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lunes, 29 de junio de 2026

CARTAGENA SANGRIENTA EN EL DIARIO LA VERDAD

Antonio Parra Sanz: «El caso de Chipé es uno de los sucesos más cruentos de la historia de Cartagena»

El escritor acaba de publicar 'Cartagena sangrienta', un libro que habla de doce crímenes a través de pequeñas crónicas y relatos breves.



El escritor Antonio Parra Sanz, fotografiado en Cartagena. (Antonio Gil / AGM)


Natalia Benito

Murcia. 26/06/2026 


El día de la presentación de 'Cartagena sangrienta' (La Playa de los Libros, 2026) en el Teatro Romano de Cartagena, su autor, Antonio Parra Sanz (Madrid, 1965), recibió una docena de mensajes que le informaban de otros tantos crímenes truculentos acaecidos en la ciudad portuaria que podrían protagonizar las páginas de un nuevo libro. «Es posible que hagamos una segunda parte», comenta el escritor, profesor de Lengua y Literatura que, tras casi tres décadas en el Instituto Mediterráneo de Cartagena, se jubiló el año pasado, y es también crítico literario de LA VERDAD. Pero antes, hablamos del libro que acaba de presentar en varias localidades. 'Cartagena sangrienta' recopila en un volumen doce de los crímenes más impactantes ocurridos a partir del siglo XIX que Parra da a conocer a través de una pequeña crónica y un breve relato inspirado en alguno de los protagonistas de la historia, «nunca de las víctimas».


-¿Cómo surge 'Cartagena sangrienta'?

-Emilio Tomás, editor de La Playa de los Libros, tiene la colección Icue, que trata temas de este género. Él quería publicar algo relacionado con la crónica negra de la ciudad. Me lo propuso y yo estuve buceando por las hemerotecas hasta seleccionar doce casos que creo que son los más conocidos en la historia reciente de Cartagena, ocurridos a partir del siglo XIX. La única condición que le puse fue que yo hacía la crónica, pero quería también un poco de libertad para literaturizar los crímenes. Por ello hicimos esta estructura que tiene el libro: una pequeña crónica, no con gran profundidad, aunque suficientemente detallada para que el ciudadano medio conozca el crimen. Y luego, un pequeño relato tomando algún punto de vista: del criminal, de algún testigo, algún sospechoso... nunca de las víctimas. He procurado no utilizar a las víctimas como personajes literarios por una cuestión de respeto.

-¿Le ha resultado sencillo reconstruir estos crímenes?

-En general sí, porque la prensa se hizo eco de ellos en su momento. Los más complejos fueron los crímenes más antiguos, lógicamente, porque de aquellos ocurridos en el siglo XIX o a comienzos del siglo XX hay pocas referencias. En concreto, del caso de Los Habaneros (1927), en el que no hubo víctima mortal [fue un disparo de un capitán de infantería de marina a una de las camareras del hotel], solamente hemos encontrado una referencia en el diario 'El Porvenir'. Conforme nos íbamos acercando a la época actual, sí hay muchas más referencias.

-De esta selección de crímenes, ¿cuál gana en popularidad?

-Está el caso de Chipé, por ejemplo [1936], un caso legendario en la ciudad. No obstante, mucha gente no conoce los casos de la crónica negra de Cartagena. Yo pensaba que Chipé era 'vox pópuli', pero no; hay mucha gente que no sabía ni quién era Chipé ni qué es lo que había pasado, y es uno de los sucesos más cruentos de la historia de Cartagena por cómo la muchedumbre linchó un cadáver y lo arrastró por las calles de la ciudad. [Escribe Parra Sanz en su libro: 'Puede que el 19 de julio de 1936 merezca convertirse en una fecha vergonzosa para Cartagena, si no en lo histórico, desde luego sí en lo social. Aquel fue el día en el que una multitud de cartageneros consideró que debía linchar a un delincuente que había sido detenido por la Policía; y ante la imposibilidad de hacerlo, decidió lincharlo 'post mortem', para vergüenza de toda la ciudad'].

-¿Alguno más que le haya sorprendido por escasa popularidad?

-Hay personas que desconocen el caso de La Aljorra, que iba camino de ser el caso de un asesino en serie porque cometió tres crímenes. Pero después desapareció porque era un delegado de Falange. Le quitaron de en medio y el caso terminó. Pero había matado a dos personas, después tuvo un periodo de enfriamiento de un año, mató a una tercera y, si no le llegan a pillar, habría seguido. Que una localidad como La Aljorra, pequeñita, cuente casi con un boceto de asesino en serie, no deja de ser curioso.


«Que una localidad como La Aljorra, pequeñita, cuente casi con un boceto de asesino en serie, no deja de ser curioso»


-Tras esta búsqueda en prensa. ¿Cómo valora el tratamiento de la información de estos sucesos?

-Se nota que, cuanto más antiguo es el crimen, el tono en la prensa era más macabro, una narrativa más brusca que apelaba a la sangre, al terror y a la muerte. Luego, conforme nos vamos acercando más al presente, la prosa se suaviza. Por desgracia, y ahora me refiero a los casos de crímenes de género, existe la costumbre de utilizar términos ya muy manidos porque, como ha habido tantos, llega un momento en el que el periodismo casi parece que lo escribe por inercia. Ahí se nota menos intensidad en la narrativa periodística. En cuanto a los crímenes de género, he comprobado que había muchos y solo hemos elegido dos o tres; los más cruentos o los que tienen unas peculiaridades llamativas.


'Cartagena sangrienta'

Antonio Parra Sanz

Editorial La Playa de los Libros (2026)


-El 'true crime' está de moda, aunque a los lectores siempre les han gustado este tipo de historias. ¿Por qué cree que suscitan tanto interés?

-Creo que el ser humano es morboso por naturaleza y el crimen o el mal nos provoca una curiosidad que es difícil de evitar y buscamos saciarla desde la comodidad del sillón. Leemos circunstancias horribles pero que, afortunadamente, no nos afectan. También nos llama la atención la cercanía: cuando el crimen ocurre en su localidad o en zonas que conoce, se amplifica la curiosidad del lector.

-Dice en el libro que Cartagena es «una gran ciudad que atesora misterios y una apasionante crónica negra». ¿Más que otras localidades?

-Todas las ciudades tienen un lado oscuro. Hay quien dice que las ciudades con puerto, por lo que tienen de fronterizo, pueden tener una propensión un poco más alta a los crímenes, pero son épocas. Sí que es verdad que en Cartagena hemos tenido una época en la que el tráfico de antigüedades, sobre todo de restos arqueológicos romanos, era muy frecuente, y eso provocaba también una cierta delincuencia. No obstante, yo creo que va aparejado con el crecimiento de la ciudad: ha crecido y crece para bien, y también crece en lo malo. Igual que hay focos de menudeo y de drogadicción en la ciudad, también encontramos los crímenes de género que, por desgracia, no están circunscritos a una zona o a una época. En definitiva, no creo que Cartagena sea una ciudad especialmente truculenta.


https://www.laverdad.es/culturas/antonio-parra-sanz-chipe-sucesos-cruentos-historia-20260626223344-nt.html?fbclid=IwY2xjawSvk2hleHRuA2FlbQIxMABzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeOXzUA5hJWcHzkb1oF2pdg7YdYjt3Gm3ueV4oD2hI5lRWtmkqt03ww696arQ_aem_MEETR1TgV-_NVqi_a83u4w

domingo, 21 de junio de 2026

LA INTRIGA DEL FUNERAL INCONVENIENTE - EDUARDO MENDOZA

 

Eterno Mendoza

Con herencias cervantinas y hasta valleinclanescas, Eduardo Mendoza sigue a lo suyo, mostrando las costuras de nuestra sociedad y suturándolas con la ironía, el sarcasmo y la parodia, palabras mayores para cualquiera que aspire a convertirse en escritor.

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es novelista, dramaturgo, traductor y lingüista. (ANDREU DALMAU / EFE)

ANTONIO PARRA SANZ

El humor como elemento capital, con sus compañeros innatos, es decir, la ironía, el sarcasmo, la parodia, la sátira, y sin olvidar jamás la crítica social. Sobre esos cimientos edifica Eduardo Mendoza sus novelas, realizando así un permanente ejercicio de agudeza y diversión, pero siempre con los pies muy en el suelo, y sabiendo, como es lógico, lo que toca en cada momento narrativo.

 No vamos ahora a desvelar el talento literario de un hombre que, a juicio muy personal de quien esto firma, merecería estar, no ya en las quinielas del Nobel, sino en la galería de galardonados con el mismo, pero a su talento siempre hay que sumarle la manera que tiene de mirar el mundo, de asomarse a la realidad que nos rodea para luego ir metiendo los dedos en tantas llagas sociales como nos salpican.

 

Humor inteligente y crítica social

 No nos engañemos, empuñar la crítica social es algo que puede hacer cualquiera, basta con mirar y levantar la voz, y motivos para ello por desgracia no nos faltan. Practicar el humor insípido y vacío también está al alcance de muchos, o de unos cuantos. Lo verdaderamente complejo es aunar ambas cosas, es decir, practicar un humor inteligente y fino, con municiones paródicas, y hacer que sus disparos señalen a la sociedad como generadora de vicios y problemas. Eso ya solo pueden hacerlo unos pocos elegidos, pero parece que en el caso de Mendoza no se le diera el valor que tiene, porque él lo hace con tanta frecuencia como publica, y muchas veces el lector, y el crítico, lo toman como si eso fuera ya una mera obligación del autor.

 Llamarle cervantino, o quevedesco, empieza a no ser suficiente. Él es mendocista, por sí solo, y lo demuestra con la ficción literaria pero también con la opinión, aunque a veces se estrelle contra podencos ignorantes, contra gigantes cortos de entendederas, como le ocurrió hace poco en San Jordi. La literatura de Eduardo Mendoza requiere un compromiso de conciencia por parte del lector, una mirada también afilada que nos lleve entonces a interpretar de manera correcta sus planteamientos argumentales.

 Si entramos en lo técnico en esta novela, la estructura en tres partes es digna de cátedra literaria, el funeral, la intriga y el inconveniente demuestran cómo Mendoza parcela la historia modificando, mejor dicho, ampliando los puntos de vista y haciendo que el lector vuelva sobre sus pasos para poder entender, y entonces disfrutar, la totalidad de la trama. Juegos narrativos, quizá lo llamen algunos, talento, debemos denominarlo los demás.

 

Viejos conocidos

 El universo mendocista es concéntrico y a la vez se enriquece con nuevos personajes, pero aquí están, por supuesto, el detective sin nombre a quien hemos acompañado en otras novelas, su hermana Cándida y un policía retirado con unos principios más flexibles que los de Groucho Marx. Pero Mendoza retuerce un poco más sus existencias, ubicándolos en una situación en la que un entierro amañado, y el tesón de un periodista novato (impagable la figura un tanto pusilánime de Ramoncito Valenzuela) ponen patas arriba un misterio que intuimos pero que no podremos desvelar hasta bien avanzada la novela.

 Si nos detenemos en lo temático, ¡qué les voy a contar!: mezquindad, corrupción política y económica, círculos de poder, tiranías periodísticas, oscuras organizaciones, desapariciones pactadas, salud mental y supervivencia, pero también una ciudad que palpita alrededor de temas y personajes, un entorno extrapolable al resto del país o incluso del mundo, porque esos temas ya citados son del todo universales.

 

El esperpento

Antes hablábamos de Cervantes y Quevedo, y hay otra figura que planea siempre sobre la prosa de Mendoza, nada menos que la de Valle-Inclán, porque los chafarrinones del esperpento aparecen en cada página, en cada descripción, en cada diálogo. De ahí que su prosa nos arranque sonrisas, amargas, sí, pero sonrisas que constituyen muchas veces el pasaporte necesario para nuestra supervivencia.

 Otra cosa será ya la supervivencia de los propios personajes, sometidos a mil y una trampas y a las sombras de los que manejan ciertas conspiraciones. Suicidios organizados, matones sombríos, un detective zarandeado por la realidad pero con una capacidad de adaptación de lo más camaleónica, una madame que maneja hilos muy muy finos… Todos ellos irán sazonando esta intriga en la que, seguir los pasos del muerto, antes y después del óbito, será un ejercicio de lo más entretenido.

 Cualquier autor que respete la literatura debería, antes de iniciarse en ella, leerse de cabo a rabo la obra de Eduardo Mendoza, para saber cómo moverse por los rincones que marca una diosa que, en sus manos, dista mucho de ser una amante esquiva. Al contrario, él conoce todos los pliegues que el tiempo y la experiencia han ido trazando en su piel, y se mueve acariciándola con la delicadeza de quien no ha hecho otra cosa en su vida.

 Allá por el norte de Europa deberían volver los ojos, un año de estos, hacia este hombre barcelonés que sigue escondiendo bajo su bigote la más irónica de las sonrisas. Dicen que las propuestas para el citado premio llegan de la mano de organizaciones constituidas para tal efecto en el país de turno del candidato, si es así, estamos tardando en aunar voces para proponerle, aunque sabiendo cómo nos las gastamos por aquí, y cómo es esta riña de gatos en la que chapotea la literatura española, me temo que vamos listos. En fin, al menos nadie nos podrá quitar la satisfacción de abrir una novela suya cada poco tiempo, y que sea por muchos años.




  • 'La intriga del funeral inconveniente'

    • Autor Eduardo Mendoza

    • Género Novela

    • Editorial Seix Barral

    • Número de páginas 251

    • https://www.laverdad.es/ababol/eterno-mendoza-20260620075451-nt.html?fbclid=IwY2xjawSkniFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBPaWdyM3lrRnluNVRDUEJOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvr2ql9MiLvsMO67XMCuzyKovNR5sw6ODCZO5ZPm29tU2GH-XHukzibRZr23_aem_nJ0ch94bYe4-9l0u0k8n0w#goog_rewarded9&ref=https://www.laverdad.es/ababol/eterno-mendoza-20260620075451-nt.html?fbclid=IwY2xjawSkniFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBPaWdyM3lrRnluNVRDUEJOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvr2ql9MiLvsMO67XMCuzyKovNR5sw6ODCZO5ZPm29tU2GH-XHukzibRZr23_aem_nJ0ch94bYe4-9l0u0k8n0w

jueves, 30 de octubre de 2025

UNA NOCHE DE REYES - NOEMÍ TRUJILLO

 

LITERATURA Y DOLOR

 

Dolor físico, dolor literario, dolor familiar, tres vertientes que han construido a Noemí Trujillo, una autora dotada de una sensibilidad extrema, que no se olvida de lo que ha vivido, pero tampoco del amor que siente por la literatura.

 

La literatura tiene, entre otras muchas virtudes, un valor terapéutico importante, a veces se vuelve refugio en el que cauterizar los males que nos acechan, y gracias a ella podemos seguir adelante, porque jamás abandona a quien la requiere, ni le vuelve la espalda.

Noemí Trujillo lo sabe bien, de ahí que se haya lanzado a escribir y publicar este libro, que no es novela pero tiene estructura novelesca, que no es autobiografía pero tiene confesiones de altura, que no es ensayo literario pero tiene auténticas lecciones de escritura, y que sí es autoficción, una especie de híbrido genérico que ha crecido en los últimos años y que requiere de mucho valor por parte de quienes lo practican, por lo que tiene de desnudez, de ofrecerse a corazón abierto sin que a uno le frenen las prevenciones.

Esa autoficción la ha canalizado Noemí Trujillo poniendo por delante su pasión literaria y el vínculo especial que tiene con la noche del cinco de enero y el fallo del Premio Nadal, que ha sido para muchos autores un objetivo que ejerce gran atracción y que supone el pasaporte al triunfo, o a los ojos de miles de lectores.

El homenaje literario tiene como centro, y como fuente argumental, la presencia en esa noche mágica de una serie de autoras que ganaron el Nadal en el siglo XX, tales como Carmen Laforet (la ganadora de la primera edición), Elena Quiroga, Carmen Martín Gaite o Ana María Matute, que visitan a la autora en esa noche y con las que ella conversa haciendo verdaderos análisis críticos de sus novelas, lo cual es otro regalo de incalculable valor.

Las tres caras del dolor

Noemí lo fía todo a esas conversaciones porque en ellas está el equilibrio que el dolor le ha ido quitando. Y es que en la novela hay un triple dolor: el físico, el literario y el familiar. Y aquí es donde lo personal estalla y se hace dueño de la obra, donde ella se abre a los lectores mirando atrás y pasando revista a una vida compleja que ha visto caer sobre ella, hace no mucho, el último de los mazazos.

La autora desgrana una existencia en la que ha tenido que sobreponerse a golpes de todos los colores y calibres. La relación con su madre, el ambiente familiar o cierta sensación de exclusión son elementos que nos muestran a una mujer que creció apañándose sola, tomando decisiones no compartidas por su familia y que terminaron por endurecerla. El dolor familiar ha provocado desamores, desencuentros filiales, pero también el hallazgo de un marido al que ama sin condiciones, y la voluntad de ir formando una peculiar familia propia.

En cuanto al dolor literario, siendo mujer y poeta, Noemí no encontraba más que la displicencia de los varones del olimpo de las letras españolas, el rincón minúsculo que le concedían, y que aún a veces le siguen concediendo, pero ahora por escribir a cuatro manos junto a su marido. La presencia de una Noemí sola no ha tenido eco alguno de momento, algo que ella ha amenazado con romper al decidirse a seguir adelante con esta obra.

Queda por mencionar el dolor físico, y ese ha sido el que más ha acompañado a la autora en los últimos meses, con sus miedos, dolencias y lamentos, algo de lo que no todo el mundo logra hablar en sus libros, bien por no atreverse, por no exponerse aún más, o por la familia, quién sabe.

Tumores, operaciones, sesiones de radio y quimio, consecuencias tan graves como no poder leer y no poder sentarse a escribir. Amenazas terribles que le han exigido una fortaleza descomunal para lograr salir airosa. Aunque no lo haya hecho sola, gracias a ese papel terapéutico de la literatura que mencionábamos al principio.

Amar la literatura

Y es que “leer calma el dolor a ratos. Es el analgésico que menos contradicciones tiene”, por eso es algo tan necesario, al menos para quienes no concebimos pasar un solo día sin leer. Ella sabe bien de lo que habla, y es muy de agradecer que haya decidido compartir su experiencia con los lectores, dando una lección, no ya de vida, sino de actitud, de resistencia, de resiliencia, porque de eso también va este libro.

Así que esa triple vertiente: literatura, familia y vida, es lo que se ofrece en cada página, con sensatez, calma, con una sensibilidad importante, la misma que la autora ha mostrado siempre en sus poemarios, en sus textos compartidos, la misma que muchas veces los críticos han ignorado por ser quien era, o por ser pareja de quien es.

La invitación a la lectura, el homenaje a grandes autoras de los últimos sesenta años, es algo que honra a la gran lectora que es Noemí, que no se postula aquí solo como autora, sino que invita a los demás a leer, porque su amor por la literatura es también lo que le ha salvado en alguna que otra ocasión.

Ella misma lo dice en un momento del libro: “Amar o  no amar. A eso se reduce todo. Quien ama, vive”. Y ella ama la vida, ama la literatura, la familia que ha logrado construir, o reconstruir, ama a una pareja a la que encontró tras muchos avatares, y ama su entorno, sus rincones, podríamos decir que hasta sus momentos de lucha, esos y los de disfrute, transcurran o no un cinco de enero.

La lectura de este libro nos deja en el corazón un poso de cierta ternura, la ausencia de sensiblerías y la actitud de una persona resistente y firme a pesar de los momentos de fragilidad. Si, además, sus páginas desprenden amor por la literatura, ya sean los versos propios de Noemí o lo que esas autoras de cabecera le regalaron en su momento, todo adquiere una dimensión más completa, más placentera, y a veces podremos ir leyendo el libro con la misma calma que siente su autora en esa noche mágica en la que los regalos se vuelven inolvidables visitas.

 

UNA NOCHE DE REYES, Noemi Trujillo.

Destino. 264 páginas.

https://www.laverdad.es/ababol/libros/literatura-dolor-20251025214536-nt.html

viernes, 11 de julio de 2025

ESE IMBÉCIL VA A ESCRIBIR UNA NOVELA - JUAN JOSÉ MILLÁS

 

CERRANDO CÍRCULOS

 

 Lecciones vitales, las neblinas del tiempo, el camino que hemos recorrido y el que nos aguarda, con nuestra vejez y nuestros defectos, sin olvidar una ácida crítica al mundo periodístico. Así se nos muestra Juan José Millás en su último libro.

  

Ha adquirido hace ya tiempo Juan José Millás esa dignidad que baña a los autores que portan mayúsculas, que lo han demostrado todo en el ámbito de la literatura y que ya forman parte de nuestro ideario y de nuestras propias conciencias lectoras.

 Si uno le oye hablar, se encuentra con una voz mesurada, tranquila, que guarda en su interior un leve tono zumbón cuando hace al caso, pero también halla la palabra de un hombre que sabe muy bien qué momento de la existencia está transitando, cuál es el equipaje que porta y cuál el que ha ido dejando atrás con el paso, y el peso, de los años.

 Esa voz, la del hombre, se afina para encontrarse con la del Millás narrador, que a su vez deja un hueco para el Millás personaje, como el protagonista de esta última novela, aquejado, o tal vez afortunado, de poseer una segunda mente que se le disocia a voluntad, y que rememora el día en el que creyó haber encontrado a su verdadero padre, o a su padre postizo.

 Con esa fluidez de prosa que le caracteriza, Millás parodia el género periodístico buscando un gran reportaje mientras sus jefes le miran como a un viejo lastre. El mundillo de lo noticiable queda tan expuesto en la novela como cualquier tema social que se nos pueda ocurrir, lo laboral, lo literario, lo social, lo religioso incluso, y el inclemente paso del tiempo, que empieza a exigirle al protagonista que vaya cerrando círculos a la mayor brevedad posible.

 Haciendo un recorrido de juventud universitaria, de militancia y contramilitancia, de envidias y aspiraciones sociales, el autor nos lleva por el camino que su álter ego recorre, es decir, la recuperación de aquel presunto hermano, del que se hizo amigo en la universidad, y una trama novelesca que no parece terminar de arrancar.

 Humor ácido

 Destacables por el humor, un poco más ácido si cabe, son los episodios del confesionario y el momento en el que la novela de marras parece ser reescrita por un hacker. Ahí Millás amenaza con tomarnos el pelo con todas las de la ley, pero también con todos sus valores literarios como espoleta para una explosión que parece ir demorándose a voluntad.

 Pero más allá de lo puramente argumental, o complementándolo con temple, parece surgir también el articulista, el hombre que mira el mundo con ojillos afilados y especiales, esos con los que intentó reconocer como padre a aquel director del Banco Hispano Americano y que luego diseccionarían convenientemente al hijo legítimo de éste, el famoso Alberto que parece ir a escribir una novela, tal y como se anuncia en el título.

 La identidad, los posibles dobles, la otredad, la ficción y los entresijos de la literatura son los armazones que sustentan esta prosa incisiva y con la que el autor valenciano hace también autocrítica cuando toca. Y por encima de ellos flota también la memoria, esa poderosa carga de profundidad que se activa a medida que se rebasan las décadas, y que no siempre lo hace avisando de su presencia ni de las consecuencias devastadoras que puede llegar a provocar.

 Naturalidad

 Con todo, en esos círculos concéntricos que Millás tiene que ir cerrando hay también una naturalidad importante, que nos llama la atención como lectores pero también como personas. Ni el autor ni sus personajes le vuelven nunca la espalda, al contrario, asumen que hasta las situaciones más disparatadas, ya sean los desplantes del esnob de Alberto o la confesión ficticia que anida en el pecho del periodista durante años, pueden y deben contarse sin engolamientos, sin adornos superfluos que corran el riesgo de entontecer al lector.

 Junto a esa memoria antes mencionada, compadreando con ella, hay otro tema que preocupa a su autor, y es la vejez. Él mismo ha confesado no temerle a la muerte pero sí al deterioro físico, y esos temores se hacen presentes en una parte del libro, por mucho que Millás intente bromear con ellos convirtiéndolos en motor de un nuevo reportaje que su jefe rechazará con la delicadeza de siempre.

 Recuperar a Alberto, liberar la conciencia de aquella confesión, descubrir que el mundo de la universidad estaba lleno de informantes a sueldo de la DGS son las perlas con las que el protagonista debe lidiar en este ocaso de su carrera periodística, y eso le irá zarandeando en una especie de fortuna pendular a lo Lázaro, con suerte dispar, como si los miedos fueran los mismos que padecía el de Tormes pero las resoluciones le llegaran a un Pablos más viejo y curtido, y también algo más sabio.

 La niebla de la memoria

 Los guiños de los recuerdos a veces traen consigo una niebla confusa, e invocar a quienes fuimos en el pasado puede suponer un gran riesgo, el de que aparezcan esos fantasmas propios exigiendo su derecho de ajustarnos las cuentas. Hay también en estas páginas una evidencia no por sabida menos contundente, que al ir transitando la parte final del camino no lo hacemos solos, porque a un lado llevaremos al que éramos, o al que fuimos, y al otro al que hubiéramos querido ser. En medio, ya lo saben, estaremos nosotros, dudando si mirar a izquierda o derecha, si pararnos, o si seguir andando hasta ver de qué manera finaliza ese camino.

 Lecciones vitales, pero no de un catedrático ríspido y malévolo que nos mirase por encima del hombro, sino de un profesor comprensivo que ha visto ya muchos cursos y nos previene acerca de lo que puede llegar. Que las notas finales se acerquen al notable o chapoteen entre el insuficiente más ramplón ya será cosa de cada lector. Millás, por supuesto, está instalado hace mucho en el sobresaliente alto, rozando incluso la matrícula de honor.

ESE IMBÉCIL VA A ESCRIBIR UNA NOVELA.

Juan José Millás

Alfaguara. 176 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 21/06/2025)

https://www.laverdad.es/ababol/libros/imbecil-escribir-novela-cerrando-circulos-20250621073502-nt.html

domingo, 24 de noviembre de 2024

LA ÚLTIMA PRIMAVERA. A HOMBROS DE GIGANTES - ROSARIO GUARINO


HELÉNICO SUSPIRO

 

El dolor ante la muerte, la esperanza, el amor y la mitología son los cuatro pilares sobre los que construye Rosario Guarino dos poemarios que conmoverán al lector mostrándole una voz poética que ha ido sumando quilates con cada obra que la autora entrega a la imprenta.

Ha visto nacer Rosario Guarino un par de poemarios en los últimos meses, y ello, amén de ser motivo de satisfacción para los lectores, los que ya la conocen y los que aún deben descubrirla, es también una alegría porque dichas obras nos regalan dos caras, o dos facetas, de una autora que va ganándose su reconocimiento título a título.

Tanto ‘La última primavera’ como ‘A hombros de gigantes’ nos presentan a una voz poética que ha subido enteros, manejándose magníficamente bien en el registro de la nostalgia y el dolor personales y en el homenaje a lo que desde siempre le ha dado sentido a su quehacer: la antigüedad grecolatina, y especialmente la mitología helénica.

Conjurar el dolor

El primer libro, que además aparece en versión bilingüe griega, nace a raíz de la muerte de la madre y con esos versos Rosario intenta conjurar el dolor, aunque también mostrando una serena madurez en él, huyendo del desgarro que sería esperable en el momento en que recibe la primera noticia de la pérdida.

Ella busca equilibrar ese “penar perpetuo” acudiendo a la blancura de su cuaderno, para ‘arrebatarle la inocencia que late en su piel alba’, para verter en tinta tanto ese penar como la esperanza o los sentimientos que la gobiernan, porque sabe que si se hacen verso, cuando se hacen verso, es quizá cuando empiezan a doler algo menos las penas.

En esas hojas blancas el lector hallará también reflexiones sobre la propia muerte, el momento que nos ha de llegar a todos y que Rosario Guarino espera poder afrontar sin estridencias, con la calma que dan la inevitabilidad y la conciencia plena por haber vivido, siempre con el amor al mundo por delante, como buena nefelibata que ella misma declara ser en uno de los poemas.

Memoria dulce y amarga

Continuando con ese amor se abre el tercer bloque del libro, mostrando una intensa panorámica de sensaciones escoltadas por la mitología y la literatura clásica, la que teñía de rosa los dedos de la aurora. Llega así también la mirada al pasado, a los recuerdos de la infancia, de la abuela, de una caja de costura con un don Quijote dibujado en su tapa, descolorido y enjuto, escoltado por un Sancho que ha perdido ya el rubor de sus mejillas.

Pero llega también lo inevitable, y esa capa de sal gruesa se endurece para evocar aquella pandemia que aparece en forma de momentos intensos en los que no se podía siquiera abrazar a la madre, en los que ese aislamiento era en algunos casos una primera muerte presentida, el insaciable presagio de la Parca que vendría después a reclamar sus anticipos.

Solo el tiempo, y una nueva primavera, depuraría el recuerdo de la madre, tornándolo muy vívido, prolongándose en la nieta que ha de seguir adelante, porque ése es el verdadero mensaje que trasciende las generaciones. El epílogo corre a manos de la hermana de Rosario, que como una Penélope paciente teje sus recuerdos al pie de la cama materna, y termina la labor justo en el momento en que su progenitora acaba también la suya.

 Amor y mitología

Otro tono tiene ‘A hombros de gigantes’, puesto que la conjunción entre amor y mitología marca el arranque del poemario, con Eros alzándose por encima de Ilíadas y Odiseas, sometiendo a los dioses a un gobierno que puede enloquecerlos e incluso dejar en poco el castigo que ellos solían infligir a los mortales. Con estos versos breves y muy bien medidos, Rosario blande una vez más su homenaje grecolatino tamizándolo con la presencia incombustible del amor que hace, como siempre, de las suyas.

Y la lista olímpica es amplia: Zeus y su libertina condición de bastardo; Afrodita y su papel en el conflicto troyano; Ares en la infausta campaña bélica, junto a las causas, amores y venganzas que asolarían Troya; Paris y Helena; Aquiles y el mito; Poseidón y la venganza; Casandra y el castigo; Odiseo y el ingenio, el caballo y su armamento; Atenea y la firmeza; Ifigenia y el sacrificio.

La herencia mitológica y literaria se convierte en el ajustado motor que pone en marcha una poesía con valor doble: para el conocedor del mundo clásico es una delicia recordar episodios, sucesos, personajes…, y para quien no lo conozca, una invitación irrechazable a hacerlo, gracias a esos versos concisos y certeros. La segunda parte del poemario nos regala quizá personajes menos conocidos, como Nauplio o Leandro, e incluso recrea otros hechos mitológicos, tiñéndolos de actualidad, como ocurre con los casos de Hades y Perséfone, Deméter, Orfeo y Eurídice.

Pasión por lo clásico

Amor y mitos a disposición del lector actual, con lo que el homenaje al mundo clásico alcanza cotas brillantes, porque ese mundo está siempre en el interior de la autora, tal y como ella misma reconoce: “En palabras de Virgilio, Horacio, Ovidio (…) he encontrado regocijo, lecciones y momentos que otra vez viviría complacida”. Como colofón, Rosario nos regala también una conexión entre los amores clásicos y algunas vivencias personales, para que la comunión temática y temporal sea ya casi perfecta, pidiéndole a las musas que ayuden a sus palabras a deslizarse, por el papel y el recuerdo, como criaturas juguetonas y azules.


    Leer a Rosario Guarino es un privilegio, y a veces casi una necesidad, la de detener nuestros acelerados pasos para sentarnos y recitar sus versos, en la atalaya que cada uno elija, frente al mar que cada uno decida, convertidos en héroes caducos de nuestro tiempo, pero también en nuestros propios dioses degustando pequeñas ambrosías en forma de estos versos.


LA ÚLTIMA PRIMAVERA.

MurciaLibro.

98 páginas.

 

A HOMBROS DE GIGANTES.

La Fea Burguesía.

70 páginas


https://www.laverdad.es/ababol/libros/ultima-primavera-hombros-gigantes-helenico-suspiro-20241123073802-nt.html

domingo, 20 de octubre de 2024

ALCARAVEA - IRENE REYES-NOGUEROL

 

UNA VOZ PLENA 

Una prosa muy cuidada, un esmero constante a la hora de contar y la mezcla entre argumentos de una actualidad demoledora y el homenaje a diferentes fuentes artísticas y literarias, así se muestra Irene Reyes-Noguerol en su tercer libro de relatos.

Cuando uno recibe la recomendación de un libro con parabienes del tipo “mucho más que una promesa, una voz lorquiana, está llamada a ser el futuro de nuestras letras” y loas parecidas, de forma inevitable tensa un poco las orejas de la crítica. Es decir, se enfrenta a las páginas sugeridas con un punto de desconfianza, incluso cuando las alabanzas vengan de un librero de confianza como Vicente Velasco, el alma de la librería La Montaña Mágica.

Claro que luego se lee el primer relato, y uno más, y otro, y se van sacando conclusiones. Tal vez la primera consista en ver hasta dónde van a llegar esas alabanzas, pero es imposible no reconocer que estamos ante un texto de calidad, y sobre todo ante una voz que no solo parece amar la literatura, sino también conocerla muy bien.

Una voz de futuro

Ese sería el primer poso que nos deja la docena de relatos de Irene Reyes-Noguero, que ahora nos regala la editorial Páginas de Espuma, que algo sabe también del mundo de la narración breve. Irene, sevillana filóloga, ha sido considerada por la revista Granta como una de las mejores narradoras jóvenes de nuestra literatura, y la lectura de los textos que conforman su tercer libro da fe de que esa decisión fue acertada.

Porque en cada relato encontramos una voluntad indesmayable por cuidar el estilo, el lenguaje, la palabra que conduzca al lector hasta la imagen precisa, máxime cuando además esas imágenes no son propensas a mostrarse en las primeras líneas, a veces ni siquiera en las primeras páginas, sino que juegan con el lector como un venado herido, sin asomar del todo, enseñándose sin aparecer concretadas hasta el final del relato, cuando una frase, o apenas unas pocas palabras, certifican la voluntad de la autora.

Homenaje a la cultura

Mezcla el volumen un tinte de homenaje a algunas figuras de la literatura y la cultura que le han llegado a Irene a lo más hondo, o que quizá solo le hayan provocado curiosidad, figuras tales como Vincent Van Gogh, la bailarina Marie Van Goethen (cierta musa de Degas), la madre de Antonio Machado con el recuerdo implícito del poeta, Lope cuidando a Marta de Nevares, su último gran amor, o el rey Almutamid, añorando a su querido Abenámar.

Tomando como partida esas figuras reales, Irene Reyes-Noguerol desgrana cinco relatos que, además de lo argumental y su valor literario, tienen el regalo añadido de difundir cultura, algo que es siempre muy de agradecer, y que aumenta el valor de estos primeros relatos, tanto por lo testimonial como por el enfoque elegido por la autora para cada uno de ellos.

Si se me permite quedarme con uno de este primer bloque, elegiría el que habla de un Lope rendido y atento con la última de sus amantes, lo que le hace colocar en la balanza ese amor frente a los oropeles literarios. Mentiría si pudiera quedarme con uno, porque la voz de Ana Ruiz en Colliure y la maldad que flota sobre la ‘pequeña rata’ que inspiró a Degas tampoco dejarán indiferente a lector alguno.

Lo familiar y lo real

En los siete relatos restantes van apareciendo ya otros homenajes, más familiares, recuerdos de figuras importantes en el pasado, quién sabe si también en el presente, de la autora sevillana, y lo personal se entremezcla en algunos casos con temas que no le vuelven la espalda a la realidad más contundente: llámense malos tratos y posibles venganzas, madres de hijos drogadictos que seguirán junto a ellos a cualquier precio, o una enfermedad mental y su influencia en los más pequeños cuando se acerca la muerte y deben aprender a cuidar de los suyos, de los que queden.

Como se puede ver, argumentos que no son como para mirarlos de reojo, sino que exigen un tratamiento, lingüístico y argumental, lleno de respeto y de calidad. Las mismas cualidades que podemos observar en aquellos otros relatos que dejan asomar el recuerdo de la Guerra Civil o los años posteriores, en los que la muerte podía manifestarse tanto de forma literal como disfrazada de odio y marginación. Encontraremos así hermanos gemelos alistados a la fuerza en la Quinta del Biberón, o niños abandonados que recalan de familia en familia endureciendo su presente y su futuro.

Bailando con el lector

Ya ven que, después de todo, no eran exagerados los elogios, y más después de penetrar en la palabra, la imagen, el recuerdo, el pensamiento o la nostalgia. No obstante, que nadie piense que va a encontrar textos encaminados a la tristeza, ni mucho menos. Irene Reyes-Noguerol sabe bien cómo elegir el término justo, sabe volverse lírica cuando toca pero también contundente cuando es necesario, y por supuesto, sabe qué ritmo le corresponde a cada relato para que el baile con el lector no se interrumpa en ningún momento.

    Estamos ante un libro de tintes mayúsculos, de esos que uno puede releer tiempo después con la seguridad de que siempre va a encontrar en sus páginas una emoción, una imagen, una frase o un sentimiento que hagan que el viaje haya merecido la pena.

No queda sino disfrutarlo, disfrutar de la voz de Irene Reyes-Noguerol y aguardar a que el órdago que su literatura le va a echar al tiempo termine por hacerle ganar la mano en cada partida narrativa que decida emprender.

 

ALCARAVEA.

Género: Relato.

Páginas de Espuma.

156 páginas.

https://www.laverdad.es/ababol/libros/voz-plena-alcaravea-libro-irene-reyesnoguerol-20241019084456-nt.html


lunes, 13 de mayo de 2024

HIERRO VIEJO - MARTO PARIENTE

 

NOIR DEL BUENO

  

Un entorno duro, villanos brillantes, venganzas latentes, un lenguaje siempre cuidado y una voluntad de estilo que ha hecho ya reconocibles sus novelas son los principales elementos con los que Marto Pariente se presenta de nuevo ante los lectores, dispuesto a dejar en ellos una huella indeleble.

 

Muchas son las vertientes actuales que podemos encontrar en la novela negra: tramas al uso, comerciales, al servicio de modas sociales, o por el contrario historias de homenaje a los asuntos clásicos, o al lumpen, sin olvidar la presencia, más o menos absorbente, de las fuerzas del orden.

 

Si entramos incluso a valorar subgéneros podemos perdernos entre novelas procedimentales, detectivescas, rurales, domésticas, amables, marginales, psicológicas, judiciales, etc., siempre con el adjetivo negro antecediendo o posponiéndolas. En ese marco de oscuridad han terminado por entrar todo tipo de productos, quizá porque a todos (lectores, libreros, editores, críticos) nos viene bien que las etiquetas se simplifiquen, o que se agranden.

 

Pero hay vida más allá de esos parámetros, hay autores que prescinden de modas, corrientes y hasta dimensiones, y para los que una buena novela negra puede armarse con fidelidad hacia su propio argumento y hacia un estilo que no se deje corromper. La primera vez que Marto Pariente apareció en los mentideros negros con su novela La cordura del idiota, muchas voces se elevaron sorprendidas: potencia narrativa, personajes muy bien perfilados e inolvidables, estilo sencillo y duro a veces, como merecía la ocasión… Y todo eso le llevó a ganar algunos premios del género pero sobre todo a ser leído y valorado por los lectores.

 

Una trama sin concesiones

 

Luego llegarían Las horas crueles y la traducción al francés de aquel primer título, y con ese equipaje el autor alcarreño ha lanzado ahora Hierro viejo, una novela en la que se mantienen algunos de sus rasgos más conocidos: ambiente rural, protagonista lastrado por una familia difícil y un destino caprichoso, villanos de auténtica categoría, con los que uno podría hasta encariñarse, ritmo ágil, lenguaje de cirujano y una trama que va circulando sin concesiones pero también sin rodeos.

 

Eso más o menos es lo que un lector fiel de Marto Pariente puede reconocer en cuanto empiece a transitar por sus páginas. Eso es lo que hace que al autor se le respete, el cuidado que pone en sus obras, la autenticidad de sus planteamientos, la voluntad de no aprovecharse de lo mediático y dejar que sean sus palabras quienes hablen por él. No hay modas, no hay corrientes banales, hay literatura con mayúsculas, y un trabajo inmenso detrás de unas páginas que pocas veces exceden lo imprescindible. Por eso los lectores de Marto nos reconocemos entre nosotros con rapidez, porque no adquirimos sus novelas de forma casual, ni por una pose de actualidad, sino que lo hacemos sabiendo lo que hay en ellas, y sabiendo también que nos van a esclavizar en el sillón hasta que demos con la última línea de las mismas.

 

¿Es entonces Hierro viejo un ejemplo del llamado “rural noir”? Es posible, solo que aquí no hay un entorno idílico violentado por el crimen, aquí hay una tierra que es un personaje más, y que condiciona tanto a sus habitantes como a los propios crímenes. De nuevo la recomendación consiste en huir de las etiquetas y recrearse con una buena historia.

 

Sicarios de altura

 

Una historia en la que quizá no haya buenos, salvo el joven Marco, y en la que el mal aparece mostrado con la naturalidad de lo empresarial, con unos elementos magníficos en los que Marto Pariente echa siempre el resto: la familia De Miguel, con la matriarca Rubí y dos hijos que habrían hecho las delicias de cualquier abortista (León y Miguel, o Doble Micky), daría por sí sola para una novela, pero es que además está acompañada por otras figuras que hacen del gremio del sicariato un juego de niños, Bobby y Bobby, pareja en lo sentimental y en lo profesional, que además analizan canónicamente cada una de sus intervenciones, quintaesenciando el arte de matar.

 

Esta caterva de villanos, a los que hay que sumar algún policía corrupto que otro, e incluso algún nombre oculto en la cúspide de la organización, este grupo, como decimos, no le importa nada al sepulturero Coveiro, que ahora entierra cuerpos por lo legal, un hombre de vuelta del infierno y de sus fantasmas, hasta que su sobrino Marco, un joven testigo de unos extraños hechos en el velorio de León de Miguel, se convierte en un obstáculo para los planes de esa peculiar empresaria que es Rubí De Miguel.

 

Es entonces cuando el viejo Coveiro nos desvela su verdadero carácter, cuando la trama echa a correr como una mecha bañada en gasolina, y cuando los lectores nos frotamos las manos por todo lo que ha de venir a partir de ese momento.

 

Un filo candente

 

La dirección de la novela, los kilómetros de persecuciones, la forma casi folklórica en la que matan los sicarios, todo ello se apodera del lector, le subyuga y le hace disfrutar con uno de esos elementos antes mencionados: el lenguaje, revisado y pulido por el autor hasta encontrar la expresión justa, sin digresiones ni abusos descriptivos, entrando en los sentimientos como lo haría un cuchillo al rojo en una herida purulenta.

 

Quién viva y quién muera, quién logre triunfar y quién fracase, es entonces casi lo de menos. Casi, ¿eh?, porque hay ajustes de cuentas que estamos desando ver, y la manera en la que el autor nos va contando ese proceso, esos descubrimientos, ese desenlace, logra que todo el conjunto se armonice en las páginas finales. Unas páginas que nos asustan por el hecho de que son las últimas, y marcarán una espera hasta la próxima trama. Si desean comprobar que de verdad hay estilo y profundidad en la novela negra, y una voluntad de ser fieles a ambos aspectos, acérquense al universo de Marto Pariente, no lo olvidarán nunca.

 

‘HIERRO VIEJO. MARTO PARIENTE.

Siruela Policiaca. 209 páginas.


LA VERDAD ("ABABOL") 11/05/2024