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domingo, 8 de febrero de 2026

GOMES Y CÍA EN HOJAS SUELTAS

 Vaya por delante mi agradecimiento a

Anxo Do Rego por estas palabras.


Gomes y Cia, de Antonio Parra Sanz

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GOMES Y CIA, de Antonio Parra Sanz
M.A.R. Editor, 2025

Por su naturaleza episódica y su deliberada apuesta por la forma breve, Gomes y Cia se inserta en una de las líneas más reconocibles del relato negro contemporáneo español: aquella que, heredera tanto de la tradición anglosajona como del costumbrismo patrio, desplaza la acción hacia espacios periféricos y personajes degradados, sin renunciar a una conciencia formal exigente. El conjunto de relatos que Antonio Parra Sanz reúne aquí presenta a un detective que funciona como hilo conductor, pero cuyo peso narrativo no agota la ambición del texto: más que una serie de casos, lo que se compone es un retrato sostenido del fracaso —personal, social, institucional— que vertebra la Cartagena que recorre Gomes.

Desde un punto de vista técnico, el elemento central que articula Gomes y Cia es la voz narrativa, construida sobre una primera persona seca, directa, pero cargada de dobleces. Gomes no es solo el protagonista de estas siete historias; es también el filtro a través del cual el lector accede a un mundo degradado, aunque reconocible, y a una ética personal en continua negociación. Esta voz no busca la brillantez estilística ni la introspección autocomplaciente. Por el contrario, su eficacia reside en una contención expresiva que remite directamente al modelo del hard boiled, pero reubicado aquí en una oralidad más próxima al habla castellana. En este sentido, Parra Sanz sortea con acierto dos peligros habituales del género: la mímesis forzada del noir norteamericano y la caricatura de lo autóctono.

En cuanto a la estructura, la colección no sigue un arco de evolución lineal. Aunque hay una progresión en la relación de Gomes con algunos personajes recurrentes —en especial con la forense Silvia Férez, figura que ofrece un necesario contrapeso ético y emocional—, cada relato se construye con autonomía funcional. No obstante, existen elementos de recurrencia temática y simbólica (la violencia estructural, la corrupción institucional, los vínculos frágiles entre los personajes) que dotan al conjunto de una coherencia interna. No hay, por tanto, un crecimiento psicológico marcado, pero sí una acumulación de indicios, sombras y cicatrices que configuran una suerte de biografía emocional discontinua. El lector habitual del género puede reconocer aquí la influencia de series como la de Pepe Carvalho o la de Méndez, aunque sin su carga ideológica explícita: Gomes observa más de lo que interpreta, y, cuando actúa, lo hace más por necesidad que por convicción.

Una de las virtudes del libro es el trabajo con el lenguaje. Lejos del barroquismo o de la espectacularidad verbal, Parra Sanz opta por un registro contenido, ágil, a menudo con un deje irónico que nunca cae en el sarcasmo. La frase corta, casi telegráfica, domina la cadencia de los relatos, y se ajusta a la lógica de lo narrado: hay premura, urgencia, pero también economía expresiva. En ciertos pasajes, especialmente en los diálogos, esta sobriedad alcanza momentos de alta eficacia expresiva. No se trata de una escritura invisible, sino de una escritura que ha sido pulida para parecer inmediata. En ese pulido hay una toma de posición estética: si el mundo que describe es turbio, la mirada que lo cuenta ha de ser precisa, nunca sentimental.

Desde una perspectiva más amplia, Gomes y Cia se inscribe en una tradición literaria que, en España, ha conocido un auge sostenido en las últimas dos décadas: la del relato negro vinculado a territorios concretos, con detectives privados que funcionan como vehículos de crítica social. Pero, a diferencia de otras propuestas más programáticas, aquí la denuncia no aparece subrayada ni dramatizada. Lo ético se integra en la materia narrativa como una tensión latente, no como un propósito explícito. Así, la violencia de género, la especulación urbanística, la corrupción política o la trata de mujeres se convierten en los motores narrativos de varios relatos, pero sin convertir a Gomes en un redentor ni a sus casos en parábolas. La posición ética del narrador es ambigua, pero no nihilista: reconoce la podredumbre sin sublimarla, la describe sin idealizar al que la combate.

Esta ambigüedad constituye uno de los aciertos mayores del volumen. En Tiempo de mareas, por ejemplo, el caso de las jóvenes asesinadas junto a la Muralla del Mar podría prestarse a un tratamiento morboso o efectista. Sin embargo, la elección de Parra Sanz es otra: los detalles sórdidos están, pero el foco permanece en las zonas grises del comportamiento humano, en la desconfianza hacia las versiones oficiales, en el desgaste emocional que deja cada caso. Gomes no resuelve tanto como acompaña, y esa presencia física, corpórea, contradictoria, es la que dota de verosimilitud al conjunto.

Uno de los méritos menos visibles del libro —pero clave en su eficacia— es la gestión del ritmo narrativo. Cada relato mantiene un equilibrio entre la exposición de la trama y el desarrollo de sus implicaciones. No hay digresiones innecesarias ni excesos informativos; la tensión se dosifica con sobriedad, y el desenlace suele evitar el giro final espectacular, optando por resoluciones más bien opacas o inconclusas. Esta elección estilística responde a una concepción del género negro como espacio de incertidumbre más que de respuestas: lo importante no es saber quién mató, sino entender por qué nadie parece libre de culpa.

La Cartagena que recorre Gomes —casi siempre nocturna, húmeda, inhóspita— se convierte en otro personaje más, en la medida en que estructura los relatos no solo como escenario, sino como atmósfera. Hay aquí una voluntad de cartografía literaria que recuerda al mejor González Ledesma, pero también ecos de autores como Eugenio Fuentes o Carlos Salem, en lo que respecta a la imbricación de lo local con lo universal. En esta ciudad sin épica, donde la policía coopera a regañadientes y los clientes mienten tanto como los sospechosos, Gomes encarna una forma mínima de resistencia: la del que no espera justicia, pero aún busca la verdad.

En suma, Gomes y Cia no es solo una colección de relatos bien construidos; es también una reflexión implícita sobre los límites del género, sobre lo que puede aún contar la novela negra en un tiempo en el que las certezas se han disuelto. Lejos de la pirotecnia narrativa y del efectismo visual que contamina parte de la producción actual, Antonio Parra Sanz apuesta por una escritura seca, rigurosa, con una mirada compasiva pero no indulgente.

Hipótesis crítica: En Gomes y Cia, Antonio Parra Sanz plantea —de forma soterrada pero constante— que la figura del detective ya no representa la restauración del orden, sino la posibilidad de mantener viva una mirada lúcida en medio del colapso. Gomes no arregla el mundo, pero se obstina en mirarlo de frente. Esa obstinación, más que cualquier resolución de caso, es su verdadero gesto ético.

© Anxo do Rego para VENTANA DE ENSAYO CRÍTICO

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