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domingo, 21 de junio de 2026

LA INTRIGA DEL FUNERAL INCONVENIENTE - EDUARDO MENDOZA

 

Eterno Mendoza

Con herencias cervantinas y hasta valleinclanescas, Eduardo Mendoza sigue a lo suyo, mostrando las costuras de nuestra sociedad y suturándolas con la ironía, el sarcasmo y la parodia, palabras mayores para cualquiera que aspire a convertirse en escritor.

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es novelista, dramaturgo, traductor y lingüista. (ANDREU DALMAU / EFE)

ANTONIO PARRA SANZ

El humor como elemento capital, con sus compañeros innatos, es decir, la ironía, el sarcasmo, la parodia, la sátira, y sin olvidar jamás la crítica social. Sobre esos cimientos edifica Eduardo Mendoza sus novelas, realizando así un permanente ejercicio de agudeza y diversión, pero siempre con los pies muy en el suelo, y sabiendo, como es lógico, lo que toca en cada momento narrativo.

 No vamos ahora a desvelar el talento literario de un hombre que, a juicio muy personal de quien esto firma, merecería estar, no ya en las quinielas del Nobel, sino en la galería de galardonados con el mismo, pero a su talento siempre hay que sumarle la manera que tiene de mirar el mundo, de asomarse a la realidad que nos rodea para luego ir metiendo los dedos en tantas llagas sociales como nos salpican.

 

Humor inteligente y crítica social

 No nos engañemos, empuñar la crítica social es algo que puede hacer cualquiera, basta con mirar y levantar la voz, y motivos para ello por desgracia no nos faltan. Practicar el humor insípido y vacío también está al alcance de muchos, o de unos cuantos. Lo verdaderamente complejo es aunar ambas cosas, es decir, practicar un humor inteligente y fino, con municiones paródicas, y hacer que sus disparos señalen a la sociedad como generadora de vicios y problemas. Eso ya solo pueden hacerlo unos pocos elegidos, pero parece que en el caso de Mendoza no se le diera el valor que tiene, porque él lo hace con tanta frecuencia como publica, y muchas veces el lector, y el crítico, lo toman como si eso fuera ya una mera obligación del autor.

 Llamarle cervantino, o quevedesco, empieza a no ser suficiente. Él es mendocista, por sí solo, y lo demuestra con la ficción literaria pero también con la opinión, aunque a veces se estrelle contra podencos ignorantes, contra gigantes cortos de entendederas, como le ocurrió hace poco en San Jordi. La literatura de Eduardo Mendoza requiere un compromiso de conciencia por parte del lector, una mirada también afilada que nos lleve entonces a interpretar de manera correcta sus planteamientos argumentales.

 Si entramos en lo técnico en esta novela, la estructura en tres partes es digna de cátedra literaria, el funeral, la intriga y el inconveniente demuestran cómo Mendoza parcela la historia modificando, mejor dicho, ampliando los puntos de vista y haciendo que el lector vuelva sobre sus pasos para poder entender, y entonces disfrutar, la totalidad de la trama. Juegos narrativos, quizá lo llamen algunos, talento, debemos denominarlo los demás.

 

Viejos conocidos

 El universo mendocista es concéntrico y a la vez se enriquece con nuevos personajes, pero aquí están, por supuesto, el detective sin nombre a quien hemos acompañado en otras novelas, su hermana Cándida y un policía retirado con unos principios más flexibles que los de Groucho Marx. Pero Mendoza retuerce un poco más sus existencias, ubicándolos en una situación en la que un entierro amañado, y el tesón de un periodista novato (impagable la figura un tanto pusilánime de Ramoncito Valenzuela) ponen patas arriba un misterio que intuimos pero que no podremos desvelar hasta bien avanzada la novela.

 Si nos detenemos en lo temático, ¡qué les voy a contar!: mezquindad, corrupción política y económica, círculos de poder, tiranías periodísticas, oscuras organizaciones, desapariciones pactadas, salud mental y supervivencia, pero también una ciudad que palpita alrededor de temas y personajes, un entorno extrapolable al resto del país o incluso del mundo, porque esos temas ya citados son del todo universales.

 

El esperpento

Antes hablábamos de Cervantes y Quevedo, y hay otra figura que planea siempre sobre la prosa de Mendoza, nada menos que la de Valle-Inclán, porque los chafarrinones del esperpento aparecen en cada página, en cada descripción, en cada diálogo. De ahí que su prosa nos arranque sonrisas, amargas, sí, pero sonrisas que constituyen muchas veces el pasaporte necesario para nuestra supervivencia.

 Otra cosa será ya la supervivencia de los propios personajes, sometidos a mil y una trampas y a las sombras de los que manejan ciertas conspiraciones. Suicidios organizados, matones sombríos, un detective zarandeado por la realidad pero con una capacidad de adaptación de lo más camaleónica, una madame que maneja hilos muy muy finos… Todos ellos irán sazonando esta intriga en la que, seguir los pasos del muerto, antes y después del óbito, será un ejercicio de lo más entretenido.

 Cualquier autor que respete la literatura debería, antes de iniciarse en ella, leerse de cabo a rabo la obra de Eduardo Mendoza, para saber cómo moverse por los rincones que marca una diosa que, en sus manos, dista mucho de ser una amante esquiva. Al contrario, él conoce todos los pliegues que el tiempo y la experiencia han ido trazando en su piel, y se mueve acariciándola con la delicadeza de quien no ha hecho otra cosa en su vida.

 Allá por el norte de Europa deberían volver los ojos, un año de estos, hacia este hombre barcelonés que sigue escondiendo bajo su bigote la más irónica de las sonrisas. Dicen que las propuestas para el citado premio llegan de la mano de organizaciones constituidas para tal efecto en el país de turno del candidato, si es así, estamos tardando en aunar voces para proponerle, aunque sabiendo cómo nos las gastamos por aquí, y cómo es esta riña de gatos en la que chapotea la literatura española, me temo que vamos listos. En fin, al menos nadie nos podrá quitar la satisfacción de abrir una novela suya cada poco tiempo, y que sea por muchos años.




  • 'La intriga del funeral inconveniente'

    • Autor Eduardo Mendoza

    • Género Novela

    • Editorial Seix Barral

    • Número de páginas 251

    • https://www.laverdad.es/ababol/eterno-mendoza-20260620075451-nt.html?fbclid=IwY2xjawSkniFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBPaWdyM3lrRnluNVRDUEJOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvr2ql9MiLvsMO67XMCuzyKovNR5sw6ODCZO5ZPm29tU2GH-XHukzibRZr23_aem_nJ0ch94bYe4-9l0u0k8n0w#goog_rewarded9&ref=https://www.laverdad.es/ababol/eterno-mendoza-20260620075451-nt.html?fbclid=IwY2xjawSkniFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBPaWdyM3lrRnluNVRDUEJOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvr2ql9MiLvsMO67XMCuzyKovNR5sw6ODCZO5ZPm29tU2GH-XHukzibRZr23_aem_nJ0ch94bYe4-9l0u0k8n0w

sábado, 18 de abril de 2026

EL AMO - SANTIAGO DÍAZ

 

PERSONAJES MEMORABLES

 

 Tramas vertiginosas y bien complementadas, personajes muy redondos y un lenguaje brillante son algunos de los valores que acumula esta nueva novela de Santiago Díaz, con Jotadé, su policía gitano, al mando de las operaciones.

 

 Una de las claves para llegar al corazón del lector, cuando se trata, además, de una serie de novelas, consiste en dar con un personaje único, con un protagonista humanizado y redondo, con aristas y virtudes, con sufrimientos y triunfos, en suma, y con una carga de realidad que le haga aparecer como un igual ante los ojos de quien le lee.

 Jotadé Cortés, el subinspector creado por Santiago Díaz, hace tiempo que ha alcanzado ya esa categoría de personaje memorable, desde las primeras apariciones en la serie protagonizada por la inspectora Indira Ramos, hasta el momento que vive ahora, comandando su propia serie, de la que acabamos de recibir el segundo título, que ha superado al primero (‘Jotade’), lo que no era nada sencillo.

 El autor madrileño, que lleva ya una buena trayectoria en el ámbito del thriller y la novela negra, se ha soltado del todo en los dos volúmenes de la serie publicados hasta ahora, y ha logrado algo complejo, que el lector, cuando cierre su novela, se quede ya esperando la siguiente. Esa atracción no es algo superficial ni facilón, solo se logra con buenos argumentos, tramas bien urdidas y una prosa que sabe dónde hincar el diente, cuándo correr y cuándo pararse a respirar.

 Un policía gitano

 Este policía gitano (o este miembro de la pestañí), una rara avis en el mundo literario, es un hombre torrencial para lo bueno y lo no tan bueno, pero es un tipo también sin dobleces, que sólo tiene una palabra y que se entrega a los suyos siempre que lo necesiten, lo que le acarrea más de un disgusto y a la vez le proporciona el favor del público. Poco amigo de las normas, tiene su propio código ético, y sobre todo un instinto policial que le hace ser muy bueno en su oficio, aunque un permanente dolor de cabeza para sus superiores.

 Aun así, para que la novela sea buena no basta con un personaje, y Santiago Díaz lo sabe, por lo que le rodea de una galería también destacable (Iván Moreno, Lucía Navarro, Verónica Arganza, Garrido, Melero, Lola, etc.), pero sobre todo consigue que la obra pivote sobre cinco tramas que van dosificándose de forma muy medida, y que constituyen otro de los puntos fuertes de la misma.

 Osborne y su pasado, además de sus turbias actividades; Melero y su enamoramiento de una gitana, o lo que es casi un reverso del camino de Cortés; Lucía y sus pacientes juveniles en el centro en el que ejerce como psicóloga; Iván Moreno y la viudedad de Indira, así como la crianza de sus hijos y la posibilidad de rehacer su vida; y el propio Jotadé, reconciliado con Lola, preparando sus oposiciones a inspector y tratando de renovar las oposiciones a padre.

 Tramas muy bien hilvanadas

 

Ese marco de cinco subtramas, como denominarían los más técnicos, es lo que, junto a la propia investigación, convierte la novela en un organismo vivo y en constante evolución. Porque ese marco, llamémosle real, se hace muy necesario cuando los crímenes que se están investigando, tanto los pasados como los presentes, son tan duros que de otro modo nos estarían sacando el alma por la boca, y así al menos el autor se asegura de que sigamos acompañándole hasta el final.

 En contra de lo que algunos reseñistas critican, la condición de “thrilleros” de algunos escritores, aquí no hay recursos facilones ni golpes de efecto gratuitos, sino dosificación de los hechos, de los avances policiales y de la propia maldad, venga de la mano de un asesino en serie o de un joven atractivo y manipulador.

 Y para que ese efectismo no triunfe hay un par de antídotos: trabajo y técnica literaria. En cuanto al primero, nadie se lo niega a Santiago, que lo ha demostrado como narrador y como guionista. La técnica literaria está de igual modo fuera de toda duda, y se demuestra de forma brillante en dos aspectos destacables: los diálogos y el pasado de los personajes.

 Lenguaje vivo y muy rico

 Las voces de los personajes siempre son un importante motor en la novela negra, y un mal uso de las mismas puede arruinar la mejor trama. Aquí rezuman vida y naturalidad, y eso implica insertar expresiones del habla gitana y términos calés, pero también atender a la jerga delincuencial y a la de los policías, con los tecnicismos propios de la investigación. Sumémosle, además, el habla coloquial y hasta la de los preadolescentes. Así tendrán una buena muestra de la complejidad de este trabajo narrativo y al mismo tiempo de la frescura que transmite la novela.

 La otra parte, el pasado de los personajes, requiere tacto y medida, porque el lector debe conocer lo justo y en el momento adecuado. Los lectores fieles ya saben detalles que no necesitan repetirse, pero sí deben mencionarse para el lector neófito, y ahí radica otra de las dificultades: el equilibrio para no caer en la reiteración y al mismo tiempo incorporar el dato justo.

 Todo lo anterior convierte esta novela en algo muy atrayente de lo que cuesta trabajo apartarse, porque cada capítulo, breve y por ello virtuoso, hace que deseemos embarcarnos en el próximo, intentando incluso adelantarnos a los pasos que Jotadé y los suyos van a dar en la investigación.

 Si en Alfaguara buscaron en algún momento desembarcar en el ámbito de la novela negra con esta colección, estarán más que satisfechos por contar con Santiago Díaz, que les ha colocado en los primeros lugares de influencia editorial y que ha vuelto a hacerlo con su Juan de Dios Cortés. Con obras como esta queda más que demostrado que la novela negra en España es capaz de producir obras de grandísima calidad. 

EL AMO. Santiago Díaz

Alfaguara. 385 páginas.



https://www.laverdad.es/ababol/libros/personajes-memorables-amo-20260418074100-nt.html?fbclid=IwY2xjawRQqjVleHRuA2FlbQIxMQBicmlkETA4blRsTEhXOUYzb3VCUHNoc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHjYb-GswTbVfe84CCh5nxX74pwdpYEYZc_AjEaeX71lJWLx1wkCH_OxwrFN3_aem_jQCkoUbtbmq8yYyFMVX7cg


lunes, 23 de febrero de 2026

ESTÁ LLOVIENDO Y TE QUIERO - ANTONIO MERCERO

 

AQUEL RELOJ INCOMPRENDIDO

  

Antonio Mercero ha logrado entremezclar la Historia del siglo XX con el amor, el odio, los secretos y las sombras de una familia llena de grandes personas, que se quedará para siempre en el recuerdo de los lectores.

  

Ese sobrenombre es el que recibió el reloj de pared que fabricó en su día Domingo Yarza, y que mucho tiempo después enlazaría su figura con la de su bisnieta Paula, después de encontrarlo en uno de los múltiples portales de venta que se alojan en Internet. Ese leitmotiv origina un buen puñado de acontecimientos en esta saga de los Yarza, que arranca con el siglo XX y se acerca casi hasta nuestros días, en un ejercicio de construcción narrativa que Antonio Mercero ha perfilado de manera tan cuidadosa (el símil se presenta solo) como haría un buen relojero tradicional.

 La reaparición de “El Incomprendido” en el seno de esta familia es el detonante que el autor necesita para desplazarse hasta Lasarte y empezar a contarnos la historia de los Yarza, arrancando, como es lógico, por Domingo, el relojero que se lleva consigo a su hijo Pío para que le ayude a fabricar una obra de arte sofisticada que deje sin aliento a los más adinerados de la zona.

 Ha reconocido Mercero que, yéndose al norte, a Oria, Lasarte, Hernani y San Sebastián, ha homenajeado la tierra de su padre y otros antepasados, pero además ha sabido penetrar con mucho tacto en su forma de vida en esa convivencia que el hipódromo, por ejemplo, y sus eventos, propiciaban entre ricos y pobres.

 En ese sentido, es tremendamente dulce la historia amorosa que protagonizan Pío y Youna, hija de ricos franceses, en la que ambos niños se muestran y prometen un amor que no está al alcance de ninguno de ellos, a pesar de que alguna carrera hípica o una epidemia de viruela les uniera con lazos difíciles de romper.

 Lo social

 En esta saga familiar la Historia tiene también un papel predominante, y con cada Yarza vamos viendo la evolución social de una España que se lamentaba por la enfermedad y las campañas de Marruecos, pasando por los incidentes revolucionarios de 1934 hasta llegar al estallido de la Guerra Civil y algún que otro suceso demoledor de la misma que afectó a una población cercana de sobra conocida por todos: Gernika.

 Antonio Mercero transita por esos acontecimientos históricos disfrutando al narrar muchos de ellos, como las visitas de los ricos a Biarritz, o aquella carrera de caballos a la que asistió el mismísimo Alfonso XIII, que además era propietario de un ejemplar que debía aspirar a ganador.

 Esa presencia de la riqueza y el poder contrasta con la extrema humildad de Domingo Yarza, un hombre tosco y oscuro que andaba siempre a la busca de un golpe de suerte, y cuyos fracasos aliviaba con la bebida y con frecuentes palizas a su mujer y al pequeño Pío. Sabina era la principal destinataria de los golpes, pero el hijo no se quedaba atrás, de ahí que sus escapadas a ver su amiga francesa fueran también una especie de salvavidas, imposible pero salvavidas al fin y al cabo.

 Mujeres de altura

 Frente a él, dos mujeres se erigen en la esperanza, dos mujeres radicalmente distintas, ambas hermanas de Sabina, Juana, monja que reside en el convento de Lasarte, y Enriqueta, separada de un hombre rico y dispuesta siempre a sacarle a la vida hasta su último jugo. Dos polos de una corriente con la que Mercero homenajea a la mujer, sobre todo en el caso de la segunda, porque es la quintaesencia del individualismo y la independencia. El tiempo las colocará a ambas en la tesitura de cuidar a su sobrino Pío, y su existencia se prolongará durante gran parte de la novela, sirviendo de apoyo a varios de los hombres Yarza, y mostrándose como verdadero motor de la obra.

 Pío encarna la segunda generación, y su infancia le ha dejado marcado y condicionado para lo que será el resto de su vida, junto a Julia, como mecánico, junto a sus compañeros socialistas, también como un ejemplo de la deriva más probable para un español de su clase en aquellos años. Como ya se ha dicho, cada salto generacional está muy bien hilvanado con el momento histórico que les toca vivir a todos, y eso es algo que el lector siempre agradece. Como es lógico, ese camino histórico sigue su curso y se llevará por delante a quien corresponda, hasta que nos deje frente a la tercera generación, la que encarnarán Andoni y Anabel, en una posguerra y un franquismo muy bien retratados.

 Pero volvamos al reloj, a la pieza presente en todo momento en la casa de los Yarza, porque en él terminará escondiéndose la carta de amor más breve que se haya escrito jamás y que da título a la novela. Cinco palabras hermosísimas que serán determinantes incluso para Paula, cuando tenga que enfrentarse con el pasado y pedir cuentas a algunos de sus familiares.

 A fin de cuentas, la vida

 No estamos ante una novela sólo de amor, y no es sólo una saga familiar, ni únicamente una novela histórica. Es una trama global en la que la vida, el amor, el odio, la muerte y la propia sociedad se van entremezclando y llegando hasta nosotros con gran viveza. Pero eso, a fin de cuentas, es la vida, y Antonio Mercero se aferra a ella en cada línea, ya sea a comienzos de siglo o en los años postreros de una dictadura que seguía mordiendo y castigando desde su agonía.

 Y todo ello lo consigue con una prosa dinámica y certera, en la que los sentimientos, el paisaje y hasta lo psicológico van combinándose con gran acierto. A medida que uno lee crece su satisfacción, y hay momentos, cuando nos vamos acercando al final, en los que lamentaremos que la novela termine. Pero eso, sí, seguiremos siempre bajo la sombra de aquel reloj incomprendido.

  

ESTÁ LLOVIENDO Y TE QUIERO. Antonio Mercero

Planeta. 504 páginas.

https://www.laverdad.es/ababol/libros/reloj-incomprendido-lloviendo-quiero-20260221201451-nt.html


domingo, 11 de enero de 2026

EL MUNDO ACABARÁ EN VIERNES - MANUEL MOYANO

 

UNIVERSO MOYANO

 

Manuel Moyano vuelve a regalarnos una novela que juega con la realidad, con el mundo que habitamos y hasta con las creencias, y lo hace con unos personajes y unas tramas que a ratos se vuelven hipnóticos.

  

A estas alturas de su carrera literaria, cuando un lector se acerque a una narración de Manuel Moyano, se encontrará, al menos, con un quinteto de rasgos o características que poco a poco se han hecho armazón imprescindible en sus textos, otorgándole una identidad propia que no hace sino enriquecer esas obras, y concediéndole a su autor una dimensión que sólo suelen alcanzar los clásicos.

 Aun a riesgo de ponernos un poco academicistas, estos cinco pilares del universo Moyano son los siguientes: simultaneidad de escenarios y situaciones; perfiles protagonistas muy marcados; temáticas que miran al otro lado de la realidad; un humor fino y paródico importante; y el tratamiento pulcro y cuidado del lenguaje. Con ello en la mochila, el regalo que nos cae a los lectores es de alto calibre, lo que hace que, más que leernos sus novelas, nos las bebamos, ya que además mide muy bien la extensión de las mismas, por si acaso nos faltaba otro rasgo capital.

 Tramas entrelazadas

 Sus tramas, al igual que ocurre en esta última novela, se van asomando de la mano de situaciones diversas que ocurren en diferentes lugares sin aparente relación alguna, hasta que él decida que todo vaya confluyendo en un punto común. Aquí hablamos de un psiquiatra/escritor norteamericano que se anima a tratar a un hombre que dice ser un personaje histórico, de un paparazzo inglés a quien le dan el soplo de su vida, y de una ejecutiva de comunicación israelí que se topa con una especie de mendigo dotado de un magnetismo inigualable. ¿Tendrán algo que ver las tres situaciones? Ya intuimos que sí, el atractivo consiste en dejar que Manuel Moyano nos lo vaya contando.

 Esos tres personajes, como hemos avanzado, no están solos aunque su primera aparición nos haga pensar lo contrario. Son los tres (y alguna más que se unirá después) personajes de marcado carácter, con sus pliegues y sus fracasos, sus soledades y sus sueños ya un poco caducos. Al autor cordobés, o molinense ya, le valen porque los va a hacer depositarios de un tema que irá mostrándose una vez que, como lectores, nos hayamos acostumbrado a la sensación de que algo extraño va a ocurrir.

 Realidades alternativas

 Y llegamos así a la tercera pata de este mueble literario, la temática, siempre jugando con la realidad que vemos pero abriéndole una puerta, y ventanas, y hasta un horizonte amplísimo, a otra realidad vicaria, a otro mundo, llámesele distópico, fantástico, ilusorio, pero un mundo que nos atrae con la ceguera de un agujero negro, y que se nos vuelve absolutamente adictivo. En este caso, no arruinaremos la lectura de nadie si les remitimos al propio título para que sepan de qué nos va a hablar Moyano, y de cómo esa situación sacudirá a sus personajes.

 Como es lógico, si aceptamos el juego de movernos en esa especie de realidad alternativa, se producen hechos que nos irán poniendo en situación: aparición de personas que llevaban ya un tiempo en el más allá, plagas de índole bíblico, seres sobrenaturales, el festival de Eurovisión como marco que albergue demoledores mensajes… Herramientas todas al servicio de la primera línea argumental, y guiños a lo que podría ser y no es, o quizá sí termine siendo, eso ya le tocará averiguarlo al lector.

 Si han llegado hasta este momento en la lectura de la reseña, les comunico que ahora tendrán que correr a hacerse con esta novela, de lo contrario se perderán la presencia de una predicción que les puede afectar muy seriamente.

 Parodia fina

 Y no es broma, el humor ya lo pone el autor al narrarnos un buen puñado de situaciones con un trazo de finísima parodia, que a más de un lector, en función del grado de complicidad, le puede arrancar incluso una buena carcajada, como esa cena que comparten Ekaverya, Tom Spanbauer y un tercer invitado ilustre, o la convivencia de Myriam con su nuevo invitado, por no hablar del malhadado festival europeo de la canción.

 Manuel Moyano demuestra, una vez más, que hasta la noticia más intensa o el anuncio más agorero pueden teñirse de una ironía y un humor paródico que no hagan más que enriquecerlos, multiplicando así nuestro interés, lo hemos visto en obras anteriores (ahí está su Yegorov), pero en esta incluso ha tomado tintes aún más refinados.

 Ya sólo nos queda hablar del estilo propiamente dicho, o lo que es lo mismo, de la manera en que el autor cuida el lenguaje, no ya del narrador, sino también de las voces de sus distintos personajes, ya sean estos humanos o divinos, y créanme si les digo que esta última no es una frase hecha.

 Lenguaje muy cuidado

 A ratos desnudo, ese lenguaje es esencial para realizar el principal anuncio de la novela: sin estridencias, sino con la contundencia de la naturalidad. Si a eso le añadimos una ambientación muy cuidada, que nos lleva a la Norteamérica profunda, a un Londres un tanto oscuro y a un Israel acuciado por la amenaza de alguna plaga que otra, certificamos la sensación de estar ante una novela muy bien trabajada, mejor dicho, elaborada con mucho mimo.

 Confiesa el autor acerca de la novela que estuvo escribiéndola durante el confinamiento, en aquellos meses en que todo lo que nos rodeaba se había vuelto una enorme distopía. Puede que sea una de las pocas cosas que tengamos que agradecerle a aquel encierro, que le permitió a Manuel Moyano coger su brújula literaria y enredarnos en una historia que no va a dejar indiferente a nadie, y eso que hemos logrado redactar estas impresiones sin mencionar ciertas palabras clave que quizá destriparían lo que hemos decidido que no debía ser nombrado.

 

EL MUNDO ACABARÁ EN VIERNES.

Manuel Moyano.

Menoscuarto Ediciones. 220 páginas.


https://www.laverdad.es/culturas/libros/universo-moyano-20251226073838-nt.html

domingo, 14 de diciembre de 2025

WENDY - EUGENIO FUENTES

 

COMEDIA HUMANA

  Las novelas de Eugenio Fuentes trascienden lo puramente negro, entran en lo humano y se lo ofrecen al lector sin trucos ni sorpresas, con la intensidad que siempre se necesita para practicar buena literatura.


El género negro se ha vuelto tan vasto que podríamos encontrar casi una veintena de subgéneros dependiendo de quién protagonice, dónde se sitúe la acción y hasta qué grupo social sea el más predominante en ella, sólo por citar algunos parámetros. Y todo es sintomático de la magnífica salud de la que goza el género, a quien algunos agoreros vaticinaron que llegaría a morir de éxito.

 Así las cosas, no habrá lector aficionado que pueda decir que no encuentra novela de su agrado, pero conviene rascar un poco más, arañar bien la superficie, porque entonces iríamos arrancando capas hasta quedarnos con lo verdaderamente importante: la escritura, la calidad literaria y la voluntad de un autor por entregarse en cuerpo y alma en cada novela.


 Sin trucos ni artificios

 Ahí ya las estanterías comerciales, las ansias críticas y las eternas colas de firmas en las ferias palidecen frente a novelas en las que la calma y la profundidad superan con creces a la velocidad y la sensación de habitar un thriller cinematográfico. Eugenio Fuentes renuncia a modas y tendencias porque para él lo importante es la buena literatura, y una investigación no se reduce a lo meramente instrumental, sino que requiere mucha atención, y hacer lo que hace siempre su Ricardo Cupido, preguntar mucho y observar, porque sólo así se resuelven los casos. Sólo así se arman las buenas novelas.

 Para el autor extremeño, no basta sólo con las tramas, los crímenes y los casos ya no son novedosos, son tan conocidos que importa casi más tomarlos como excusa, como pretexto para ofrecerle al lector un universo de personajes que tienen mucho que contarnos, ya sean testigos, víctimas, investigadores o asesinos. Eso se cumple a rajatabla en esta novela, porque no hay criatura que aparezca en sus páginas que no resulte convenientemente analizada por el autor, incluso aunque se trate de arquetipos de sobra conocidos, y es que en la buena literatura no hay personaje que no tenga sus dobleces, buenas y malas, las mismas que le han conformado como ser vivo, de ahí que necesitemos conocer esos rincones para entender sus luchas, sus motivaciones y hasta sus pensamientos.

 Quienes ya conocen a Eugenio Fuentes saben que su detective, Ricardo Cupido, hombre alto, aficionado a andar en bicicleta y residente en la extremeña Breda, tiene un carácter firme, poco amigo de extravagancias y de acciones violentas, y tenaz como pocos. Por eso, cada vez que nos llega una nueva entrega de sus andanzas, sabemos que tendremos por delante una trama compleja y variada, de esas que se disfrutan a pequeños sorbos en el sillón, porque la propia investigación así lo requerirá.


 Fresco social

 En esta ocasión, todo se centra en torno a Wendy Paraíso, una mujer sin demasiada suerte a quien el futbolista brasileño de moda ha grabado mientras mantenía con ella una sesión de sexo. Ese vídeo se le volverá en contra al astro futbolero, pero sobre todo será el principio del fin para una Wendy que huyó de Breda, de un matrimonio frustrado y del peaje de dejar a su hija Paula con los abuelos, para intentar triunfar en Madrid, sin quemarse demasiado con las luminarias de los focos de la gran ciudad, que casi siempre le han resultado esquivas.

 Fuentes elabora también un fresco social en el que caben algunos de los tópicos más intensos que rodean al mundo futbolístico: la fama desmedida, el poder de algunos presidentes, el crecimiento del fútbol femenino, y la concepción de que la popularidad y el dinero lo pueden todo. Al otro lado del espejo está Breda, con familias que se enfrentan a las primeras sombras del alzhéimer, como ocurre con los abuelos de Paula, hombres que lidian con la soledad, como el impagable personaje del Alkalino, y otras familias que crecen con la llegada de gemelos, como les ocurre al propio Cupido y a Senda, aunque la niebla de la enfermedad se cierna también sobre los pequeños.


 Mundos contrapuestos

 Son, por lo tanto, dos mundos antitéticos, y de ellos tendrá que entrar y salir Cupido tratando siempre de regresar indemne. Algo que no es sencillo cuando el divo brasileño acuda a un par de sicarios para intentar recuperar ese vídeo que amenaza con destrozarle la vida, y de paso neutralizar a Wendy, desaparecida desde la difusión del mismo.

 Como Eugenio Fuentes sabe bien de qué va esto del género negro, el perfil de los criminales es brillante, uno ciclópeo y violento, y el otro flaco y silencioso, pero letal. Una pareja que sólo con asomarse al capítulo ya le pone los pelos de punta al lector más curtido.

 Técnicas aparte, como ya se ha dicho, lo que hay en estas novelas es vida, y así todo se alterna con el pasado y las vivencias del propio Gamma y su interesada esposa, de Wendy y su fracaso sentimental con Jaime, con los avatares de los padres de este y su papel como abuelos, con las sensaciones de Senda y Cupido, las reflexiones del Alkalino, y hasta con las vidas anteriores de los dos sicarios.

 Esta comedia humana, si acudimos al término balzaquiano, es algo que sin duda enriquece la trama puramente criminal o indagatoria, y el lector lo agradece porque nunca va a estar sujeto a esas sorpresas facilonas o golpes de efecto que pueblan tantas y tantas novelas, sino que accederá a la verdad, al hallazgo o no de los culpables, una vez que se vayan completando las casillas vitales de los personajes, una vez que la mirada haya pasado ya por todos los rincones de cada uno de ellos.

 Disfruten, por tanto, de novelas como esta, y así podremos confirmar que la verdadera moda de la novela negra radicará en la calidad literaria de la misma, y que lo demás, oropel o purpurina, terminará por ser arrastrado por el tiempo.


WENDY. Eugenio Fuentes.

     Tusquets. 501 páginas.


https://www.laverdad.es/ababol/libros/wendy-comedia-humana-20251213083910-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.laverdad.es%2Fababol%2Flibros%2Fwendy-comedia-humana-20251213083910-nt.html

jueves, 30 de octubre de 2025

UNA NOCHE DE REYES - NOEMÍ TRUJILLO

 

LITERATURA Y DOLOR

 

Dolor físico, dolor literario, dolor familiar, tres vertientes que han construido a Noemí Trujillo, una autora dotada de una sensibilidad extrema, que no se olvida de lo que ha vivido, pero tampoco del amor que siente por la literatura.

 

La literatura tiene, entre otras muchas virtudes, un valor terapéutico importante, a veces se vuelve refugio en el que cauterizar los males que nos acechan, y gracias a ella podemos seguir adelante, porque jamás abandona a quien la requiere, ni le vuelve la espalda.

Noemí Trujillo lo sabe bien, de ahí que se haya lanzado a escribir y publicar este libro, que no es novela pero tiene estructura novelesca, que no es autobiografía pero tiene confesiones de altura, que no es ensayo literario pero tiene auténticas lecciones de escritura, y que sí es autoficción, una especie de híbrido genérico que ha crecido en los últimos años y que requiere de mucho valor por parte de quienes lo practican, por lo que tiene de desnudez, de ofrecerse a corazón abierto sin que a uno le frenen las prevenciones.

Esa autoficción la ha canalizado Noemí Trujillo poniendo por delante su pasión literaria y el vínculo especial que tiene con la noche del cinco de enero y el fallo del Premio Nadal, que ha sido para muchos autores un objetivo que ejerce gran atracción y que supone el pasaporte al triunfo, o a los ojos de miles de lectores.

El homenaje literario tiene como centro, y como fuente argumental, la presencia en esa noche mágica de una serie de autoras que ganaron el Nadal en el siglo XX, tales como Carmen Laforet (la ganadora de la primera edición), Elena Quiroga, Carmen Martín Gaite o Ana María Matute, que visitan a la autora en esa noche y con las que ella conversa haciendo verdaderos análisis críticos de sus novelas, lo cual es otro regalo de incalculable valor.

Las tres caras del dolor

Noemí lo fía todo a esas conversaciones porque en ellas está el equilibrio que el dolor le ha ido quitando. Y es que en la novela hay un triple dolor: el físico, el literario y el familiar. Y aquí es donde lo personal estalla y se hace dueño de la obra, donde ella se abre a los lectores mirando atrás y pasando revista a una vida compleja que ha visto caer sobre ella, hace no mucho, el último de los mazazos.

La autora desgrana una existencia en la que ha tenido que sobreponerse a golpes de todos los colores y calibres. La relación con su madre, el ambiente familiar o cierta sensación de exclusión son elementos que nos muestran a una mujer que creció apañándose sola, tomando decisiones no compartidas por su familia y que terminaron por endurecerla. El dolor familiar ha provocado desamores, desencuentros filiales, pero también el hallazgo de un marido al que ama sin condiciones, y la voluntad de ir formando una peculiar familia propia.

En cuanto al dolor literario, siendo mujer y poeta, Noemí no encontraba más que la displicencia de los varones del olimpo de las letras españolas, el rincón minúsculo que le concedían, y que aún a veces le siguen concediendo, pero ahora por escribir a cuatro manos junto a su marido. La presencia de una Noemí sola no ha tenido eco alguno de momento, algo que ella ha amenazado con romper al decidirse a seguir adelante con esta obra.

Queda por mencionar el dolor físico, y ese ha sido el que más ha acompañado a la autora en los últimos meses, con sus miedos, dolencias y lamentos, algo de lo que no todo el mundo logra hablar en sus libros, bien por no atreverse, por no exponerse aún más, o por la familia, quién sabe.

Tumores, operaciones, sesiones de radio y quimio, consecuencias tan graves como no poder leer y no poder sentarse a escribir. Amenazas terribles que le han exigido una fortaleza descomunal para lograr salir airosa. Aunque no lo haya hecho sola, gracias a ese papel terapéutico de la literatura que mencionábamos al principio.

Amar la literatura

Y es que “leer calma el dolor a ratos. Es el analgésico que menos contradicciones tiene”, por eso es algo tan necesario, al menos para quienes no concebimos pasar un solo día sin leer. Ella sabe bien de lo que habla, y es muy de agradecer que haya decidido compartir su experiencia con los lectores, dando una lección, no ya de vida, sino de actitud, de resistencia, de resiliencia, porque de eso también va este libro.

Así que esa triple vertiente: literatura, familia y vida, es lo que se ofrece en cada página, con sensatez, calma, con una sensibilidad importante, la misma que la autora ha mostrado siempre en sus poemarios, en sus textos compartidos, la misma que muchas veces los críticos han ignorado por ser quien era, o por ser pareja de quien es.

La invitación a la lectura, el homenaje a grandes autoras de los últimos sesenta años, es algo que honra a la gran lectora que es Noemí, que no se postula aquí solo como autora, sino que invita a los demás a leer, porque su amor por la literatura es también lo que le ha salvado en alguna que otra ocasión.

Ella misma lo dice en un momento del libro: “Amar o  no amar. A eso se reduce todo. Quien ama, vive”. Y ella ama la vida, ama la literatura, la familia que ha logrado construir, o reconstruir, ama a una pareja a la que encontró tras muchos avatares, y ama su entorno, sus rincones, podríamos decir que hasta sus momentos de lucha, esos y los de disfrute, transcurran o no un cinco de enero.

La lectura de este libro nos deja en el corazón un poso de cierta ternura, la ausencia de sensiblerías y la actitud de una persona resistente y firme a pesar de los momentos de fragilidad. Si, además, sus páginas desprenden amor por la literatura, ya sean los versos propios de Noemí o lo que esas autoras de cabecera le regalaron en su momento, todo adquiere una dimensión más completa, más placentera, y a veces podremos ir leyendo el libro con la misma calma que siente su autora en esa noche mágica en la que los regalos se vuelven inolvidables visitas.

 

UNA NOCHE DE REYES, Noemi Trujillo.

Destino. 264 páginas.

https://www.laverdad.es/ababol/libros/literatura-dolor-20251025214536-nt.html

viernes, 11 de julio de 2025

ESE IMBÉCIL VA A ESCRIBIR UNA NOVELA - JUAN JOSÉ MILLÁS

 

CERRANDO CÍRCULOS

 

 Lecciones vitales, las neblinas del tiempo, el camino que hemos recorrido y el que nos aguarda, con nuestra vejez y nuestros defectos, sin olvidar una ácida crítica al mundo periodístico. Así se nos muestra Juan José Millás en su último libro.

  

Ha adquirido hace ya tiempo Juan José Millás esa dignidad que baña a los autores que portan mayúsculas, que lo han demostrado todo en el ámbito de la literatura y que ya forman parte de nuestro ideario y de nuestras propias conciencias lectoras.

 Si uno le oye hablar, se encuentra con una voz mesurada, tranquila, que guarda en su interior un leve tono zumbón cuando hace al caso, pero también halla la palabra de un hombre que sabe muy bien qué momento de la existencia está transitando, cuál es el equipaje que porta y cuál el que ha ido dejando atrás con el paso, y el peso, de los años.

 Esa voz, la del hombre, se afina para encontrarse con la del Millás narrador, que a su vez deja un hueco para el Millás personaje, como el protagonista de esta última novela, aquejado, o tal vez afortunado, de poseer una segunda mente que se le disocia a voluntad, y que rememora el día en el que creyó haber encontrado a su verdadero padre, o a su padre postizo.

 Con esa fluidez de prosa que le caracteriza, Millás parodia el género periodístico buscando un gran reportaje mientras sus jefes le miran como a un viejo lastre. El mundillo de lo noticiable queda tan expuesto en la novela como cualquier tema social que se nos pueda ocurrir, lo laboral, lo literario, lo social, lo religioso incluso, y el inclemente paso del tiempo, que empieza a exigirle al protagonista que vaya cerrando círculos a la mayor brevedad posible.

 Haciendo un recorrido de juventud universitaria, de militancia y contramilitancia, de envidias y aspiraciones sociales, el autor nos lleva por el camino que su álter ego recorre, es decir, la recuperación de aquel presunto hermano, del que se hizo amigo en la universidad, y una trama novelesca que no parece terminar de arrancar.

 Humor ácido

 Destacables por el humor, un poco más ácido si cabe, son los episodios del confesionario y el momento en el que la novela de marras parece ser reescrita por un hacker. Ahí Millás amenaza con tomarnos el pelo con todas las de la ley, pero también con todos sus valores literarios como espoleta para una explosión que parece ir demorándose a voluntad.

 Pero más allá de lo puramente argumental, o complementándolo con temple, parece surgir también el articulista, el hombre que mira el mundo con ojillos afilados y especiales, esos con los que intentó reconocer como padre a aquel director del Banco Hispano Americano y que luego diseccionarían convenientemente al hijo legítimo de éste, el famoso Alberto que parece ir a escribir una novela, tal y como se anuncia en el título.

 La identidad, los posibles dobles, la otredad, la ficción y los entresijos de la literatura son los armazones que sustentan esta prosa incisiva y con la que el autor valenciano hace también autocrítica cuando toca. Y por encima de ellos flota también la memoria, esa poderosa carga de profundidad que se activa a medida que se rebasan las décadas, y que no siempre lo hace avisando de su presencia ni de las consecuencias devastadoras que puede llegar a provocar.

 Naturalidad

 Con todo, en esos círculos concéntricos que Millás tiene que ir cerrando hay también una naturalidad importante, que nos llama la atención como lectores pero también como personas. Ni el autor ni sus personajes le vuelven nunca la espalda, al contrario, asumen que hasta las situaciones más disparatadas, ya sean los desplantes del esnob de Alberto o la confesión ficticia que anida en el pecho del periodista durante años, pueden y deben contarse sin engolamientos, sin adornos superfluos que corran el riesgo de entontecer al lector.

 Junto a esa memoria antes mencionada, compadreando con ella, hay otro tema que preocupa a su autor, y es la vejez. Él mismo ha confesado no temerle a la muerte pero sí al deterioro físico, y esos temores se hacen presentes en una parte del libro, por mucho que Millás intente bromear con ellos convirtiéndolos en motor de un nuevo reportaje que su jefe rechazará con la delicadeza de siempre.

 Recuperar a Alberto, liberar la conciencia de aquella confesión, descubrir que el mundo de la universidad estaba lleno de informantes a sueldo de la DGS son las perlas con las que el protagonista debe lidiar en este ocaso de su carrera periodística, y eso le irá zarandeando en una especie de fortuna pendular a lo Lázaro, con suerte dispar, como si los miedos fueran los mismos que padecía el de Tormes pero las resoluciones le llegaran a un Pablos más viejo y curtido, y también algo más sabio.

 La niebla de la memoria

 Los guiños de los recuerdos a veces traen consigo una niebla confusa, e invocar a quienes fuimos en el pasado puede suponer un gran riesgo, el de que aparezcan esos fantasmas propios exigiendo su derecho de ajustarnos las cuentas. Hay también en estas páginas una evidencia no por sabida menos contundente, que al ir transitando la parte final del camino no lo hacemos solos, porque a un lado llevaremos al que éramos, o al que fuimos, y al otro al que hubiéramos querido ser. En medio, ya lo saben, estaremos nosotros, dudando si mirar a izquierda o derecha, si pararnos, o si seguir andando hasta ver de qué manera finaliza ese camino.

 Lecciones vitales, pero no de un catedrático ríspido y malévolo que nos mirase por encima del hombro, sino de un profesor comprensivo que ha visto ya muchos cursos y nos previene acerca de lo que puede llegar. Que las notas finales se acerquen al notable o chapoteen entre el insuficiente más ramplón ya será cosa de cada lector. Millás, por supuesto, está instalado hace mucho en el sobresaliente alto, rozando incluso la matrícula de honor.

ESE IMBÉCIL VA A ESCRIBIR UNA NOVELA.

Juan José Millás

Alfaguara. 176 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 21/06/2025)

https://www.laverdad.es/ababol/libros/imbecil-escribir-novela-cerrando-circulos-20250621073502-nt.html