jueves, 16 de abril de 2009

LA LINTERNA MÁGICA - SEÑORA DOUBTFIRE


 

 SEÑORA DOUBTFIRE

  

            Una vez más la estética se traslada de la sección de sociedad a la de sucesos. En Barcelona, en pleno barrio del Raval, han detenido a un angelito de sesenta y tres años por practicar intervenciones sin titulación médica y con material veterinario. El tipo (lo bien que estaría pre-jubilado si le deja el Gobernador del Banco de España) cobraba, como mucho, quinientos euros por un implante mamario, y dicen que vivía rodeado de tres perros, un gato y un loro, o tal vez eran tres gatas, un perro y algún otro híbrido después de pasar por sus manos.

 

Lo curioso es que no dejaba de tener pacientes, o impacientes más bien, llegados de cualquier punto de España para recibir unos jeringazos, con pistolas veterinarias y agujas reutilizables, de silicona líquida en pechos, nalgas o donde le solicitaran, total, con esos precios y semejantes condiciones de salubridad, no iba a ponerse quisquilloso con los caprichos de su público. Y todavía los mossos d’esquadra se han sorprendido por no encontrar ningún listado de personas intervenidas, ni facturas ni recibos. Hombre, el Mengele este podía ser un salvaje, pero tampoco un imbécil con un datáfono cobrando a crédito para dejar un jugoso rastro tras de sí.

 

Amén de la brutalidad, habría que mirar un poco más allá, porque si estos antros tipo doctor Moreau florecen cada dos por tres es porque tienen clientela. No seré yo quien critique los deseos de cada prójima, o prójimo, que de todo hay, a la hora de engordar medio kilo por teta o nalga, pero mucho me temo que esta sociedad de la imagen que hace tiempo se nos ha desbocado está dejando muchas más bajas detrás que consejos sobre cánones de belleza.

 

Mientras sigamos alimentando modelos de perfección artificial, siempre habrá envidias y anhelos de los que se aprovecharán cirujanos buitres en cualquier cuchitril. Si seguimos dando pábulo a tetonas o jovencitos con tableta de chocolate abdominal y cerebro de nube de algodón, continuará la fiebre del bisturí, aunque por desgracia no se haya inventado todavía la silicona idónea para rellenar vacíos craneales. Ya no hay cultura del esfuerzo ni siquiera para remozarse la fachada, la indolencia y la pereza nos gobiernan y nos cuestan vidas. Mejor sería adoptar el ejemplo de Robin Williams en esta comedia, más vale un disfraz que apuntale a tiempo que una silicona caducada en manos de un cabrón con pintas, aunque éstas sean naturales.


3 comentarios:

lydia dijo...

No sé si será por mi edad o por mis ideales, pero no entiendo la cirujía estética, directamente.

Hay una carencia de autestima de base, cosa que se podría fomentar.
Como están las cosas (aunque no es algo que venga de ahora, sino d emucho más atrás) la gente es capaz de poner en peligro su salud para superar sus complejos.

en fin...lo mismo de siempre

besos

Paco Marín dijo...

Yo no detendría a la "persona" que hace estas barbaridades. Yo detendría a los que van y, les pondría un cartel que dijese: "Detenios por gilipollas".
Paco Marín.

Isis dijo...

Hola.

Que disparate intentar aparentar lo que ya no somos. En mi caso, estoy encantada con mis años, con mi aspecto, mis ganas de vivir y ser feliz.

Un beso natural.