Los hombres mojados no temen la
lluvia.
Juan Madrid.
Editorial: Alianza. Madrid 2013. 338 páginas.
(LA VERDAD, "ABABOL", 6/4/2013)
ANTONIO PARRA SANZ (Madrid 1965), escritor y crítico literario. Novelas: Ojos de fuego, La mano de Midas (Premio Libro Murciano 2015), Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos; Acabo de matar a mi editor, Dos cuarenta y nueve y Entre amigos (Serie Sonia Ruiz 6). Relatos: Desencuentros, El sueño de Tántalo, Polos opuestos, Cuentos suspensivos, Malas artes, Gomes y Cía, Cartagena sangrienta. Artículos: La linterna mágica, Butaca de patio. Ensayo: Tres heridas.
El brillante
cierre de la III Semana Literaria del IES Mediterráneo corrió a cargo nada
menos que de Rosa Montero, quien la mañana del viernes departió con 150 alumnos
de Bachillerato acerca de su novela Lágrimas en la lluvia, y por la
tarde con el público cartagenero, ante el cual presentó su última creación, La
ridícula idea de no volver a verte, en la que se adentra en la figura
de Madame Curie, y en cuya campaña de promoción nos hizo un más que generoso
hueco para una visita que siempre le agradeceremos.
Una mujer que
empezó a escribir a los cinco años no concibe la vida sin la escritura, y esa
misma fuerza que le llevó a escribir le llevó también a mirar la realidad con
otros ojos gracias al periodismo y, por supuesto, la convirtió en una mujer
comprometida, que defiende el compromiso humano, no sólo el literario, porque “el mundo no va a arreglarse solo, somos
nosotros quienes tenemos que ayudar”, en ese sentido, manifestaba que las
novelas no deben ser panfletos, porque se escribe para entender el mundo, para
buscar respuestas, no para proporcionarlas.
Escribir sobre
el futuro le permite además jugar una enorme partida, crear un universo
totalmente nuevo, ser un dios más que nunca a la hora de escribir una novela;
ella ha inventado ese mundo para volver a él cuando lo desee, y ya está
dispuesta a regresar a estos personajes y a esta historia, porque está gestando
una nueva entrega, lo que provocó la curiosidad de sus lectores más jóvenes.
Además, no puede sustraerse a todo lo que le une a Bruna Husky, con quien ha
compartido sueños y hasta el nombre en algunos avatares, esa pantera enjaulada
en la pequeña jaula de su vida que es Bruna se merece nuevas aventuras, nuevas
páginas con las que regresar a los lectores. Ahí fue cuando surgieron numerosas
preguntas acerca del personaje, los orígenes de la novela, el cómic, la
película Blade runner, la fugacidad de la vida o la inminencia de la
muerte.
Con estas
contundentes palabras respondió el joven Lázaro a quienes le preguntaron cómo
era posible que siguiera existiendo después de quinientos años, eso mientras
sorteaba como podía los pescozones y reprimendas que le propinaba el ciego, su
compañero en este viaje astral. La impresionante puesta en escena se la debemos
al profesor Jesús Villalobos, y a los tres alumnos intrépidos que se han dejado
poseer por el espíritu de estas criaturas: Peter, Alba y José Miguel.
Y es que ambos
llegaron desde los confines del tiempo para desayunar ante los alumnos de 3º de
ESO, atragantándose con las uvas (de a dos y de a tres) y con el vino, mientras
la profesora Eugenia Pérez narraba las vicisitudes que ambos vivieron en su
época. Aunque rápidamente el de Tormes empezó a responder a las preguntas que
le llovían desde todos los rincones de un auditorio abarrotado, sobre sus amos,
sus andanzas, las triquiñuelas de la supervivencia, los episodios más conocidos
(el robo del pan, la longaniza, las bulas falsas, las palizas, etc.) Así hasta
que la mujer de Lázaro se levantó de entre el público (se conoce que vinieron
en diferentes transportes siderales) y declaró su amor “honesto e impoluto” por su marido, para regocijo de la
concurrencia.
De vez en
cuando, el ciego tomaba las riendas del acto, y les contaba a los jóvenes
asuntos de juglares, travesuras de su discípulo y su peregrinaje por media
Castilla en busca de una limosna que llevarse a la boca, sin olvidar la defensa
de sus métodos de enseñanza, aunque con ello provocara las quejas de Lázaro.
Incluso comparó su época con la actual, y confesó que no encontraba grandes
diferencias, porque siguen faltando valores como entonces y quienes tienen el
poder no aprenden, como hizo Lázaro, no cambian nunca, porque no son humildes,
como ellos, como los que verdaderamente mueven el mundo.
Las preguntas
se sucedían sin parar, y tuvieron que remontarse a los orígenes turbios del
mozo, a los coscorrones con los que el ciego le enseñó, repasaron el carácter
de sus amos, la cara oculta de algunos de ellos, la inmensa miseria que Lázaro
tuvo que dejar atrás, y antes de que el joven pudiera vengarse de nuevo del
ciego, ambos incluso analizaron el futuro, valorando el camino que habían
recorrido hasta llegar a nosotros, sorprendiéndose de que las vidas de unos
pícaros sigan leyéndose hoy, y provocando entonces otra sorpresa mayúscula con
las lúcidas palabras de Lázaro: “seguiré
vivo mientras exista la lectura”. Que así sea.
Todo empezó en
una biblioteca, en la que Marisol Ortiz de Zárate descubrió, además de libros,
a unas personas que contaban cuentos, y que le contagiaron para siempre esa
pasión de la que presumió durante todo el encuentro. Convertida en una Sherezade
del siglo XXI, captó la atención de todos los alumnos, detuvo sus párpados y
abrió sus bocas, y nos demostró a los profesores que merece la pena invitar a
autores como ella sólo por ver las caras de interés de los jóvenes, porque en
ellas estaba la verdadera naturaleza de la literatura oral, el gusto por contar
y escuchar historias.
Esta vitoriana
inquieta realizó múltiples confesiones, como el hecho de que le gusta viajar
casi tanto como escribir, y así logró encontrar la fórmula mágica que combinara
ambas aficiones: se propuso escribir relatos sobre los lugares que visitaba, y
así podría viajar al mismo tiempo que se documentaba de forma fidedigna para su
novelas. Cantan los gallos fue el producto de varios viajes por la
geografía española, además de la lectura de doscientos libros acerca del
nuestro siglo XVI, y eso provocó la curiosidad de los jóvenes, cuyas dudas resolvió
aprovechando también el encuentro para lanzarles anzuelos y preguntas sobre los
avatares de la propia novela y sobre cómo ellos la habían percibido.
Apareció
Raquel Lanseros y nuestra semana literaria se transformó, de repente ella
convocó al silencio, conquistando el aire del aula, atrapando la atención de
nuestros alumnos de 4º de ESO con cada metáfora, cada imagen, cada inflexión de
su deliciosa voz. El profesor Salvador Martínez, desde la amistad que les une,
la presentó como si viviera una aventura viajera y poética, porque Raquel ha
paseado sus versos por numerosos países, sobre todo de Latinoamérica, y ella
considera fundamental leer a otros autores hispanohablantes para poder
comprender toda la dimensión de la literatura que se hace en nuestra lengua.
Satisfecha de
participar en este tipo de encuentros, en los que dice aprender más de los
jóvenes de lo que llega a enseñarles, quiso contactar con los poetas camuflados
entre nuestros alumnos, y venció con rapidez el pudor de dos de ellos, Samuel y
Víctor, porque los poetas al final son seres conspiradores que terminan por
reconocerse y desnudar sus emociones con valentía. Así que compartió con ellos
la génesis de los versos, y el hermanamiento de la creación poética, porque
para ella “la poesía es una especie de
striptease emocional, y tiene todo que ver con el alma, el lugar en el que
todos somos iguales”.
Así que entró
directamente en el alma de los alumnos, en su cabeza, en su espíritu, en su
razón y en el corazón de su lenguaje, porque todos ellos forman parte del motor
que hace funcionar los versos del mundo. Un mundo que duele, y en el que
también la poesía se hace un hueco como algo curativo que nos sirve para sacar
fuera todo lo que nos daña, lo que no nos gusta, incluso lo que no podemos
cambiar, y nos alivia de nuestras cargas tras ayudarnos a ordenar nuestras
sombras antes de exorcizarlas, porque “en
la vida sólo el amor y el arte consuelan, y la poesía es el arte que más nos
puede consolar”.
Juan Ramón
Barat ha sido el encargado de inaugurar la III Semana Literaria del IES Mediterráneo,
y lo ha hecho con el poderoso atractivo que le confiere ser un juglar del siglo
XXI, un poeta, un novelista, un dramaturgo, un brujo del lenguaje que hechizó
al auditorio más joven de nuestro centro gracias a su vitalismo y a sus
palabras. Y es que para él, abrir un libro supone dejarse llevar por la magia
de la literatura, de la que se considera un auténtico vicioso y a la que
imagina como un sótano mágico en el que pasan millones de cosas, pero un sótano
que está dentro de cada uno de nosotros.
Autor muy
prolífico e inquieto, reconoce que le gustan todos los géneros literarios, y
ante la pregunta de una alumna acerca de cómo querría que le recordasen en la
Historia de la Literatura, respondió que a lo único que aspira, cuando se
marche, es a ser evocado como un tipo divertido. Y a fe que lo demostró en cada
una de sus intervenciones, respondiendo a las preguntas de los jóvenes con la
misma sinceridad con la que reconoció que sus primeros versos nacieron para
conquistar a una compañera de instituto, y que pasó de copiar a Bécquer para
lograr aquel éxito amoroso, a escribir más de veinte obras, porque gracias a ese
amor primerizo descubrió que fue la poesía la que verdaderamente le conquistó a
él.
Con
los relatos de este volumen, además, vuelve a mostrar el profundo conocimiento
que va atesorando de la naturaleza humana, producto de su experiencia como
psiquiatra tanto como de su pasión lectora, y lo despliega a la hora de
perfilar esta galería de biografías familiares, mejor dicho, de universos en
los que las relaciones entre los miembros de las familias se convierten en cometas
cuyas estelas nos hipnotizan en cada relato.