AQUEL RELOJ INCOMPRENDIDO
Antonio
Mercero ha logrado entremezclar la Historia del siglo XX con el amor, el odio,
los secretos y las sombras de una familia llena de grandes personas, que se
quedará para siempre en el recuerdo de los lectores.
Ese
sobrenombre es el que recibió el reloj de pared que fabricó en su día Domingo
Yarza, y que mucho tiempo después enlazaría su figura con la de su bisnieta
Paula, después de encontrarlo en uno de los múltiples portales de venta que se
alojan en Internet. Ese leitmotiv origina un buen puñado de acontecimientos en
esta saga de los Yarza, que arranca con el siglo XX y se acerca casi hasta
nuestros días, en un ejercicio de construcción narrativa que Antonio Mercero ha
perfilado de manera tan cuidadosa (el símil se presenta solo) como haría un buen
relojero tradicional.
La
reaparición de “El Incomprendido” en el seno de esta familia es el detonante
que el autor necesita para desplazarse hasta Lasarte y empezar a contarnos la
historia de los Yarza, arrancando, como es lógico, por Domingo, el relojero que
se lleva consigo a su hijo Pío para que le ayude a fabricar una obra de arte
sofisticada que deje sin aliento a los más adinerados de la zona.
Ha
reconocido Mercero que, yéndose al norte, a Oria, Lasarte, Hernani y San
Sebastián, ha homenajeado la tierra de su padre y otros antepasados, pero
además ha sabido penetrar con mucho tacto en su forma de vida en esa
convivencia que el hipódromo, por ejemplo, y sus eventos, propiciaban entre
ricos y pobres.
En ese
sentido, es tremendamente dulce la historia amorosa que protagonizan Pío y
Youna, hija de ricos franceses, en la que ambos niños se muestran y prometen un
amor que no está al alcance de ninguno de ellos, a pesar de que alguna carrera
hípica o una epidemia de viruela les uniera con lazos difíciles de romper.
Lo social
En
esta saga familiar la Historia tiene también un papel predominante, y con cada
Yarza vamos viendo la evolución social de una España que se lamentaba por la
enfermedad y las campañas de Marruecos, pasando por los incidentes revolucionarios
de 1934 hasta llegar al estallido de la Guerra Civil y algún que otro suceso
demoledor de la misma que afectó a una población cercana de sobra conocida por
todos: Gernika.
Antonio
Mercero transita por esos acontecimientos históricos disfrutando al narrar
muchos de ellos, como las visitas de los ricos a Biarritz, o aquella carrera de
caballos a la que asistió el mismísimo Alfonso XIII, que además era propietario
de un ejemplar que debía aspirar a ganador.
Esa
presencia de la riqueza y el poder contrasta con la extrema humildad de Domingo
Yarza, un hombre tosco y oscuro que andaba siempre a la busca de un golpe de
suerte, y cuyos fracasos aliviaba con la bebida y con frecuentes palizas a su
mujer y al pequeño Pío. Sabina era la principal destinataria de los golpes,
pero el hijo no se quedaba atrás, de ahí que sus escapadas a ver su amiga
francesa fueran también una especie de salvavidas, imposible pero salvavidas al
fin y al cabo.
Mujeres de altura
Frente
a él, dos mujeres se erigen en la esperanza, dos mujeres radicalmente
distintas, ambas hermanas de Sabina, Juana, monja que reside en el convento de
Lasarte, y Enriqueta, separada de un hombre rico y dispuesta siempre a sacarle
a la vida hasta su último jugo. Dos polos de una corriente con la que Mercero
homenajea a la mujer, sobre todo en el caso de la segunda, porque es la
quintaesencia del individualismo y la independencia. El tiempo las colocará a
ambas en la tesitura de cuidar a su sobrino Pío, y su existencia se prolongará
durante gran parte de la novela, sirviendo de apoyo a varios de los hombres
Yarza, y mostrándose como verdadero motor de la obra.
Pío
encarna la segunda generación, y su infancia le ha dejado marcado y
condicionado para lo que será el resto de su vida, junto a Julia, como
mecánico, junto a sus compañeros socialistas, también como un ejemplo de la
deriva más probable para un español de su clase en aquellos años. Como ya se ha
dicho, cada salto generacional está muy bien hilvanado con el momento histórico
que les toca vivir a todos, y eso es algo que el lector siempre agradece. Como
es lógico, ese camino histórico sigue su curso y se llevará por delante a quien
corresponda, hasta que nos deje frente a la tercera generación, la que
encarnarán Andoni y Anabel, en una posguerra y un franquismo muy bien
retratados.
Pero
volvamos al reloj, a la pieza presente en todo momento en la casa de los Yarza,
porque en él terminará escondiéndose la carta de amor más breve que se haya
escrito jamás y que da título a la novela. Cinco palabras hermosísimas que
serán determinantes incluso para Paula, cuando tenga que enfrentarse con el
pasado y pedir cuentas a algunos de sus familiares.
A fin de cuentas, la vida
No
estamos ante una novela sólo de amor, y no es sólo una saga familiar, ni únicamente
una novela histórica. Es una trama global en la que la vida, el amor, el odio,
la muerte y la propia sociedad se van entremezclando y llegando hasta nosotros
con gran viveza. Pero eso, a fin de cuentas, es la vida, y Antonio Mercero se
aferra a ella en cada línea, ya sea a comienzos de siglo o en los años
postreros de una dictadura que seguía mordiendo y castigando desde su agonía.
Y todo
ello lo consigue con una prosa dinámica y certera, en la que los sentimientos,
el paisaje y hasta lo psicológico van combinándose con gran acierto. A medida
que uno lee crece su satisfacción, y hay momentos, cuando nos vamos acercando
al final, en los que lamentaremos que la novela termine. Pero eso, sí,
seguiremos siempre bajo la sombra de aquel reloj incomprendido.
ESTÁ
LLOVIENDO Y TE QUIERO. Antonio
Mercero
Planeta. 504
páginas.
https://www.laverdad.es/ababol/libros/reloj-incomprendido-lloviendo-quiero-20260221201451-nt.html
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