dejando la tetera en la clandestinidad de la cocina. Se acerca con sigilo, hace tiempo que no se atreve ni a gastar una tímida broma. Le coge una mano y pone en ella el plato con la taza, segura de que el pulso se mantendrá firme. Tampoco se atreve a retirarle el retrato, no quiere enfrentar su mirada dolorida.

    Ruby Thewes se sienta junto a su señora, o su amiga, o su compañera, cómo saber en qué estadio ha de permanecer. Tan sólo sabe que debe estar con ella, apurando el invierno y con el deseo de que la primavera les traiga de nuevo, a ambas, algo de brillo en los ojos.



jueves, 4 de marzo de 2021

METRÓPOLIS - BOLA DE NIEVE

 

BOLA DE NIEVE

 

    Toda la vida perdida entre esta nube de excesos artísticos para terminar rodando de una mano muerta. Toda la vida como un complemento más de esta aberración arquitectónica que él se empeñó en llamar Xanadú, como si así convocase a todo un paraíso artificial. Toda la vida siendo contemplada como un simple juguete en el que la nieve de mentira hacía el milagro de traer a su memoria tiempos pasados, pero desde luego no mucho más felices.

    Toda la vida agradecida de que él me encontrara en aquel pequeño mercado de Venecia, de que se hubiera ido tan lejos para conseguir fijarse en algo tan pequeño como yo, que empequeñecí todavía más cuando me trajo aquí, en la incomodidad peligrosa de un bolsillo mientras todas estas enormes figuras viajaban en un barco, a salvo entre ostentosos embalajes.

    Toda la vida, al menos la nueva vida, alojada en su mesilla de noche, contemplado el vacío de su alcoba y las iniciales casi vírgenes de su almohada: CFK. Toda esta otra vida esperando que regresara, acompañado o no, y que me dedicara algunos minutos en su mano, mientras la otra sostenía un vaso ambarino que se iba vaciando hasta que el sol amenazaba con salir.

    Toda la vida ocultando, tras la nevada, aquel pequeño objeto junto a la entrada de esa minúscula cabaña, sin que él tuviera que buscar letra alguna porque la tenía permanentemente en la cabeza y en la boca.

    Y de repente otra nueva vida aquí, en el suelo, acumulando polvo, acunando entre mis vidrios su última palabra, la misma que escapó de la prisión de aquella sábana postrera con la que su enfermera le vistió por última vez.

    Sólo yo sé lo que dijo, sólo yo puedo guardar ese rosebud entre mis copos de nieve falsos, esperando ya con eterna paciencia a que llegue la mano que sepa arrancármelo.




domingo, 7 de febrero de 2021

METRÓPOLIS - AL DENTE

 AL DENTE 

       El secreto está en el aceite, ni más ni menos, un buen chorro de aceite cuando el agua rompe a hervir y todo cambia, el sabor, la textura, el punto de la pasta, es como si el espagueti se volviera agradecido por ese regalo. El mismo que echa en falta hoy Baxter, solo como se ha quedado en aquella minúscula cocina.

         Han terminado de golpe las dos semanas de vacaciones que se conceden por matrimonio, y de repente aquella mañana se le ha hecho de noche, sobre todo porque él no ha regresado aún a la compañía. El día anterior estuvo esperando en vano una llamada que aún se está haciendo de rogar.

       En un recipiente aparte, debe prepararse el sofrito de cebolla y tomate, al que incorporar las albóndigas justo cuando el contenido empiece a burbujear. Eso sí, teniendo sumo cuidado para que las salpicaduras de aquella lava roja no conquisten las mínimas baldosas de esa cocina americana, cómo no.

      Le dio por la mañana el mayor de los besos de despedida, si es que esos besos pueden ser en algún momento algo más que contacto apresurado. Ella sí ha empezado hoy a trabajar, y sin llamada de ningún tipo, simplemente se embutió en su uniforme y se marchó, con la misma sonrisa con la que luego le daría los buenos días a medio edificio.

       Un poco de orégano en el agua hirviente, y por qué no, también en la sartén, ya queda poco. No necesita ni probarlos, porque en un día como el de hoy sólo le faltaba que se le pegaran a los incisivos con la transgresión de no estar al dente.

      Aún tenía tiempo de hacer un nuevo solitario, sentado a la pequeña mesa, frente al sofá en el que descorcharon aquella botella con sabor a pacto. Dispone las cartas pero lo hace casi sin mirar, ahora ni está acertando, los naipes caen donde quieren, como aquellas otras llamadas que él siempre atendía, como aquella maldita llave que circuló de mano en mano hasta romperle el futuro.

     Vuelca los espaguetis en la raqueta de tenis, ninguno de los dos insistió nunca en comprar un escurridor, él por olvidadizo, y Franki porque así tenía un recuerdo más que ir atesorando. Mientras agita la raqueta arriba y abajo desea como nunca que en los ascensores prohíban desde hoy mismo la entrada a los Sheldrick de turno.



martes, 12 de enero de 2021

METRÓPOLIS - ANTIGUALLA

 ANTIGUALLA

Para Santiago Álvarez

 

            Libros raros, la joven Dorothy no le ha creído ni por un momento, hace horas que le ha visto ahí, al otro lado de la calle, resguardándose de la lluvia bajo un toldo, escrutando el movimiento, el poco movimiento que ha habido hoy en la librería.

            Da un par de pasos al frente y se quita las gafas tras dejarlas resbalar por la nariz con cierta coquetería, Philip acepta el renuncio y baja el ala del sombrero, de nuevo le han vuelto a calar, no lleva un buen día y ya es la tercera mujer que le ha leído las intenciones, después de Vivian esta librera le ha dejado un poco con el culo al aire, y a eso no es fácil que se acostumbre un tipo como él.

            Ambos deciden volver a empezar, sin subterfugios ni mentiras, ella con los ojos afilados, él plegándose a una defensa activa para lograr obtener la información que desea. Los dos lamentando que la ocasión no sea otra, que sea de día, que no se sirvan tragos en una librería.

            El baile continúa sin que ninguno termine de gastar sus balas, miradas y sugerencias, rapidez en las respuestas, territorios marcados que ella parece conocer y que a él en cambio le desconciertan, aunque se dejaría cortar una mano antes de reconocerlo.

            Marlowe sale de la librería buscando saber en qué momento su universo ha empezado a desmoronarse. Vivian Sternwood, su hermana Carmen, ahora la librera, o aquella taxista que le ha traído desde Sausalito…, enciende un nuevo cigarrillo sonriendo de medio lado, ya sólo le faltaba ver a una mujer ejerciendo de detective. Los buenos tiempos parece que se desvanecen.