sábado, 6 de febrero de 2010

TRAMPANTOJOS


En el ambulatorio, un cuarto de hora esperando sólo para pedir una cita. Del cubículo que hay tras el mostrador brota un tipo con bata blanca y nariz de púgil, le grita a una mujer árabe, le grita a un sudamericano. Llega mi turno y no me grita, hubiera querido preguntarle por qué a mí no, o por qué a ellos sí, pero al final no lo he hecho. Vivimos entre la complacencia del laissez passer, huyendo de las complicaciones, callando por vergüenza, mirando al suelo. Tendría que haberle exigido que me gritase también, pero en sus ojos no había ningún rastro de la sutileza necesaria para entender ese gesto. Salgo a la calle con mi cita concertada con la amargura.




7 comentarios:

Rubén dijo...

Yo te grito si quieres: ERES UN ESCRITOR COJONUDO

Antonio Parra Sanz dijo...

GRACIAS MIL, HERMANO

Isabel Martínez dijo...

Las voces y los gestos de los que, quizá, se proclaman no racistas.
¡Cuánto expresas en tan poco!

Thornton dijo...

Te faltaron huevos. Un saludo

Antonio Parra Sanz dijo...

Pues no sé si me faltaron huevos, amigo Thornton, o ganas de intentar entenderme con un neanderthal. No lo tengo claro, la verdad.

Thornton dijo...

Era una pregunta, se me olvidó poner los interrogantes. Perdón.

Jose Lorente dijo...

Es importante reconocer a nuestro interlocutor antes de iniciar cualquier intento de diálogo, porque éste es imposible (el diálogo) si el primero no es válido (el interlocutor).

El neanderthal no lo era. Así lo veo yo según lo cuentas, así entiendo que lo viste tú también, y así creo que lo entendieron también los inmigrantes, que a buen seguro son menos sumisos que listos.

Me encantó la foto, pero aún más el texto. Un abrazo y enhorabuena por esta finísima entrada.