jueves, 19 de abril de 2018

LA PARADOJA DEL BIBLIOTECARIO CIEGO - ANA BALLABRIGA, DAVID ZAPLANA



LA FAMILIA

     La familia no se elige, es una suerte de lotería con la que tenemos que lidiar durante toda la vida, nos guste más o menos, salvo que uno decida romper vínculos y desentenderse para navegar solo, algo que tarde o temprano termina pasando facturas. Y de facturas hablan también Ana Ballabriga y David Zaplana en esta su quinta novela, porque le plantan cara al mal, y no como si fuera algo ajeno a nosotros, sino como algo que late en el interior de todos nosotros, algo dispuesto a salir dando dentelladas a poco que uno se descuide.


La vida de un exitoso escritor, a la sazón autor de una serie de novelas negras, se ve sacudida por el hallazgo de una pequeña llave que no solo abre un piso, cuya existencia desconocía toda la familia, sino que destapará también una caja de Pandora cuyos efectos se irán expandiendo, como la voluntad de una piedra traviesa, en la calmada superficie de este clan familiar. El padre, que fue policía y dedicó toda su vida, incluso más, a la persecución del mal, deja un reguero de pistas para que su hijo Camilo Rey (no se pierda el lector el guiño del patronímico) logre aclarar la muerte de los padres de Pura, la mujer a quien le dejó en herencia ese piso en el casco antiguo de Cartagena, un piso que guarda innumerables sorpresas.

Y está en Cartagena porque la ciudad es el escenario de esta trama poliédrica, armada con varios tentáculos que abarcan a las tres generaciones de la familia, cada una con sus secretos, cada una con sus propios cadáveres en el armario, cada una con sus culpas y sombras capaces, como ya se ha mencionado, de alimentar el mal. Porque el mal está ahí al acecho, y la debilidad humana es su alimento, eso parecen defender los autores de la novela: que el determinismo familiar, social e incluso económico, es algo de lo que cuesta desprenderse.

Quieren Ana y David incidir también en las pequeñas acciones que pueden terminar dándole salida a la bestia, no ya los rasgos de un maltratador de género, que acaso no sepa cómo frenarse o escapar a su destino, sino los microdetalles violentos, verbales o de pensamiento, que todos podemos albergar a diario, a poco que rasquemos en nuestras conciencias. Ahí parece radicar el mayor mérito de fondo de la novela, en hacernos reflexionar acerca de nuestra conducta en los momentos más nimios, y puede que no nos guste lo que encontremos frente a ese espejo.

Narrativamente, además, hay unos cuantos méritos más, tramas que se solapan, investigaciones que trascienden lo temporal, amores contrariados, adolescentes insatisfechos, maltratos incestuosos, atracciones también incestuosas, imanes generacionales, miedos, venganzas, todo un combinado que gobierna las relaciones de esta familia, y que pondrá al lector al borde de la mayor de las inquietudes.

Tenemos mucho que cambiar, parecen decirnos Ana Ballabriga y David Zaplana, y no todo el mundo puede ser capaz de hacerlo, tenemos que enfrentarnos al mal antes incluso de que se manifieste, antes de que los Rodrigos y Camilos, pero también las Remedios y Martirios logren imponer sus criterios, antes de que terminemos siendo como ese bibliotecario ciego, lo justo es que abramos los ojos, empaticemos y seamos capaces de ponernos en los zapatos de los otros. Tal vez así logremos impedir la salida de la bestia, al tiempo que disfrutaremos de una buena novela.

LA PARADOJA DEL BIBLIOTECARIO CIEGO
Autores: Ana Ballabriga, David Zaplana.
Amazon Publishing. Luxemburgo 2018. 476 páginas

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