domingo, 31 de mayo de 2015

INVASIÓN - DAVID MONTEAGUDO

Hay alguien ahí


          Joseph K. era un hombre normal, un trabajador casi del montón que lidiaba con los laberintos sociales y burocráticos en la novela de Kafka. García es también un hombre normal, tan normal que no tiene ni nombre de pila, un trabajador del montón, que vive entre pólizas de seguros hasta que un día comienza a percibir una visión un tanto distorsionada de la realidad: empieza a ver gigantes, seres descomunales a los que parece que ninguna otra persona ve. He ahí el punto de partida que utiliza David Monteagudo para llamar la atención del lector, para que éste arranque a leer una novela que fluye con una naturalidad tremenda, y cuyas páginas no podrá dejar de pasar hasta su final.

Sus lectores reconocerán el paño: situación extraordinaria, casi distópica, que es narrada con la tranquilidad de lo ordinario, pero que esconde un mundo diferente, o bien unos cambios demoledores para la realidad a la que están acostumbrados tanto los personajes como los propios lectores. Dicho de otra manera, las novelas de David Monteagudo esconden siempre varias lecturas, en el primer plano encontraremos las dificultades por las que atraviesa García, cuyo equilibrio emocional se ve sacudido por estas visiones, y que acepta con cierta docilidad ponerse en manos de un especialista, tal y como le recomienda su mejor amigo. Luego llegará el resto de la derrota, el abandono de su pareja, su sensación de apestado y algunas pruebas más que le reserva un autor que parece más que nunca un demiurgo con muy mala leche.

Pero ése era sólo el primer plano, porque detrás hay más, mucho más, alegatos acerca de la soledad del ser humano, sobre todo cuando se resiste a seguir los dictados de la masa, la anulación que los sistemas del pensamiento tiránico y totalitario pretenden llevar a cabo con quienes tengan ideas diferentes, la amenaza que conllevan el adocenamiento, el conformismo y la ceguera. Esos tubos amarillos de desescombro que pueblan las fachadas de esta pequeña ciudad no son sólo un instrumento práctico, sino un símbolo de todo aquello en lo que nos estamos convirtiendo: almacenes de residuos de conciencia, vertederos que ignoramos a no ser que desagüen sus miserias a las puertas de nuestro hogar.

Por todo ello, las novelas de David Monteagudo son tan adictivas, por esa combinación de planos argumentales, los literales y los simbólicos, y porque de la mano de una trama que no se puede abandonar, nuestras mentes se mantienen más activas que nunca. Reflexionar gracias a la buena literatura, poco más se puede pedir.

Invasión. David Monteagudo.
Candaya. Barcelona 2015.
142 págs. 16 euros.
(LA VERDAD, "ABABOL", 30/5/2015)

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