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Aurora
Saura, en cambio, logra encajar cada uno de ellos en el ambiente de nuestro
Mediterráneo, algo nada fácil, porque ese mar no rezuma precisamente la calma
de un cuidado jardín nipón. Por eso tienen más mérito estas composiciones, porque
a pesar de la brevedad no hay una sílaba gratuita, ni tampoco prescindible, y
porque con su lectura nos proporciona disfrute y también reflexión, e incluso
casi casi olores y sonidos marinos.
Noche
sin luna.
Luciérnagas
las barcas
que
la simulan.
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