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sábado, 23 de marzo de 2024

NO TE VERÉ MORIR - ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 

AMAR Y MORIR

 Reflexionar y mirar dentro de la naturaleza humana, dos de los valores propios de Muñoz Molina que veremos en esta novela, además de su habitual amor por la literatura, una combinación que sin duda le ha convertido en uno de los mejores autores de nuestras letras. Las relaciones entre el amor y la muerte capitalizan una historia honda y llena de sensibilidad.


Si tuviéramos que elegir un par de buenas razones para adentrarnos en la narrativa de Antonio Muñoz Molina, tal vez las primeras que consideraríamos serían la expresión de los sentimientos y el tratamiento del paso del tiempo, entendiendo ambas como un binomio presente en sus historias, un armazón principal sobre el que luego van cimentándose unas novelas que están destinadas a formar parte de nuestro equipaje literario.

 Como es obvio, no sólo de esos dos rasgos vive su literatura, porque a ellos hay que sumarle siempre un estilo tan cuidado como conciso, producto del amor por la escritura pero también de un conocimiento exhaustivo de la misma, de sus técnicas y herramientas, que hacen de su lectura un doble ejercicio de calidad y disfrute.

 Como lector, la primera vez que uno pudo disfrutar de esos mimbres fue nada menos que con El jinete polaco, una novela capaz de atrapar a cualquier alma y que, sin embargo, no era cómoda de asimilar en lo argumental, porque removía mucho por dentro. Luego ya vendría el interés creciente por cada libro que daba a la imprenta, y que se abría con la seguridad de que nunca nos defraudaría.

 Pureza literaria

 Decir que Muñoz Molina es uno de los mejores autores españoles sería una obviedad, porque tiene méritos más que suficientes como para haberse ganado ese reconocimiento, y lo que es más importante, habérselo ganado en exclusiva por su literatura, no por apariciones mediáticas u otros complementos comunicativos.

 En esta ocasión, las reflexiones que nos provoca su novela vienen de una pareja que pudo ser y no fue, Adriana Zuber y Gabriel Aristu, y partiendo de un encuentro postergado durante medio siglo, el autor jienense nos lleva a transitar por las vidas de ambos, por los sueños que no se cumplieron, por los compromisos que se vulneraron, por las decisiones que no llegaron a tomarse y las que quizá otros tomaron por ellos. Un horizonte en el que la vida se aparece como línea cercana a su final, que es cuando las cuentas parecen exigir sus ajustes.

 La nostalgia y el pasado

 De la mano de esa nostalgia, Muñoz Molina aprovecha también para retratar algo que conoce de manera sobrada, las diferencias latentes, y patentes, que hay entre la vida española y la norteamericana, máxime cuando el recuerdo de la primera se ha quedado anclado en la década de los sesenta, en aquellos años en los que el tiovivo de la sociedad española parecía ir dos velocidades más lento que el del resto del mundo.

 La insatisfacción de un matrimonio ajado, la necesidad de volver a preguntarse aquello de “qué hubiera pasado si…”, llevan a Gabriel Aristu a buscar a Adriana, a jugar con sus viajes a Europa para encontrar a una mujer que ya no es la misma, que nunca lo será, ni él tampoco, pero en la que quizá busque ahora algo más que un pasado, una nueva oportunidad para no esquivar la felicidad.

 No hablamos de una novela muy extensa, así que el narrador va directo al corazón de las emociones, y lo hace además con una primera persona perenne e inagotable, que huye incluso de los puntos en muchos capítulos, un poco al estilo de aquel García Márquez de El otoño del patriarca. Ese fluir de conciencia es otro valor añadido del texto, al menos en los bloques capitalizados por la voz de Aristu, porque también hay otros en los que se nos da el punto de vista de terceros que pueden juzgar los caracteres de la pareja que nunca fue, o incluso las incomodidades de un hispano a la hora de asentarse en las comunidades universitarias norteamericanas.

 La sombra de la muerte

 Flota, cómo no iba a hacerlo, también por la novela la sombra de la muerte, y la estela de lo que ambos protagonistas han alcanzado en la vida, perpetuaciones aparte, pero Muñoz Molina le da tal vez más importancia a los sentimientos que el tiempo ocultó y que un presente celérico y algo forzado acaso no esté en condiciones de resucitar del todo.

 Novelas como ésta, que precisan una lectura reposada, se hacen muy necesarias en un panorama de publicaciones que es vertiginoso. Es muy agradable toparse con un texto que nos exija una demora en el momento de leer, una calma imprescindible para disfrutar de la prosa exacta de Muñoz Molina, de quien alguna vez se dijo que parece escribir con extrema sencillez, como si eso fuera algo fácil de lograr.

 Sólo quien es capaz de reflexionar y mirar dentro de la naturaleza humana, quien también puede ubicar a la persona en su marco social y temporal sin que sea devorada, puede escribir novelas como la presente, que nos llegan muy adentro y, ¿por qué no?, también nos llevan a enfrentarnos con nuestro propio yo en el espejo, cuando llegue el momento de pedirnos explicaciones por lo vivido, lo soñado e incluso lo olvidado. Muñoz Molina en estado puro.

 

‘NO TE VERÉ MORIR’. ANTONIO MUÑOZ MOLINA.

Seix Barral. 238 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 24/02/2024)




1 comentario:

Aviator dijo...

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