Vistas de página en total

domingo, 23 de mayo de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - DONNA LEON


Un nuevo Maigret

Hace algún tiempo que la novela negra europea anda buscándole un heredero al comisario Maigret, todo cachaza, familia y tranquilidad, y en los últimos años quien acumula más méritos es el italiano Guido Brunetti, por edad, por ser familiar, por su visión social y por el lugar en el que vive y trabaja, porque aunque Venecia no sea una capital trepidante de la vieja Europa, tiene su particular idiosincrasia criminal. La candidatura le debe mucho también a su autora, Donna Leon, que la ha ido reforzando frente a otros solitarios del género, ya formen parte o no de las fuerzas del orden, y además ha sabido plantarles cara, sin estridencias, a las olas detectivescas que han llegado del frío.

Esta última entrega es quizá una de las más calmadas, los delitos se ven venir desde el inicio pero aún tardan algunos capítulos en cometerse, para dejar un margen a un Brunetti maduro, que disfruta de su amistad con Vianello, y que cada vez traga peor las hipocresías del superior de turno. Fuera de lo estrictamente profesional, Donna Leon presenta a un tipo calmado, experto y capaz de hallar el equilibrio familiar, tras unos cuantos años de ciertos bandazos, aceptando los caracteres de su mujer e hijos, de sus más estrechos colaboradores e incluso de la familia política.

El cóctel, obviamente, se completa con las irregularidades sociales de turno, los sobornos en los tribunales, las consabidas puñaladas a los perpetuos turistas de Venecia, los chanchullos inmobiliarios, las mentiras de los funcionarios, las influencias, los prejuicios sexuales. Los males endémicos de estos tiempos, aunque en este caso se lanza a la yugular de los adivinos que juegan con la credulidad y la necesidad de fe de las gentes, y con su indefensión ante las supuestas curaciones milagrosas. No obstante, no siempre pueden resolverse todos los delitos, pero eso no deja un poso amargo si como policía uno se esfuerza siempre al máximo.

‘Cuestión de fe’. Donna Leon.

Seix Barral. Barcelona, 2010. 315 páginas.

ABABOL, "LA VERDAD" (22/5/10)


miércoles, 19 de mayo de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - TODOS A LA CÁRCEL


TODOS A LA CÁRCEL

Berlanga ha sido todo un visionario, y si en esta España no fuéramos como somos deberíamos haberle colocado hace tiempo en La Moncloa o muy cerquita, porque siempre ha sabido anticiparse a las lacras patrias metiendo el dedo bien dentro de sus llagas. Ahí, en sus películas, están todos los meapilas que mueven y menean este patio de Monipodio que es nuestro país.


Si pensara bien lo que acabo de escribir, debería borrarlo o pedir disculpas, porque será un cinco por ciento, más o menos, de la extensión de este artículo, y ahora tendré que adecuar mis esfuerzos a mis nuevos emolumentos. Y es que, en efecto, tengo que pedir perdón, aunque me cueste, porque soy funcionario; perdón por ser un funcionario trabajador que procura destrozar cada día el mítico tópico (vagos y jetas hay en todos los oficios, creo yo); perdón también por haber aprobado unas duras oposiciones con el único esfuerzo de mis neuronas y de las pestañas que me dejé al no dormir; perdón por haber cometido el dislate de aprobarlas después de licenciarme en una universidad; y perdón por tener un suelo asegurado, aunque congelado desde hace unos cuantos años sin haber protestado por ello.


Me siento fatal por todo esto, pero mi contrición no ha hecho más que comenzar, debo pedir perdón por no haber especulado, cuando venían bien dadas, con mi salario y con mi trabajo, como hicieron otros muchos; perdón por no haber dado ningún pelotazo ni haber llenado de billetes alguna bolsa de basura; perdón por trabajar para los demás, para el estado de este santo país, en mi caso tratando de educar y enseñar a los hijos de muchos españoles, algunos de los cuales más de una vez me han restregado en las aulas que sus padres, cuando venían bien dadas, ganaban diez veces más que yo.

La culpa me corroe, me disculpo por no ser consejero de nada, subsecretario, secretario, vicepresidente, secretario general, alcalde, concejal, diputado, y mea, meísima culpa, me disculpo por no ser asesor, ese cargo fantasma de la vida pública que se lleva cuarenta o cincuenta mil euros al año y que nadie sabe nunca qué hace ni quién le ha contratado. Por todo ello me golpeo el pecho un sinnúmero de veces.


Y me lo golpeo también por quejarme, por estar enrabietado ante esta bajada de sueldo que seguramente es consecuencia de otras bajadas de pantalones, y entono lamentos profundos por ser un mal español que no quiere sacrificarse para que su país salga adelante mientras los funcionarios políticos, ahora que vienen mal dadas, siguen cobrando unos dinerales mareantes, cuyas cifras hay que encontrar de milagro porque son un secreto sumarísimo muy bien guardado.


Perdón por desear que desaparezca tanto cargo inútil; perdón por no querer que un diputado siga cobrando su salario parlamentario hasta año y medio después de haber cesado en el escaño (si es que alguna vez sus nalgas lo profanaron); perdón por no tener prebendas de por vida; perdón por no chupar de una teta que cada vez está más reseca. Perdón, repito ya postrándome en el frío suelo, por ser un español que no entiende que las únicas votaciones unánimes que hacen los políticos son aquellas en las que se revisan SUS sueldos, siempre al alza vengan bien dadas o no.


Perdón por levantar la voz y no querer que el resto del país vea a los funcionarios como enemigos públicos, y eso que los otros enemigos son los pensionistas, a los que creo que también les van a dar lo suyo. Perdón por no converger con una Europa a la que no entiendo, y con unos gobiernos, el de ahora y los de antes, y los de mucho antes, a los que tampoco entiendo aunque me hayan hablado en mi idioma.


Por todo ello, pido perdón al país entero. Y si me quedaba el consuelo de endulzarme la jornada con un refresco en la cafetería de mi instituto, ahora tampoco podré hacerlo, porque otro decretazo me lo prohíbe, y eso ya sí que no, podré sufrir en silencio la bajada del cinco por ciento (ahora es cuando en verdad he entendido la famosa rima del numero cinco, ahora), pero no sin mis chuches, mis bollos, mi café cafeinado. Con la que está cayendo, los gerifaltes locales, que se hinchan a comidas oficiales, no tienen nada mejor que hacer que decirnos, a nosotros y a los críos, qué dulces podemos o no podemos tomar. Yo quiero una cárcel como la de Berlanga, porque como esto siga así, me pienso muy seriamente lo de la cadena perpetua.







lunes, 10 de mayo de 2010

TRAMPANTOJOS



Picoteo una comida de aliño en una coqueta cafetería. Una pareja entra y se acomoda en la barra con toda la delicadeza del mundo, no sé cuál de los dos es el enfermo, ambos llevan gorros de lana calados casi hasta las cejas, pero bajo el de ella parece notarse la orfandad del cabello. Comparten dos copas de vino y hablan con toda naturalidad, disfrutan de su momento, de las tapas, del vino, del sábado. Se miran y se rozan las manos con la familiaridad de los años, si toman una tercera copa de vino, o yo una nueva cerveza, el cáncer se irá difuminando. Puede que los verdaderos gestos de amor radiquen en actitudes como éstas, sin luces, sin sueños, sin exagerados flechazos o estridentes fuegos de artificio.

lunes, 26 de abril de 2010

TRAMPANTOJOS


Sentado en el sillón. Tarde de domingo que descarga la primavera. El perro reclama su narcisista ración de caricias y me abstraigo rascándole la cabeza. Vuelvo la vista atrás y entre lo mucho que alguna vez imaginé nunca estuvo la posibilidad de tener animal alguno. Pero la vida siempre viene sin libro de instrucciones. A veces, mientras Amalia está con nuestro hijo en otra habitación, jugando o enseñándole matemáticas, los miro desde la distancia y me sorprendo de tener una familia, como si en vez de formar parte de ella estuviera espiando la vida de otro hombre por una ventana. Me gusta verlos sin que se den cuenta, pero en cuanto asoma el temor de que fuesen la familia de otro me entrego al impulso de acudir a abrazarlos.




martes, 20 de abril de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - 2012


2012

Hala, ya está, ya ha empezado, y sin que se hayan resquebrajado las montañas ni rebelado los océanos, el Apocalipsis se avecina y la culpa la tenemos nosotros, bueno, más concretamente nuestras ansias rijosas, como bien ha señalado el ayatolá iraní Kazem Sedighi, iluminándonos al decir que las causas de los terremotos están en las relaciones sexuales ilícitas, y en el poco decoro que mostramos a la hora de vestirnos. Es decir, que a más tangas, más grados en la escala Richter.


Así se explica el último seísmo de China, motivado por todos los internautas que se han saltado la censura a la torera para entrar en ciertas redes sociales, prohibidísimas por los caudillos de la revolución maoísta, nada menos que para acceder a la página de Sora Aoi, una célebre actriz porno japonesa que lleva el orgasmo ya escrito en el mismo apellido. Ya ven como poquito a poco vamos haciendo sonar las siete trompetas y abriendo los siete sellos…, bueno, esta chiquita con rostro inocente se ha encargado de abrir ya unos cuantos.


Y la epidemia se está extendiendo como la pólvora, en todos los continentes, debe de ser que todo el mundo se estará acordando de aquello de que “…el mundo se va a acabar” y lo que antecedía a la famosa frase. Porque en Estados Unidos han pasado de experimentar con los celos para comprobar que pueden afectar a la percepción visual femenina (y si no que se lo pregunten a Hillary Clinton) a suscribirse a una revista porno para ciegos lanzada en Gran Bretaña, y que mejora los primitivos intentos que realizó Playboy en los años ochenta, incorporando ahora relieves de desnudos y otras poses más, digamos, explícitas.



Nos vamos al garete, menos mal que siempre nos quedará el fútbol, y el bueno de Messi, que él solito vela por al decencia y hasta es capaz de romper matrimonios, como le ha ocurrido al sudafricano Bigboy Cheverevere (juro por los cuatro jinetes apocalípticos que el nombrecito del tipo es real), que montó una bronca monumental al llegar a casa y comprobar que su mujer y sus hijos no le dejaban ver cómo el argentino le marcaba cuatro goles al Arsenal inglés.


Para que luego venga Al Gore y nos intente vender la moto del cambio climático como causa de la destrucción del orbe, ni caso, es el sexo el que está dinamitando el mundo, lo que no tengo claro es si bajo el islandés glaciar Eyjafjalla estaban rodando una película equis o es que se celebró una convención mundial de recién casados, pero esa nube cenicienta ya sabemos todos de dónde ha salido.



domingo, 18 de abril de 2010

TRAMPANTOJOS


Las monedas de uno y dos céntimos son abortos de la numismática, repudiadas por todos y condenadas al abandono en las cajas registradoras y al extravío en los bolsillos o en las grietas de las aceras.





jueves, 8 de abril de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - ATERRIZA COMO PUEDAS


ATERRIZA COMO PUEDAS

Eligieron un mal día para dejar de fumar. Bueno, y para dejar de beber, y para dejar de tomar tranquilizantes y de esnifar pegamento. Hablo de las dos ínclitas criaturas que intentaron embarcar el cadáver del nonagenario Willi Jarant en un vuelo comercial de Easy Jet (eso es interpretar bien un nombre comercial y lo demás son cuentos) que las llevara de Liverpool a Berlín. Ni Jim Abrahams ni los hermanos Zucker podrían haber escrito un guión mejor que el protagonizado por esta estrambótica familia.


Y no les faltó ingenio, no, para que luego digan que la gente no tiene iniciativas para superar la crisis, a ver si aprenden los de estoloarreglamosentretodos.org. Después de la neumonía que sufrió el abuelito Willi (hay que tener cuajo para llamar Willi a un tipo de 91 años), ellas esperaron a que mejorara para sacarlo del hospital, menos mal que había mejorado..., y ni cortas ni perezosas lo metieron en un taxi camino del aeropuerto, muy tiesecito, con sus gafas de sol y una palidez de no te menees. Incluso reservaron ayuda adicional para minusválidos en el aeropuerto. Y allí que se plantaron, llevadas por un taxista un tanto “moscatel” y acogidas por un funcionario, un tal Andrew Millea, un poco cortito, porque aunque la cabeza del finado se le cayó encima cuando le sacó del taxi, él ayudó a colocar al anciano en una silla de ruedas y lo llevó al mostrador correspondiente.




Estaba muy frío, declaró luego, coño, claro, y pálido, y tieso, y si el episodio llega a ocurrir en un aeropuerto español, con los retrasos, hubiera terminado atufando la terminal correspondiente. Lo que no entiendo es cómo ninguna de las dos mujeres cayó en la cuenta de ponerle un cigarrito en la boca y un cubata en la otra mano, así lo habrían expulsado rápidamente de la Gran Bretaña, y no tendrían que esperar ahora a la autopsia, que le va a mandar a Berlín hecho rodajitas o dentro de una valija diplomática. No sé dónde vamos a ir a parar, se está perdiendo el respeto por las tradiciones más arraigadas, ¿qué ha sido de la caridad universal de abandonar ancianos en las gasolineras en pleno periodo vacacional?, vamos de cabeza al caos más absoluto.

Ellas juraban y perjuraban que no estaba muerto, que estaba de parranda, pero a los ingleses no es fácil dársela con queso, ni aunque uno quiera ahorrarse las 3000 libras que cuesta repatriar un cadáver. Al menos han tenido imaginación para ahorrarse gastos mayores, y no les ha faltado pudor para decir que tenían testigos que lo habían visto vivo, sí, creo que los veteranos de la Guerra del 14. De todas formas, hay que alabar el ingenio de las dos mujeres, igual si le hubieran embarcado con Iberia, el bueno de Willi habría llegado a Mallorca sin más incidencias. La familia de la duquesa de Alba ya se ha puesto en contacto con las alemanas, por si a Cayetana se le tuerce alguna excursioncita con su Alfonso.


viernes, 2 de abril de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - LORENZO SILVA



El instinto del sabueso


Cuando los personajes literarios cumplen años corren el riesgo de anquilosarse en un síndrome de peter pan narrativo, con lo que terminarían siendo arquetipos planos y vacíos. La mejor solución para evitarlo, y para demostrar que el personaje sigue vivo, es bañarle con la pátina del tiempo, la misma en la que nos sumergimos los lectores. Estos cinco años de ausencia del sargento Bevilacqua, ahora ascendido a brigada, nos han devuelto a un hombre un poco más viejo, más curtido, un poco más cínico y un mucho más desencantado, todos ellos rasgos que le humanizan más, suponiendo que alguna vez hubiera dejado de ser humano, y nos lo acercan hasta volverlo un amigo entrañable.


Lorenzo Silva le vuelve a entregar su voz porque sabe que nadie mejor que Vila para transmitirle al lector algunos males muy endémicos, no ya de España, sino del mundo occidental y globalizado: las mentiras, los sicarios del este, los chanchullos judiciales, y otro muy peligroso y más cercano, la utilización sectaria de las leyes sobre la violencia de género para triunfar en los divorcios. En el fondo de la novela late un homenaje a aquellos padres que sufren las calumnias de sus ex mujeres y que, sin embargo, siguen resistiendo por amor a sus hijos, como el finado Óscar Santacruz.


El panorama narrativo se vuelve duro y desolador, de ahí el cinismo de Vila, los miedos de Chamorro por si su jefe se rinde y las prevenciones de sus superiores, sabedores de la valía del investigador. Pero el instinto del sabueso es mucho más fuerte, y del pozo del desencanto judicial que ha puesto a un condenado en la calle con total impunidad sólo se sale navegando proa arriba, dispuesto a luchar contra la mentira no sólo para encontrar al asesino, sino para limpiar la imagen manchada del muerto.


Vila está menos solo que en otras entregas, tiene la amistad de Chamorro, también ascendida a sargento, la admiración de Arnau, un guardia joven nuevo en el equipo, y la camaradería que empieza a construir con su hijo adolescente. Lo demás, su equipaje de lecturas y recuerdos, le ayudará a vencer el insomnio, y tal vez le haya afilado un tanto la labia, volviéndole más rápido de lengua, aunque no tanto como para olvidarse de reconocer la verdad, o los tintes poéticos de su particular justicia, y tampoco para dejar de reconocer a la gente decente que se mueve en su mundo, como la juez de este caso, que le reconcilia, no con el estamento, pero sí con las personas.


‘La estrategia del agua’. Lorenzo Silva.

Editorial: Destino. Barcelona, 2010. 380 páginas.

(LA VERDAD/ABABOL, 02/04/10)


martes, 30 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS


Veo a un joven hablando solo por la calle y me sorprendo de que no lleve prendido en la oreja el auricular de un teléfono móvil. Dos manzanas después veo a un anciano que arrastra los pies por la acera y, al rebasarle, me sorprendo al ver que no divaga al viento, sino que le habla a un pequeño dispositivo que cuelga de su cuello. Tres manzanas después me siento en una terraza y, mientras aguardo mi café, me sacudo del hombro las nubes de prejuicios y convencionalismos absurdos.

sábado, 20 de marzo de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - HENNING MANKELL

Honras postreras

Podemos hablar de final de ciclo, de ocaso, de retirada, de adiós entre bambalinas, muchas fórmulas podríamos utilizar para ilustrar la despedida de Kurt Wallander del panorama de la novela negra internacional, pero Henning Mankell huye de todas ellas en este punto y aparte de su narrativa. De hecho, desde la mitad de la novela hacia delante deja que sea el propio inspector quien empiece a agitar pequeños pañuelos ante los ojos del lector, bien haciéndole recordar casos pasados, bien rememorando también a sus antecesores en la profesión.

La trama, pues, es casi lo de menos, incluso puede hablarse de que no es la mejor de cuantas ha resuelto Wallander, las raíces del espionaje en la guerra fría quedan un tanto poco perfiladas, y la evolución de algunos personajes extraviados hace recordar incluso al primer Larsson y a sus hombres que no amaban a las mujeres, algo impensable en la narrativa de Mankell hace un par de años. Pero no importa, porque esa trama sirve para que conozcamos a la pareja más estable de Linda Wallander, y de paso para que el sabueso se convierta en abuelo y disfrute, junto a la pequeña Klara, de los mejores momentos de la novela.

La trama, también es cierto, le exige al inspector un esfuerzo ímprobo que le cuesta realizar, porque la diabetes y otras sombras más oscuras se lo impiden, pero su dignidad y el orgullo le empujan a seguir y seguir hasta resolverla, como siempre, aunque lo que nos deje al final sea una especie de canto de cisne, o de urogallo como los que pintaba su anciano padre. Mankell, no obstante, rebosa elegancia en las páginas finales, apartándose de la escena para dejar el último plano enteramente a su criatura. Ese hombre inquieto, irascible pero sincero hasta la extenuación, se pierde entre las nieblas de la posteridad. Y puede hacerlo tranquilo porque se ha ganado el puesto a pulso.

‘El hombre inquieto’. Henning Mankell.

Editorial: Tusquets, 453 páginas. Barcelona, 2009.

(LA VERDAD, ABABOL 20/3/10)


martes, 16 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS


Existen unas cuantas frases dotadas de la infalibilidad de las costumbres lingüísticas. Expresiones tras las cuales, o junto a ellas, podemos colocar la barbaridad más mendaz sin que nadie altere un músculo de su gesto. Son, sin duda, las frases mamporreras, del tipo “según las encuestas”, “dicen los críticos”, “he visto en Internet”, “la ley dice”, “según las estadísticas”, “me han dicho”, “el otro día vi en la tele”…; lo que preceda, acompañe o siga a esas expresiones será indiferente, porque ya estará barnizado por la soberbia más recalcitrante con la que bañar la ignorancia de los demás, puesto que nunca se atreverán a rebatirlas.


miércoles, 10 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS



Las casas en las que se instala la vejez dejan asomar sus huellas de forma paulatina, un pañuelo olvidado sobre un lavabo, una pelusa resistente aferrada a un sillón, migas rancias colonizando los rincones. Hasta el papel higiénico tiene algo de hoja caduca y triste. A veces creo que uno de los peores inconvenientes de llegar a la senilidad es el acopio de manías insalubres que se produce. He de guardar un remanente monetario para dedicárselo, llegado el momento, a un asesor que me susurre en el oído, tal y como hacían los césares triunfantes, no sólo el recuerdo de que soy mortal, sino la obligación de conservar cierta decencia, cierto mínimo decoro a pesar de los años caídos.


miércoles, 3 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS


Una mujer mira por la ventanilla de su coche anclado en un semáforo, es hermosa, joven, rubia, parece elegante aunque la puerta mutila el resto de su imagen. Flota sobre el asfalto con delicadeza, hasta que baja el cristal, asoma media cabeza y lanza a la calzada un escupitajo demoledor. Acaso sea ése su concepto de la igualdad de los sexos, cometer las mismas barbaridades estéticas e higiénicas que muchos hombres.






sábado, 27 de febrero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - PATRICK ERICSON




Una gran tela de araña


Se habla en el prólogo de esta novela de la teoría del iceberg, que consiste en mostrarle al lector una cuarta parte de la información que maneja el escritor, y Patrick Ericson borda la interpretación de dicha teoría, porque las páginas de esta vertiginosa obra no paran de depararnos sorpresas. Claro que para sorprender así hay que saber manejar muy bien los datos y las ocurrencias argumentales, hay que ser un escritor total, a quien le apasionen las buenas historias, a quien le guste fabular y que debe estar dotado de una imaginación casi tan desbordante como fiel ha de ser su respeto por el lenguaje.


Todas estas virtudes reúne Patrick Ericson y se las regala al lector en una trama muy maquiavélica: un tétrico juego de rol puede conducir a la civilización al Apocalipsis tan anunciado en los textos de San Juan. Si esta frase la firmara algún Brown de turno en la contraportada de un ejemplar americano, todo el mundo estaría con la boca abierta, pero la firma un hombre de aquí. Y su osadía como autor va más allá implicando a las altas esferas de El Vaticano, reconociendo las miserias de la extinta Unión Soviética, dando paso a antiguas hermandades y mostrando algunos rasgos del gobierno español. Todo ello teniendo como centro resolutivo de los enigmas a un equipo estadounidense capaz de desentrañar cualquier cerebro, un equipo capitaneado por Sirius Dyer y que está lleno de peculiaridades dignas de leerse.


La novela es una gran tela de araña en la que caemos atrapados ya desde el inicio, pues no hay un instante de respiro, y eso que cada hilo de la tela tiene que engarzarse de forma cuidadosa con los demás. Y para los que crean que un exceso de imaginación puede restar credibilidad a la historia, nada mejor que llegar hasta la última página, allá donde se cuecen las sorpresas más impactantes.


‘El ocaso de las siete colinas’. Patrick Ericson.

Editorial: Vía Magna. Barcelona, 2009. 495 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 27/02/10)


martes, 23 de febrero de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - LA ESCOPETA NACIONAL



LA ESCOPETA
NACIONAL

ADVERTENCIA: ABSTÉNGANSE DE LEER ESTAS PALABRAS LOS FANÁTICOS DEL NACIONALISMO EXACERBADO. DEDICADO A LOS CATALANES Y VASCOS SENSATOS, QUE, HABERLOS, HAYLOS, Y MUCHOS.


Si el comerciante catalán que encarnaba el gran Saza en la película de Berlanga se hubiera dedicado a la política, se habría enriquecido en menos de lo que canta un gallo, pero claro, sólo era un empresario de porteros electrónicos en pleno franquismo. Hoy las cosas han cambiado tanto que quienes no tenemos un baldón de autonomía histórica no podemos hacer nada más que ver pasar los euros ante nuestros tristes ojos.


Hoy, los “históricos periféricos”, en cambio, se dedican, con toda la hipocresía del mundo, a poner a caer de un burro a todo lo que huela a español, tal y como ocurrió, una vez más, en el último evento deportivo, la Final de la Copa del Rey de Baloncesto celebrada en Bilbao. Que llegan los Reyes a presidir la final del un torneo que lleva su nombre, a silbar como posesos hasta la extenuación, o a apagar sibilinamente la megafonía para que el himno no suene, luego se extrañarían de que saltara un energúmeno a la cancha, con semejante caldo de cultivo.



Pero, eso sí, de renunciar a los beneficios económicos que les pueda reportar este estado ultra-represor, fascista y explotador llamado España, de eso ni hablamos, se quedan con las taquillas de los partidos, los derechos televisivos, con las subvenciones y con las financiaciones autonómicas, siempre y cuando no se las envolvamos en rojo y gualda o en un impreso con membrete de ancestrales escudos, y que no se nos ocurra enviarles ese impreso en castellano, vade retro.

A estos históricos, quienes, por cierto, tendrían que fusionarse y pasar a propugnar un nuevo estado, qué sé yo, Cataluskadi, o Euskataluña, que nadie se sienta discriminado, habría que recordarles que las identidades nacionales más particulares no están reñidas con el amparo de un país, que existen otras quince autonomías que nunca los despreciarían, y en las que nadie se rasga las vestiduras por ser español, y que, por último, con qué carita se habrían quedado si cualquiera de los españoles no fanáticos se hubiera puesto a abuchear “Els Segadors” o a partirse de risa en pleno “Alderdi Eguna”.


A ver si dejamos a un lado la hipocresía, corren tiempos de globalización y dárselas de ombliguismo parece más bien retrógrado, así que lo más sensato sería dejar de practicar esa ley del embudo. O si no, si de verdad hay quienes anhelan esa independencia a toda costa, que se gestionen solos, que con este pedazo de crisis, los millones que liberen nos vendrían muy bien a los rancios españolotes, y que se vayan a jugar sus ligas y copas particulares. Que yo sepa, quince comunidades autónomas son capaces de sobrevivir en España sin esa doble moral.



miércoles, 17 de febrero de 2010

TRAMPANTOJOS

Dicen que si uno se sienta con mucha paciencia a la orilla de un río, tarde o temprano verá pasar flotando los cadáveres de sus enemigos. El problema es que esos enemigos conocen también el proverbio, lo cual dará lugar, por fuerza, a una serie de esperas eternas, salvo que algún ingeniero diabólico de la venganza dé con el sistema perfecto para construir una estructura de esclusas capaces de empujar el resentimiento y la longevidad río arriba.

domingo, 14 de febrero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - LUIS LANDERO

El don de fabular

La capacidad de fabular es un regalo del destino, un don celestial, llámese como se quiera, pero se tiene o no se tiene, es decir, que las musas son generosas o no lo son; ahora, cuando se tiene, se convierte en una joya digna de ser utilizada en todo momento. Luis Landero tiene ese don, lo cual es sabido ya desde hace muchos años, pero en esta ocasión ha decidido ser todavía más generoso y entregarle el don al protagonista de esta novela, para que sea él mismo quien narre una serie de extrañas y a veces estrambóticas peripecias.


Peripecias que, curiosamente, él casi no ha protagonizado, porque ha sido más un hombre contemplativo que un hombre de acción, y aparte de cometer algunos exabruptos verbales con algún desconocido callejero, o de haber seducido a una vecina con ansias de coqueta y vientos de mujer infeliz, este hombre inmaduro lo que ha hecho casi siempre ha sido mirar, pero mirar con la atención microscópica de un taxidermista, mirar y guardarlo todo para ir sacándolo, años después, tendido en la cama de un hospital, en esos momentos oscuros en que la sombra de la muerte viene con el libro de cuentas bajo el brazo para ver cómo resulta el balance, y lo saca para entregárselo a una mujer que le escucha.





Por esos ojos, al tiempo que por estas páginas, han pasado seres disconformes con el destino que les había tocado vivir, nómadas que soñaban con tener una familia estable, sedentarios que querían ser aventureros o descubridores, fontaneros cachazudos que rechazan chapuzas para seguir en su tertulia, tipos que apenas se movían, vecinos que vampirizan a los recién llegados bajo el pretexto de un exceso de atenciones, o mujeres que se solazan pomadeándose la una a la otra… Y todos reunidos en un bar, el Maracaná, en el madrileño barrio de Chamberí, una atalaya desde la que observar pasar la vida y decidir, llegado el caso, si uno se sube a su carro, o tal vez lo deja pasar pañuelo en mano.


Puede ser que algún purista crea que no hay argumento en esta novela, que es sólo la concatenación de posibles argumentos frustrados, pero se equivocaría, o tal vez no conozca bien la esencia creativa del autor extremeño, y lo que es aún mucho peor, olvidaría antecedentes de relatos o historias encadenadas que tuvieron su origen en nuestro pasado literario más glorioso. Lo dicho, ojalá que la legendaria pasión de contar siga viva durante muchísimos años en las expertas manos de Luis Landero.


‘Retrato de un hombre inmaduro’. Luis Landero.

Editorial: Tusquets. Barcelona, 2009. 234 páginas.

(DIARIO LA VERDAD, "ABABOL", 13/02/10)


sábado, 6 de febrero de 2010

TRAMPANTOJOS


En el ambulatorio, un cuarto de hora esperando sólo para pedir una cita. Del cubículo que hay tras el mostrador brota un tipo con bata blanca y nariz de púgil, le grita a una mujer árabe, le grita a un sudamericano. Llega mi turno y no me grita, hubiera querido preguntarle por qué a mí no, o por qué a ellos sí, pero al final no lo he hecho. Vivimos entre la complacencia del laissez passer, huyendo de las complicaciones, callando por vergüenza, mirando al suelo. Tendría que haberle exigido que me gritase también, pero en sus ojos no había ningún rastro de la sutileza necesaria para entender ese gesto. Salgo a la calle con mi cita concertada con la amargura.




lunes, 1 de febrero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL



El chamán


Armar un artefacto de precisión no es nada sencillo, hay que tener una paciencia infinita y unos dedos expertísimos y hábiles para que la maquinaria encaje y no se descuajaringue al primer embate. Juan Jacinto Muñoz Rengel puede presumir de tener unas manos sabias para la orfebrería del cuento, y no sólo por los premios que eso le ha acarreado, sino por la calidad que muestra en cada una de las once miniaturas que presenta en este volumen. En ellas hay mecánica, por supuesto, la que sólo proporciona la buena técnica, pero también hay kilos y kilos de alquimia, la magia siempre necesaria para convertir en oro lo que en otras manos habría sido sólo un pedrusco argumental.


El Toledo musulmán con un investigador muy particular, la creación del reloj de Praga, la herencia maldita de Nostradamus, un par de historias teñidas del misterio gallego de las meigas, una brigada de Diógenes en la que está muy presente el Bradbury de los bomberos quemadores de libros. Estos son algunos de los argumentos que un lector atento puede paladear en este libro, pequeños homenajes a otras literaturas, tamizados por la voluntad del autor, quien llega a fabricar un ambiente a veces gótico, aunque salpicado con un peculiar sentido del humor, negro casi siempre, y un hálito enigmático necesario para la tensión literaria.


Todo ello sin olvidar los gólems y los misterios de la creación, así como otro tema vital en una narrativa que bien podría asemejarse a la de Borges o Cortázar,: el doble. Juan Jacinto Muñoz Rengel lleva dentro las claves de la transmutación literaria, y eso le convierte en un chamán del relato, sólo así puede explicarse el último texto del libro y la suavidad con la que se entremezclan en sus páginas la ciencia y la escritura, los dos alientos que desde siempre han dado vida al ser humano.


‘De mecánica y alquimia’. Juan Jacinto Muñoz Rengel.

Editorial: Salto de Página. Madrid, 2009. 154 páginas.


jueves, 28 de enero de 2010

TRAMPANTOJOS


Entro en un bar para sumergir la pluma en un café y seguir escribiendo. Cuando no hay gente, y no hay gritos, es la televisión la que adoctrina desde lo alto a todos los oídos ciegos. Desde la pantalla brotan portadas de alguna mujer desnuda, los programas vomitan mentiras y supuestas noticias sobre las vidas de quienes llegan a la fama por no hacer nada. Se ofrece un número de teléfono para que el espectador llame si alguien de su familia le ha engañado, o si cree que la nueva mujer de su padre, treinta años más joven, se ha casado con él para estafarle y desheredar a los hijos, hay testimonios de gente anónima que exporta sus heces por las tuberías catódicas, y que luego finge en directo un pudor que nunca ha conocido. Hace tiempo que dejé de preguntarme por qué se emiten ciertas cosas, al menos he aprendido a esquivar la basura y desterrar las náuseas, pero no dejo de sentir lástima por los que miran hacia arriba, hacia el carísimo y podrido plasma, y degluten sin rechistar su vespertina dosis amnésica.




viernes, 22 de enero de 2010

TRAMPANTOJOS



Sentada en su cochecito, una pequeña es paseada por su abuela. Va embutida en numerosas prendas que la protegen del frío. Sobre su regazo, dos barras de pan en una bolsa de plástico. Con sus dedos diminutos aferra una de ellas mientras mordisquea feliz el corrusco tostado. La imagen me conmueve y me insufla optimismo, luego llegará la vida con su abrumadora carga de normas y protocolos, y no habrá ya panes que chupar.


miércoles, 20 de enero de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - PLÁCIDO


PLÁCIDO

“Siente un pobre a su mesa”, rezaba la campaña publicitaria navideña que Berlanga destrozó con su habitual sarcasmo de la mano de Cassen, López Vázquez o Manuel Aleixandre, y todo para que la alta burguesía madrileña lavase un poquito su conciencia. Y de lavar conciencias andamos en los últimos días bastante sobrados, concretamente desde que la tierra se agitó y decidió que Haití merecía un serio correctivo geológico, aunque durante décadas la isla ha recibido correctivos dictatoriales que apenas le han importado un triste bledo al resto del mundo, pero esa es otra historia.



No hablaré aquí del pánico, de la muerte, de los heridos, de la miseria y de tantas imágenes como nos van llegando, pero sí de conciencias. Porque ahora parece que quien no levante la voz para pedir solidaridad no es nadie, ni sale en las fotos ni en los noticiarios, ni nada. Y la hipocresía alcanza entonces cotas insólitas. No me refiero al español de a pie, que seguro se ha vaciado ya la cartera antes de que ningún famosillo se lo haya recordado (hay cifras humildes que seguro valen más, por el esfuerzo, que las que puedan facilitar otras economías mejor dotadas), ni tampoco a los voluntarios que han ido allí, sobre todo los bomberos, que se merecen no ya nuestro respeto, sino monumentos por doquier. Mi inquina tiene más que ver con las toneladas de hipocresía que vemos disfrazadas de buenísimas intenciones sólo para la galería.


Una cosa es ser solidario, una cosa, además, muy seria, y otra muy diferente dárselas de solidario. Los futbolistas de media Europa guardaron minutos de silencio pero ninguno ha donado, que se sepa, su sueldo de un día, o los clubes la taquilla del último partido. En Hollywood se ha fabricado un nuevo lacito para tocarnos la conciencia, pero tampoco se han rascado los fondillos del esmoquin las superestrellas del cine, y mucho menos los productores. Nuestra ministra de Cultura se va a pulir más de millón y medio de euros para frenar la piratería internáutica, pero no va a descargar esos euros en la isla. La SGAE le ha hincado el diente a la música de las peluquerías, pero tampoco es capaz de renunciar a sus carroñerías leoninas, todo lo más montará un conciertito benéfico cuyas entradas pagaremos nosotros para que sus miembros se cubran de nuevas medallas. Y podríamos seguir con cientos de ejemplos igual de dolorosos.


A estas alturas, gran parte de la sociedad española está cansada de que nos tomen por tontos, harta de tanto fariseo, y no necesita caritas monas que pidan nuestra ayuda, lo que sí se precisa es que esas caritas multimillonarias den más de un paso adelante. No recuerdo quién acuñó la frase de que es mejor enseñar a pescar a un pobre que darle un pescado, pero por aquí, quienes más tienen no dan ni para una triste lata de sardinas, eso sí, pedir se les da de maravilla, y creerse magníficos samaritanos, también.







sábado, 16 de enero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - ÁNDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ




Las cuerdas de la vida

Cuatro personas, cuatro seres sacudidos brutalmente por la Segunda Guerra Mundial, cuatro nacionalidades diferentes en una globalidad narrativa en la que cada uno trata de sobrevivir a la guerra exterior y a los conflictos internos que la contienda ha provocado en ellos. Con esos cuatro motores, Andrés Pérez Domínguez se alzó con el último Premio Ateneo de Sevilla, aunque, bien mirado, el premio es casi lo de menos, porque estas páginas podían conquistar cualquier otro galardón, o pasar por encima de todos los premios, tal es su intensidad y la calidad de la historia.


Rubén Castro, republicano exiliado en París arrestado por la Gestapo y confinado en Mauthausen. Anna Cavour, franco-alemana, viuda antes de su boda, tendrá que colaborar con los aliados para liberar a Rubén cuanto antes. Franz Müller, ingeniero y músico idealista, desprecia a los nazis aunque la necesidad le hará claudicar y trabajar para ellos. Robert Bishop, norteamericano de los servicios secretos, reclutador de Anna e incapaz de sobrevivir sin el bourbon. Estas pinceladas son apresuradas e injustas, porque cada uno lleva consigo un universo de recuerdos, culpas, recriminaciones y sueños, y ahí es donde entra Andrés Pérez Domínguez para desgranar la complejidad de todos ellos, posibilitando que el destino entrecruce sus vidas de forma cruel, pero narrándolo todo con un lenguaje poderoso y directo, sin adornos, crudo cuando tiene que serlo y tierno en los pocos momentos en los que la memoria permite sobrevivir al amor.


Con suma delicadeza, los capítulos alternan las perspectivas, y esa tercera voz narrativa modifica sus diversos tonos a pesar de la crudeza de lo narrado. Eso hay que agradecérselo también a la documentación, al empeño del autor por conocer lo mejor posible la época y los lugares por los que transitan sus personajes. Lo sencillo habría sido construir una novela casi histórica muy plana, con toneladas de horror en los campos de concentración e injusticias bélicas. Lo meritorio, entonces, consiste en combinar el horror de la muerte con los horrores que puede fabricarse el ser humano.


Rubén Castro sufre en Mauthausen, pero llega un momento en que las penurias físicas no son lo peor, y las penurias del alma se adueñan de una narración extraordinaria en la que se sufre por no poder amar a un país, a un trabajo, y se sufre por no dar la talla, se sufre como Bishop por engañar a los agentes, como Anna por casi olvidar a Rubén, como Franz por claudicar ante sus compatriotas. Menos mal que por encima de ese sufrimiento, la vida la resucitan las cuerdas del violín.


‘El violinista de Mauthausen’. Andrés Pérez Domínguez.

Editorial: Algaida. Sevilla, 2009. 479 páginas.

(ABABOL - DIARIO "LA VERDAD". 16/1/10)



MICRORRELATO



Para Andrés Pérez Domínguez

ÉXITO ROTUNDO

Marcus Müller atacó los últimos compases del adagio de Bach con todo el corazón, mientras el público desfilaba ante él con las manos agarrotadas y la mirada perdida en el violín, sintiendo cómo el calor se iba apoderando de sus almas. Marcus cerró los ojos para finalizar y no dejarse envanecer por los aplausos que ya imaginaba en sus oídos. Cuando los abrió, estaba solo. Antes de guardar el violín en su funda, tuvo que sacar de ella el uniforme de rayas, se cambió, se ajustó la estrella amarilla en el pecho y arrastrando los pies se dirigió por primera y última vez hacia las duchas.


jueves, 14 de enero de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - MEJOR... IMPOSIBLE

MEJOR... IMPOSIBLE

El neurótico de Jack Nicholson tiraba por la rampa del vertedero al pobre perrito Verdell, con el consiguiente martirio para su dueño, el pintor gay que interpretaba Greg Kinnear, y lo peor es que la gente se desternillaba de risa ante la escena. Desalmados, eso es lo que eran, y así nos va ahora en este país, en el que la crema de nuestra intelectualidad está siendo cada vez peor tratada por sus compatriotas.


El último caso sangrante de injusticia lo ha sufrido el perrito del actor Fernando Tejero, que se ha intoxicado por comer nieve en el reciente temporal madrileño, y todo por culpa de los insensatos operarios que echaron sal mezclada con sosa cáustica en las calles, con el torticero empeño de salvar de la fractura a más de una cadera anciana. Así estaba el pobre cómico (digo yo que será cómico, porque no veo que sea capaz de hacer creíble alguna interpretación dramática) y menos mal que hizo pública su desazón en la pantalla televisiva.


Pero no debemos preocuparnos, mis contactos en Moncloa me han filtrado la exclusiva de que Zapatero se ha puesto manos a la obra, nuestro UE’s president (perdón, olvidaba que anda algo flojillo de inglés) ha echado mano de recursos para salvar a los númenes patrios, y se ha dejado de crisis, de desempleo y de mandatos continentales, para centrarse en salvaguardar la reserva cultural de nuestra España.

Algunos frutos ya ha habido, ahí están el año del Barça, el anillo de Pau Gasol o la llegada de Alonso a Ferrari, y lo de liberar al bueno de Farruquito parece que va por buen camino, pero mis gargantas profundas se ganan bien el sueldo y me han anticipado ya cuáles serán las próximas líneas de actuación para que nuestros intelectuales puedan estar tranquilos. Así que aquí van: desvío de fondos para hacer frente al coste de la intervención estética de Belén Esteban, tirón de orejas y destierro a los periodistas que duden de la profesionalidad de Guti, convenio con Italia para que su colega CR9 luzca por fin calzoncillos de Armani (millones de votos femeninos y del lobby gay caerán en el saco), prohibición tácita, bajo severísima pena de cárcel, de descargarse de Internet canciones de Rosario Flores, sí, la chiquita que ha versionado temas de hace casi cincuenta años, en un afán sin precedentes por defender la originalidad artística.


Habrá más acciones, creo que incluso le pagará un logopeda a Jorge Javier Vázquez, y todo será poco para que los lumbreras del país o sus mascotas rezumen satisfacción. Schopenhauer quería más a su perro según iba conociendo al ser humano, menos mal que nunca se cruzó con el tal Tejero éste.