miércoles, 17 de junio de 2009

LA LINTERNA MÁGICA - EL CABO DEL MIEDO


EL CABO DEL MIEDO

Para dar más miedo del que habitualmente da por sí solo, Robert de Niro se tatuaba medio cuerpo en esta cinta, adornando su espalda con un crucifijo y una balanza en cuyos platos se oponían la verdad y la justicia. Como para no temerle. Desde luego, el tío aterrorizaba lo suyo, por no decir otra cosa, a la familia del abogado Nick Nolte, y emplearía sus buenas horas en la trena esculpiendo así su piel.


Así que no me lo imagino reclamando al tatuador de turno por unas tintas mal puestas, como ha hecho la criaturita belga Kimberley Vlaminck después de pedir tres estrellitas bajo el ojo izquierdo y encontrarse con una constelación de medio centenar cubriendo su cara. Un papelón, vamos, porque al parecer el tipo que la tatuaba, un rumano de mirada inteligentísima, como se puede apreciar al verle, llamado Rouslan Toumamiantz, no entendía mucho ni el francés ni el inglés, y ahí llegó el problema, menos mal que no le encargó un piercing en un pezón o en otra zona menos confesable. El hecho de que la jovencita hubiera bebido lo suyo y que se quedara dormida, parece no tener demasiada importancia, y todo ello en el corazón de nuestra querida y vieja Europa.


Ahora, claro, llegan los lamentos, el artista (joder, si esa cara es arte yo me declaro iconoclasta pero ya mismo) alega que ella veía de vez en cuando su obra en el espejo, y que sólo reclamó cuando el padre y el novio vieron la jeta estrellada; la víctima exige una indemnización de 13.000 dólares por el destrozo vital, aunque yo creo que ya iba destrozada mentalmente desde casa. Hasta han surgido ya psicólogos, ¡cómo no!, alegando que Kimberley es ahora un monstruo circense, como el artista, vamos, para que luego digan que los circos no asustan.


Qué manía con añadirse cosas al cuerpo, y conste que yo defiendo desde hace años el piercing cerebral, aunque nadie me haga caso. Si la gente quiere retocarse, allá cada cual, pero primero que se hagan una ITV encefálica, porque permitir que semejante tipo te toque un pelo roza el delirio más tremendo. Si Kimberley llega a pedir un implante mamario, la veo desarmando a Yola Berrocal del podium de los tetámenes, y suerte que nuestra princesa de Asturias no se puso en manos del rumano de marras, nos la habría devuelto peor que María Bárbola, ya saben, la menina más fea. Vaya mundo tenemos.



5 comentarios:

Lydia dijo...

Que horror... el muchacho de arriba parece una serpiente.
A la chica de abajo se le puede decir que se ha "estrellado" y nunca mejor dicho jeje.

Esta gente de hoy en día...:)

Miguel Paz dijo...

Puestos a elegir me quedo con la chica. No obstante, el tipo tiene su lado cinéfilo-gore. ¿Vive en Cartagena?

Rubén Castillo dijo...

Sois muy exagerados y muy alarmistas. Yo me tatué, siendo joven, la constelación de Andrómeda en la plazoleta del capullo. Y cabió entera.
O sea, que a tranquilizarnos...

Roberto Fernández Puente dijo...

Lo que más me gusta es el ascenso social del "tatuaje" y si no a ver. Desde los submundos de la delincuencia, los rudos marinos, los legionarios y el cuple de Sara Montiel hasta lo más "cool" de los jovenes de hoy dia.

Casi estoy pensando hacerme uno. Ya sabeis, al estilo del "Amor de madre" de los "legías". Pero lo que no se me ocurriria ni majara o bebido, o ambas cosas, sería ponerme en manos del tatuador de la foto. O lo mismo lo dejo y conservo mi ajada piel tal y como esta. Lo mismo es mejor.

Manuel Pérez Recio dijo...

Pues, sinceramente, me gusta cómo le quedó a la chica. El problema, radica en que no era la persona adecuada para ese tatuaje -algo que lamentará cada vez que se mire al espejo-. Hay que tener una serie de conceptos muy claros antes de dar el paso de tatuarse el cuerpo. Y es recomendable no hacerse el primero en una zona demasiado expuesta, por aquello del cansancio visual.
Para mi primer tatuaje, tardé años en decidirme por la zona del cuerpo y el diseño adecuado; casi 15 años después sigo encantado de llevarlo, a pesar de las modas estúpidas al respecto.
Saludos
Nelo