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jueves, 30 de octubre de 2025

UNA NOCHE DE REYES - NOEMÍ TRUJILLO

 

LITERATURA Y DOLOR

 

Dolor físico, dolor literario, dolor familiar, tres vertientes que han construido a Noemí Trujillo, una autora dotada de una sensibilidad extrema, que no se olvida de lo que ha vivido, pero tampoco del amor que siente por la literatura.

 

La literatura tiene, entre otras muchas virtudes, un valor terapéutico importante, a veces se vuelve refugio en el que cauterizar los males que nos acechan, y gracias a ella podemos seguir adelante, porque jamás abandona a quien la requiere, ni le vuelve la espalda.

Noemí Trujillo lo sabe bien, de ahí que se haya lanzado a escribir y publicar este libro, que no es novela pero tiene estructura novelesca, que no es autobiografía pero tiene confesiones de altura, que no es ensayo literario pero tiene auténticas lecciones de escritura, y que sí es autoficción, una especie de híbrido genérico que ha crecido en los últimos años y que requiere de mucho valor por parte de quienes lo practican, por lo que tiene de desnudez, de ofrecerse a corazón abierto sin que a uno le frenen las prevenciones.

Esa autoficción la ha canalizado Noemí Trujillo poniendo por delante su pasión literaria y el vínculo especial que tiene con la noche del cinco de enero y el fallo del Premio Nadal, que ha sido para muchos autores un objetivo que ejerce gran atracción y que supone el pasaporte al triunfo, o a los ojos de miles de lectores.

El homenaje literario tiene como centro, y como fuente argumental, la presencia en esa noche mágica de una serie de autoras que ganaron el Nadal en el siglo XX, tales como Carmen Laforet (la ganadora de la primera edición), Elena Quiroga, Carmen Martín Gaite o Ana María Matute, que visitan a la autora en esa noche y con las que ella conversa haciendo verdaderos análisis críticos de sus novelas, lo cual es otro regalo de incalculable valor.

Las tres caras del dolor

Noemí lo fía todo a esas conversaciones porque en ellas está el equilibrio que el dolor le ha ido quitando. Y es que en la novela hay un triple dolor: el físico, el literario y el familiar. Y aquí es donde lo personal estalla y se hace dueño de la obra, donde ella se abre a los lectores mirando atrás y pasando revista a una vida compleja que ha visto caer sobre ella, hace no mucho, el último de los mazazos.

La autora desgrana una existencia en la que ha tenido que sobreponerse a golpes de todos los colores y calibres. La relación con su madre, el ambiente familiar o cierta sensación de exclusión son elementos que nos muestran a una mujer que creció apañándose sola, tomando decisiones no compartidas por su familia y que terminaron por endurecerla. El dolor familiar ha provocado desamores, desencuentros filiales, pero también el hallazgo de un marido al que ama sin condiciones, y la voluntad de ir formando una peculiar familia propia.

En cuanto al dolor literario, siendo mujer y poeta, Noemí no encontraba más que la displicencia de los varones del olimpo de las letras españolas, el rincón minúsculo que le concedían, y que aún a veces le siguen concediendo, pero ahora por escribir a cuatro manos junto a su marido. La presencia de una Noemí sola no ha tenido eco alguno de momento, algo que ella ha amenazado con romper al decidirse a seguir adelante con esta obra.

Queda por mencionar el dolor físico, y ese ha sido el que más ha acompañado a la autora en los últimos meses, con sus miedos, dolencias y lamentos, algo de lo que no todo el mundo logra hablar en sus libros, bien por no atreverse, por no exponerse aún más, o por la familia, quién sabe.

Tumores, operaciones, sesiones de radio y quimio, consecuencias tan graves como no poder leer y no poder sentarse a escribir. Amenazas terribles que le han exigido una fortaleza descomunal para lograr salir airosa. Aunque no lo haya hecho sola, gracias a ese papel terapéutico de la literatura que mencionábamos al principio.

Amar la literatura

Y es que “leer calma el dolor a ratos. Es el analgésico que menos contradicciones tiene”, por eso es algo tan necesario, al menos para quienes no concebimos pasar un solo día sin leer. Ella sabe bien de lo que habla, y es muy de agradecer que haya decidido compartir su experiencia con los lectores, dando una lección, no ya de vida, sino de actitud, de resistencia, de resiliencia, porque de eso también va este libro.

Así que esa triple vertiente: literatura, familia y vida, es lo que se ofrece en cada página, con sensatez, calma, con una sensibilidad importante, la misma que la autora ha mostrado siempre en sus poemarios, en sus textos compartidos, la misma que muchas veces los críticos han ignorado por ser quien era, o por ser pareja de quien es.

La invitación a la lectura, el homenaje a grandes autoras de los últimos sesenta años, es algo que honra a la gran lectora que es Noemí, que no se postula aquí solo como autora, sino que invita a los demás a leer, porque su amor por la literatura es también lo que le ha salvado en alguna que otra ocasión.

Ella misma lo dice en un momento del libro: “Amar o  no amar. A eso se reduce todo. Quien ama, vive”. Y ella ama la vida, ama la literatura, la familia que ha logrado construir, o reconstruir, ama a una pareja a la que encontró tras muchos avatares, y ama su entorno, sus rincones, podríamos decir que hasta sus momentos de lucha, esos y los de disfrute, transcurran o no un cinco de enero.

La lectura de este libro nos deja en el corazón un poso de cierta ternura, la ausencia de sensiblerías y la actitud de una persona resistente y firme a pesar de los momentos de fragilidad. Si, además, sus páginas desprenden amor por la literatura, ya sean los versos propios de Noemí o lo que esas autoras de cabecera le regalaron en su momento, todo adquiere una dimensión más completa, más placentera, y a veces podremos ir leyendo el libro con la misma calma que siente su autora en esa noche mágica en la que los regalos se vuelven inolvidables visitas.

 

UNA NOCHE DE REYES, Noemi Trujillo.

Destino. 264 páginas.

https://www.laverdad.es/ababol/libros/literatura-dolor-20251025214536-nt.html

viernes, 11 de julio de 2025

ESE IMBÉCIL VA A ESCRIBIR UNA NOVELA - JUAN JOSÉ MILLÁS

 

CERRANDO CÍRCULOS

 

 Lecciones vitales, las neblinas del tiempo, el camino que hemos recorrido y el que nos aguarda, con nuestra vejez y nuestros defectos, sin olvidar una ácida crítica al mundo periodístico. Así se nos muestra Juan José Millás en su último libro.

  

Ha adquirido hace ya tiempo Juan José Millás esa dignidad que baña a los autores que portan mayúsculas, que lo han demostrado todo en el ámbito de la literatura y que ya forman parte de nuestro ideario y de nuestras propias conciencias lectoras.

 Si uno le oye hablar, se encuentra con una voz mesurada, tranquila, que guarda en su interior un leve tono zumbón cuando hace al caso, pero también halla la palabra de un hombre que sabe muy bien qué momento de la existencia está transitando, cuál es el equipaje que porta y cuál el que ha ido dejando atrás con el paso, y el peso, de los años.

 Esa voz, la del hombre, se afina para encontrarse con la del Millás narrador, que a su vez deja un hueco para el Millás personaje, como el protagonista de esta última novela, aquejado, o tal vez afortunado, de poseer una segunda mente que se le disocia a voluntad, y que rememora el día en el que creyó haber encontrado a su verdadero padre, o a su padre postizo.

 Con esa fluidez de prosa que le caracteriza, Millás parodia el género periodístico buscando un gran reportaje mientras sus jefes le miran como a un viejo lastre. El mundillo de lo noticiable queda tan expuesto en la novela como cualquier tema social que se nos pueda ocurrir, lo laboral, lo literario, lo social, lo religioso incluso, y el inclemente paso del tiempo, que empieza a exigirle al protagonista que vaya cerrando círculos a la mayor brevedad posible.

 Haciendo un recorrido de juventud universitaria, de militancia y contramilitancia, de envidias y aspiraciones sociales, el autor nos lleva por el camino que su álter ego recorre, es decir, la recuperación de aquel presunto hermano, del que se hizo amigo en la universidad, y una trama novelesca que no parece terminar de arrancar.

 Humor ácido

 Destacables por el humor, un poco más ácido si cabe, son los episodios del confesionario y el momento en el que la novela de marras parece ser reescrita por un hacker. Ahí Millás amenaza con tomarnos el pelo con todas las de la ley, pero también con todos sus valores literarios como espoleta para una explosión que parece ir demorándose a voluntad.

 Pero más allá de lo puramente argumental, o complementándolo con temple, parece surgir también el articulista, el hombre que mira el mundo con ojillos afilados y especiales, esos con los que intentó reconocer como padre a aquel director del Banco Hispano Americano y que luego diseccionarían convenientemente al hijo legítimo de éste, el famoso Alberto que parece ir a escribir una novela, tal y como se anuncia en el título.

 La identidad, los posibles dobles, la otredad, la ficción y los entresijos de la literatura son los armazones que sustentan esta prosa incisiva y con la que el autor valenciano hace también autocrítica cuando toca. Y por encima de ellos flota también la memoria, esa poderosa carga de profundidad que se activa a medida que se rebasan las décadas, y que no siempre lo hace avisando de su presencia ni de las consecuencias devastadoras que puede llegar a provocar.

 Naturalidad

 Con todo, en esos círculos concéntricos que Millás tiene que ir cerrando hay también una naturalidad importante, que nos llama la atención como lectores pero también como personas. Ni el autor ni sus personajes le vuelven nunca la espalda, al contrario, asumen que hasta las situaciones más disparatadas, ya sean los desplantes del esnob de Alberto o la confesión ficticia que anida en el pecho del periodista durante años, pueden y deben contarse sin engolamientos, sin adornos superfluos que corran el riesgo de entontecer al lector.

 Junto a esa memoria antes mencionada, compadreando con ella, hay otro tema que preocupa a su autor, y es la vejez. Él mismo ha confesado no temerle a la muerte pero sí al deterioro físico, y esos temores se hacen presentes en una parte del libro, por mucho que Millás intente bromear con ellos convirtiéndolos en motor de un nuevo reportaje que su jefe rechazará con la delicadeza de siempre.

 Recuperar a Alberto, liberar la conciencia de aquella confesión, descubrir que el mundo de la universidad estaba lleno de informantes a sueldo de la DGS son las perlas con las que el protagonista debe lidiar en este ocaso de su carrera periodística, y eso le irá zarandeando en una especie de fortuna pendular a lo Lázaro, con suerte dispar, como si los miedos fueran los mismos que padecía el de Tormes pero las resoluciones le llegaran a un Pablos más viejo y curtido, y también algo más sabio.

 La niebla de la memoria

 Los guiños de los recuerdos a veces traen consigo una niebla confusa, e invocar a quienes fuimos en el pasado puede suponer un gran riesgo, el de que aparezcan esos fantasmas propios exigiendo su derecho de ajustarnos las cuentas. Hay también en estas páginas una evidencia no por sabida menos contundente, que al ir transitando la parte final del camino no lo hacemos solos, porque a un lado llevaremos al que éramos, o al que fuimos, y al otro al que hubiéramos querido ser. En medio, ya lo saben, estaremos nosotros, dudando si mirar a izquierda o derecha, si pararnos, o si seguir andando hasta ver de qué manera finaliza ese camino.

 Lecciones vitales, pero no de un catedrático ríspido y malévolo que nos mirase por encima del hombro, sino de un profesor comprensivo que ha visto ya muchos cursos y nos previene acerca de lo que puede llegar. Que las notas finales se acerquen al notable o chapoteen entre el insuficiente más ramplón ya será cosa de cada lector. Millás, por supuesto, está instalado hace mucho en el sobresaliente alto, rozando incluso la matrícula de honor.

ESE IMBÉCIL VA A ESCRIBIR UNA NOVELA.

Juan José Millás

Alfaguara. 176 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 21/06/2025)

https://www.laverdad.es/ababol/libros/imbecil-escribir-novela-cerrando-circulos-20250621073502-nt.html

domingo, 24 de noviembre de 2024

LA ÚLTIMA PRIMAVERA. A HOMBROS DE GIGANTES - ROSARIO GUARINO


HELÉNICO SUSPIRO

 

El dolor ante la muerte, la esperanza, el amor y la mitología son los cuatro pilares sobre los que construye Rosario Guarino dos poemarios que conmoverán al lector mostrándole una voz poética que ha ido sumando quilates con cada obra que la autora entrega a la imprenta.

Ha visto nacer Rosario Guarino un par de poemarios en los últimos meses, y ello, amén de ser motivo de satisfacción para los lectores, los que ya la conocen y los que aún deben descubrirla, es también una alegría porque dichas obras nos regalan dos caras, o dos facetas, de una autora que va ganándose su reconocimiento título a título.

Tanto ‘La última primavera’ como ‘A hombros de gigantes’ nos presentan a una voz poética que ha subido enteros, manejándose magníficamente bien en el registro de la nostalgia y el dolor personales y en el homenaje a lo que desde siempre le ha dado sentido a su quehacer: la antigüedad grecolatina, y especialmente la mitología helénica.

Conjurar el dolor

El primer libro, que además aparece en versión bilingüe griega, nace a raíz de la muerte de la madre y con esos versos Rosario intenta conjurar el dolor, aunque también mostrando una serena madurez en él, huyendo del desgarro que sería esperable en el momento en que recibe la primera noticia de la pérdida.

Ella busca equilibrar ese “penar perpetuo” acudiendo a la blancura de su cuaderno, para ‘arrebatarle la inocencia que late en su piel alba’, para verter en tinta tanto ese penar como la esperanza o los sentimientos que la gobiernan, porque sabe que si se hacen verso, cuando se hacen verso, es quizá cuando empiezan a doler algo menos las penas.

En esas hojas blancas el lector hallará también reflexiones sobre la propia muerte, el momento que nos ha de llegar a todos y que Rosario Guarino espera poder afrontar sin estridencias, con la calma que dan la inevitabilidad y la conciencia plena por haber vivido, siempre con el amor al mundo por delante, como buena nefelibata que ella misma declara ser en uno de los poemas.

Memoria dulce y amarga

Continuando con ese amor se abre el tercer bloque del libro, mostrando una intensa panorámica de sensaciones escoltadas por la mitología y la literatura clásica, la que teñía de rosa los dedos de la aurora. Llega así también la mirada al pasado, a los recuerdos de la infancia, de la abuela, de una caja de costura con un don Quijote dibujado en su tapa, descolorido y enjuto, escoltado por un Sancho que ha perdido ya el rubor de sus mejillas.

Pero llega también lo inevitable, y esa capa de sal gruesa se endurece para evocar aquella pandemia que aparece en forma de momentos intensos en los que no se podía siquiera abrazar a la madre, en los que ese aislamiento era en algunos casos una primera muerte presentida, el insaciable presagio de la Parca que vendría después a reclamar sus anticipos.

Solo el tiempo, y una nueva primavera, depuraría el recuerdo de la madre, tornándolo muy vívido, prolongándose en la nieta que ha de seguir adelante, porque ése es el verdadero mensaje que trasciende las generaciones. El epílogo corre a manos de la hermana de Rosario, que como una Penélope paciente teje sus recuerdos al pie de la cama materna, y termina la labor justo en el momento en que su progenitora acaba también la suya.

 Amor y mitología

Otro tono tiene ‘A hombros de gigantes’, puesto que la conjunción entre amor y mitología marca el arranque del poemario, con Eros alzándose por encima de Ilíadas y Odiseas, sometiendo a los dioses a un gobierno que puede enloquecerlos e incluso dejar en poco el castigo que ellos solían infligir a los mortales. Con estos versos breves y muy bien medidos, Rosario blande una vez más su homenaje grecolatino tamizándolo con la presencia incombustible del amor que hace, como siempre, de las suyas.

Y la lista olímpica es amplia: Zeus y su libertina condición de bastardo; Afrodita y su papel en el conflicto troyano; Ares en la infausta campaña bélica, junto a las causas, amores y venganzas que asolarían Troya; Paris y Helena; Aquiles y el mito; Poseidón y la venganza; Casandra y el castigo; Odiseo y el ingenio, el caballo y su armamento; Atenea y la firmeza; Ifigenia y el sacrificio.

La herencia mitológica y literaria se convierte en el ajustado motor que pone en marcha una poesía con valor doble: para el conocedor del mundo clásico es una delicia recordar episodios, sucesos, personajes…, y para quien no lo conozca, una invitación irrechazable a hacerlo, gracias a esos versos concisos y certeros. La segunda parte del poemario nos regala quizá personajes menos conocidos, como Nauplio o Leandro, e incluso recrea otros hechos mitológicos, tiñéndolos de actualidad, como ocurre con los casos de Hades y Perséfone, Deméter, Orfeo y Eurídice.

Pasión por lo clásico

Amor y mitos a disposición del lector actual, con lo que el homenaje al mundo clásico alcanza cotas brillantes, porque ese mundo está siempre en el interior de la autora, tal y como ella misma reconoce: “En palabras de Virgilio, Horacio, Ovidio (…) he encontrado regocijo, lecciones y momentos que otra vez viviría complacida”. Como colofón, Rosario nos regala también una conexión entre los amores clásicos y algunas vivencias personales, para que la comunión temática y temporal sea ya casi perfecta, pidiéndole a las musas que ayuden a sus palabras a deslizarse, por el papel y el recuerdo, como criaturas juguetonas y azules.


    Leer a Rosario Guarino es un privilegio, y a veces casi una necesidad, la de detener nuestros acelerados pasos para sentarnos y recitar sus versos, en la atalaya que cada uno elija, frente al mar que cada uno decida, convertidos en héroes caducos de nuestro tiempo, pero también en nuestros propios dioses degustando pequeñas ambrosías en forma de estos versos.


LA ÚLTIMA PRIMAVERA.

MurciaLibro.

98 páginas.

 

A HOMBROS DE GIGANTES.

La Fea Burguesía.

70 páginas


https://www.laverdad.es/ababol/libros/ultima-primavera-hombros-gigantes-helenico-suspiro-20241123073802-nt.html

domingo, 20 de octubre de 2024

ALCARAVEA - IRENE REYES-NOGUEROL

 

UNA VOZ PLENA 

Una prosa muy cuidada, un esmero constante a la hora de contar y la mezcla entre argumentos de una actualidad demoledora y el homenaje a diferentes fuentes artísticas y literarias, así se muestra Irene Reyes-Noguerol en su tercer libro de relatos.

Cuando uno recibe la recomendación de un libro con parabienes del tipo “mucho más que una promesa, una voz lorquiana, está llamada a ser el futuro de nuestras letras” y loas parecidas, de forma inevitable tensa un poco las orejas de la crítica. Es decir, se enfrenta a las páginas sugeridas con un punto de desconfianza, incluso cuando las alabanzas vengan de un librero de confianza como Vicente Velasco, el alma de la librería La Montaña Mágica.

Claro que luego se lee el primer relato, y uno más, y otro, y se van sacando conclusiones. Tal vez la primera consista en ver hasta dónde van a llegar esas alabanzas, pero es imposible no reconocer que estamos ante un texto de calidad, y sobre todo ante una voz que no solo parece amar la literatura, sino también conocerla muy bien.

Una voz de futuro

Ese sería el primer poso que nos deja la docena de relatos de Irene Reyes-Noguero, que ahora nos regala la editorial Páginas de Espuma, que algo sabe también del mundo de la narración breve. Irene, sevillana filóloga, ha sido considerada por la revista Granta como una de las mejores narradoras jóvenes de nuestra literatura, y la lectura de los textos que conforman su tercer libro da fe de que esa decisión fue acertada.

Porque en cada relato encontramos una voluntad indesmayable por cuidar el estilo, el lenguaje, la palabra que conduzca al lector hasta la imagen precisa, máxime cuando además esas imágenes no son propensas a mostrarse en las primeras líneas, a veces ni siquiera en las primeras páginas, sino que juegan con el lector como un venado herido, sin asomar del todo, enseñándose sin aparecer concretadas hasta el final del relato, cuando una frase, o apenas unas pocas palabras, certifican la voluntad de la autora.

Homenaje a la cultura

Mezcla el volumen un tinte de homenaje a algunas figuras de la literatura y la cultura que le han llegado a Irene a lo más hondo, o que quizá solo le hayan provocado curiosidad, figuras tales como Vincent Van Gogh, la bailarina Marie Van Goethen (cierta musa de Degas), la madre de Antonio Machado con el recuerdo implícito del poeta, Lope cuidando a Marta de Nevares, su último gran amor, o el rey Almutamid, añorando a su querido Abenámar.

Tomando como partida esas figuras reales, Irene Reyes-Noguerol desgrana cinco relatos que, además de lo argumental y su valor literario, tienen el regalo añadido de difundir cultura, algo que es siempre muy de agradecer, y que aumenta el valor de estos primeros relatos, tanto por lo testimonial como por el enfoque elegido por la autora para cada uno de ellos.

Si se me permite quedarme con uno de este primer bloque, elegiría el que habla de un Lope rendido y atento con la última de sus amantes, lo que le hace colocar en la balanza ese amor frente a los oropeles literarios. Mentiría si pudiera quedarme con uno, porque la voz de Ana Ruiz en Colliure y la maldad que flota sobre la ‘pequeña rata’ que inspiró a Degas tampoco dejarán indiferente a lector alguno.

Lo familiar y lo real

En los siete relatos restantes van apareciendo ya otros homenajes, más familiares, recuerdos de figuras importantes en el pasado, quién sabe si también en el presente, de la autora sevillana, y lo personal se entremezcla en algunos casos con temas que no le vuelven la espalda a la realidad más contundente: llámense malos tratos y posibles venganzas, madres de hijos drogadictos que seguirán junto a ellos a cualquier precio, o una enfermedad mental y su influencia en los más pequeños cuando se acerca la muerte y deben aprender a cuidar de los suyos, de los que queden.

Como se puede ver, argumentos que no son como para mirarlos de reojo, sino que exigen un tratamiento, lingüístico y argumental, lleno de respeto y de calidad. Las mismas cualidades que podemos observar en aquellos otros relatos que dejan asomar el recuerdo de la Guerra Civil o los años posteriores, en los que la muerte podía manifestarse tanto de forma literal como disfrazada de odio y marginación. Encontraremos así hermanos gemelos alistados a la fuerza en la Quinta del Biberón, o niños abandonados que recalan de familia en familia endureciendo su presente y su futuro.

Bailando con el lector

Ya ven que, después de todo, no eran exagerados los elogios, y más después de penetrar en la palabra, la imagen, el recuerdo, el pensamiento o la nostalgia. No obstante, que nadie piense que va a encontrar textos encaminados a la tristeza, ni mucho menos. Irene Reyes-Noguerol sabe bien cómo elegir el término justo, sabe volverse lírica cuando toca pero también contundente cuando es necesario, y por supuesto, sabe qué ritmo le corresponde a cada relato para que el baile con el lector no se interrumpa en ningún momento.

    Estamos ante un libro de tintes mayúsculos, de esos que uno puede releer tiempo después con la seguridad de que siempre va a encontrar en sus páginas una emoción, una imagen, una frase o un sentimiento que hagan que el viaje haya merecido la pena.

No queda sino disfrutarlo, disfrutar de la voz de Irene Reyes-Noguerol y aguardar a que el órdago que su literatura le va a echar al tiempo termine por hacerle ganar la mano en cada partida narrativa que decida emprender.

 

ALCARAVEA.

Género: Relato.

Páginas de Espuma.

156 páginas.

https://www.laverdad.es/ababol/libros/voz-plena-alcaravea-libro-irene-reyesnoguerol-20241019084456-nt.html


lunes, 13 de mayo de 2024

HIERRO VIEJO - MARTO PARIENTE

 

NOIR DEL BUENO

  

Un entorno duro, villanos brillantes, venganzas latentes, un lenguaje siempre cuidado y una voluntad de estilo que ha hecho ya reconocibles sus novelas son los principales elementos con los que Marto Pariente se presenta de nuevo ante los lectores, dispuesto a dejar en ellos una huella indeleble.

 

Muchas son las vertientes actuales que podemos encontrar en la novela negra: tramas al uso, comerciales, al servicio de modas sociales, o por el contrario historias de homenaje a los asuntos clásicos, o al lumpen, sin olvidar la presencia, más o menos absorbente, de las fuerzas del orden.

 

Si entramos incluso a valorar subgéneros podemos perdernos entre novelas procedimentales, detectivescas, rurales, domésticas, amables, marginales, psicológicas, judiciales, etc., siempre con el adjetivo negro antecediendo o posponiéndolas. En ese marco de oscuridad han terminado por entrar todo tipo de productos, quizá porque a todos (lectores, libreros, editores, críticos) nos viene bien que las etiquetas se simplifiquen, o que se agranden.

 

Pero hay vida más allá de esos parámetros, hay autores que prescinden de modas, corrientes y hasta dimensiones, y para los que una buena novela negra puede armarse con fidelidad hacia su propio argumento y hacia un estilo que no se deje corromper. La primera vez que Marto Pariente apareció en los mentideros negros con su novela La cordura del idiota, muchas voces se elevaron sorprendidas: potencia narrativa, personajes muy bien perfilados e inolvidables, estilo sencillo y duro a veces, como merecía la ocasión… Y todo eso le llevó a ganar algunos premios del género pero sobre todo a ser leído y valorado por los lectores.

 

Una trama sin concesiones

 

Luego llegarían Las horas crueles y la traducción al francés de aquel primer título, y con ese equipaje el autor alcarreño ha lanzado ahora Hierro viejo, una novela en la que se mantienen algunos de sus rasgos más conocidos: ambiente rural, protagonista lastrado por una familia difícil y un destino caprichoso, villanos de auténtica categoría, con los que uno podría hasta encariñarse, ritmo ágil, lenguaje de cirujano y una trama que va circulando sin concesiones pero también sin rodeos.

 

Eso más o menos es lo que un lector fiel de Marto Pariente puede reconocer en cuanto empiece a transitar por sus páginas. Eso es lo que hace que al autor se le respete, el cuidado que pone en sus obras, la autenticidad de sus planteamientos, la voluntad de no aprovecharse de lo mediático y dejar que sean sus palabras quienes hablen por él. No hay modas, no hay corrientes banales, hay literatura con mayúsculas, y un trabajo inmenso detrás de unas páginas que pocas veces exceden lo imprescindible. Por eso los lectores de Marto nos reconocemos entre nosotros con rapidez, porque no adquirimos sus novelas de forma casual, ni por una pose de actualidad, sino que lo hacemos sabiendo lo que hay en ellas, y sabiendo también que nos van a esclavizar en el sillón hasta que demos con la última línea de las mismas.

 

¿Es entonces Hierro viejo un ejemplo del llamado “rural noir”? Es posible, solo que aquí no hay un entorno idílico violentado por el crimen, aquí hay una tierra que es un personaje más, y que condiciona tanto a sus habitantes como a los propios crímenes. De nuevo la recomendación consiste en huir de las etiquetas y recrearse con una buena historia.

 

Sicarios de altura

 

Una historia en la que quizá no haya buenos, salvo el joven Marco, y en la que el mal aparece mostrado con la naturalidad de lo empresarial, con unos elementos magníficos en los que Marto Pariente echa siempre el resto: la familia De Miguel, con la matriarca Rubí y dos hijos que habrían hecho las delicias de cualquier abortista (León y Miguel, o Doble Micky), daría por sí sola para una novela, pero es que además está acompañada por otras figuras que hacen del gremio del sicariato un juego de niños, Bobby y Bobby, pareja en lo sentimental y en lo profesional, que además analizan canónicamente cada una de sus intervenciones, quintaesenciando el arte de matar.

 

Esta caterva de villanos, a los que hay que sumar algún policía corrupto que otro, e incluso algún nombre oculto en la cúspide de la organización, este grupo, como decimos, no le importa nada al sepulturero Coveiro, que ahora entierra cuerpos por lo legal, un hombre de vuelta del infierno y de sus fantasmas, hasta que su sobrino Marco, un joven testigo de unos extraños hechos en el velorio de León de Miguel, se convierte en un obstáculo para los planes de esa peculiar empresaria que es Rubí De Miguel.

 

Es entonces cuando el viejo Coveiro nos desvela su verdadero carácter, cuando la trama echa a correr como una mecha bañada en gasolina, y cuando los lectores nos frotamos las manos por todo lo que ha de venir a partir de ese momento.

 

Un filo candente

 

La dirección de la novela, los kilómetros de persecuciones, la forma casi folklórica en la que matan los sicarios, todo ello se apodera del lector, le subyuga y le hace disfrutar con uno de esos elementos antes mencionados: el lenguaje, revisado y pulido por el autor hasta encontrar la expresión justa, sin digresiones ni abusos descriptivos, entrando en los sentimientos como lo haría un cuchillo al rojo en una herida purulenta.

 

Quién viva y quién muera, quién logre triunfar y quién fracase, es entonces casi lo de menos. Casi, ¿eh?, porque hay ajustes de cuentas que estamos desando ver, y la manera en la que el autor nos va contando ese proceso, esos descubrimientos, ese desenlace, logra que todo el conjunto se armonice en las páginas finales. Unas páginas que nos asustan por el hecho de que son las últimas, y marcarán una espera hasta la próxima trama. Si desean comprobar que de verdad hay estilo y profundidad en la novela negra, y una voluntad de ser fieles a ambos aspectos, acérquense al universo de Marto Pariente, no lo olvidarán nunca.

 

‘HIERRO VIEJO. MARTO PARIENTE.

Siruela Policiaca. 209 páginas.


LA VERDAD ("ABABOL") 11/05/2024

lunes, 22 de abril de 2024

TRES ENIGMAS PARA LA ORGANIZACIÓN - EDUARDO MENDOZA

 

 ENREDO Y SÁTIRA

 

Una prosa ácida, distendida, paródica, satírica, respetuosa, unos diálogos que son oro puro en una trama tan divertida como interesante, en la Barcelona habitual de Eduardo Mendoza, que vuelve a disfrutar con una de sus historias al tiempo que nos regala unos momentos lectores verdaderamente inigualables.

  

Es una delicia encontrarse con una nueva novela de Eduardo Mendoza, y quizá aún más delicioso para los que amamos el género negro, cuando se trata de una de esas historias en las que el misterio se alía con el enredo y con la parodia, la sátira, algo muy necesario en los tiempos que estamos viviendo, en unos momentos en los que la producción patria de “papel de fumar” se está viendo seriamente amenazada.

 

En el momento en el que tenemos noticia de que esta trama está ya a la venta, lo normal es que un cosquilleo nos recorra la espalda, proveniente de aquellas pantorrillas tan del gusto del bien amado Tip, y llegue hasta nuestro cerebro, impulsándonos a cometer el irrefrenable acto de acudir a una librería y satisfacer nuestros instintos. Pero no contentos con ello, y tras haber acariciado y hasta olfateado el libro, porque las novelas de Mendoza se vuelven también sensoriales, correremos a buscar nuestro sillón más preciado, ése que atesora como oro en paño el molde de nuestro trasero, o bien, si somos dados a lo aventurero, nos ubicaremos en una buena terraza, cerveza o refresco en mano, dispuestos a que el maestro nos lleve por donde más le plazca.

 

Diálogos brillantes

 

El tiempo y su producción literaria le han concedido ese derecho, y a nosotros el privilegio de disfrutar de una prosa ácida pero distendida, paródica pero coherente, satírica pero respetuosa con la trama, y sobre todo disfrutar de unos diálogos que son oro puro, en los que cada personaje (y la fauna es muy variopinta) emplea una voz que es casi más una conciencia, para que su personalidad y su carácter no caigan en nuestro olvido.

 

Ya entrados en ese ambiente, en esas primeras habitaciones del universo Mendoza, nos queda ir hasta el salón, donde el jefe de una curiosa organización reúne a sus ocho o nueve detectives, con el fin de desentrañar tres eventos criminales aparentemente sin relación alguna y cuya resolución por parte de las fuerzas del orden no parece algo que vaya a producirse.

 

Parodiando el género negro

 

La distribución narrativa de los tres casos roza lo magistral, Mendoza conoce muy bien los resortes del misterio y los parodia con una seriedad pasmosa. Eso sí, como es habitual en él, nunca se olvida de los temas de hondo calado social, llámense prostitución, corrupción entre los poderosos o turbios manejos empresariales. Ese fresco social no está sujeto a parodia alguna, esas críticas han de llegar de la manera más cristalina al lector, aunque haya que pasar de cuando en cuando por campos minados como la política o la religión. Y para muestra, quédense con este brillante botón leído en la novela: “Todas las religiones del mundo empiezan predicando el amor y acaban matando”. Poca risa con eso.

 

En cuanto al personal humano, las galerías de Mendoza son tan variopintas como atractivas, un jefe de organización metódico pero voluble, una ayudante ya más que madura que sigue bebiendo los vientos por él, otra joven desaprovechada del mundo laboral, un ex presidiario separado y con un hijo, otro hombre con problemas de control de impulsos, un japonés que busca la integración total… En fin, una panoplia de inadaptados que sólo bajo el ala de esta organización extraoficial y extrapolicial pueden hallar acomodo. Un grupo que, mal que bien, va camino de convertirse en una familia.

 

Siempre Barcelona

 

Y como toda familia ha de tener un lugar, una casa o un punto de reunión, Mendoza recurre una vez más al que mejor conoce, la ciudad de Barcelona, aunque hace mucho, y así lo recoge él mismo un tanto dolorido, que ya no es la Barcelona que fue, pero sigue siendo la suya, con su puerto, sus Ramblas y sus barrios un tanto peligrosos, aunque no tanto como los turistas. Pero también la trama sale de la ciudad, llegando hasta Palamós, punto neurálgico de gran importancia en la trama.

 

Del misterio en sí, me van a perdonar que nos les cuente mucho, ni siquiera las implicaciones vaticanas, porque debe ser el lector el que vaya pasando página tras página con fruición, y conteniendo la risa en algunos episodios, como también tendrá que sofocar la ternura en otros, y aguantarse las ganas de comerse a besos a alguno de estos personajes.

 

Eduardo Mendoza ha recuperado una vez más la esencia de una magnífica literatura entregada a los lectores sin engaño ni artificio alguno, como debe hacerse con las cosas buenas de verdad, ya sean para comer, escuchar, beber o leer. La cuestión es ser receptivo y estar dispuesto a paladear el manjar a base de bien, aunque al final tengamos incluso la sensación de que nos puede haber sabido a poco. De esa forma, cuando llegue la siguiente, cuando Eduardo Mendoza nos invite a un nuevo festín, acudiremos con los ojos cerrados y las papilas literarias bien dispuestas.


‘TRES ENGIMAS PARA LA ORGANIZACIÓN’.

EDUARDO MENDOZA.

Género: Novela.

Seix Barral.

408 páginas.


(LA VERDAD, ABABOL, 13/04/2024)

sábado, 23 de marzo de 2024

NO TE VERÉ MORIR - ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 

AMAR Y MORIR

 Reflexionar y mirar dentro de la naturaleza humana, dos de los valores propios de Muñoz Molina que veremos en esta novela, además de su habitual amor por la literatura, una combinación que sin duda le ha convertido en uno de los mejores autores de nuestras letras. Las relaciones entre el amor y la muerte capitalizan una historia honda y llena de sensibilidad.


Si tuviéramos que elegir un par de buenas razones para adentrarnos en la narrativa de Antonio Muñoz Molina, tal vez las primeras que consideraríamos serían la expresión de los sentimientos y el tratamiento del paso del tiempo, entendiendo ambas como un binomio presente en sus historias, un armazón principal sobre el que luego van cimentándose unas novelas que están destinadas a formar parte de nuestro equipaje literario.

 Como es obvio, no sólo de esos dos rasgos vive su literatura, porque a ellos hay que sumarle siempre un estilo tan cuidado como conciso, producto del amor por la escritura pero también de un conocimiento exhaustivo de la misma, de sus técnicas y herramientas, que hacen de su lectura un doble ejercicio de calidad y disfrute.

 Como lector, la primera vez que uno pudo disfrutar de esos mimbres fue nada menos que con El jinete polaco, una novela capaz de atrapar a cualquier alma y que, sin embargo, no era cómoda de asimilar en lo argumental, porque removía mucho por dentro. Luego ya vendría el interés creciente por cada libro que daba a la imprenta, y que se abría con la seguridad de que nunca nos defraudaría.

 Pureza literaria

 Decir que Muñoz Molina es uno de los mejores autores españoles sería una obviedad, porque tiene méritos más que suficientes como para haberse ganado ese reconocimiento, y lo que es más importante, habérselo ganado en exclusiva por su literatura, no por apariciones mediáticas u otros complementos comunicativos.

 En esta ocasión, las reflexiones que nos provoca su novela vienen de una pareja que pudo ser y no fue, Adriana Zuber y Gabriel Aristu, y partiendo de un encuentro postergado durante medio siglo, el autor jienense nos lleva a transitar por las vidas de ambos, por los sueños que no se cumplieron, por los compromisos que se vulneraron, por las decisiones que no llegaron a tomarse y las que quizá otros tomaron por ellos. Un horizonte en el que la vida se aparece como línea cercana a su final, que es cuando las cuentas parecen exigir sus ajustes.

 La nostalgia y el pasado

 De la mano de esa nostalgia, Muñoz Molina aprovecha también para retratar algo que conoce de manera sobrada, las diferencias latentes, y patentes, que hay entre la vida española y la norteamericana, máxime cuando el recuerdo de la primera se ha quedado anclado en la década de los sesenta, en aquellos años en los que el tiovivo de la sociedad española parecía ir dos velocidades más lento que el del resto del mundo.

 La insatisfacción de un matrimonio ajado, la necesidad de volver a preguntarse aquello de “qué hubiera pasado si…”, llevan a Gabriel Aristu a buscar a Adriana, a jugar con sus viajes a Europa para encontrar a una mujer que ya no es la misma, que nunca lo será, ni él tampoco, pero en la que quizá busque ahora algo más que un pasado, una nueva oportunidad para no esquivar la felicidad.

 No hablamos de una novela muy extensa, así que el narrador va directo al corazón de las emociones, y lo hace además con una primera persona perenne e inagotable, que huye incluso de los puntos en muchos capítulos, un poco al estilo de aquel García Márquez de El otoño del patriarca. Ese fluir de conciencia es otro valor añadido del texto, al menos en los bloques capitalizados por la voz de Aristu, porque también hay otros en los que se nos da el punto de vista de terceros que pueden juzgar los caracteres de la pareja que nunca fue, o incluso las incomodidades de un hispano a la hora de asentarse en las comunidades universitarias norteamericanas.

 La sombra de la muerte

 Flota, cómo no iba a hacerlo, también por la novela la sombra de la muerte, y la estela de lo que ambos protagonistas han alcanzado en la vida, perpetuaciones aparte, pero Muñoz Molina le da tal vez más importancia a los sentimientos que el tiempo ocultó y que un presente celérico y algo forzado acaso no esté en condiciones de resucitar del todo.

 Novelas como ésta, que precisan una lectura reposada, se hacen muy necesarias en un panorama de publicaciones que es vertiginoso. Es muy agradable toparse con un texto que nos exija una demora en el momento de leer, una calma imprescindible para disfrutar de la prosa exacta de Muñoz Molina, de quien alguna vez se dijo que parece escribir con extrema sencillez, como si eso fuera algo fácil de lograr.

 Sólo quien es capaz de reflexionar y mirar dentro de la naturaleza humana, quien también puede ubicar a la persona en su marco social y temporal sin que sea devorada, puede escribir novelas como la presente, que nos llegan muy adentro y, ¿por qué no?, también nos llevan a enfrentarnos con nuestro propio yo en el espejo, cuando llegue el momento de pedirnos explicaciones por lo vivido, lo soñado e incluso lo olvidado. Muñoz Molina en estado puro.

 

‘NO TE VERÉ MORIR’. ANTONIO MUÑOZ MOLINA.

Seix Barral. 238 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 24/02/2024)




lunes, 22 de enero de 2024

domingo, 12 de noviembre de 2023

CASI CHICAGO - PEDRO ARANDA

 


(LA VERDAD, "ABABOL", 11/11/2023)

jueves, 19 de octubre de 2023

viernes, 28 de abril de 2023

NIÑOS - DAVID ROAS

 


(ABABOL, "LA VERDAD", 22/04/2023)

lunes, 27 de marzo de 2023

LAZOS DE TINTA - ROSA HUERTAS

 

UNA NOVELA DE HERMANDADES

 

El papel de la mujer en la literatura del romanticismo, el deseo de una joven de descubrir el mundo a través de la lectura y la escritura, la complicidad del amor y el sacrificio, Madrid, Extremadura, Cuba, secretos y férreas voluntades…, de todo ello se ha rodeado Rosa Huertas en la que quizá sea su novela más lograda hasta el momento.

 

Dos de las virtudes que caracterizan a la escritura de Rosa Huertas son la preocupación por la literatura, su historia, su recuerdo y su difusión, y la predilección por los personajes fronterizos, aquellos que de manera inevitable se ven enfrentados a una disyuntiva de la que dependerá el resto de sus vidas.

 Con ambas virtudes, la autora madrileña lleva ya unos cuantos años regalándonos novelas juveniles en las que siempre entremezcla esos valores a la perfección, y así la hemos visto difundir la vida y obra de Miguel Hernández (Mala luna), Lope de Vega (Tuerto, maldito y enamorado), Galdós (La hija del escritor) o Machado (Cartas a Leonor), pero también artistas alejados de la pluma como El Greco (Theotocópuli. Bajo la sombra del Greco), e incluso otros personajes que, sin vinculación artística, tocaban muy de cerca su fibra personal.

 

Amor por la literatura

 Sólo quien ama la literatura puede moverse alrededor de sus entretelas con semejante autoridad, con una soltura que se contagia a los lectores, ya sean principiantes o de lo más consagrados. Precisamente con esa trayectoria juvenil ha logrado en muchas ocasiones difuminar esas fronteras temporales, dinamitar las barricadas de la edad y dejarnos sólo frente a buenas obras, fueran cuales fuesen sus etiquetas.

 Aun así, es notorio reseñar que estos lazos de tinta han supuesto su primera incursión en lo que podríamos denominar literatura no juvenil, algo que muchos lectores llevábamos tiempo demandándole y que ella iba posponiendo, por respeto, hasta estar segura de que el salto de una franja a otra sería el adecuado. Unas prevenciones que han quedado superadas en cuanto uno se pone a la faena de conocer la vida de Manuela, un personaje fronterizo, como no podía ser de otra forma, que nace en un mundo que no le corresponde (quiere leer y escribir aun siendo hija de lavandera), y hasta en una época que se le queda muy pequeña (una mujer del siglo XIX ávida de conocimientos).

 

Homenaje a la mujer

   Esa delicia de personaje, al que le esperan algunas sorpresas más que el lector deberá ir descubriendo a lo largo de una trama muy dinámica, recibe además el don de la voz narrativa, que su autora le concede para que nos vaya relatando su existencia, llena de peligros, amenazas y secretos, como corresponde a un buen personaje decimonónico. La alternancia entre la primera persona de la narradora protagonista y testigo se enriquecerá también con la segunda persona, puesto que Manuela se dirige, de modo casi epistolar, a otro personaje de vital importancia en su vida, en un complejo alarde de técnica literaria del que Rosa Huertas sale más que triunfante.

 Hasta ahí los valores protagónicos, pero si hablábamos antes de amor por la literatura, queda el homenaje que la autora rinde en esta ocasión a un grupo de mujeres tan valientes como a menudo clandestinas, las que se atrevían, contra viento y marea, a escribir en la España del romanticismo, la del rancio siglo diecinueve, encabezadas por dos figuras señeras como fueron Gertrudis Gómez de Avellaneda y Carolina Coronado. Esa hermandad acoge en su seno a una Manuela a quien el patriarcado más salvaje está varias veces a punto de llevarse por delante, y cifra en ella el proyecto de la nueva mujer española, la que habría de intentar cambiar nuestra sociedad por vez primera.

 Como luchadoras que fueron, y a pesar de los éxitos literarios de algunas de ellas, estaban más bien solas –tal y como comprobó la propia Tula cuando se postuló en vano para entrar a formar parte de la Real Academia-, pero Rosa Huertas, a través de Manuela, les da voz y nos muestra la férrea voluntad con la que fueron superando escollos, el ingenio y la determinación, y sobre todo el valor, porque esta es una novela de valentías, de desafíos y decisiones fuertes, en la que su autora se torna una más de aquellas hermanas tan injustamente tratadas, como tantas otras, por la historia de nuestra literatura.

 

Doble viaje

 La inserción en la sociedad, la supervivencia en un mundo de hombres o la solidaridad femenina están retratadas en la novela con gran acierto, al igual que los escenarios, empezando por el Madrid más fiel, mostrando una vez más el amor que Rosa Huertas siente por su ciudad, y siguiendo por una Extremadura en la que los contrastes resultan brutales, para terminar con un salto oceánico tras el que La Habana surge como una tierra de promisión, un Eldorado en el que Manuela y su familia puedan encontrar la paz, donde ese proyecto de la nueva mujer cuaje de manera definitiva.

 Ese viaje, tanto el geográfico como el interior, está narrado de forma muy cuidada, con unos capítulos medidos que otorgan a la novela un ritmo ágil, una invitación para seguir leyendo, que Rosa Huertas lleva hasta el extremo de tatar con mimo tanto el lenguaje como la voz que le corresponde a cada momento, ya se hable de literatura, de lo sociológico, o incluso de algún que otro peligro criminal, y es que la sombra del infausto padre de Manuela es muy alargada.

 Un estreno de lo más acertado, demostrando que la experiencia que atesora la autora madrileña le capacita de manera sobrada para continuar en el camino de la novela sin etiquetas cronológicas. Esperemos que dicho camino sea tan fructífero como el que ha recorrido hasta ahora en la literatura juvenil.

 

‘LAZOS DE TINTA’. ROSA HUERTAS

Género: Novela. Ediciones B. 384 páginas.


https://www.laverdad.es/ababol/libros/novela-hermandades-20230325091025-nt.html?fbclid=IwAR1ey7gBUZqdYm8vrGqvxG2Uu16zWweWoPjnV8JpdqlUD8X5Ey46TYfd0MU&ref=https%3A%2F%2Fl.facebook.com%2F