lunes, 5 de diciembre de 2016

DOCE LUNAS - JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL

Con motivo de la publicación de su última novela, El gran imaginador, hemos tenido la oportunidad de charlar con Juan Jacinto Muñoz Rengel, que nos habla de esa última creación y de su pasión por la literatura. Una conversación más que interesante.

DOCE LUNAS
JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL
EL GRAN IMAGINADOR


1)    Esta novela es radicalmente diferente a lo que ha hecho con anterioridad, ¿cómo podemos catalogarla?

Siempre he intentado escribir libros distintos los unos de los otros. Hay escritores a los que admiro que solo escriben una y otra vez el mismo libro, perfeccionándolo, haciéndolo cada vez mejor. De una forma muy temprana me di cuenta de que ese no podía ser mi caso, tenía demasiadas dudas sobre qué escribir o quería escribir demasiadas cosas. Hasta que comprendí que también se puede construir una identidad —una voz, una singularidad, un imaginario personal, como queramos llamarlo— desde la propia diferencia: mis libros publicados han ido perfilando poco a poco cierta forma, ciertos rasgos comunes, un conjunto que yo mismo no soy capaz de percibir y que empieza a dibujarme. Lo que tiene de paradójico esta última novela es que, siendo distinta de todo lo anterior, al mismo tiempo incluye algo de cada uno de mis libros. De El asesino hipocondríaco toma el humor y la excentricidad del personaje; de El sueño del otro, los juegos de espejos y el concepto de realidad como una consecuencia de la ficción; la fusión entre lo histórico y lo futurista ya podía encontrarse en De mecánica y alquimia; están también las ideas de corte borgesiano de 88 Mill Lane; y no faltan los seres imposibles y los alienígenas, como en El libro de los pequeños milagros. Creo que han sido varios los factores que han hecho que esto haya sido posible. Por un lado, la considerable extensión de esta novela. Por otro, el tiempo que me ha llevado escribirla, lo que la ha hecho convivir con la escritura de todos los demás títulos. Y, por último, que El gran imaginador es de alguna manera un libro de libros, un libro de géneros, donde intento cruzar las formas de la literatura con las manifestaciones más populares y lúdicas. Me sería muy difícil catalogar esta obra con una sola frase. Pero si tuviera que hacerlo diría que se trata de una novela histórica con una trama de realismo fantástico.

2)    ¿Quién nació primero, la historia o el personaje de Nikolaos Popoulos?

Desde el principio tenía claro que mi protagonista recorrería el Mediterráneo del siglo XVI, en busca de algunos de los acontecimientos y de los personajes que, desde mi punto de vista y de una manera simbólica, dan inicio a la Modernidad. Sin embargo, con esos elementos el resultado habría sido tan solo una novela histórica, demasiado rígida, que no acababa de parecerse a lo que intuía que tenía dentro de mí y no sabía aún como extraer. Transcurrieron los primeros años de documentación y, al fin, di con la idea que necesitaba: mi personaje, Popoulos, tenía que ser un imaginador sin límites. Esa hipótesis imposible convertiría toda la novela en fantástica. Y, al mismo tiempo, era lo más coherente: podría hablar de los orígenes de la ficción desde la ficción misma, desde de la más pura y excesiva imaginación. Y, de este modo, el viaje a través de los distintos géneros literarios también quedaba asegurado.

3)    Ha confesado que ésta es la novela de su vida, ¿cómo se lleva convivir todo este tiempo con una criatura literaria como El gran imaginador?

El mayor desafío de esta novela se encontraba precisamente en este planteamiento. Tenía que medirme en todo momento con el mayor soñador de todos los tiempos, con un imaginador sin ninguna de las limitaciones con las que nacemos todos los seres humanos. Se trataba, por supuesto, de una competición desigual y de partida imposible. Pero aun así me ha llevado en muchos casos al límite de mis fuerzas y al borde de la crisis. Por suerte, Popoulos es también un personaje entrañable y generoso, con quien después de una década de convivencia he trabado una estrecha relación de amistad. Ahora lo echo de menos cada día.

4)    Realismo, imaginación, ficción, ¿con cuál de las tres se quedaría?

Entiendo que la ficción es un intento de conciliar la realidad con lo imaginado. La ficción lo es todo. Es nuestro único instrumento para conocer la realidad. Tanto las hipótesis científicas como los conceptos filosóficos son ficcionales, conjeturas provisionales que nos son de utilidad durante un tiempo, aunque nunca alcanzaremos la cosa en sí, el noúmeno. Y creo que ahí radica la principal función de la literatura. La literatura aspira a mostrarnos cómo es, cómo se ordena y de qué manera se aplica sobre el mundo la jerarquía de la ficción. Cuáles son los distintos grados de veracidad de todo lo que ocupa nuestra mente, desde personajes históricos a los que nunca hemos visto, pero en los que creemos, como Vlad Tepes, príncipe de Valaquia, o Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, hasta personajes legendarios como los vampiros, o literarios como Drácula, en los que no creemos, pero que sin duda también forman parte de la realidad de un modo diferente. O los recuerdos. O las ideas abstractas, como la teoría cuántica de campos, el principio de incertidumbre, el amor, la verdad, las leyes bursátiles o la noción de mí mismo.

5)    ¿Alguna vez se ha visto sometido a los impedimentos para escribir que asaltan a Popoulos en algunos momentos de la novela?

En realidad, la maldición que parece perseguir a Popoulos es una metáfora de todo lo que frustra las intenciones literarias del escritor en particular —los compromisos sociales, familiares y laborales, la necesidad de tener que ganarse la vida con algo distinto de su verdadero trabajo, la tiranía del cuerpo sobre la mente, que lo arranca de su mundo interior una y otra vez— y las aspiraciones de cualquier persona en general. Quién no ha sentido alguna vez cómo su vida se dirige en una dirección distinta a la que había planeado, cómo van quedando atrás los sueños y lo verdaderamente importante, cómo nos convertimos en alguien que no se parece a quien de verdad somos o creíamos ser, y nos vamos rodeando de obligaciones que seguirán frustrando en el futuro nuestros deseos por el resto de los días.

6)    En el libro se percibe un gran homenaje a la literatura, especialmente a algunos clásicos, ¿qué supuso para usted la lectura de los mismos?

Sin ellos no sería quien soy. Al fin y al cabo, un noventa por ciento de lo que somos está hecho de imaginación. Todos los libros que aparecen en mi novela, de una manera directa o subconsciente, forman parte de mi mundo interior, tanto como mis propias vivencias y recuerdos, que después de todo en gran medida estarán adulterados. Somos lo que vivimos, pero también somos lo que leemos. Y, por supuesto, sin esas lecturas El gran imaginador nunca habría llegado a existir.

7)    De las múltiples situaciones y lugares que aparecen en la novela, señale qué fue lo más dificultoso a la hora de su creación, y qué otros momentos le resultaron más sencillos o placenteros.

Me supuso grandes desvelos la búsqueda del narrador idóneo para conducir una historia como esta. En concreto, me di cuenta de la dificultad a la que me enfrentaba después de concluir el primer capítulo, que está narrado con un tono elevado y con mucho vuelo, porque no acertaba a encontrar la forma de descender para contar el siguiente, que escribí innumerables veces. El problema era que necesitaba un narrador muy flexible, capaz de adaptarse a todas las situaciones, de cambiar de registro y atemperar su tono, de hacer barridos panorámicos o introducirse en el universo de lo microscópico, de adecuarse a los cambios de géneros y de pasar del humor al drama o al terror. Otro de los retos técnicos del libro era doblegar la ingente cantidad de información que debía manejar. No me importaba que la abundancia de personajes, escenarios y detalles históricos confiriesen un cariz exuberante a la novela, porque era parte de su naturaleza esencial. Pero tuve que luchar para que siempre hubiera una trama en movimiento en el primer plano, una historia y una acción sucediendo ante el lector, y que los datos se mantuvieran serenos en un conveniente segundo plano, sin entorpecer la experiencia de la lectura.
Por otra parte, disfrutaba muchísimo cuando, después de vencer estos y otros obstáculos, y tras predisponer una situación durante páginas y páginas, llegaba por fin donde en realidad siempre había querido estar: entre mis episodios favoritos se encuentran la invasión extraterrestre de la capital del Imperio Otomano, las perversiones de la Condesa Sangrienta o los disturbios del gólem en Praga.

8)    El encuentro entre Popoulos y Cervantes es verdaderamente antológico, ¿alguna vez tuvo usted un encuentro así con un escritor al que admirase?

Sería difícil asemejar un encuentro así, si tenemos en cuenta la talla del escritor en cuestión, que ambos se hallaban en el centro de la más memorable y sanguinaria batalla que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros, y la desatinada escena en la que los hago coincidir. En una ocasión conocí en persona a José Saramago, justo después de que hubiera sido jurado del Premio Clarín Alfaguara de Argentina, en el que El asesino hipocondríaco resultó finalista, y poco antes de morir. Pero el encuentro no duró más que unos segundos. No obstante, no pierdo la esperanza de que la vida pueda reservarnos sorpresas tan épicas como las de Nikolaos Popoulos.

9)    Y ya que hablamos de Cervantes, ¿hasta dónde llega su admiración por él?, ¿sería igual la historia de nuestra literatura de no haber existido El Quijote?

No, no lo sería. Para mí es el hombre que inventó la ficción. Al menos la idea de la ficción y la novela contemporáneas. Mezcló y reinventó como nadie los géneros literarios, y de alguna manera mi libro nace como un homenaje a esa hazaña, y de la pregunta de cómo podría un escritor hoy abordar un intento semejante de hibridación de géneros populares, en pleno siglo XXI. Y no olvidemos que El Quijote está recorrido además por la metaficción. Resulta gracioso advertir cómo algunos autores creen haber recién inventado determinados recursos metaliterarios, que no son ni la sombra de los que ya empleaba Cervantes hace cuatrocientos años. Él fue sin duda, como mi personaje, un escritor anacrónico, incomprendido y adelantado a su época.

10) ¿Cómo cree que encajaría en el mundo de hoy un personaje como Popoulos? ¿Cree que hay gente así a nuestro alrededor, y sobre todo, cree que somos capaces de percibirlo?

No podría haber nadie igual, por cuanto su capacidad no es menos fantástica que la de Funes el memorioso. Todos necesitamos apoyarnos en los descubrimientos de los demás para imaginar algo nuevo, en eso se fundamenta la civilización. La historia y el progreso comienzan con la palabra escrita y ni médicos, ni científicos, ni músicos ni escritores pueden crear desde la nada. Aun así, desde luego, el mundo está lleno de imaginadores. Imaginadores de distinto grado y condición, pero que tienen en común con Popoulos la riqueza de su mundo interior y que, con probabilidad, son incomprendidos y maltratados por su entorno inmediato.

11) Imagino que tras esta novela se habrá tomado un respiro antes de embarcarse en otros proyectos, ¿o tal vez no?

Sí, mi cabeza ha decidido tomárselo por mí. Aunque ya me rondan tres o cuatro ideas distintas para novelas cortas. Lo que ocurre es que, después de tantos años de compromiso y disciplina con este proyecto, no quiero forzarlo, quiero que la idea se acabe imponiendo sola. Eso sí, después de tantos centenares de páginas y de tantos años de documentación, no contemplo otra cosa que no sea breve.

12) ¿Cómo convencería a un lector que no conozca su obra para que se acerque hasta esta novela?


Le diría que si es entusiasta de lo histórico, de lo fantástico, de la ciencia ficción, de la literatura de terror o de las aventuras, quizá este sea su libro. Eso sí, que no espere encontrar uno solo de esos géneros ni que la novela se ciña a las normas tradicionales de cada una de las categorías. A cambio, le garantizaría que he intentado escribir una novela que apele al más puro placer de la lectura, capaz de recuperar aquellas sensaciones inigualables que todos sentimos con los primeros libros que cayeron en nuestras manos. Todo lo que yo pueda haber sacrificado con la escritura de este libro, todo lo que pueda haberme esforzado o haber padecido, así como todo lo que he disfrutado, ha sido con el único objetivo de que mis personajes y sus andanzas consigan ilusionarlo, involucrarlo, hacerlo vivir, sufrir, amar, viajar y soñar con ellos.





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