miércoles, 10 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS



Las casas en las que se instala la vejez dejan asomar sus huellas de forma paulatina, un pañuelo olvidado sobre un lavabo, una pelusa resistente aferrada a un sillón, migas rancias colonizando los rincones. Hasta el papel higiénico tiene algo de hoja caduca y triste. A veces creo que uno de los peores inconvenientes de llegar a la senilidad es el acopio de manías insalubres que se produce. He de guardar un remanente monetario para dedicárselo, llegado el momento, a un asesor que me susurre en el oído, tal y como hacían los césares triunfantes, no sólo el recuerdo de que soy mortal, sino la obligación de conservar cierta decencia, cierto mínimo decoro a pesar de los años caídos.


5 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Puf... Y, si es factible con nuestro destino, todos llegaremos, estimado Antonio.
Roguemos a la belleza por la armonía de nuestros deshechos.
Un abrazo.

Antonio Parra Sanz dijo...

Lo que hace falta, Isabel, es llegar en unas condiciones aceptables, lo demás siempre terminan siendo cuentos.

Jose Lorente dijo...

etPues mi ratón rejuvenece cada vez que paso por aquí.

Es pronto todavía para plantearnos estas miserias. Mi papel higiénico aún luce esplendoroso, tanto que a menudo prefiero usar cualquier diario de prensa.

Un abrazo y que no decaiga.

Antonio Parra Sanz dijo...

No me extraña que uses la prensa para según qué menesteres. Un abrazo. Nos vemos pronto

alitina dijo...

Inquietante pero bien visto.