domingo, 22 de abril de 2018

LA MARCA DEL PENTÁGONO - ESTEBAN NAVARRO


DE NUEVO DIANA DÁVILA

    Si un policía acepta un trabajo externo puede deberse a varios motivos, uno lógicamente sería monetario, pero el otro puede responder a la necesidad de seguir sintiéndose policía, y ése parece ser el que empuja a Manuel Hernández a emprender la búsqueda de un particular edición del Fausto de Goethe, muy valorada por su propietario. Lo que no sabía el inspector es que esa búsqueda le traería la muerte.

   Esteban Navarro sienta muy bien las bases de esta novela, la cuarta de la serie de Diana Dávila, y gracias a esas bases la trama avanzará después con un ritmo constante, desvelando incógnitas y soluciones en una cadencia que, si bien no aprieta en exceso el acelerador, tampoco le permite al lector abandonar la calzada de la lectura. Diana se ve sacudida por esa muerte y no acaba de encajar el golpe, de ahí cierta frialdad que se aprecia en su regreso a Huesca, puede que por el hecho de la celeridad con la que se ha de llevar la investigación, puede que por el propio viaje. El caso es que uno echa de menos algo más de sentimiento por su parte, sabemos que es dura, firme, pero también sabemos que es humana y no le vendría mal mostrarse un poco más emotiva.

  Sentimentalismos aparte, la cuestión técnica, tanto narrativa como policial, va como un reloj, como es habitual en Esteban Navarro, entrando con bastante naturalidad en la colaboración entre la Policía Nacional y la Guardia Civil, mostrando los procedimientos en toda su extensión y pulcritud, y llamando a todo por su nombre.

      Las cuatro jóvenes aspirantes a brujas, relacionadas con la muerte del inspector, son un desafío para cualquier investigador, y en el interrogatorio de las cuatro Esteban Navarro roza la maestría. Que continúe la serie.


'LA MARCA DEL PENTÁGONO'. Esteban Navarro
Amazon. 2017. 244 págs.


LA NOVIA AHORCADA EN EL PAÍS DEL VIENTO - RAFAEL JIMÉNEZ

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(LA VERDAD, "ABABOL", 21/4/2018)

TIEMPO DE RATAS - MARC MORENO

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Tiempo de ratas – reseña

Tiempo de Ratas, de Marc Moreno

Reseña de Antonio Parra Sanz

Lo verdaderamente negro
El segundo título alumbrado por la Editorial Milenio en su colección Marrajo lleva nada menos que la firma de Marc Moreno, que algo sabe de esto de la novela negra y que dirige el festival de Vilassar de Noir, además de ser el director de la editorial Llibres del Delicte. Y de eso precisamente, de delitos, saben también mucho Eloy, Charly y El Mentiendes, el “trío de ratas” que sobrevive en un universo tan hostil como puede ser el barcelonés barrio de La Verneda.
El caso es que igual la novela para muchos no es negra, van a pensar que  trasciende los colores porque, si bien hay una investigación, no está motivada por un crimen, eso llegará más tarde, los crímenes, vaya, y lo harán casi en cascada. Entonces, se preguntará el lector, ¿si no es negra qué hace aquí? Sencillo, sí tiene una ambientación de lo más negra, a saber, tenemos clanes y mafias de la droga, matones, policías corruptos, cocaína de la mejor calidad, alguna mujer capaz de vender su clítoris por una buena raya, amenazas de muerte, bares mugrosos y un misterio, sí, ahí está la clave, en los ocho kilos de polvo que Eloy recibe para custodiarlos temporalmente y que se convierten en su mayor quebradero de cabeza.
A estas alturas ya da lo mismo el color de la novela, aunque lleve otro rasgo muy propio del género: una profunda crítica social. A esta alturas lo que nos importa, amén de saber si Eloy podrá salir vivo del embolado en el que le metió su vecino Andreu, es la fuerza y el vértigo de la historia, es el presente en el que Marc Moreno decide que esté narrada, y por supuesto es esa primera persona de Charly, narrador testigo que nos va desgranando en todo momento la ebullición que se vive en La Verneda, independientemente de la farlopa que el incauto Eloy haya ido regalando por ahí.
Ese vértigo no es fácil de mantener, para ello su autor se sirve de un buen número de flecos argumentales de los que nos invitará a ir tirando, y que nos llevan a esa crítica social antes mencionada: la ausencia de futuro entre los jóvenes, los desahucios inmisericordes, los parados de larga duración, las mujeres maltratadas, los mossos corruptos que además taponan cualquier posibilidad de huir del barrio, los gitanos que manejan el narcomercado (la sombra de los Lodowinsky es muy alargada), las jóvenes que se abren de piernas por una raya aunque quisieran, y no pueden, abrir también su corazón, el hachís, el alcohol, el camarero chino, los viejos viciosos que van a pescar jovencitos y a “patrocinarlos” en Las Ramblas.
Es  mucho más que crítica social, es todo un universo del lumpen que dejará colmado al lector más exigente, porque además hay un buen puñado de guiños en la trama, de manera que Marc Moreno no deja de sorprendernos ni un solo momento. ¿Que no hay investigación policial? Ni falta que hace, recuerden por qué llegó a este tipo de literatura el calificativo de negra, por el ambiente delictivo que se respiraba en ellas, lo demás ha sido contagio de “misterio, policiaca, policial, de procedimiento, de investigación doméstica…”, así que al final la negra de verdad sí era ésta. No podrán ni parpadear.
Sinopsis:
Editorial Milenio. Barcelona 2018. 231 páginas.
Esto empieza cuando un camello tiene que salir por piernas y le enchufa una mochila llena de farlopa a su vecino de rellano. Ocho quilitos de nada. Y que se la guarde mientras él está fuera. Eloy —porque el vecino se llama Eloy— se acojona, se caga encima, no sabe qué hacer. Y así pasa las semanas, muerto de miedo con los ocho quilos escondidos bajo la cama. Pero un día, para vacilar con los colegas en el parque, coge un poco de coca. Y después un poco más. E invita a unas tías, también. Qué fiestones, nen. Y todos quieren colocarse con él, en el barrio. El rey del mambo, vaya. Pero eso llama la atención de los mafiosos de La Verneda, los rivales del camello huido, los mossos corruptos…, que cada vez tienen más ganas de saber quién es ese Eloy y de dónde sale la farlopa que esos pringaos se están metiendo.
(Publicada en Solo Novela Negra: https://punica.es/tiempo-de-ratas-resena/)
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(LA VERDAD, "ABABOL", 14/4/2018)

LA MANIOBRA DE LA TORTUGA - BENITO OLMO

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La maniobra de la tortuga – reseña #2

La maniobra de la tortuga

Nueva reseña sobre una novela esencial del género negro español La maniobra de la Tortuga, del escritor Benito Olmo de nuestro crítico literario Antonio Parra Sanz.

La maniobra de la tortuga
Suma de Letras. Barcelona 2016. 360 páginas.
Sinopsis de la obra
Empujado por el infortunio, el irreverente inspector Manuel Bianquetti se ve obligado a aceptar un traslado forzoso a la comisaría de Cádiz, un destino previsiblemente tranquilo que se verá alterado con el hallazgo del cadáver de una joven de dieciséis años. Una muerte violenta que le traerá reminiscencias de un pasado del que no logra desprenderse.
A pesar de la oposición de sus superiores, el inspector Bianquetti emprenderá una cruzada solitaria para atrapar al culpable siguiendo el rastro de unas evidencias que podrían no existir más allá de su imaginación. La realidad se va oscureciendo en la medida en la que el lector va devorando páginas al tiempo que participa junto al protagonista en la investigación de un caso cada vez más turbio y escabroso.
 Resistir o vengarse
            Sitúen a un policía a cientos de kilómetros de su hábitat natural, condenado a un exilio forzoso por haber acabado con el indeseable que maltrataba a su hija. Añádanle el derrumbe de su matrimonio y una acogida más bien fría y escéptica por parte de sus nuevos superiores, que tienen que cargar con él porque expulsarle del cuerpo parecía un castigo desmedido. Pónganle a trabajar en el archivo en lugar de dejarle investigar y estarán contribuyendo a fabricar una bomba de efectos retardados.
            En esa tesitura se encuentra Manuel Bianquetti, a quien Benito Olmo ha trasladado, desde su Madrid original, a la ciudad de Cádiz, para desaliento del inspector y desasosiego de Tejada, un comisario algo turbio. Así que ese policía arrasado se aferra al tabaco y a la cerveza, como complementos de los escrúpulos, que son lo último que le queda. Y eso precisamente es lo que le impulsará a hacer suya la investigación de la muerte de la joven Clara Vdal, que fue brutalmente violada antes de que acabaran con su vida. Demasiadas analogías como para dejarlas pasar por alto.
            Con unos capítulos breves como trallazos, fechados y datados para mayor gloria del lector escrupuloso, Benito Olmo se descuelga con una novela canónica, en la que el investigador, por su condición de desplazado, está más solo que nunca, y eso es precisamente lo que le hace más peligroso, eso y la necesidad de plantarle cara a los que se creen impunes, a los que toman el bien y el mal como un felpudo en que limpiar las babas de su mala conciencia.
            El camino de Bianquetti está sembrado de cristales rotos, de agujeros en el alma como si se tratara de un traje viejo, de coches destartalados, tabaco rancio, y bureles más rancios todavía, pero también de alguna sombra dulce, como la que proyecta Cristina, un enfermera que logró escapar del infierno e intenta, a salto de mata, forjarse una vida nueva.
            Los temas no son novedosos, Benito Olmo conoce lo que es la novela negra y se pliega a sus características, pero dejando que los dos metros de Bianquetti marquen el ritmo, permitiéndole deambular por Cádiz como si fuera un perro de combate al que alguien le hubiera retirado de la arena antes de tiempo. De esa forma, el ritmo de la novela sigue un camino uniforme, tan solo pausado por aquellos capítulos en los que se nos desvelan cuestiones del pasado de Cristina, como si su vida fuera también necesaria para que el lector encuentre el debido contrapunto en la novela.
            Lo demás llegará a base de tesón y unos cuantos golpes, algunas alianzas de ocasión y ciertos planteamientos que harán al lector moverse entre dos opciones demoledoras, bien emplear la estrategia de la tortuga, refugiarse en el caparazón hasta que todo pase, bien encarar la venganza como una necesidad vital. Que cada uno haga su elección.
(Publicada en Solo Novela Negra: https://punica.es/la-maniobra-de-la-tortuga-resena-2/)

ASESINOS INOCENTES - JOSÉ JAVIER ABASOLO

Asesinos Inocentes- Jose Javier Abasolo

Editorial Erein. Donostia 2017. 392 páginas.
Sinopsis:
Markel Zugasti es un joven abogado con instintos depredadores cuyo máximo objetivo en la vida, tanto personal como profesionalmente, es hacer siempre lo que más le conviene, sin ningún tipo de ataduras morales, y aumentar lo máximo posible su cuenta de resultados.
Desgraciadamente para él su vida cambiará cuando, a requerimiento de una vieja amiga, decide hacerse cargo de la defensa de un hombre que ha sido acusado de asesinato, para sorpresa de todos sus allegados, que le consideran una persona afable y enemiga de la violencia.
Pese a que su experiencia en asuntos criminales es nula y sus dotes como detective inexistentes, aceptará el caso creyendo que se trata de un asunto banal y aparentemente sencillo, hasta que todo empieza a complicarse, poniéndose en juego no sólo su estabilidad profesional sino también su seguridad personal. 
Algo más que “juridic noir”
Dicen que fue John Grisham el que puso de moda la vertiente del género en la que un abogado se convierte en investigador y justiciero criminal, algo así como la novela de intriga jurídica. Con lo que el norteamericano no contaba sería con un abogado español, bilbaíno para más señas, de vuelta de todo, ambicioso y cruel, que de buenas a primeras se ve casi en la necesidad de tener que desentrañar un misterio que convierte a hombres más o menos normales, más o menos decentes, en asesinos capaces de descerrajarle un tiro en la nuca al mafioso más bragado.
Por suerte Bilbao no es Washington, ni Madrid tampoco, ni España tiene mucho que ver con los Estados Unidos, aunque la figura del abogado estrella y sin escrúpulos la hayan creado prácticamente allí. En cualquier caso, José Javier Abasolo se ha sacado de la manga un abogado al que, una vez recibido un curso intensivo de inglés, podríamos soltar en pleno Manhattan y no tendría mucho que envidiar a la fauna jurídica norteamericana. Markel Zugasti es un depredador, un vividor y unos cuantos calificativos más terminados en –or, capaz de paralizar el desahucio de un anciano por tirarse a su hija, a la potente Karmele, con quien soñaba desde su infancia y que se convierte, de manera irremediable, en su compañera de aventuras durante toda la novela.
Una novela que, por cierto, basa gran parte de su fuerza y su potencial en la persona narrativa, porque nada habría sido igual de no ser narrada por el propio Markel, que durante todas sus páginas, amén de contarnos los avances de la trama, va dejando múltiples perlas de su pensamiento, su carácter y hasta su forma de ver la vida. Vamos, que se nos presenta como una criatura que hubiera salido de una mezcla entre el Pablos de Quevedo, un Marlowe venido a menos y el riquísimo Cayetano Salgado que alumbrara Torrente Ballester en sus gozos y sus sombras.
Abasolo, principal culpable, señorías, se las ha ingeniado para que no despreciemos mucho a Markel, incluso para que le lleguemos a tener algo de simpatía, y con él transitamos los caminos de esta trama en la que esos asesinos inocentes, suicidados poco después de entrar en prisión, esconden algo muy enigmático que le puede costar la vida al abogado bilbaíno.
No se pierdan esta historia, ni a la resuelta Karmele, merece mucho la pena, y tengan paciencia con Markel, a veces parece algo verborreico pero no les va a decepcionar.
(Publicada en Solo Novela Negra: https://punica.es/asesinos-inocentes-resena/)

jueves, 19 de abril de 2018

LA PARADOJA DEL BIBLIOTECARIO CIEGO - ANA BALLABRIGA, DAVID ZAPLANA



LA FAMILIA

     La familia no se elige, es una suerte de lotería con la que tenemos que lidiar durante toda la vida, nos guste más o menos, salvo que uno decida romper vínculos y desentenderse para navegar solo, algo que tarde o temprano termina pasando facturas. Y de facturas hablan también Ana Ballabriga y David Zaplana en esta su quinta novela, porque le plantan cara al mal, y no como si fuera algo ajeno a nosotros, sino como algo que late en el interior de todos nosotros, algo dispuesto a salir dando dentelladas a poco que uno se descuide.


La vida de un exitoso escritor, a la sazón autor de una serie de novelas negras, se ve sacudida por el hallazgo de una pequeña llave que no solo abre un piso, cuya existencia desconocía toda la familia, sino que destapará también una caja de Pandora cuyos efectos se irán expandiendo, como la voluntad de una piedra traviesa, en la calmada superficie de este clan familiar. El padre, que fue policía y dedicó toda su vida, incluso más, a la persecución del mal, deja un reguero de pistas para que su hijo Camilo Rey (no se pierda el lector el guiño del patronímico) logre aclarar la muerte de los padres de Pura, la mujer a quien le dejó en herencia ese piso en el casco antiguo de Cartagena, un piso que guarda innumerables sorpresas.

Y está en Cartagena porque la ciudad es el escenario de esta trama poliédrica, armada con varios tentáculos que abarcan a las tres generaciones de la familia, cada una con sus secretos, cada una con sus propios cadáveres en el armario, cada una con sus culpas y sombras capaces, como ya se ha mencionado, de alimentar el mal. Porque el mal está ahí al acecho, y la debilidad humana es su alimento, eso parecen defender los autores de la novela: que el determinismo familiar, social e incluso económico, es algo de lo que cuesta desprenderse.

Quieren Ana y David incidir también en las pequeñas acciones que pueden terminar dándole salida a la bestia, no ya los rasgos de un maltratador de género, que acaso no sepa cómo frenarse o escapar a su destino, sino los microdetalles violentos, verbales o de pensamiento, que todos podemos albergar a diario, a poco que rasquemos en nuestras conciencias. Ahí parece radicar el mayor mérito de fondo de la novela, en hacernos reflexionar acerca de nuestra conducta en los momentos más nimios, y puede que no nos guste lo que encontremos frente a ese espejo.

Narrativamente, además, hay unos cuantos méritos más, tramas que se solapan, investigaciones que trascienden lo temporal, amores contrariados, adolescentes insatisfechos, maltratos incestuosos, atracciones también incestuosas, imanes generacionales, miedos, venganzas, todo un combinado que gobierna las relaciones de esta familia, y que pondrá al lector al borde de la mayor de las inquietudes.

Tenemos mucho que cambiar, parecen decirnos Ana Ballabriga y David Zaplana, y no todo el mundo puede ser capaz de hacerlo, tenemos que enfrentarnos al mal antes incluso de que se manifieste, antes de que los Rodrigos y Camilos, pero también las Remedios y Martirios logren imponer sus criterios, antes de que terminemos siendo como ese bibliotecario ciego, lo justo es que abramos los ojos, empaticemos y seamos capaces de ponernos en los zapatos de los otros. Tal vez así logremos impedir la salida de la bestia, al tiempo que disfrutaremos de una buena novela.

LA PARADOJA DEL BIBLIOTECARIO CIEGO
Autores: Ana Ballabriga, David Zaplana.
Amazon Publishing. Luxemburgo 2018. 476 páginas