UNIVERSO MOYANO
Manuel
Moyano vuelve a regalarnos una novela que juega con la realidad, con el mundo
que habitamos y hasta con las creencias, y lo hace con unos personajes y unas
tramas que a ratos se vuelven hipnóticos.
A
estas alturas de su carrera literaria, cuando un lector se acerque a una
narración de Manuel Moyano, se encontrará, al menos, con un quinteto de rasgos
o características que poco a poco se han hecho armazón imprescindible en sus
textos, otorgándole una identidad propia que no hace sino enriquecer esas
obras, y concediéndole a su autor una dimensión que sólo suelen alcanzar los
clásicos.
Aun a
riesgo de ponernos un poco academicistas, estos cinco pilares del universo
Moyano son los siguientes: simultaneidad de escenarios y situaciones; perfiles
protagonistas muy marcados; temáticas que miran al otro lado de la realidad; un
humor fino y paródico importante; y el tratamiento pulcro y cuidado del
lenguaje. Con ello en la mochila, el regalo que nos cae a los lectores es de
alto calibre, lo que hace que, más que leernos sus novelas, nos las bebamos, ya
que además mide muy bien la extensión de las mismas, por si acaso nos faltaba
otro rasgo capital.
Tramas entrelazadas
Sus
tramas, al igual que ocurre en esta última novela, se van asomando de la mano
de situaciones diversas que ocurren en diferentes lugares sin aparente relación
alguna, hasta que él decida que todo vaya confluyendo en un punto común. Aquí
hablamos de un psiquiatra/escritor norteamericano que se anima a tratar a un
hombre que dice ser un personaje histórico, de un paparazzo inglés a quien le
dan el soplo de su vida, y de una ejecutiva de comunicación israelí que se topa
con una especie de mendigo dotado de un magnetismo inigualable. ¿Tendrán algo
que ver las tres situaciones? Ya intuimos que sí, el atractivo consiste en
dejar que Manuel Moyano nos lo vaya contando.
Esos
tres personajes, como hemos avanzado, no están solos aunque su primera
aparición nos haga pensar lo contrario. Son los tres (y alguna más que se unirá
después) personajes de marcado carácter, con sus pliegues y sus fracasos, sus
soledades y sus sueños ya un poco caducos. Al autor cordobés, o molinense ya,
le valen porque los va a hacer depositarios de un tema que irá mostrándose una
vez que, como lectores, nos hayamos acostumbrado a la sensación de que algo
extraño va a ocurrir.
Realidades alternativas
Y
llegamos así a la tercera pata de este mueble literario, la temática, siempre
jugando con la realidad que vemos pero abriéndole una puerta, y ventanas, y
hasta un horizonte amplísimo, a otra realidad vicaria, a otro mundo, llámesele
distópico, fantástico, ilusorio, pero un mundo que nos atrae con la ceguera de
un agujero negro, y que se nos vuelve absolutamente adictivo. En este caso, no
arruinaremos la lectura de nadie si les remitimos al propio título para que
sepan de qué nos va a hablar Moyano, y de cómo esa situación sacudirá a sus
personajes.
Como
es lógico, si aceptamos el juego de movernos en esa especie de realidad
alternativa, se producen hechos que nos irán poniendo en situación: aparición
de personas que llevaban ya un tiempo en el más allá, plagas de índole bíblico,
seres sobrenaturales, el festival de Eurovisión como marco que albergue
demoledores mensajes… Herramientas todas al servicio de la primera línea argumental,
y guiños a lo que podría ser y no es, o quizá sí termine siendo, eso ya le
tocará averiguarlo al lector.
Si han
llegado hasta este momento en la lectura de la reseña, les comunico que ahora
tendrán que correr a hacerse con esta novela, de lo contrario se perderán la
presencia de una predicción que les puede afectar muy seriamente.
Parodia fina
Y no es broma, el humor ya lo pone el autor al narrarnos un buen puñado de
situaciones con un trazo de finísima parodia, que a más de un lector, en
función del grado de complicidad, le puede arrancar incluso una buena
carcajada, como esa cena que comparten Ekaverya, Tom Spanbauer y un tercer
invitado ilustre, o la convivencia de Myriam con su nuevo invitado, por no
hablar del malhadado festival europeo de la canción.
Manuel
Moyano demuestra, una vez más, que hasta la noticia más intensa o el anuncio
más agorero pueden teñirse de una ironía y un humor paródico que no hagan más
que enriquecerlos, multiplicando así nuestro interés, lo hemos visto en obras
anteriores (ahí está su Yegorov), pero en esta incluso ha tomado tintes aún más
refinados.
Ya
sólo nos queda hablar del estilo propiamente dicho, o lo que es lo mismo, de la
manera en que el autor cuida el lenguaje, no ya del narrador, sino también de
las voces de sus distintos personajes, ya sean estos humanos o divinos, y
créanme si les digo que esta última no es una frase hecha.
Lenguaje muy cuidado
A
ratos desnudo, ese lenguaje es esencial para realizar el principal anuncio de
la novela: sin estridencias, sino con la contundencia de la naturalidad. Si a
eso le añadimos una ambientación muy cuidada, que nos lleva a la Norteamérica
profunda, a un Londres un tanto oscuro y a un Israel acuciado por la amenaza de
alguna plaga que otra, certificamos la sensación de estar ante una novela muy
bien trabajada, mejor dicho, elaborada con mucho mimo.
Confiesa
el autor acerca de la novela que estuvo escribiéndola durante el confinamiento,
en aquellos meses en que todo lo que nos rodeaba se había vuelto una enorme
distopía. Puede que sea una de las pocas cosas que tengamos que agradecerle a
aquel encierro, que le permitió a Manuel Moyano coger su brújula literaria y
enredarnos en una historia que no va a dejar indiferente a nadie, y eso que
hemos logrado redactar estas impresiones sin mencionar ciertas palabras clave
que quizá destriparían lo que hemos decidido que no debía ser nombrado.
EL
MUNDO ACABARÁ EN VIERNES.
Manuel
Moyano.
Menoscuarto
Ediciones. 220
páginas.
https://www.laverdad.es/culturas/libros/universo-moyano-20251226073838-nt.html
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