lunes, 10 de mayo de 2010

TRAMPANTOJOS



Picoteo una comida de aliño en una coqueta cafetería. Una pareja entra y se acomoda en la barra con toda la delicadeza del mundo, no sé cuál de los dos es el enfermo, ambos llevan gorros de lana calados casi hasta las cejas, pero bajo el de ella parece notarse la orfandad del cabello. Comparten dos copas de vino y hablan con toda naturalidad, disfrutan de su momento, de las tapas, del vino, del sábado. Se miran y se rozan las manos con la familiaridad de los años, si toman una tercera copa de vino, o yo una nueva cerveza, el cáncer se irá difuminando. Puede que los verdaderos gestos de amor radiquen en actitudes como éstas, sin luces, sin sueños, sin exagerados flechazos o estridentes fuegos de artificio.

4 comentarios:

Jose Lorente dijo...

Puede.

Y puede que saber identificarlos tenga que ver con ser un observador sensible.

Un abrazo fuerte.

Antonio Parra Sanz dijo...

Observar siempre termina por ser gratificante, aunque a veces sea duro lo que uno ve. Un abrazo

Patrick Ericson dijo...

Cuando todas las cosas que creemos importantes de la vida dejan de tener sentido, es cuando realmente se vive el amor.

Un abrazo

Antonio Parra Sanz dijo...

Qué razón tienes, Patrick. Me alegra verte de nuevo por aquí. Un abrazo