viernes, 22 de enero de 2010

TRAMPANTOJOS



Sentada en su cochecito, una pequeña es paseada por su abuela. Va embutida en numerosas prendas que la protegen del frío. Sobre su regazo, dos barras de pan en una bolsa de plástico. Con sus dedos diminutos aferra una de ellas mientras mordisquea feliz el corrusco tostado. La imagen me conmueve y me insufla optimismo, luego llegará la vida con su abrumadora carga de normas y protocolos, y no habrá ya panes que chupar.


4 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Que disfrute ahora que puede. Como dices, después vendrá lo duro.

Imágenes como ésta tienen la virtud de sacarnos la sonrisa al mismo tiempo que un halo de bienestar nos recorre.

Antonio Parra Sanz dijo...

Gracias, como siempre, por tus palabras, Isabel.

Clares dijo...

Eso no es nada, que al fin y al cabo era pan, alimento susceptible de ser roído y remojado por los niños, incluso sin dientes, porque lo más grande que he visto yo en este terreno ha sido una bebé chupando un salchichón de Lorca, que su buena madre le había pelado hasta un punto aceptable, y eso ocurrió en una gran superficie, doy fe. Lo más grande.

Antonio Parra Sanz dijo...

Pues menos mal que se lo había pelado un poco, a la criatura, pero así se forjan los buenos caracteres, a "bocaos" con una buena salchica de Lorca.