sábado, 2 de julio de 2011

CRÍTICAS LITERARIAS - RUBÉN CASTILLO

Cuando duele pulsar "enter"

Rubén Castillo muestra su vertiente más camaleónica para abordar arriesgados cambios argumentales.



Dos soledades bañadas por la amargura, un mundo en el que acechan el asilamiento y la incomunicación, unas cuantas noches eternas, un océano de ceros y unos que surcar como barcos ciegos en busca de algún faro salvador, Tristam y Marge, dos personas doloridas que anhelan, en un chat de sexo, paliar el abandono al que han sido sometidas. Y todo con un formato novedoso, deudor de las nuevas tecnologías, vertiginoso como son los diálogos informáticos, pero sin los desmanes ortográficos cometidos por los jóvenes, y manejado con extrema soltura por Rubén Castillo, un autor que vuelve a demostrar, para gozo de los lectores, su inmensa capacidad de adaptación como narrador, su vertiente más camaleónica para adentrarse en arriesgados cambios argumentales a la hora de escribir.


Porque hasta la mitad de la novela, el lector no es más que un simple espectador de las miserias de dos seres huérfanos de afectos, y asiste contemplativo a las primeras aproximaciones, siempre dubitativas, de estas tertulias cibernéticas, contemplando con perplejidad las palabras de un hombre cuya esposa duerme siempre dándole la espalda, y de una mujer mucho más liberada que no parece precisamente novata en las lides de los chats eróticos. Y para que ese marco sea absolutamente realista, el autor no duda en ningún momento en mostrar un lenguaje procaz, de un nivel erótico altísimo, rozando la pornografía lingüística, como corresponde al decoro narrativo.


Pero todo ello salta por los aires cuando Rubén Castillo decide detonar su bomba argumental, ejerciendo entonces como dueño absoluto de la narración, puesto que en ese momento le da una vuelta de campana a la novela, y ya nada vuelve a ser como había sido, al contrario, desde entonces el lector ha de ir siguiendo el paso de los dos personajes, pero siguiendo también las trampas que tanto el narrador como ellos mismos han decidido sembrar. Porque tras el escudo de la pantalla se agazapan cientos de secretos, algunos vivirán eternamente protegidos, pero otros terminarán por desvelarse por mucho que duela pulsar la tecla "enter".


Que Rubén Castillo sabe muy bien qué hacer con los caracteres humanos no es ninguna novedad, lo había demostrado en novelas anteriores, peo ahora riza el rizo de las sombras, de las penumbras que nacen en los armarios de las conciencias, por eso parte de una situación sencilla en apariencia, para ir complicando poco a poco el diálogo, mejor dicho, para ir enriqueciéndolo y demostrándole al mundo la inutilidad de los juicios, la falsedad de los apriorismos, el sinsentido del maniqueísmo. Ojalá más escritores nos hicieran reflexionar con la mitad de la calidad literaria que atesora esta novela.


‘Las hogueras fosfóricas’. Rubén Castillo.

Editorial: Ediciones Baladí. Madrid, 2011. 190 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 2/7/2011)

1 comentario:

Rubén dijo...

Gracias por tu generosidad. Y gracias por seguir confiando en mi escritura. Es un aliento para continuar con la tarea.