(LA VERDAD, "ABABOL", 09/05/2020)
ANTONIO PARRA SANZ (Madrid 1965), escritor y crítico literario. Novelas: Ojos de fuego, La mano de Midas (Premio Libro Murciano 2015), Los muertos de las guerras tienen los pies descalzos; Acabo de matar a mi editor, Dos cuarenta y nueve y Entre amigos (Serie Sonia Ruiz 6). Relatos: Desencuentros, El sueño de Tántalo, Polos opuestos, Cuentos suspensivos, Malas artes, Gomes y Cía, Cartagena sangrienta. Artículos: La linterna mágica, Butaca de patio. Ensayo: Tres heridas.
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domingo, 10 de mayo de 2020
viernes, 8 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - OÍR, VER Y CALLAR
OÍR,
VER Y CALLAR
Otra vez doña Pura se ha levantado a las tantas, otra vez
está el dormitorio hecho unos zorros, apestando a anís y a sudor solitario.
Otra vez entra Nieves directa hacia la ventana, dispuesta a echar por ella todo
lo que rezuma su señora.
Hay mañanas como ésa en la que se lamenta por haberla
acompañado, por haber salido de aquella aldea para caer en Badajoz, en otra
prisión, porque es lo que parece aquella casa, una cárcel que sólo se adecenta
cuando viene el gobernador civil, la última presa en la que se ha fijado la
hiena de la señora.
Si don Pedro la viera ahora le llevarían los demonios,
bueno, o quizá no, piensa mientras voltea las sábanas con energía. Después de
todo no está haciendo nada que no hiciera allí antes de que todo se desatara.
Nieves domina un repeluco al recordar aquellos días, el vértigo, las voces, el
juez y los civiles, y todo lo que se fue organizando después. Por eso no lo
pensó tras la llamada de doña Pura.
Ahora ya no es tiempo de arrepentirse, ahora sabe el tipo
de vida que no desea, en estos tiempos ahorra y ahorra más que nunca para echar
los papeles en la Escuela de Oficios y salir de aquella casa, huir de aquel
desprecio, o de las manos del dichoso gobernador, que le van tras sus carnes
cuando doña Pura parece que no mira.
Primero la Escuela y luego Madrid, pero eso aún queda muy
lejos, tan lejos como la casa grande y los dos años que lleva sin ver a sus
padres, ni al tío, allí encerrado en la Casa de Salud. Todo está lejos y ella
sigue alisando sábanas, fregando suelos y soñando oficios, oyendo, viendo y
callando, así hasta el día en que termine de sobrevivir y se vuelva una mujer
libre, libre como aquellas zuritas que todavía añora.
jueves, 7 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - THE BLUE PARROT
THE
BLUE PARROT
Él no suda, no lo entiendo. Es imposible no sudar, y
menos con ese cuerpo desmesurado. A mí me arden las manos, por mucho que
intento evitar el agua tan caliente, y ya se me han empezado a despellejar un
poco las palmas, al menos los dedos están intactos, arrugados pero intactos.
Esta especie de pozo cada vez es más insano, está más
sucio y más lleno. ¿Para qué lustrar tantas tazas en medio de este ambiente
sofocante?, ¿para qué tanto té hospitalario si luego el whisky termina ahogándolo
todo…? Ferrari no para de mirar a todas partes, se pasa el pañuelo por la nuca
pero es mentira, porque no suda, lo saben todos, lo sabemos todos. El último
cubo, al fin, un paño, pero también húmedo y quién sabe si un nido de
sabañones, ¿pueden salir sabañones del calor extremo?
Meto las manos en los bolsillos de estos pantalones
raídos cerrando y abriendo los dedos, ejercitándolos en secreto, uno tras otro,
del índice al meñique y vuelta, una y otra vez, diez, cincuenta. Como los pasos
al cruzar la calle, menos de cincuenta para cambiar de mundo, para quitarme el
olor a zotal de la conciencia y del hambre, para cruzar la otra puerta y volver
a mi piano, para escuchar el bálsamo de cada noche (tócala, tócala), para
cambiar una voz por otra, aunque la señorita no haya vuelto desde lo de París.
miércoles, 6 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - PURO DESTELLO
PURO
DESTELLO
Para Charo Guarino y Charo González
Dennie baja del coche y no puede refrenar un
estremecimiento al ver aquella cabaña, como sujeta a la tierra con alfileres, y
ya incluso le asalta un pequeño temblor cuando de ella, tras apoyarse un
segundo en el quicio de la puerta, sale Bud, enfundado en un peto granjero
medio raído.
Ya no le queda mucho brillo en aquella mirada, quizá sí
mantiene la apostura que tanto la desveló en su momento. Todo ha ido demasiado
deprisa para ambos, él en Yale, la clínica que la acogió a ella, el derrumbe de
la bolsa; ahora no hay nada que deslumbre, más bien es una pátina que el tiempo
ha echado sobre ellos como si fuera un cruel hechicero.
Entra a la cabaña tras él y conoce a su mujer, de mirada
tímida, como amedrentada ante aquel sombrero y esas perlas que ahora hubiera querido
dejar en el coche. Pero no le da mucho tiempo a lamentarlo, porque en el suelo
gatea un pequeño que pelea con unos mocos rebeldes, incipientes.
Dennie se agacha mientras se hace un silencio aún más
espeso, y coge al bebé, lo levanta buscando en su rostro el alma del padre, la
misma de la que ella nunca podrá disfrutar. La sonrisa amarga es percibida por
el matrimonio cuando ella vuelve a dejar al niño en el suelo, le da la mano a
la mujer y sale de nuevo a pisar aquella tierra ingrata, seguida por un Bud que
mete sus manos en los bolsillos del peto y la acompaña hasta el coche,
enunciando vaguedades, tópicos y formulismos.
Nada ha sido como se prometieron, nada cumplió lo soñado,
el tiempo los ha llevado por caminos paralelos que nunca imaginaron menos
convergentes. Él le dice que nunca olvidará aquellos momentos, ella sigue
sonriendo con un rictus de dolor. El sol cae como el más inclemente de los
jueces, a lo lejos se oye borbotear a un viejo tractor.
Cada vez falta menos para llegar al coche, se dan la mano
con una formalidad exagerada, auspiciados por la curiosa mirada de la esposa
legal. Dennie sube al coche sabiendo que ya no hay destellos que la deslumbren,
y que la gloria de las flores y la belleza ya sólo podrá permanecer en el
recuerdo.
martes, 5 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - TRESCIENTAS CINCUENTA LIBRAS
TRESCIENTAS CINCUENTA LIBRAS
La viuda se colocó el coqueto sombrero con mucho mimo ante el espejo, todo debía lucir perfecto, incluso la cinta que habría de fijarlo a la estaca durante la carrera, porque la mañana había arrancado con un fuerte vendaval.
Una vez comprobado el efecto, lo retiró y lo dejó sobre la cama, tomó la blusa de batista, la misma que sólo se ponía los domingos de grandes eventos, y continuó vistiéndose, sin hacer demasiado caso a la ligera presión que la enagua ejercía sobre sus senos, levantados con una pizca de provocación.
Nadie se daría cuenta en mitad de la carrera, pero si al pelirrojo Will le daba por mirar, allí estarían para él con una elegante mezcla de desafío, puede que uno de los últimos que le reservara el tiempo. Sin darle mucho pábulo a las sombras de la edad se introdujo en la falda de tweed del dos piezas que se hizo traer de Dublín, y finalizó anudando sus botines con firmeza.
El vendaval se había llevado las nubes, aunque desde el horizonte ya anunciaba la llegada de un nuevo cargamento. La playa rebosaba. Todo el pueblo estaba allí, chismorreando sobre si el nuevo noviazgo prosperaría o no. Ella suspiró deseando que pronto llegara su turno ahora que la hermana de Will parecía haber encontrado ya marido. Sólo esperaba que aquel pelirrojo cabezota no armara ninguna de las suyas, que dejara atrás al avaro que llevaba dentro y entregase las trescientas cincuenta libras de la dote de Mary Kate sin rechistar.
Con paso decidido llegó a las estacas, se quitó el sombrero fingiendo con un deje de indefensión que el viento se lo arrebataba, y lo sujetó para ir a sentarse en el carro, junto al reverendo Playfair y su esposa. Sean pasó frente a ella tirando de su caballo saludándola educado, y tras él llegó aquel portento de la naturaleza, que apenas le regaló un gruñido, ocupado como estaba en observar a su rival y domar a una montura que parecía desconfiar de él.
La gente se apartaba al paso de Will, palmeándole con temor mientras fanfarroneaba sobre su futura victoria, y ella sólo deseaba que recogiera su sombrero, ya se encargaría después de ir domesticando a semejante coloso. El reverendo lanzó el pañuelo al aire y los jinetes volaron por la playa, casi tanto como los suspiros de la viuda Tillane.
lunes, 4 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - MEDIEVO
MEDIEVO
Para Alfonso Gutiérrez Caro
La última hostia le ha dejado a Sharon el rostro algo
temblón, aunque no tenía fuerza suficiente como para hacer manar la sangre. Ha
habido un eterno e incómodo segundo de silencio y Milan ha prorrumpido en una
carcajada, seguido entonces por la propia Sharon, que le ha lanzado un golpe al
hombro que el pequeño de los Parsons ha encajado sin dejar de reír.
Troy Parsons nunca quiere que a su hijo le falte de nada,
y si para ello hay que organizar los mejores desmadres de Los Ángeles, pues se
organizan. Las cosas le van de fábula, los amigos de Tijuana confían en él y
todo fluye como sobre algodones.
El menor del clan Parsons es un gilipollas, su padre lo
sabe, Sharon lo sabe, y todo Los Ángeles lo sabe, excepto él. Pero arma unas
rayas como la pintura de una autopista, así que Sharon y el séquito que les
acompaña se lanzan hacia la bandeja con la determinación de un oso hormiguero.
Una vez que todos reciben lo suyo, regresa el momento de ver quién la tiene más
grande.
- Oye, Milan, ¿qué se siente al tener a un negraco como
éste protegiéndote?
- Eh, Stud, no te pases, deja a mi hombre en paz o le
digo que te haga a ti un culo nuevo. ¿Lo pillas? Un culo nuevo.
El coro de risas le altera la cabeza y el ánimo a Jules,
que sigue allí a pie firme sin darse por aludido, al borde la piscina, sin
apenas pestañear.
- ¿Qué hacemos ahora…? Venga, concurso de mamadas.
Sharon, reina, te toca bajar al pilón.
Y Sharon sonríe algo forzada mientras estalla otro buen
puñado de risas. Milan, Stud y la media docena más de niñatos ricos que
completan la fiesta se van relamiendo. En cambio Sharon, Ingrid, Sue y Thalia
no. Bueno, Thalia quizá sí, porque sigue soñando con que el pequeño de los
Parsons se fije alguna vez en ella, con o sin coca encima.
- Va, Sharon, no seas estrecha, coño. Si es sólo un
juego. Empieza tú y te seguirán todas estas putitas.
Y sin apenas esfuerzo Troy se baja el bañador, dejando al
aire una polla triste, pálida y deslucida, que provoca un rictus de asco en el
público femenino.
Por un instante, un leve instante tan solo, los ojos de
Sharon han coincidido con los de Jules, quien ha dado un paso en dirección a
Troy. A él si le gustaría jugar, pero al medievo con el culo de aquel gilipollas,
como probablemente habría hecho si esto se hubiese producido unos meses atrás.
- Menuda mierda, Sharon, eres una aguafiestas.
Y Jules, una vez
más, va hablando solo camino de la casa, regalándose un lamento que se le está
haciendo habitual, en el que tilda a Vincent de cabronazo por haberle dejado
más solo que la una.
sábado, 2 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - EL INVITADO
EL INVITADO
Para
Mónica Rouanet
Jame se afana con la aguja. Nada
puede salir mal hoy, es un día especial, una noche muy especial. Hace días que
terminó con el largo trasero y pasó por el calvario de encajar debidamente la
sisa y el ajuste, renunciando al corte francés porque tiene dos piezas más que
unir para abarcar el cuello y ceñir lo que será la capucha.
Esta aguja es un poco más gruesa.
Las puntadas más complejas, en esa zona el tejido es duro, ha de ser por fuerza
un poco más duro, es necesario para luego poder colocar bien el pelo y que nada
se tuerza, se perdería el efecto y no se lo puede permitir.
Entre puntada y puntada, anda
soñando con el patrón central, y con respetar la pinza vertical, ya le tiene
echado el ojo a un tejido magnífico que pronto, muy pronto, será suyo. Se
relame de gusto solo de pensar en cómo se adaptará, en la caída, en el bies que
tendrá que ajustar para que no se note abombamiento alguno.
Son ya muchos meses de dedicación
como para rendirse ahora, aunque haya costado muchos sinsabores. Buscar por
medio país las medidas idóneas ha requerido paciencia y tino, y sobre todo una
firme voluntad, una mano certera, no como ésta que hoy parece que le anda
temblando un poco. Debe de ser la estela de Catherine, la penúltima modelo.
De vez en cuando sube la música,
quizá el punk no sea lo más indicado para estas labores, pero tiene algo
erótico que le pone. Sube de nuevo el volumen, no quiere oír ni los chillidos
del caniche ni los otros. Se abstrae dando una puntada tras otra, se aleja la
obra de los ojos, aún incompleta, todavía muy incompleta porque le falta la
parte más importante, el patrón delantero, la zona cumbre. El vientre de
Clarice.
Suena el timbre, su invitado acaba
de llegar. Se atavía con su traje y abre la puerta, insinuante.
- ¡Qué elegante está usted, amigo
mío! ¿Le importaría atemperar un poco este chianti antes de la cena?
UNIVERSIDAD PARA ASESINOS - PETROS MÁRKARIS
PRIMUS INTER PARES
Así queda
catalogado Kostas Jaritos en esta última entrega de Petros Márkaris, como
director policial en funciones pero por encima de sus otros colegas, un premio
que el propio Jaritos se ve obligado a aceptar por mandatos superiores, pero
que no va mucho con él, porque no en vano es el más normal, el más casero y
natural de cuantos protagonistas pululan por la novela negra no sólo europea,
sino incluso mundial.
Ahí
precisamente radica uno de los aciertos de Márkaris, en la verosimilitud y la
cercanía que le ha dado a un comisario cascarrabias, aferrado a un coche
vetusto, y fiel a sus amistades (aunque sean comunistas) tanto como a su mujer
y su familia. En esta ocasión, eso sí, vemos a un Jaritos mucho más sosegado,
que quizá va vislumbrando ya la jubilación, cuya capacidad investigadora sigue
tan intacta como siempre, y que nos lleva a acompañarle en un nuevo caso que,
si bien no pertenece ya a la trilogía de la crisis, sí se muestra como algo
consecuencia de aquello, en tanto que se nos habla de docentes universitarios
que dejaron las aulas para dedicarse a la política y ahora pretenden regresar
haciendo uso de las famosas puertas giratorias.
Como puede
verse, la crítica social sigue muy presente en Márkaris, si la novela negra la
utiliza él es la quintaesencia de ese uso, pero el tono amargo de aquella
crisis se ha ido suavizando, al igual que el carácter de un Jaritos a quien la
vida todavía le tiene reservada alguna que otra sorpresa. En esta ocasión esa
crítica se ha humanizado, los años pasan y la manera de enfocar la realidad va
cambiando, incluso en la propia Adrianì, pero lo que no cambia es, por ejemplo,
el diario café con croissant del comisario, o su terquedad a la hora de
rastrear, señas de identidad que lo han caracterizado siempre y que nos lo han
vuelto tan extremadamente familiar. El mejor de entre nosotros.
‘UNIVERSIDAD
PARA ASESINOS’ Petros Márkaris.
Tusquets. Barcelona 2019. 332 págs. 19 euros.
(LA VERDAD, "ABABOL", 02/05/2020
viernes, 1 de mayo de 2020
METRÓPOLIS - LA BOCA DE LA VERDAD
LA
BOCA DE LA VERDAD
Para Marién Pérez Zarauz
Joe le ha dicho que si un embustero mete ahí la mano se
la morderán. Esto ya es mucho más que una broma o un simple corte de pelo. Lo
está viendo en sus ojos, retraídos de repente, temerosos, ausente de ellos la
luz que ha visto anidar allí en las últimas horas.
Pero el envite está lanzado, y ella duda, él sabe que en
el fondo le da miedo que la maldición se cumpla. Y Ana tiembla, recoge la mano
en su regazo y le devuelve otra mirada, esta vez retadora, para ver si él se
atreve a meter allí sus dedos.
Es entonces ella quien ve un velo en sus ojos, la sombra
de una sospecha que no sabe bien cómo interpretar mientras siguen allí, unos
segundos eternos, dejando que el frío de la piedra les vaya colonizando la
piel, incluso el ánimo, al tiempo que Irving los mira con el cigarrillo
congelado en los labios, sin decidirse a encenderlo.
Joe toma el relevo, pero también con temor, con el de no
saber quién miente más, o quién se miente más a sí mismo, con la duda de si
puede más su cueva de miserias y promesas rotas o la torre de marfil en la que
a ella le han preservado del mundo. Dos encierros más parejos de lo que ninguno
de los dos podría pensar.
Ahora no valen helados, ni vespas ni paseos o monedas
arrojadas a las fuentes, ahora es el momento de desnudar las caretas, pero él
no acaba de atreverse, no se decide, no se borran de un plumazo tantos años de
soledad. Ninguno de los dos acepta el reto pero ambos lo aceptan sin decirlo,
hasta que Joe retoma el humor y perfila la broma, tras meter la mano, gritando
y escondiéndola ahora en la manga de la chaqueta.
Ha sido divertido, pero sobre todo ha sido inenarrable
sentir el contacto de Ana en su pecho, asustada, ahogando un leve chillido que
ha disfrazado de golpe vengativo al comprobar la chanza. Irving al fin logra prender
el cigarrillo, y ellos dos salen de allí posponiendo la victoria del destino,
dejando para otro momento la caída de los velos que andan tapando sus
inseguridades, sus anhelos, sus corazones.
jueves, 30 de abril de 2020
METRÓPOLIS - TANNHÄUSER
TANNHÄUSER
La paloma sigue allí, presa de unos dedos engarfiados,
peo nada teme, porque no está aferrada, sólo es sujetada diríase que hasta con
cierta delicadeza. El hombre rubio, casi albino, la tomó en su mano sin apenas
esfuerzo, sin que la lluvia le impidiera hacerlo.
Luego llegó el primer golpe, y a ése le siguieron otros
muchos, el hombre moreno, con los ojos llenos de miedo, comenzó a embestirlos,
pero ningún embate fue suficiente. Ella no se alteró, en aquella azotea nunca
pasaban cosas como ésa, eso ocurría siempre abajo, en la calle, entre los
charcos, el humo y las carreras.
Allí tampoco hay comida, como ella pensó al caer en
aquellas manos, allí no se toma nada salvo agua, allí se dirime algo mucho más
intenso, que la sangre parece corroborar aunque se diluya al poco de ir
brotando. Su anfitrión sufre, pero menos que su oponente, y sólo necesita la
otra mano para frenarle. ¡Qué grandeza de hombre! No ha visto muchos así.
De súbito, el oponente salta hasta el edificio de en
frente, en cuya azotea ella también ha pasado muchas noches. Salta pero no
alcanza a cubrir la distancia y queda suspendido de una de las gárgolas. Ella
mira hacia arriba, hacia aquellos ojos azules, calmados, que la fijan, y
entonces sabe qué va a ocurrir.
Entonces sabe que el hombre rubio, su hombre, va a saltar
también, y él sí llega sin problemas al otro lado. Sabe que mirará a su enemigo
colgando en el vacío y que, tras comprobar una vez más el terror de sus ojos,
levantará su cuerpo con la otra mano, a pesar del hierro que la atraviesa desde
hace ya unos cuantos golpes.
Sabe que le permitirá vivir, que le mirará con la
claridad de lo inevitable, que terminará
por desvanecerse. Lo ha visto en otras ocasiones. Ya nota que la presión de los
dedos va aflojando, y al fin echa a volar cuando aquellas lágrimas de lluvia
dejan paso a un cielo azul, aunque no tan azul como sus ojos.
YAIZA CABRERA - JAVIER HOLMES
YAIZA CABRERA de Javier Holmes por Antonio Parra
Títulos
Procelosos lodazales;
Las lágrimas de Hauwa Samuel
Datos publicación
Independiente, Amazon.
Autor
JAVIER HOLMES, nacido en Valladolid, estudió Ciencias Económicas y después un MBA en la Universidad Politécnica de Madrid, ha dedicado toda su vida al mundo del ferrocarril y algún pequeño período intercalado a la también noble tarea de la enseñanza, hasta que derivó hacia la literatura. Es el creador del detective que lleva su mismo nombre y que acumula en sus espaldas cuatro casos resueltos. Después de las cuatro aventuras, el detective comenzó a apoderarse de su autor y se hizo necesario un nuevo personaje. Así nació la saga de la detective Yaiza Cabrera, una joven intrépida y transgresora que compatibiliza sus tareas de investigadora con otra de sus pasiones: la dominación femenina o femdom.
Sinopsis de las obras
EL PRIMER CASO DE YAIZA CABRERA: Cuando Yaiza Cabrera llega a su despacho en la firma de auditoría de cuentas para la que trabaja, escucha un sonido que le resulta familiar. Al abrir la puerta encuentra al que era su ayudante muerto, desnudo y boca abajo sobre un charco de sangre con un vibrador en su esfínter. Por eso le era conocido el runruneo que escuchaba, el dildo era de ella. En ese momento comienza una frenética carrera para demostrar su inocencia a pesar de que hay muchas pruebas, demasiadas, que apuntan en una única dirección.
PROCELOSOS LODAZALES: En 1903, siete hombres se reúnen en París en torno al padre dominico Jean-Vicent Scheil, traductor del Código de Hammurabi, el cual les comunica un hecho que cambiará sus vidas y la de sus descendientes. En la actualidad, un hombre aparece asesinado con una daga clavada en la espalda mientras participaba en una fiesta. Se trataba de un evento clandestino donde se practicaba el sexo de forma libre. Al día siguiente, Yaiza Cabrera visita a una amiga de la infancia en París. Ella trabaja como vigilante en el museo del Louvre. Durante su estancia se produce un asalto y sabotean la estela que contiene el código que mandó escribir el rey babilonio.
LAS LÁGRIMAS DE HAUWA SAMUEL: En un control rutinario, una patrulla de la Guardia Civil intercepta un camión y descubre en el interior de su remolque, ocultas, a veinte chicas subsaharianas. Todo se precipita en ese momento y el conductor cae abatido por una bala disparada por uno de los números de la patrulla. Unos meses más tarde, Yaiza Cabrera tiene el encargo de investigar la muerte de Leocadio Huidobro, empresario dueño de la flota de camiones entre los que se encontraba el que se utilizó para el supuesto delito de trata de blancas. La autopsia ha dictaminado que se trató de muerte natural, pero una sustancia encontrada en el cuerpo del finado hace sospechar a los dos hijos que no fue tan natural. En la lectura del testamento, los dos hermanos se encuentran con que su padre, antes de morir, había adoptado a una joven de veinte años y a un adolescente de nacionalidad nigeriana. Por tanto, la asignación esperada será mucho menor. A esto se suma que el abogado de la empresa recibirá una pequeña parte del legado.
Reseña
Yaiza Cabrera
Hay personajes que pasan sin pena ni gloria por una novela negra, algunos incluso durante una saga, y en cambio hay otros que ya desde el principio apuntan maneras, no sólo para quedarse, sino para conseguir una buena legión de acólitos incondicionales. Algo así le ocurre a la detective Yaiza Cabrera, nacida de la mano de Javier Holmes cuando este autor la creó con el fin de compartir páginas, y casos, con su homónimo literario.
Dura, descarada, tremendamente sexi, muy empoderada y capaz de hacer por su cuenta la guerra de sexos y la profesional, inteligente y muy activa en el plano sexual, en el que se muestra una experta en femdom, o lo que es lo mismo, la dominación femenina. Con estos rasgos, y su desatada lengua, no es extraño que el lector le tome mucho cariño, porque además es intuitiva y más dura de lo que parece, aunque también asome en ella de vez en cuando su corazoncito.
Hasta ahora la hemos visto en tres entregas de su serie, lidiando con un partido nuevo de ultraderecha (¿les suena de algo?), embarcada en una trama en la que una congregación en defensa del código de Hammurabi se enreda en turbias fiestas sexuales, o desentrañando un caso de corrupción empresarial y trata de mujeres. Como ven, tres casos muy diferentes en los que Yaiza ha tenido que dar lo mejor de sí misma, dejando en ellos piel, alma y alguna que otra gota de sangre.
En cualquier caso, esa fortaleza suya no impide que Javier Holmes le coloque alrededor a tres personajes de vital importancia, el primero de ellos el propio detective Holmes (trasunto del autor), fanático de Marlowe y portador de una cachaza a veces exasperante; el segundo el inspector Luis Bárcenas, orondo policía que saca a Yaiza de las fauces de la ilegalidad en más de una ocasión; y por último, pero no menos importante, el sargento Melitón, amante, compañero y hasta mascota en esas interminables sesiones sexuales.
Un cuarteto intenso, sobre todo un terceto, porque Holmes es menos constante, que dan a esta serie un aire de consolidación que el lector disfrutará, al menos mientras esperamos que llegue la nueva entrega, bien de Yaiza Cabrera, bien del propio Holmes.
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Yaiza Cabrera
miércoles, 29 de abril de 2020
METRÓPOLIS - N'IMPORTE QUOI
N’IMPORTE
QUOI
Para Isabel Parra Sanz
El heredero maneja el timón con displicencia. Tantos
inviernos en Florida al final han merecido la pena. Mamá ya no podrá echarle en
cara esas pérdidas de tiempo y el despilfarro del patrimonio familiar. Esta vez
va en serio, esta vez no se trata de ningún capricho, esta vez está dispuesto a
jugar fuerte y a comprometerse de verdad.
Esto no es un consejo de administración, ni siquiera una
opa con la que asaltar Wall Street, esto es un tango lleno de vértigo, varias cenas
a la luz de la luna, un clavel entre aquellas manos fuertes, esto es la
demostración palpable de que las coristas a veces sí traen cosas buenas, como
esa música celestial que los dedos de ella le arrancan al contrabajo. Aquí no
hay mentiras ni estrategias comerciales, sólo el pecho que se le hincha cada
vez que se ven.
Se acabó eso de quedarse sentado en la entrada del hotel,
junto a los demás, como una exposición de fósiles, aguardando a que el desfile
de jovencitas les pusiera los dientes largos. Se acabó acceder a pagar cenas y
más cenas en las que el tema de conversación iba del último divorcio a la
cuenta de resultados. Se acabaron los préstamos para el hermano o el primo
necesitado de salir de un apuro. Todo eso quedó atrás, toda esa falsedad a cambio
de una triste caricia o el fugaz roce del carmín que nunca iba más allá de la
mejilla, se acabaron los autoengaños.
La noche se retira, perezosa, y el heredero no deja de
sonreír, no le importa que tras ellos haya otra pareja regalándose todos los arrumacos
del mundo, si él pudiera soltaría el volante de la lancha y haría exactamente
lo mismo, pero el yate les aguarda mientras deja que le bañen los primeros
rayos del sol.
Daphne está inquieta, la pobre, y muestra sus recelos
ante el compromiso que él acaba de lanzarle, es tan dulce con esos miedos que
él va derribándolos uno a uno, apenas sin esfuerzo. No importarán ahora ni el
pasado, ni la ausencia de hijos, ni el más que seguro veto de mamá, en esos
momentos en los que rompe el alba no importa nada, ni siquiera que el cabello
de su amada sea postizo o que tenga alguna otra sorpresa escondida. Osgood
Fielding III navega feliz camino del horizonte del amor, y su sonrisa le dice
al mundo que la perfección no existe y ni puñetera falta que hace.
METRÓPOLIS - VERDE BOTELLA
VERDE
BOTELLA
Para Amalia
No sabes si el color será el más adecuado, una viuda
debería ser más recatada, pero a fin de cuentas casi no eres ni viuda, apenas
te duró un suspiro el matrimonio. Te duelen las manos al coser, el terciopelo
es una tela demasiado fuerte, demasiado rígida, pero te encanta su apresto. No
sabes nada de mujeres empresarias que no llegarás a conocer, y nadie te ha
hablado de empoderamiento, bastante tienes tú con sobrevivir.
Soplas las yemas para que la aguja no te maltrate tanto,
y maldices las heridas como si fueran de guerra, esas mismas guerras a las que
las mujeres no vais, las que no provocáis. La misma guerra que le tiene a él
encarcelado, aunque no estás segura de que esté precisamente sufriendo mucho.
Te tragas el orgullo del sur con cada puntada, con cada
dobladillo, con cada jaretón, y lamentas lo que podrías haber hecho con mejores
telas, pero él tampoco está en condiciones de apreciarlo, o de exigir mucho, ya
no estaréis en aquel baile en el que te atrapó con su descaro. Ojalá te
resultara ahora tan fácil como entonces darle color a esas mejillas
desnutridas, que ya no se ruborizan ni con los pellizcos, porque el hambre no
sabe de recuerdos.
Das la última puntada y apagas la vela, quieres dormir
pero no puedes, ensayas de nuevo tu discurso y te engañas pensando que es sólo
por el dinero, por la familia, por las tierras…, hasta que evocas de nuevo sus
hoyuelos y sus ojos pícaros, y se te escapa una sonrisa.
Pero mañana no, no vas a sonreír, sólo firmeza y
determinación, la misma con la que le has enseñado al mundo que no hay penurias
que puedan con una mujer capaz de hacerse semejante vestido con unas viejas
cortinas.
domingo, 12 de abril de 2020
ENTREVISTA CON ANA BALLABRIGA
Vivir para la literatura. Con Antonio Parra Sanz
Una vida puede estar dedicada a la literatura: escritura, formación, crítica, dirección de un festival literario, como es Cartagena Negra, y sobre todo, lectura, mucha lectura. Hoy empezamos nueva temporada en Un día de libros hablando con Antonio Parra Sanz, quien nos cuenta cómo es una vida dedicada en cuerpo y alma a la literatura.
https://www.ivoox.com/17-vivir-para-literatura-con-antonio-parra-audios-mp3_rf_49916847_1.html
https://www.ivoox.com/49916847
domingo, 5 de abril de 2020
PERRO COME PERRO - EDWARD BUNKER
EL VERDADERO BLACK
En tiempos en
los que el término novela negra se ha abierto a múltiples modalidades, conviene
echar de vez en cuando un vistazo a lo que era la verdadera narración negra, es
decir, aquella que dio nombre a un género y que se caracterizaba por contarnos
historias de personajes marginales, enfrentados tanto con la ley como con la
propia sociedad, coqueteando con el mal y dispuestos a llegar hasta las últimas
consecuencias.
Así eran las
cosas antes de que los detectives y las fuerzas del orden entraran en el género
para quedarse, y así nos lo recuerda Edward Bunker, guionista y actor ocasional
(vean Reservoir Dogs), y que se pasó
algún tiempo entrando y saliendo de la cárcel. Él sabía bien cómo eran ciertos
ambientes y por eso nos regala, en esta trama de un golpe que aspira a ser
perfecto, a tres hombres complejos, potentes personalidades de las que en su
momento cimentaron lo que llegaría después: Troy Cameron, cerebral y respetado,
“Diesel” Carson, enorme en alma y cuerpo, y “Mad Dog” McCain, que hace honor a
su sobrenombre y deja pequeña la psicopatía.
Tres almas en
intersección, bajo el liderazgo de Cameron, que se van desenvolviendo en un
camino marcado por el odio y la ambición, pero en el que también había códigos,
normas que no debían romperse si uno quería seguir teniendo un buen nombre
entre la profesión. Una América no tan profunda en los años 90, turbios manejos
entre bandas, el horizonte de un último golpe tras el que dejarlo todo atrás, y
la sombra de un pasado, que a veces es densa como el alquitrán, y tan pegajosa
que no permite a quien la precede más que caminar sin detenerse, porque parar
puede significar la muerte.
Novelas como
ésta deben leer los recientes aficionados al género, porque no conviene olvidarse
de los orígenes, ni de los tipos que nos han traído hasta donde estamos hoy.
‘PERRO COME PERRO’ Edward Bunker.
Sajalín Editores. Barcelona
2019.
342 páginas. 19 euros.
(LA VERDAD, "ABABOL", 04/04/2020)
viernes, 3 de abril de 2020
NO HAY LUZ BAJO LA NIEVE - JORDI LLOBREGAT
NO HAY LUZ BAJO LA NIEVE de Jordi Llobregat por Antonio Parra

Título
No hay luz bajo la nieve.
Datos publicación
Destino. Barcelona 2019. 552 págs.
Autor
JORDI LLOBREGAT (Valencia, 1971) soñó con ser escritor a la edad de doce años tras ver la película Le magnifique, con Jean-Paul Belmondo y Jacqueline Bisset. Ha escrito numerosos relatos publicados en varias antologías, es el autor de la novela El secreto de Vesalio (2015), traducida a diecinueve idiomas y vendida a más de cuarenta países. Es creador y director de Valencia Negra, festival internacional de género negro, codirector del festival Torrent Histórica y del ciclo de encuentros culturales XATS en la Fundación Bancaja. Escribe la columna cultural Atasco en la mesita de noche en el diario Las Provincias y colabora con varios medios especializados. Pertenece al grupo literario El cuaderno rojo.
Sinopsis de la obra
Un hombre desnudo y maniatado, con los párpados cosidos con un alambre, ha sido encontrado sumergido en las aguas heladas de una piscina, durante las obras de la estación de esquí Vall de Beau en el Pirineo: la infraestructura más emblemática de la candidatura hispano-francesa para los próximos Juegos Olímpicos de Invierno.
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| FOTOGRAFÍA VALENCIA PLAZA |
La subinspectora de homicidios Álex Serra y el teniente de policía francés Jean Cassel serán los encargados de la investigación. Después de un tiempo apartada del cuerpo por un grave incidente en el que Serra disparó a un compañero, sus superiores la envían a las montañas a investigar el caso. Serra creció en un pequeño pueblo de la zona, al otro lado del valle. Nadie como ella conoce aquel lugar.
Con su regreso, se reencuentra con todo aquello que creía haber dejado atrás: una montaña inmisericorde, un entorno opresivo dominado por los secretos y los recuerdos de un pasado que todavía no ha superado. Ahora, además, un asesino inteligente e implacable la pondrá a prueba.
Este será solo el primero de una serie de crímenes que tienen que ver con una historia oculta durante décadas. Solo quien la conozca podrá resolver el caso y dar con el misterioso criminal. Mientras tanto, la tormenta de nieve más devastadora de los últimos veinte años está a punto de desencadenarse.
Reseña
El pasado y sus fantasmas
Ha nacido a la literatura Álex Serra, una mujer muy especial que lleva media vida luchando con su pasado y con un buen puñado de ausencias, y a quien Jordi Llobregat ha puesto al cargo de una investigación de altura, la que arranca con la muerte de un hombre, en pleno Pirineo, a quien han cosido los párpados con alambres.
El propio autor, en una carta dirigida a los lectores, habla de las peculiaridades de Álex, por lo que la empatía que se establece hacia ella llega casi en las primeras páginas, y no porque sea digna de lástima, sino porque vemos, así lo ha considerado su creador, a un personaje indómito, capaz de no rendirse por mucha tralla que le haya dado la vida (y le ha sacudido a base de bien, créanme), a una mujer luchadora que se enfrentará a esta investigación como si éste fuera el último cartucho de autenticidad que le quedara por disparar.
En mitad de unos crímenes confusos, con una candidatura hispano-francesa para los juegos de invierno, van surgiendo las sombras que amenazan con derrumbar el proyecto y con sacar a la luz el pasado de una colonia que, a mediados del pasado siglo, y en manos de la familia Dalmau, revitalizó la zona aunque con algunos manejos que ahora parecen poco claros.
No hablamos estrictamente de noir rural aunque podríamos, pero Álex, en colaboración con el teniente francés Cassel, no son seres de la naturaleza, sino urbanitas sacados de su entorno para esta investigación, aunque el transcurso de la misma nos enseñará que tampoco este paisaje les es ajeno. Los métodos policiales han sido perfectamente estudiados, como no puede ser de otra manera, y la trama se enriquece al combinarse con un manuscrito que recoge las memorias de Raquel, un inquietante personaje que nos vincula incluso con los judíos errantes que intentaron acceder a España huyendo de los nazis.
Para completar el panorama, hay luchas sociales, un centro monástico con más secretos que inquilinos, enfrentamientos policiales, personalidades ocultas y esos fantasmas del pasado de los que hablábamos antes. Todo ello conforma una bola de nieve que va creciendo a cada página, deslizándose con la majestuosidad del hielo, pero siempre con la sensación de poder provocar una avalancha en cualquier momento. Del lector dependerá, siguiendo los pasos de Álex y Cassel, sobrevivir a todo lo que ha de venir o quedar sumergido entre la nieve, a merced de algún lobo generoso que quiera prestarle su calor.
Etiquetas:
Jordi Llobregat,
Novela,
Solo Novela Negra
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