viernes, 19 de noviembre de 2010

TRAMPANTOJOS


Hay un hálito de primitiva satisfacción en el carro repleto de víveres que sale del supermercado. El hombre que lo empuja, tras un par de horas de pacientes elecciones, se muestra casi casi ilusionado al vaciarlo en el coche, y aún más al trasladar el contenido hasta la nevera y la despensa. Después de varios milenios, empuña la misma sonrisa ufana del cavernícola que ha logrado abatir una pieza y acumular alimentos para su prole durante un invierno polar. A cambio, recibe la amenaza inclemente de los códigos de barras y las inquietantes fechas de caducidad, como si el hambre o la gula pudieran programarse.



5 comentarios:

Clares dijo...

Joer, Antono, mi marido y yo, cuando vamos a hacer una compra de esas gordas en una gran superficie, nos decimos riéndonos que nos vamos de caza. Hay mucho de eso que tú dices, pero resulta de una banalidad insoportable el modo de "caza" moderno. Por otra parte, es lo que nos ha hecho humanos. ¿Has visto en los documentales el sinvivir que llevan los animalicos para comer algo?

Antonio Parra Sanz dijo...

No los animales, lo que me choca muchísimo más es la obesidad infantil aquí frente a las muertes infantiles por inanición. Me rompe por dentro, pero bueno, hay que seguir escribiendo y tratando de no desperdiciar todo eso que "cazamos". Besos

Clares dijo...

Toda la razón tienes, amigo. Sólo que me había limitado a esta parte del mundo, y a la comparación con los tigres y los leones, que se pegan cuarenta correrías para comerse una carroña o algo así.
Lo otro, la verdad, es una vergüenza para el género humano.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Algo similar a la caza sí es el acto de comprar víveres, sobre todo cuando dudas sobre una u otra pieza de carne, Aunque seguro que los primitivos ni dudaban; lanzaban la flecha o lo que tuvieran más a mano a cualquier cosa que se moviera.
Lo que sí tengo claro es que conviene echarse el rifle al supermercado, por si la caja se vuelve loca y cobra lo mismo varias veces. Suele ser un elemento disuasorio y se ganan puntos de respeto a ojos de las cajeras.
Besos, Antonio. Por supuesto, desde una cocina atestada de víveres. (Qué pesadilla debió ser la Prehistoria, con lo difícil que es aún hoy decidir qué vas a hacer de comer).

Antonio Parra Sanz dijo...

Gracias por tus palabras, Isabel, me alegra mucho verte de nuevo por aquí. Besos