miércoles, 12 de octubre de 2011

TRAMPANTOJOS


         Al otro lado de los montes que se ven desde Roche, en el valle, las eternas chimeneas de la refinería lanzan sus llamas sin parar, hasta perfilar en el cielo dos delgados hongos de humo, como si fueran dos apocalípticos avisos de una futura catástrofe nuclear. Las noches cubiertas se rasgan, entonces, por esas espadas flamígeras que blande algún dios menor, hijo bastardo de la ciencia y el progreso más ciego.

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