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jueves, 17 de julio de 2025

CORAZÓN EN SILENCIO - JULIO CÉSAR CANO

 

CORAZÓN EN SILENCIO, de Julio César Cano, por Antonio Parra

Título

Corazón en silencio

 

 

Datos publicación

Maeva Noir. Madrid 2025. 472 págs.

 

Datos del autor

 

 

    JULIO CÉSAR CANO (1965, Capellades, Barcelona) empezó a escribir después de trabajar durante años como músico y mánager de grupos. Es conocido, sobre todo, por su serie del emblemático inspector Monfort, ambientada en la ciudad de Castellón, donde el autor reside en la actualidad junto a su familia. Corazón en silencio es el séptimo caso del carismático inspector, después de Asesinato en la plaza de la Farola, Mañana, si Dios y el diablo quieren, Ojalá estuvieras aquí, Flores muertas, Incluso la muerte miente y La soledad del perro.

 

Sinopsis de la obra

 

    Castellón acaba de estrenar nueva comisaría cuando se cometen varios crímenes con elementos en común: las víctimas son jóvenes extranjeros sin arraigo y el culpable se ha suicidado tras cometer el asesinato. Bartolomé Monfort, junto a sus inseparables Silvia Redó y Pablo Morata, lleva a cabo una investigación contrarreloj para evitar más muertes. ¿Quién querría atacar a las víctimas, unos jóvenes supervivientes con un futuro incierto?

    En la esfera personal, Monfort y la jueza Elvira Figueroa están pasando por un momento delicado en su relación y el inspector está muy preocupado por la salud de su padre. Una vez más, antepone el trabajo a sus seres queridos, al dolor de tener el corazón hecho pedazos.

 

Reseña

INTENSO MONFORT

 

    Ha tardado el inspector Monfort en regresar a nuestras vidas y al panorama editorial español, y a fe que le hemos estado echando de menos, aunque algunos conociéramos las circunstancias que en los últimos tiempos han rodeado a su creador.

    Pero la espera se olvida pronto, en cuanto comenzamos la lectura de esta novela en la que hay extraños asesinos que se suicidan después de matar, como si estuvieran empujados por unos designios superiores. Esos casos, unidos al estreno de la nueva comisaría de la ciudad de Castellón, y a alguna que otra incorporación curiosa en la misma, podrían bastar por sí solos para armar una novela ya atrayente, pero Julio César Cano no es un autor conformista, no lo ha sido nunca y no iba a empezar ahora.

    Ese planteamiento, complejo y global, todavía se verá enriquecido por la narración de unos hechos previos ocurridos en Gibraltar, en los que tanto Monfort como Silvia Redó tuvieron un papel demasiado fundamental que les llevó a cruzar ciertos puentes que quizá en otros momentos, y por otras personas, nunca se hubieran planteado franquear.

    Y por si eso no fuera suficiente, Monfort padre anda peleándose con la demencia y el deseo de reunirse con su amada. La juez Elvira se enfrenta día sí y día también con el corazón rocoso del inspector, y la propia Silvia ha ido acumulando una inquina y un rencor que empieza a no dejarle vivir. Imaginen todo eso a la vez alrededor de Bartolomé Monfort, silenciándole un corazón de cuyas estancias varias andan entrando y saliendo ya muchas personas.

    Pero los muertos siguen apareciendo, los asesinos no entienden de delicadezas y las benzodiacepinas tampoco, ni las sectas que defienden la eliminación selectiva de inmigrantes, algo que quizá nos suene como algo tristemente familiar. Todo ello barniza una sociedad de poderes ocultos que usan la religión como un arma para su conveniencia, algo que a Silvia y a Monfort, a pesar de sus respectivas cargas, no les hace ninguna gracia.

    Novela intensa y dura, quizá la más compleja que ha tenido en frente un Julio César Cano al que estamos felices de darle una nueva bienvenida.


https://www.solonovelanegra.es/corazon-en-silencio-de-julio-cesar-cano-por-antonio-parra/

lunes, 22 de enero de 2024

lunes, 23 de diciembre de 2019

ENTREVISTA A JULIO CÉSAR CANO

Entrevista a Julio César Cano, Flores Muertas

Con motivo de la aparición de Flores muertas, la cuarta entrega de la serie del inspector Monfort, hemos charlado con su autor, Julio César Cano, un hombre sosegado que nos da las pautas de su concepción de la literatura y satisface algunas curiosidades más sobre su personaje de cabecera.

– Flores muertas es la cuarta entrega de la serie del inspector Monfort, todas transcurren en Castellón, ¿qué le ha atraído de esa ciudad para convertirla en escenario de sus novelas?
La necesidad personal y el reto que suponía ambientar una novela policíaca en una provincia poco conocida fueron los primeros impulsos. El lugar en el que vivo actualmente me pareció idóneo para contar una historia desde el punto de vista tanto del personaje principal (el inspector Monfort) como de mí mismo, de alguien que vino de fuera y que tiene una capacidad distinta para narrar lo que ve en el día a día.
Escribí Asesinato en la plaza de farola, la primera novela de la serie, sin intención de que tuviera continuidad, pero los lectores tienen la última palabra y por eso sigo con ello.

– Castellón es una ciudad pequeña, ¿qué opina del boom del rural noir que últimamente se está viviendo en el género?
El mundo rural es ideal para situar tramas de este género. Miguel Delibes con Los Santos Inocentes me marcó el camino a seguir. Las montañas, los bosques, el campo, la niebla, la lluvia, el frío y el viento, pero también la costa desierta en invierno o las gentes de los pueblos con sus rencillas y envidias entre vecinos y familiares.
Es completamente normal, y me alegra, que exista un boom del rural noir. Siempre ha estado ahí, no es ninguna novedad, pero me satisface que ahora se ponga más en valor si cabe. Soy un asiduo lector de esta parcela del género.
– ¿Ha cambiado mucho Monfort en estas cuatro novelas? ¿Y Julio César Cano ha cambiado también?
Cuando di vida a Monfort ya había cruzado la hipotética barrera de la cincuentena. De haber sabido que los lectores acogerían con tanto entusiasmo las novelas lo hubiera creado más joven.
Monfort ha cambiado, por supuesto, como los demás personajes de las novelas. Queda poco de aquel policía visceral y descarnado, con poco apego a la vida, sin apenas amistades, que esgrimía la bandera de la soledad como forma de vida. Ahora piensa antes de actuar y nos lo cuenta, se ha hecho mayor, es inevitable. Es importantísimo que los personajes crezcan con el tiempo, que evolucionen, que el lector experimente con cada libro los cambios habituales en sus vidas. Y, por supuesto, yo también he cambiado, espero que para bien. Los personajes están vivos, y seguramente mañana ya no pensarán igual como lo harían hoy.

– En esta novela encontramos muy presente el mundo musical, ¿se ha roto ya el mito aquel de sexo, drogas y rock and roll? Teniendo en cuenta su pasado, ¿ha supuesto por su parte algún ajuste de cuentas?
El mito del sexo, las drogas y el rock and roll siempre está presente en nuestra existencia estemos ligados al mundo de la música o no. Actualmente los artistas se han convertido en empresarios que deben afrontar con seriedad su trabajo. En otras épocas no muy lejanas el rock and roll era una forma de vida, y muchos la llevaron hasta las últimas consecuencias. El resultado fue que a unos les fue mejor que a otros en su caminar por ese filo de la navaja.
Me gusta lo que dices del «ajuste de cuentas». Es la primera entrevista en la que alguien da totalmente en el clavo. Sí, en efecto, la parte musical de Flores muertas bien podría ser un ajuste de cuentas. Yo viví en primera persona la época fantástica en que se ganaba mucho dinero con la música, la época en la que las compañías discográficas ocupaban varias plantas en edificios relevantes del Paseo de la Castellana de Madrid. Luego, todo eso se fue al garete por culpa de las descargas ilegales, por la piratería, por la prohibición de organizar conciertos en salas pequeñas, por la crisis que dilapidó los presupuestos de los ayuntamientos para contratar grupos para las fiestas patronales. Y con todo eso, cientos de artistas, cientos de grupos que hasta ese momento vivían de los conciertos, tuvieron que colgar sus instrumentos y dedicarse a otras cosas.

– También se habla de la creación artística y de las sombras de un pasado oscuro, ¿son buenas alternativas narrativas?
Pese a que parte de mi vida la dediqué a la música, no había escrito nunca sobre este tema en una obra de ficción. Me apetecía dado que conozco bien el tema. Los argumentos de la narrativa literaria policial o negra ya están inventados por los grandes autores desde hace mucho tiempo. Creí que indagar en el pasado oscuro de unos artistas podía ser una variante distinta a lo escrito hasta ahora. Me apetecía explorar otros campos menos conocidos por el público lector.

– A Monfort le acompaña un puñado de personajes que ya conocemos, e incluso alguno nuevo; como autor, ¿siente debilidad por alguno de ellos?
Siento verdadera debilidad por todos los personajes que acompañan a Monfort. Quizá uno de mis preferidos desde el primer día es la ahora subinspectora Silvia Redó. Creo que es el contrapunto de Monfort, una de las pocas personas vivas que logra llevarle la contraria. Pero también me encantan otros personajes como el forense Pablo Morata o el recién llegado Robert Calleja o la jueza Elvira Figueroa, sin desmerecer con ello a los habituales como el comisario Romerales o los agentes Terreros y García y, sobre todo, la entrañable abuela Irene.

– Como es lógico tratándose de un inspector de policía, en sus novelas hay mucho procedimiento policial, ¿ha conseguido familiarizarse con esos aspectos policiales, tiene quien le asesore bien?
Me enganché al género con las novelas de Arthur Conan Doyle o de Agatha Christie cuando era un chaval, también con las películas de Alfred Hitchcock. De ellos aprendí que el público necesita conocer, pero que no siempre exige que seamos grandes entendidos en la materia. Hay escritores que se atreven a dar clases magistrales sobre la psicología de un asesino. Hay que estudiar mucho y dedicar parte de una vida para ello. No basta con escribir novelas de género negro. No tengo claro todavía que el lector busque siempre la realidad absoluta, prueba de ello son las series que se nos ofrecen a diario en las plataformas digitales o en la televisión, cuya veracidad no siempre es la más acertada. Por suerte son numerosos los amigos lectores de Monfort que forman parte de los cuerpos de seguridad del estado. Podría abusar un poco más de su ofrecimiento y así las cosas quizá fueran más exactas.

– A la hora de armar sus tramas, valore estos conceptos en orden de importancia: caso, personaje, crimen, asesino.
En lo que a mis libros corresponde, sin «caso» no hay trama y sin «personajes» no hay quien conduzca la historia. El «crimen» forma parte esencial del caso y el «asesino» siempre es un personaje más que en ocasiones se convierte en el protagonista.

– ¿Quedan argumentos por explotar en la novela negra o la realidad nos ha superado definitivamente?
La realidad siempre nos supera. Nos superó en el pasado, nos supera en el día a día, y lo seguirá haciendo en el futuro. Muchas veces, cuando escucho las noticias, creo que aquello que escribo se queda siempre muy corto.

– ¿A quién le debe cosas Julio César Cano, literariamente hablando?
A los que viven conmigo y soportan el cambiante humor del yo escritor. A los lectores que con su fiel apoyo esperan la nueva novela. A los editores que tuve en el pasado y que encendieron la llama de lo que soy hoy. A mis editoras actuales, que me brindan su apoyo en todo momento. A los que organizan festivales literarios y otro tipo de eventos relacionados con el libro, porque ponen sobre la mesa nuestros nombres. A los libreros, porque sin ellos nuestros libros no tendrían visibilidad. A los amigos escritores, por los ratos compartidos. Y a José Antonio Labordeta, que vino a casa, comió pan y chorizo, bebió vino tinto, y me dio una palmada en la espalda y cuatro consejos.

– Premio QUBO, Letras del Mediterráneo, Premio Pasión… ¿le da qué pensar el hecho de que le hayan concedido tantos premios?
Los premios son alegrías que proporcionan el ánimo necesario que a veces hace falta para seguir adelante. El mejor premio, no obstante, es saber que hay lectores que esperan con ganas el nuevo trabajo que está por llegar.

– ¿Y cómo cree que el lector percibe a Monfort y a sus historias?
Monfort y los suyos se han hecho un espacio en las estanterías de muchos lectores. No sé cómo percibe cada lector a un personaje como él. Espero que les caiga bien en ocasiones, mal en otras, que sufran con él, que se alegren de sus progresos, que le reprochen las recaídas emocionales también. Pero me gustaría que los lectores tuvieran un buen concepto, porque él sí lo tiene de todos los lectores. Es un buen tipo, con un corazón enorme.

– ¿Alguna vez se ha arrepentido de elegir alguna trama, o de lo contrario, de haber desechado alguna dejándola en el cajón?
En alguna ocasión, a media novela por escribir, he tenido la tentación de borrar lo escrito. Por suerte no soy impulsivo en esos momentos y no destruyo lo escrito. Tiendo a recomponer, a reconducir, a que repose lo escrito, nunca a destruir.

– Recientemente una librería de Castellón ha puesto en venta sus primeras obras, ¿eso le asusta o le satisface?
Por supuesto que me satisface. Tengo en muy buen concepto a mis novelas anteriores a Monfort. Está claro que si pudiera recompondría muchas cosas de esas novelas, pero eso me pasa con todas. No me asusta, me encanta que los libreros pongan en alza aquello que escribí tiempo atrás y de lo que personalmente me siento orgulloso.

– ¿Qué tiene ahora entre manos?
La quinta novela protagonizada por Monfort. En estos momentos estoy inmerso en el universo del inspector, justo en ese momento en el que dudo de todo, escribo, borro, vuelvo a escribir, guardo, leo, duermo poco y trato de no volverme loco. Creo que sabes a qué me refiero.

– Esta sección lleva un título emblemático y eso casi nos obliga a cerrar la entrevista con una pregunta también emblemática: ¿de qué material están forjados los sueños de Julio César Cano?
Mis sueños son sencillos. Son sueños de paz y de armonía, de amor y de sinceridad. De trabajo y solidaridad. También sueño con tener más tiempo. Tiempo para leer, tiempo para escribir. Tiempo para soñar también. ¡Muchísimas gracias! Ha sido un placer contestar a tus estupendas preguntas.

Entrevista realizada por Antonio Parra Sanz

domingo, 8 de diciembre de 2019

FLORES MUERTAS - JULIO CÉSAR CANO

FLORES MUERTAS de Julio César Cano por Antonio Parra

Título
Flores muertas.
Datos publicación
Ediciones Maeva Noir. Madrid 2019. 372 págs.
 Datos del autor
             Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona) empezó a escribir después de trabajar durante años como músico y mánager de grupos. Es conocido, sobre todo, por su serie del emblemático inspector Monfort, ambientada en Castellón, donde el autor vive actualmente con su familia. Flores muertas es el cuarto caso, que sigue a Asesinato en la plaza de la Farola, Mañana, si Dios y el diablo quieren y Ojalá estuvieras aquí. Esta novela es, además, un homenaje al mundo de la música.

Sinopsis de la obra

            En mayo de 2008 el grupo indie Bella & Lugosi realiza un exitoso tour que termina en el nuevo Auditorio de Castellón. Antes de cantar el último tema, una versión de los Rolling Stones, el vocalista, Joan Boira, se retira un momento al camerino, del que ya no saldrá con vida.
            El inspector Bartolomé Monfort apenas ha tenido tiempo de asimilar la muerte de su madre, cuando debe incorporarse a la investigación de la muerte de Boira, cuya causa parece ser una sobredosis por heroína, algo extraño porque no consumía drogas ni bebía alcohol. Monfort acude al lugar del crimen junto a Silvia Redó, que ha ascendido a subinspectora. En colaboración con el nuevo agente de la Científica, Robert Calleja, Monfort y Redó investigarán un caso repleto de intriga y giros inesperados.

Reseña
Monfort y la música

            Cuarta entrega de la serie del inspector Monfort, o lo que es lo mismo, Castellón en la palestra negra, tal y como ya  nos tenía acostumbrados Julio César Cano, con esa delicadeza que muestra a la hora de pasear por la ciudad levantina, incluso por su provincia, pero también cuando se trata de mostrar cómo andan las vidas del propio Monfort y sus compañeros y superiores, Silvia Redó, Terreros, García, el forense Morata, o Calleja, el nuevo, una jugosa y gaditana incorporación, y por supuesto el comisario Romerales. Todos ellos forman un universo, mejor dicho, una familia que los habituales lectores de Cano reconocerán con agrado, y que los nuevos encontrarán de lo más acogedora.
            Un cantante muerto, un grupo, Bella & Lugosi, descabezado por segunda vez, unas flores muertas, un escritor acuciado por el miedo y las drogas, una historia antigua en la que los malos tratos y la sangre camparon a sus anchas. De todo ello va teniendo noticia el lector en su momento, poco a poco, con dosificaciones medidas para que nos hagamos una composición de lugar casi a la vez que el propio Monfort, quien ha arrancado la novela con una importante sacudida familiar y al que acechan algunas sombras físicas.
            Hablamos, por tanto, de evolución, de una serie que ha ido cumpliendo años, pero también de un homenaje hacia la música del que quizá tenga que responder el pasado del propio autor. Hablamos también de sueños rotos, de venganzas postergadas, de traiciones, de si en verdad el mito aquel de sexo, drogas y rock and roll se puede dinamitar o sigue aún en vigor.
            Y siempre, con la exquisitez característica de un personaje sobrio, amigo del buen yantar y del buen beber, amigo también de la música, un hombre a ratos bastante solitario –aunque no siempre- que en cambio tiene una virtud de la que carecen otros investigadores, una enorme paciencia para escuchar a los suyos. Sólo así nosotros también podemos escuchar y caminar a su lado por la urbe castellonense, lo demás es literatura, nada menos, como la alternancia de voces narrativas, para que quien anda buscando justicia nos cuente por qué lo hace, o como la mesura en el avance de la trama, la ambientación y el ritmo idóneos, que nos dejarán plantados en su momento ante el correspondiente final.
            Hay novelas negras que inducen al vértigo, y otras en cambio a la reflexión, para que alternemos lo social con lo humano, para que le veamos las miserias a la otra cara de la realidad, para que los sospechosos sean más sospechosos que nunca aunque sólo uno termine siendo el culpable del crimen. Las otras culpabilidades están en la esencia humana, lo bueno es que Julio César Cano también es capaz de mostrárnoslas.