Antonio Parra Sanz: "Si hubiera convertido estos crímenes en novela, la gente me llamaría exagerado"
Por encargo del editor Emilio Tomás, el padre creativo del detective Sergio Gomes recopila los episodios oscuros recientes de Cartagena a través de doce capítulos que combinan la crónica periodística con la literatura del género ‘noir’.

El escritor afincado en Cartagena, Antonio Parra Sanz, en la ciudad portuaria. / Iván Urquízar
Siglo y medio separan el crimen de la calle de San Roque del caso del descuartizador del Barrio de Peral; . Los últimos ciento cincuenta años de historia de la trimilenaria los disecciona el escritor Antonio Parra Sanz (Madrid, 1965) en Cartagena Sangrienta (La Playa de los Libros) a través de una selección de las doce crónicas de los sucesos locales más oscuros; entre ellos, los crímenes de La Aljorra y Canteras o el linchamiento de ‘El Chipé’.
La mano detrás del recopilatorio es la del editor Emilio Tomás. Encargó al autor de novelas negras —algunas ambientadas en la ciudad portuaria que se patea su mítico personaje, el detective Sergio Gomes— la narración periodística de los principales crímenes para la colección ICUE de la editorial. Y como todo profesional tiene sus propios métodos, Parra Sanz puso como única condición la libertad de añadir una versión literaria en cada uno de los episodios. El resultado es un ‘true crime’ de un escritor de guante blanco que trata de entrar en la psicología de los protagonistas. ¿De todos?
Entonces, ha podido indagar en la propia historia de Cartagena a la vez que en su crónica negra.
Sí. Ha sido sobre todo un trabajo periodístico. He buceado fundamentalmente en las hemerotecas de los periódicos más importantes de la ciudad, y también en los diarios digitales. Incluso en los nacionales, porque algunos tuvieron repercusión nacional. El de Cala Cortina, la joven de Cantera, por ejemplo...
¿Qué hace que un crimen local salpique en el resto del país?
Fundamentalmente, la brutalidad y el morbo. Cuanto más brutal sea el crimen, más interés despierta en los medios nacionales. Despierta el morbo que todos, como seres humanos, llevamos dentro. Cuando no hay circunstancias especiales, reducimos el crimen solamente a una estadística. Es así de duro.
En esos casos, ¿la prensa distorsiona?
No estoy seguro de ello. A veces se eligen titulares más llamativos para que el lector se enganche a la noticia. Es cierto que ya no hay diarios especializados en crímenes, pero sí que, a la hora de gestionar una noticia y dársela al público, si es un titular más macabro, le va a atraer un poco más.
¿Hasta qué punto están instalados en el imaginario colectivo, sobre todo los últimos crímenes sobre los que indaga?
Menos de lo que creemos. Me he llevado una sorpresa porque hay mucha gente que no los conoce. Supongo que surge de una autoprotección del lector y ahora, con las redes sociales, es mucho más difícil que permanezca. La pervivencia es menor.
Eso lo pudo comprobar en la presentación del libro, en el museo del Teatro Romano de Cartagena. ¿Algún asistente tenía información privilegiada de los crímenes?
Sí. Pasó con Tiroteo en José María de la Puerta, donde uno de los delincuentes, por un asunto de una deuda, utilizó un rifle del calibre 22, según la prensa. Pero en la presentación un policía local que estuvo en la escena dijo que era en realidad una carabina. Y después del acto empecé a recibir llamadas y mensajes sobre crímenes que yo desconocía, que me dan casi para hacer una segunda parte.
¿Qué aporta la literaturización entonces a la crónica negra?
Aporta tranquilidad, porque cuando haces una versión literaria ha pasado un tiempo, para reflexionar y buscar diferentes puntos de vista. Con la literatura se busca la psicología de los personajes, adivinar qué se les pasó por la cabeza a alguno de los asesinos cuando cometió el crimen.
¿Se pueden llegar a comprender las razones de un asesino?
Es muy complejo porque se trata de un ejercicio de introspección muy duro. A mí me cuesta especialmente meterme en la piel de un maltratador de género, como en el caso de Rosa María Sánchez, el crimen de Canteras. Pero luego está el caso de 'El Chipé' y su trágico final. El concejal de la CNT en el ayuntamiento de Cartagena, Manuel Martínez Norte llevaba en un coche al 'Chipé', de vuelta a la cárcel, cuando una multitud los sorprendió zarandeando el vehículo para atrapar al delincuente. Manuel se apiadó de él, o buscó su propia supervivencia, y le dio un tiro en la cabeza; abrió la puerta, le entregó el cadáver a la multitud y salió zumbando de allí.
¿Por qué no se ha guardado alguna historia para su detective Gomes, o para otra novela? ¿La realidad superaba cualquier ficción?
A ratos lo pensé, pero si los hubiera convertido en una novela, la gente me habría llamado exagerado.
Quizá sea un mecanismo de defensa de los humanos. "Esas cosas aquí no pasan".
Es posible, pero por desgracia estamos expuestos a este tipo de cosas. Además, Cartagena ha crecido mucho en los últimos años, tanto para lo bueno como para lo malo. Hemos crecido en turismo, cultura, infraestructuras... Pero también se ha notado en el crimen en los últimos 20 o 25 años. Hemos pasado de unos años, en los 80 y 90, que parecía que los delitos arqueológicos se llevaban la palma, a una actualización criminal donde ya entra todo: desde mafias del este que trafican con droga y matan a uno de sus miembros, ‘El lituano mutilado’; a crímenes de género.
https://www.laopiniondemurcia.es/cultura/2026/05/11/antonio-parra-sanz-hubiera-convertido-130086139.html?fbclid=IwY2xjawSBqcRleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe8pJzbDzmysXBBr52lcEV4F3Hg1Hl8FItgTCHTaAryQcTSZ57le8LoBWn1Sw_aem_o9Mqh2qa5l-trX_NzZQUNw
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