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miércoles, 6 de mayo de 2020

METRÓPOLIS - PURO DESTELLO


PURO DESTELLO

Para Charo Guarino y Charo González

  Dennie baja del coche y no puede refrenar un estremecimiento al ver aquella cabaña, como sujeta a la tierra con alfileres, y ya incluso le asalta un pequeño temblor cuando de ella, tras apoyarse un segundo en el quicio de la puerta, sale Bud, enfundado en un peto granjero medio raído.

    Ya no le queda mucho brillo en aquella mirada, quizá sí mantiene la apostura que tanto la desveló en su momento. Todo ha ido demasiado deprisa para ambos, él en Yale, la clínica que la acogió a ella, el derrumbe de la bolsa; ahora no hay nada que deslumbre, más bien es una pátina que el tiempo ha echado sobre ellos como si fuera un cruel hechicero.

   Entra a la cabaña tras él y conoce a su mujer, de mirada tímida, como amedrentada ante aquel sombrero y esas perlas que ahora hubiera querido dejar en el coche. Pero no le da mucho tiempo a lamentarlo, porque en el suelo gatea un pequeño que pelea con unos mocos rebeldes, incipientes.

    Dennie se agacha mientras se hace un silencio aún más espeso, y coge al bebé, lo levanta buscando en su rostro el alma del padre, la misma de la que ella nunca podrá disfrutar. La sonrisa amarga es percibida por el matrimonio cuando ella vuelve a dejar al niño en el suelo, le da la mano a la mujer y sale de nuevo a pisar aquella tierra ingrata, seguida por un Bud que mete sus manos en los bolsillos del peto y la acompaña hasta el coche, enunciando vaguedades, tópicos y formulismos.

   Nada ha sido como se prometieron, nada cumplió lo soñado, el tiempo los ha llevado por caminos paralelos que nunca imaginaron menos convergentes. Él le dice que nunca olvidará aquellos momentos, ella sigue sonriendo con un rictus de dolor. El sol cae como el más inclemente de los jueces, a lo lejos se oye borbotear a un viejo tractor.

    Cada vez falta menos para llegar al coche, se dan la mano con una formalidad exagerada, auspiciados por la curiosa mirada de la esposa legal. Dennie sube al coche sabiendo que ya no hay destellos que la deslumbren, y que la gloria de las flores y la belleza ya sólo podrá permanecer en el recuerdo.

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