miércoles, 20 de octubre de 2021

METRÓPOLIS - EL DIABLO NO EXISTE

 

EL DIABLO NO EXISTE

    Horas y horas de aislamiento, preguntas y más preguntas, el humo de aquel barco entrando de nuevo en mi nariz, y un universo entero de datos y posibilidades frente a mí, en aquel ínfimo despacho, en aquel reducto en el que nadie podía creerse dueño de nada.

    Ahora el sol baña de nuevo mi rostro, el mismo astro que ellos creen puesto ahí por su dios, o por vaya usted a saber por qué fuerza superior. Ha sido tan fácil, tan extraordinariamente fácil que hasta casi siento un poco de vergüenza.

    Ya no tardarán en venir a recogerme, si han cumplido mis instrucciones estarán a punto de llegar, tan sólo tengo que caminar un par de calles más y todo habrá terminado, aunque he de reconocer que me ha entrado algo de pena. Charlar con aquel poli, Kujan, era entretenido, tan solícito, ofreciéndome café, mirándome casi con lástima, inclinando incluso la cabeza para empatizar un poco más conmigo.

    Y qué cara puso cuando le conté aquello de que el mayor logro del diablo había consistido en hacer creer al mundo que no existía, se quedó callado sin saber si le hablaba en serio o si pretendía tomarle el pelo, pero lo descartó enseguida, un tullido simplón como yo no podría nunca tomarle el pelo a alguien de su experiencia.

    Ni a él ni a ningún otro tipo con dos dedos de frente, y para hacer lo que hicimos se necesitaba mucho más que dos dedos de frente, toda la frialdad posible para lidiar con un ególatra, un golfo, un ludópata y algún que otro yonqui. Ese fue el primero de los obstáculos, conseguir que todos caminaran en la misma dirección.

    Y hablando de caminar, ya es hora de dejar de arrastrar el pie, que al final se me va a dormir la pierna, ya se acabaron las mentiras, ya se acabó del todo Keyser Soze. Ah, ahí llega el coche al fin.



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