
ANTONIO PARRA SANZ (Madrid 1965), escritor y crítico literario. Novelas: Ojos de fuego, La mano de Midas (Premio Libro Murciano 2015), Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos; Acabo de matar a mi editor, Dos cuarenta y nueve y Entre amigos (Serie Sonia Ruiz 6). Relatos: Desencuentros, El sueño de Tántalo, Polos opuestos, Cuentos suspensivos, Malas artes, Gomes y Cía, Cartagena sangrienta. Artículos: La linterna mágica, Butaca de patio. Ensayo: Tres heridas.
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martes, 30 de marzo de 2010
TRAMPANTOJOS

sábado, 20 de marzo de 2010
CRÍTICAS LITERARIAS - HENNING MANKELL

Honras postreras
Podemos hablar de final de ciclo, de ocaso, de retirada, de adiós entre bambalinas, muchas fórmulas podríamos utilizar para ilustrar la despedida de Kurt Wallander del panorama de la novela negra internacional, pero Henning Mankell huye de todas ellas en este punto y aparte de su narrativa. De hecho, desde la mitad de la novela hacia delante deja que sea el propio inspector quien empiece a agitar pequeños pañuelos ante los ojos del lector, bien haciéndole recordar casos pasados, bien rememorando también a sus antecesores en la profesión.
La trama, pues, es casi lo de menos, incluso puede hablarse de que no es la mejor de cuantas ha resuelto Wallander, las raíces del espionaje en la guerra fría quedan un tanto poco perfiladas, y la evolución de algunos personajes extraviados hace recordar incluso al primer Larsson y a sus hombres que no amaban a las mujeres, algo impensable en la narrativa de Mankell hace un par de años. Pero no importa, porque esa trama sirve para que conozcamos a la pareja más estable de Linda Wallander, y de paso para que el sabueso se convierta en abuelo y disfrute, junto a la pequeña Klara, de los mejores momentos de la novela.
La trama, también es cierto, le exige al inspector un esfuerzo ímprobo que le cuesta realizar, porque la diabetes y otras sombras más oscuras se lo impiden, pero su dignidad y el orgullo le empujan a seguir y seguir hasta resolverla, como siempre, aunque lo que nos deje al final sea una especie de canto de cisne, o de urogallo como los que pintaba su anciano padre. Mankell, no obstante, rebosa elegancia en las páginas finales, apartándose de la escena para dejar el último plano enteramente a su criatura. Ese hombre inquieto, irascible pero sincero hasta la extenuación, se pierde entre las nieblas de la posteridad. Y puede hacerlo tranquilo porque se ha ganado el puesto a pulso.
Editorial: Tusquets, 453 páginas. Barcelona, 2009.
(LA VERDAD, ABABOL 20/3/10)
martes, 16 de marzo de 2010
TRAMPANTOJOS

miércoles, 10 de marzo de 2010
TRAMPANTOJOS

Las casas en las que se instala la vejez dejan asomar sus huellas de forma paulatina, un pañuelo olvidado sobre un lavabo, una pelusa resistente aferrada a un sillón, migas rancias colonizando los rincones. Hasta el papel higiénico tiene algo de hoja caduca y triste. A veces creo que uno de los peores inconvenientes de llegar a la senilidad es el acopio de manías insalubres que se produce. He de guardar un remanente monetario para dedicárselo, llegado el momento, a un asesor que me susurre en el oído, tal y como hacían los césares triunfantes, no sólo el recuerdo de que soy mortal, sino la obligación de conservar cierta decencia, cierto mínimo decoro a pesar de los años caídos.
miércoles, 3 de marzo de 2010
TRAMPANTOJOS

sábado, 27 de febrero de 2010
CRÍTICAS LITERARIAS - PATRICK ERICSON

Una gran tela de araña
Se habla en el prólogo de esta novela de la teoría del iceberg, que consiste en mostrarle al lector una cuarta parte de la información que maneja el escritor, y Patrick Ericson borda la interpretación de dicha teoría, porque las páginas de esta vertiginosa obra no paran de depararnos sorpresas. Claro que para sorprender así hay que saber manejar muy bien los datos y las ocurrencias argumentales, hay que ser un escritor total, a quien le apasionen las buenas historias, a quien le guste fabular y que debe estar dotado de una imaginación casi tan desbordante como fiel ha de ser su respeto por el lenguaje.
Todas estas virtudes reúne Patrick Ericson y se las regala al lector en una trama muy maquiavélica: un tétrico juego de rol puede conducir a la civilización al Apocalipsis tan anunciado en los textos de San Juan. Si esta frase la firmara algún Brown de turno en la contraportada de un ejemplar americano, todo el mundo estaría con la boca abierta, pero la firma un hombre de aquí. Y su osadía como autor va más allá implicando a las altas esferas de El Vaticano, reconociendo las miserias de la extinta Unión Soviética, dando paso a antiguas hermandades y mostrando algunos rasgos del gobierno español. Todo ello teniendo como centro resolutivo de los enigmas a un equipo estadounidense capaz de desentrañar cualquier cerebro, un equipo capitaneado por Sirius Dyer y que está lleno de peculiaridades dignas de leerse.
La novela es una gran tela de araña en la que caemos atrapados ya desde el inicio, pues no hay un instante de respiro, y eso que cada hilo de la tela tiene que engarzarse de forma cuidadosa con los demás. Y para los que crean que un exceso de imaginación puede restar credibilidad a la historia, nada mejor que llegar hasta la última página, allá donde se cuecen las sorpresas más impactantes.
‘El ocaso de las siete colinas’. Patrick Ericson.
Editorial: Vía Magna. Barcelona, 2009. 495 páginas.
(LA VERDAD, "ABABOL", 27/02/10)
martes, 23 de febrero de 2010
LA LINTERNA MÁGICA - LA ESCOPETA NACIONAL

LA ESCOPETA NACIONAL
LA ESCOPETA
ADVERTENCIA: ABSTÉNGANSE DE LEER ESTAS PALABRAS LOS FANÁTICOS DEL NACIONALISMO EXACERBADO. DEDICADO A LOS CATALANES Y VASCOS SENSATOS, QUE, HABERLOS, HAYLOS, Y MUCHOS.
Si el comerciante catalán que encarnaba el gran Saza en la película de Berlanga se hubiera dedicado a la política, se habría enriquecido en menos de lo que canta un gallo, pero claro, sólo era un empresario de porteros electrónicos en pleno franquismo. Hoy las cosas han cambiado tanto que quienes no tenemos un baldón de autonomía histórica no podemos hacer nada más que ver pasar los euros ante nuestros tristes ojos.
Hoy, los “históricos periféricos”, en cambio, se dedican, con toda la hipocresía del mundo, a poner a caer de un burro a todo lo que huela a español, tal y como ocurrió, una vez más, en el último evento deportivo,

Pero, eso sí, de renunciar a los beneficios económicos que les pueda reportar este estado ultra-represor, fascista y explotador llamado España, de eso ni hablamos, se quedan con las taquillas de los partidos, los derechos televisivos, con las subvenciones y con las financiaciones autonómicas, siempre y cuando no se las envolvamos en rojo y gualda o en un impreso con membrete de ancestrales escudos, y que no se nos ocurra enviarles ese impreso en castellano, vade retro.
A estos históricos, quienes, por cierto, tendrían que fusionarse y pasar a propugnar un nuevo estado, qué sé yo, Cataluskadi, o Euskataluña, que nadie se sienta discriminado, habría que recordarles que las identidades nacionales más particulares no están reñidas con el amparo de un país, que existen otras quince autonomías que nunca los despreciarían, y en las que nadie se rasga las vestiduras por ser español, y que, por último, con qué carita se habrían quedado si cualquiera de los españoles no fanáticos se hubiera puesto a abuchear “Els Segadors” o a partirse de risa en pleno “Alderdi Eguna”.
A ver si dejamos a un lado la hipocresía, corren tiempos de globalización y dárselas de ombliguismo parece más bien retrógrado, así que lo más sensato sería dejar de practicar esa ley del embudo. O si no, si de verdad hay quienes anhelan esa independencia a toda costa, que se gestionen solos, que con este pedazo de crisis, los millones que liberen nos vendrían muy bien a los rancios españolotes, y que se vayan a jugar sus ligas y copas particulares. Que yo sepa, quince comunidades autónomas son capaces de sobrevivir en España sin esa doble moral.
miércoles, 17 de febrero de 2010
TRAMPANTOJOS

domingo, 14 de febrero de 2010
CRÍTICAS LITERARIAS - LUIS LANDERO
El don de fabular
La capacidad de fabular es un regalo del destino, un don celestial, llámese como se quiera, pero se tiene o no se tiene, es decir, que las musas son generosas o no lo son; ahora, cuando se tiene, se convierte en una joya digna de ser utilizada en todo momento. Luis Landero tiene ese don, lo cual es sabido ya desde hace muchos años, pero en esta ocasión ha decidido ser todavía más generoso y entregarle el don al protagonista de esta novela, para que sea él mismo quien narre una serie de extrañas y a veces estrambóticas peripecias.
Peripecias que, curiosamente, él casi no ha protagonizado, porque ha sido más un hombre contemplativo que un hombre de acción, y aparte de cometer algunos exabruptos verbales con algún desconocido callejero, o de haber seducido a una vecina con ansias de coqueta y vientos de mujer infeliz, este hombre inmaduro lo que ha hecho casi siempre ha sido mirar, pero mirar con la atención microscópica de un taxidermista, mirar y guardarlo todo para ir sacándolo, años después, tendido en la cama de un hospital, en esos momentos oscuros en que la sombra de la muerte viene con el libro de cuentas bajo el brazo para ver cómo resulta el balance, y lo saca para entregárselo a una mujer que le escucha.

Por esos ojos, al tiempo que por estas páginas, han pasado seres disconformes con el destino que les había tocado vivir, nómadas que soñaban con tener una familia estable, sedentarios que querían ser aventureros o descubridores, fontaneros cachazudos que rechazan chapuzas para seguir en su tertulia, tipos que apenas se movían, vecinos que vampirizan a los recién llegados bajo el pretexto de un exceso de atenciones, o mujeres que se solazan pomadeándose la una a la otra… Y todos reunidos en un bar, el Maracaná, en el madrileño barrio de Chamberí, una atalaya desde la que observar pasar la vida y decidir, llegado el caso, si uno se sube a su carro, o tal vez lo deja pasar pañuelo en mano.
Puede ser que algún purista crea que no hay argumento en esta novela, que es sólo la concatenación de posibles argumentos frustrados, pero se equivocaría, o tal vez no conozca bien la esencia creativa del autor extremeño, y lo que es aún mucho peor, olvidaría antecedentes de relatos o historias encadenadas que tuvieron su origen en nuestro pasado literario más glorioso. Lo dicho, ojalá que la legendaria pasión de contar siga viva durante muchísimos años en las expertas manos de Luis Landero.
‘Retrato de un hombre inmaduro’. Luis Landero.
Editorial: Tusquets. Barcelona, 2009. 234 páginas.
(DIARIO LA VERDAD, "ABABOL", 13/02/10)
sábado, 6 de febrero de 2010
TRAMPANTOJOS
En el ambulatorio, un cuarto de hora esperando sólo para pedir una cita. Del cubículo que hay tras el mostrador brota un tipo con bata blanca y nariz de púgil, le grita a una mujer árabe, le grita a un sudamericano. Llega mi turno y no me grita, hubiera querido preguntarle por qué a mí no, o por qué a ellos sí, pero al final no lo he hecho. Vivimos entre la complacencia del laissez passer, huyendo de las complicaciones, callando por vergüenza, mirando al suelo. Tendría que haberle exigido que me gritase también, pero en sus ojos no había ningún rastro de la sutileza necesaria para entender ese gesto. Salgo a la calle con mi cita concertada con la amargura.

lunes, 1 de febrero de 2010
CRÍTICAS LITERARIAS - JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL

El chamán
Armar un artefacto de precisión no es nada sencillo, hay que tener una paciencia infinita y unos dedos expertísimos y hábiles para que la maquinaria encaje y no se descuajaringue al primer embate. Juan Jacinto Muñoz Rengel puede presumir de tener unas manos sabias para la orfebrería del cuento, y no sólo por los premios que eso le ha acarreado, sino por la calidad que muestra en cada una de las once miniaturas que presenta en este volumen. En ellas hay mecánica, por supuesto, la que sólo proporciona la buena técnica, pero también hay kilos y kilos de alquimia, la magia siempre necesaria para convertir en oro lo que en otras manos habría sido sólo un pedrusco argumental.
El Toledo musulmán con un investigador muy particular, la creación del reloj de Praga, la herencia maldita de Nostradamus, un par de historias teñidas del misterio gallego de las meigas, una brigada de Diógenes en la que está muy presente el Bradbury de los bomberos quemadores de libros. Estos son algunos de los argumentos que un lector atento puede paladear en este libro, pequeños homenajes a otras literaturas, tamizados por la voluntad del autor, quien llega a fabricar un ambiente a veces gótico, aunque salpicado con un peculiar sentido del humor, negro casi siempre, y un hálito enigmático necesario para la tensión literaria.
Todo ello sin olvidar los gólems y los misterios de la creación, así como otro tema vital en una narrativa que bien podría asemejarse a la de Borges o Cortázar,: el doble. Juan Jacinto Muñoz Rengel lleva dentro las claves de la transmutación literaria, y eso le convierte en un chamán del relato, sólo así puede explicarse el último texto del libro y la suavidad con la que se entremezclan en sus páginas la ciencia y la escritura, los dos alientos que desde siempre han dado vida al ser humano.
‘De mecánica y alquimia’. Juan Jacinto Muñoz Rengel.
Editorial: Salto de Página. Madrid, 2009. 154 páginas.
jueves, 28 de enero de 2010
TRAMPANTOJOS
Entro en un bar para sumergir la pluma en un café y seguir escribiendo. Cuando no hay gente, y no hay gritos, es la televisión la que adoctrina desde lo alto a todos los oídos ciegos. Desde la pantalla brotan portadas de alguna mujer desnuda, los programas vomitan mentiras y supuestas noticias sobre las vidas de quienes llegan a la fama por no hacer nada. Se ofrece un número de teléfono para que el espectador llame si alguien de su familia le ha engañado, o si cree que la nueva mujer de su padre, treinta años más joven, se ha casado con él para estafarle y desheredar a los hijos, hay testimonios de gente anónima que exporta sus heces por las tuberías catódicas, y que luego finge en directo un pudor que nunca ha conocido. Hace tiempo que dejé de preguntarme por qué se emiten ciertas cosas, al menos he aprendido a esquivar la basura y desterrar las náuseas, pero no dejo de sentir lástima por los que miran hacia arriba, hacia el carísimo y podrido plasma, y degluten sin rechistar su vespertina dosis amnésica.

viernes, 22 de enero de 2010
TRAMPANTOJOS

Sentada en su cochecito, una pequeña es paseada por su abuela. Va embutida en numerosas prendas que la protegen del frío. Sobre su regazo, dos barras de pan en una bolsa de plástico. Con sus dedos diminutos aferra una de ellas mientras mordisquea feliz el corrusco tostado. La imagen me conmueve y me insufla optimismo, luego llegará la vida con su abrumadora carga de normas y protocolos, y no habrá ya panes que chupar.
miércoles, 20 de enero de 2010
LA LINTERNA MÁGICA - PLÁCIDO
PLÁCIDO

No hablaré aquí del pánico, de la muerte, de los heridos, de la miseria y de tantas imágenes como nos van llegando, pero sí de conciencias. Porque ahora parece que quien no levante la voz para pedir solidaridad no es nadie, ni sale en las fotos ni en los noticiarios, ni nada. Y la hipocresía alcanza entonces cotas insólitas. No me refiero al español de a pie, que seguro se ha vaciado ya la cartera antes de que ningún famosillo se lo haya recordado (hay cifras humildes que seguro valen más, por el esfuerzo, que las que puedan facilitar otras economías mejor dotadas), ni tampoco a los voluntarios que han ido allí, sobre todo los bomberos, que se merecen no ya nuestro respeto, sino monumentos por doquier. Mi inquina tiene más que ver con las toneladas de hipocresía que vemos disfrazadas de buenísimas intenciones sólo para la galería.
Una cosa es ser solidario, una cosa, además, muy seria, y otra muy diferente dárselas de solidario. Los futbolistas de media Europa guardaron minutos de silencio pero ninguno ha donado, que se sepa, su sueldo de un día, o los clubes la taquilla del último partido. En Hollywood se ha fabricado un nuevo lacito para tocarnos la conciencia, pero tampoco se han rascado los fondillos del esmoquin las superestrellas del cine, y mucho menos los productores. Nuestra ministra de Cultura se va a pulir más de millón y medio de euros para frenar la piratería internáutica, pero no va a descargar esos euros en la isla.
A estas alturas, gran parte de la sociedad española está cansada de que nos tomen por tontos, harta de tanto fariseo, y no necesita caritas monas que pidan nuestra ayuda, lo que sí se precisa es que esas caritas multimillonarias den más de un paso adelante. No recuerdo quién acuñó la frase de que es mejor enseñar a pescar a un pobre que darle un pescado, pero por aquí, quienes más tienen no dan ni para una triste lata de sardinas, eso sí, pedir se les da de maravilla, y creerse magníficos samaritanos, también.
sábado, 16 de enero de 2010
CRÍTICAS LITERARIAS - ÁNDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ

Las cuerdas de la vida
Rubén Castro, republicano exiliado en París arrestado por
Con suma delicadeza, los capítulos alternan las perspectivas, y esa tercera voz narrativa modifica sus diversos tonos a pesar de la crudeza de lo narrado. Eso hay que agradecérselo también a la documentación, al empeño del autor por conocer lo mejor posible la época y los lugares por los que transitan sus personajes. Lo sencillo habría sido construir una novela casi histórica muy plana, con toneladas de horror en los campos de concentración e injusticias bélicas. Lo meritorio, entonces, consiste en combinar el horror de la muerte con los horrores que puede fabricarse el ser humano.
Rubén Castro sufre en Mauthausen, pero llega un momento en que las penurias físicas no son lo peor, y las penurias del alma se adueñan de una narración extraordinaria en la que se sufre por no poder amar a un país, a un trabajo, y se sufre por no dar la talla, se sufre como Bishop por engañar a los agentes, como Anna por casi olvidar a Rubén, como Franz por claudicar ante sus compatriotas. Menos mal que por encima de ese sufrimiento, la vida la resucitan las cuerdas del violín.
‘El violinista de Mauthausen’. Andrés Pérez Domínguez.
Editorial: Algaida. Sevilla, 2009. 479 páginas.
(ABABOL - DIARIO "LA VERDAD". 16/1/10)
MICRORRELATO

Para Andrés Pérez Domínguez
Marcus Müller atacó los últimos compases del adagio de Bach con todo el corazón, mientras el público desfilaba ante él con las manos agarrotadas y la mirada perdida en el violín, sintiendo cómo el calor se iba apoderando de sus almas. Marcus cerró los ojos para finalizar y no dejarse envanecer por los aplausos que ya imaginaba en sus oídos. Cuando los abrió, estaba solo. Antes de guardar el violín en su funda, tuvo que sacar de ella el uniforme de rayas, se cambió, se ajustó la estrella amarilla en el pecho y arrastrando los pies se dirigió por primera y última vez hacia las duchas.
jueves, 14 de enero de 2010
LA LINTERNA MÁGICA - MEJOR... IMPOSIBLE
MEJOR... IMPOSIBLE
El último caso sangrante de injusticia lo ha sufrido el perrito del actor Fernando Tejero, que se ha intoxicado por comer nieve en el reciente temporal madrileño, y todo por culpa de los insensatos operarios que echaron sal mezclada con sosa cáustica en las calles, con el torticero empeño de salvar de la fractura a más de una cadera anciana. Así estaba el pobre cómico (digo yo que será cómico, porque no veo que sea capaz de hacer creíble alguna interpretación dramática) y menos mal que hizo pública su desazón en la pantalla televisiva.
Pero no debemos preocuparnos, mis contactos en Moncloa me han filtrado la exclusiva de que Zapatero se ha puesto manos a la obra, nuestro UE’s president (perdón, olvidaba que anda algo flojillo de inglés) ha echado mano de recursos para salvar a los númenes patrios, y se ha dejado de crisis, de desempleo y de mandatos continentales, para centrarse en salvaguardar la reserva cultural de nuestra España.
Algunos frutos ya ha habido, ahí están el año del Barça, el anillo de Pau Gasol o la llegada de Alonso a Ferrari, y lo de liberar al bueno de Farruquito parece que va por buen camino, pero mis gargantas profundas se ganan bien el sueldo y me han anticipado ya cuáles serán las próximas líneas de actuación para que nuestros intelectuales puedan estar tranquilos. Así que aquí van: desvío de fondos para hacer frente al coste de la intervención estética de Belén Esteban, tirón de orejas y destierro a los periodistas que duden de la profesionalidad de Guti, convenio con Italia para que su colega CR9 luzca por fin calzoncillos de Armani (millones de votos femeninos y del lobby gay caerán en el saco), prohibición tácita, bajo severísima pena de cárcel, de descargarse de Internet canciones de Rosario Flores, sí, la chiquita que ha versionado temas de hace casi cincuenta años, en un afán sin precedentes por defender la originalidad artística.
Habrá más acciones, creo que incluso le pagará un logopeda a Jorge Javier Vázquez, y todo será poco para que los lumbreras del país o sus mascotas rezumen satisfacción. Schopenhauer quería más a su perro según iba conociendo al ser humano, menos mal que nunca se cruzó con el tal Tejero éste.


lunes, 11 de enero de 2010
TRAMPANTOJOS

Hay un momento en el que la amiga que acompaña a la novia a escoger su vestido pierde la noción de dónde se encuentra y se deja llevar, mirando hacia el exterior a través del escaparate, junto a un maniquí blanquísimo, para ver si algún candidato que pase por delante es capaz de volver la cabeza y aceptar su oferta.
lunes, 4 de enero de 2010
TRAMPANTOJOS

Las tiendas orientales desprenden un aroma ácido, desabrido e intenso, un reclamo que puede percibirse desde la calle, un anzuelo de atención hacia el mundo occidental, para que traspase el umbral y llene sus pasillos atiborrados de objetos inútiles. Los mismos que entran y asaltan sus estanterías con la excusa de la economía son los que no hace tanto señalaban a los recién llegados como si vinieran a quitarles el pan y la sal. Ahora, en cambio, atestan las tiendas, se regodean toqueteando unos productos de origen y calidad inciertos, productos que vienen glaseados con un misterioso polvillo, una especie de cocaína de lo clandestino y la imitación, un polvillo que aún tarda unos cuantos lavados en escaparse de sus dedos.
domingo, 27 de diciembre de 2009
LA LINTERNA MÁGICA - EL EXORCISTA
Algo huele a podrido en

Ya sólo falta que algún dietista iluminado elimine la pasta de los menús o que atenten también contra el “calcio”, el tercer pilar italiano, y el final de nuestra civilización estará cada vez más cercano. Lo más curioso es que los responsables de la seguridad, en ambos casos, han quedado en entredicho, por mucho que el portavoz papal, Federico Lombardi, se excusara argumentando que no se puede blindar al pontífice. Hombre, blindarlo no creo, pero aprender de los errores sí, sobre todo cuando justo un año antes, la exaltada Sussana ya lo había intentado en las mismas circunstancias. Si es que no se puede pretender que esa guardia suiza, con esas pintas de modelos de Ágata Ruiz de
Igual la pobre Sussana estaba descontenta porque el insigne Ratzinger 16 (si tenemos un CR9, a ver por qué no podemos tener un JR16) decidió, por su cuenta y riesgo, que este año

Como sigan así, van a necesitar a más de un padre Karras, y eso que la niña de la película tenía casi más parecido con Il Cavaliere Silvio que con la pobre Sussana, que dicen tiene ya unos cuantos desequilibrios mentales a cuestas. Deberían aprender nuestros vecinos italianos, y no será porque no tengan una amplia tradición en atentados o tiranicidios, que les pregunten si no a los descendientes de los césares o de los Borgia, más vale que cambien de expertos protectores, que parece que les hubieran dado clases de seguridad los escoltas de Kennedy o del propio Michael Jackson.

TRAMPANTOJOS
En una de las miles de rotondas que han florecido a las afueras de la ciudad, un galgo amaga con cruzar la carretera por un paso de cebra. Un galgo negro con la pechera blanca, o blanco con el lomo negro, lustroso, si es que la fibra enjuta de los galgos puede tener lustre. Me obliga a dar un frenazo pero retrocede con la misma elegancia con la que iniciara el cruce. Sus ojos opacos me miran cuando paso, tal vez debería haber detenido el coche y cederle el paso, aunque sólo fuera porque se movía con más delicadeza que muchos humanos, aunque sólo fuera para que no termine mezclando sus colores en una paleta de sangre y alquitrán.

sábado, 26 de diciembre de 2009
TRAMPANTOJOS

En todas las comidas o cenas de empresa que abundan en estos días, al igual que un sátiro potencial y algún súcubo que quiera hacer de las suyas, se alza la figura del incontinente verbal. Casi siempre a los postres, cuando ya ha dejado de contenerse con sus compañeros de mesa en aras de mantener cierto decoro comensal, comienza a pulular por el salón picoteando en asientos vacíos, a la busca de un oído incauto, da igual si atento o no, en el que volcar toda su inútil verborrea.
Y entonces no sirve de nada moverse, porque seguirá a su presa hasta la barra o incluso hasta el mismísimo baño, pero tampoco sirve de nada quedarse quieto, porque se abalanzará sobre el antebrazo, si ha logrado sentarse, o sobre el hombro si tiene que actuar de pie. Es irrelevante contestarle o no, asentir o no, buscar ayuda en otra persona o no, porque todos le reconocen y huyen despavoridos. No sé por qué extraña conjunción casi siempre estos especímenes me eligen como víctima para babosearme la oreja, acaso porque muestro una sutileza que ellos desconocen. Lo que me duele es pensar qué habré hecho o dicho para que crean que lo que me cuentan me interesa lo más mínimo.
jueves, 24 de diciembre de 2009
TRAMPANTOJOS

Paseo al perro en la luna nueva de Roche, hay una epidemia de aullidos lastimeros que brota de las casas más antiguas. Antaño los perros le aullaban a la muerte, hoy sólo a su cautiverio, miro al mío al otro extremo de la correa y no sé quién cautiva a quién, quién lleva a quién, qué dios ciego y caprichoso nos domina a los dos.
martes, 22 de diciembre de 2009
TRAMPANTOJOS

De repente, uno y otro se hablan, a gritos, escupiendo participios mutilados y soeces, vomitando urracas que pasan sobre mi cabeza defecando los improperios del decoro. Miro a un lado, al otro, blandiendo mi libro abierto para que de él nazca un escudo protector, pero siguen gritando hasta que se cansan. Infame desperdicio de aire, palabras y aliento.
A la barra llega una mujer que no es una mujer, sino una arpía con cartilla del paro, en el pelo el remolino del sueño borracho de la siesta, en la cara chafarrinones de maquillaje prestado que hiere los ojos y hasta el olfato, en la voz la vulgaridad del aguardiente o el hachís, en el alma más años de los que merecería haber cumplido. Golpea a su viejo amante, también borracho, le recrimina que la llame y luego cuelgue, le castra con cada movimiento. Gritan los dos, nadie sabe hablar sin vocerío. Junto a ellos, un treintañero de trazas mongoloides cuelga su sonrisa babeante de sus hombros pero se escabulle para no ser también emasculado.
domingo, 13 de diciembre de 2009
CRÍTICAS LITERARIAS - JOSÉ SARAMAGO

El primer perdedor
Caín, el primero de los perdedores, el primero de los antihéroes, despierta rápidamente las simpatías del narrador, lejos de la tibieza de sus progenitores y de la ñoñería del hermano perfecto. De esa simpatía se alimentará toda la novela, y Saramago la comparte con el lector al tiempo que le muestra a un Creador caprichoso y cruel, constantemente cuestionado por el propio Caín, en unos debates en los que el fratricida siempre sale triunfante, porque utiliza una dialéctica y una lógica siempre aplastantes.
Quienes busquen rigor histórico, textual o sacro, en estas páginas, deben buscarse otros títulos, Saramago sitúa a su Caín en diferentes momentos de
Y siempre acumula, con cada episodio de esta especie de “road movie” a lo divino, numerosas razones para cuestionar a un Dios al que no respeta ni siquiera cuando le mete de polizón en el arca de Noé. Da gloria leer a un Saramago provecto cuya mano literaria sigue rezumando casi el elixir de la eterna juventud.
Alfaguara. 189 páginas.
