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martes, 1 de diciembre de 2020

TOM Z STONE, OMNIUM - JOE ÁLAMO

 

«Tom Z Stone, desde el otro lado», por Antonio Parra Sanz

«DETECTIVES SOBRENATURALES. TOM Z STONE, DESDE EL OTRO LADO», por Antonio Parra Sanz
Volver a la vida no es un asunto baladí, y no todo el mundo está preparado para esa transición, sobre todo cuando sobreviene de buenas a primeras, cuando un cadáver deja de estar tan tranquilo y sufre un proceso de reanimación que le coloca de nuevo en el mundo de los vivos, y a veces le empuja a un oficio tan peculiar como el de detective privado. Eso hace que el resto de la sociedad le mire con ojos turbios, y hasta le condecore con apelativos muy peculiares, tales como desgastado, “pescao”, o reanimado, que son algunos de los epítetos con los que tiene que lidiar Tom Z Stone, el personaje con el que Joe Álamo ha entrado en el salón de la fama de la novela negra, aunque se haya incorporado al mismo desde las fronteras del más allá.
    
Eso, como lectores, nos obliga a abrir un poco más nuestras mentes negras, y a no renunciar en ningún caso a la hibridación de géneros, máxime teniendo en cuenta que si se cumplen los cánones, y se combinan adecuadamente, el resultado puede ser mucho más que satisfactorio.  Y es que Tom no es únicamente un reanimado, como el autor llama académicamente a los zombis, sino un detective que recoge algunas de las herencias más clásicas del género, a decir de algunas voces incluso como heredero del gran Marlowe, a quien nuestro personaje profesa una admiración a veces hasta confesada públicamente.
    
Estamos entones ante un detective nuevo, el antiguo Tom era un hombre de familia, casado, con dos hijos, a quien el fenómeno de reanimación que sacudió al mundo le ha concedido una segunda oportunidad, de la mano de cierto repudio familiar (a ver quién es la familia capaz de lidiar con un zombi, por muy buenas intenciones que éste tenga), así que ese universo nuevo que se abre ante él lo va a llenar, entre otras cosas, con tabaco y bourbon…, ventajas de estar muerto, que uno ya no tiene que preocuparse por su salud.
    
Novela negra y novela zombi, un combinado que a más de uno se le podría atragantar, y que sin embargo Joe Álamo ha sabido servirle al lector en su justa medida y a la temperatura adecuada. Dicho de otro modo, sin atosigar con excesivos datos del fenómeno de reanimación, sino imbricándolo en la trama negra como parte de la misma, y de paso metiendo al lector en el universo que más le conviene, para que forme parte del mismo desde las primeras páginas. 
En este volumen que rebasa el millar de páginas encontramos nada menos que tres novelas reunidas, ImagineLet it be, y All you need is love, recogiendo el evidente tributo a The Beatles, tanto por parte del autor como por parte del propio personaje, ya que esta herencia musical forma parte de su personalidad.
    
Aquel cuarteto de Liverpool aparece incluso temporalmente recompuesto, dentro de las licencias que el mundo zombi le ha permitido utilizar al autor británico-valenciano. Accesorios que poco a poco van encajando en el carácter de un personaje que es el eje capital de las tres tramas, pero que tampoco está solo, a pesar de ser un detective muy solitario, tal y como les ocurría a los clásicos más académicos.
    
Porque esa trilogía: bourbon, música y soledad, es la que mantiene en pie a Tom Z Stone mientras llega el momento de su decaimiento, porque estos reanimados, a la manera de los replicantes de Blade Runner, también tienen un periodo de obsolescencia programada. Ese ocaso, no obstante, puede ser aliviado por personajes secundarios que son un auténtico lujo; en el lado del bien, entiéndase como el lado de Tom, contamos con el gruñón comisario Garrido y la servicial Mati, tan solícita como demoledora con su derringer (el que busque en ella a una mujer fatal como las típicas del género ya se puede ir olvidando); y en el lado del mal, Gregorio Espinosa, el Sanguinario, el malo por excelencia, su turbadora esposa, Eva, que capitaliza gran parte de la acción de la primera entrega, y el Gordo Louie, un mafioso de manual.
    
Como puede verse, la ambientación negra está completa, ya “sólo” queda sumarle las intrigas, las muertes, traiciones, drogas espeluznantes, combates en los que zombis terminales acaban con humanos aborregados, y toda una antología del mal y la corrupción intentando hacerse con la ciudad de Valencia. Es decir, lo más granadito que podemos encontrar en una buena novela negra, pero en este caso multiplicada por tres.
    
Por si eso no fuera suficiente, y pensando también en los aficionados del mundo zombi, las tramas principales se ven salpimentadas con curiosos episodios ocurridos tras el ya famoso fenómeno de reanimación (FR), ya sean casos concretos, programaciones políticas oficiales, o creación de nuevas fuerzas policiales que no dejen desamparados a los reanimados del mundo.
    
Un universo negro muy completo, dominado por un personaje redondo y que cumple bien con los cánones, y que se desenvuelve en unas tramas negras casi casi universales. Todo ello de la mano de Joe Álamo, que algo sabe del género y sus resortes, y que incluso se ha prodigado con otros detectives sobrenaturales como John Harper, dotados de otras virtudes peculiares, aunque ésa sea ya otra historia.
Joe Álamo - VII Semana Negra en la Glorieta
Joe Álamo


https://citaenlaglorieta.blogspot.com/2020/11/tom-z-stone-desde-el-otro-lado-por.html?fbclid=IwAR1RFHKXn3zWqqJjCriP5McD2BCc69ejBLrypJQBND-PxNBOElApHeBI7FQ

martes, 30 de julio de 2019

MONTALBANO O LA ESTRATEGIA DEL CANGREJO

«Montalbano o La estrategia del cangrejo», por Antonio Parra Sanz

«MONTALBANO O LA ESTRATEGIA DEL CANGREJO», porAntonio Parra Sanz
La pupila nunca era azul y los cangrejos no caminan hacia atrás, sino de lado, pero la literatura es tan hermosa que está hecha de mentiras que damos por buenas, como el hecho de creer que un buen manjar es capaz de alimentar también nuestro espíritu, algo que no es totalmente cierto, ni mucho menos, y por eso Salvo Montalbano se guarda, tras comer como un rey en la trattoriade Enzo, el as en la manga de sentarse en aquella piedra plana junto al faro de Vigata, a conversar con su amigo el cangrejo.

Ahora que su padre, Andrea Camilleri, nos ha dejado para participar en un festín perpetuo y olímpico junto a Georges Simenon y Manuel Vázquez Montalbán, podemos jugar a pensar que en ese cangrejo se refugiaba el alma del autor siciliano, presto siempre a escuchar las confidencias que su hijo literario más querido, o al menos el más pródigo en apariciones, quisiera hacerle, aunque algunas veces fueran en forma de queja o ajuste de cuentas.


Andrea Camilleri
- Fotografía de Marco Tambara -

Sería un disparate negar hoy la importancia que ha adquirido Salvo Montalbano entre los detectives literarios, se ha convertido en alguien tan legendario como Sherlock HolmesDupinMaigretCarvalhoMarlowe o cualquier otro que el lector tenga a bien añadir a la lista, WallanderBrunettiBoschMiss MarpleBevilacquaDelicado, etc. Y si ha llegado a este punto es por sus numerosas apariciones, por las traducciones, por las versiones televisivas, si ahora Montalbano es legendario es por su dimensión humana, con lo bueno y lo menos bueno, con sus cientos de caras y caracteres que trataremos de descifrar desde un prisma literario e incluso psicológico.

Las instituciones y la mafia
Uno de los quebraderos de cabeza del bueno de Salvo se lo proporcionan siempre las instituciones, empezando por la suya propia, los superiores policiales le provocan un deseo irrefrenable de rebeldía e insumisión, que suele terminar en una tomadura de pelo, más o menos evidente, y le lleva a reírse de ellos como hemos visto con Lattes y Bonette-Alderighi. Por otro lado, siente alergia por todo lo que huela a burocracia, con esos expedientes que se convierten en columna eterna y poco salomónica, y sus combates dialécticos con el forense los recordaremos siempre, al igual que su aversión hacia los abogados, notarios y carabineros. ¿Son rasgos antisociales? No, pero sí nos muestran a una autoridad que tiene problemas con la autoridad. Paradójico.

Como paradójica es también la relación que mantiene con los Sinagra y los Cuffaro, las dos familias que dominan el cotarro mafioso en Vigata, y a las que no duda en utilizar cuando su participación u omisión le pueden favorecer en alguno de sus casos. No estamos, por tanto, ante un cruzado, sino ante un siciliano que no tiene más remedio que convivir con la mafia, y moverse entre sus aguas con el instinto del que quiere sobrevivir. Lógico y comprensible.

Los medios de comunicación
Menos comprensible es el odio que le profesa uno de los periodistas de Vigata, Pippo Ragonese, quien persigue al comisario con tanta saña como poco éxito, poniéndolo en cuanto puede a los pies de los caballos televisivos. Por el contrario, hay otro profesional amigo de Montalbano, que sí colabora con las fuerzas policiales siempre que puede. Estamos, por lo tanto, ante la cara y la cruz del cuarto poder, pero un poder que el comisario usa cada vez que puede, eso sí, en pro de la justicia y la verdad.

Las mujeres

Las verdades sentimentales, en cambio, son harina de otro costal,Salvo es un soltero irredento, y las discusiones peregrinas con Livia así lo demuestran, Camilleri nunca lo dijo pero dejó ver bien a las claras que Montalbano nunca sería hombre de vicaría ni de perder independencia y costumbres. De ahí alguna aventurilla que le conocimos a Salvo con cierta sueca y la pasión con la que le trata también su asistenta Adelí, enemiga irreconciliable de la ausente Livia. Ni mujeriego ni disoluto, algún canon del género debía romper este hombre que a ratos roza la misoginia inconsciente.

La cocina
En lo que sí hay mucha pasión es en lo gastronómico, ahí la sombra de Carvalho y Montalbán es alargada, pero también la del propio Camilleri. Ningún lector se habrá podido sustraer a las salivaciones al entrar en casa de Enzo, o al abrir el horno previamente avituallado por Adelí. Envidia de gourmets y de los mejores cocineros. Señores lectores, señores autores del resto de Europa, en el sur se come, que parece que por el norte del continente los detectives vivan del aire.

Los subordinados
Del aire tampoco viven los policías a los que manda Montalbano, pero sí reflejan muy bien sus principales carencias, y para ello los puso ahí Camilleri, para remediar esos defectos de comisario, o para paliarlos al menos. A saber, Mimì Augello le ayuda con la psicología femenina, Catarella conserva la inocencia que le falta al comisario, Fazio la capacidad memorística y analítica, y Gallo la pericia al volante. Podemos decir que entre todos le completan, pero a él le cabe el honor de saber manejarlos, tampoco le podemos privar de todos los méritos.

Herencias literarias
Y si hablamos de méritos, para ir finalizando, Montalbano es legendario porque Camilleri ha homenajeado con él a figuras como Simenon y Vázquez Montalbán, como ya se ha mencionado, o lo que es lo mismo, a figuras como Maigret y Carvalho. En esos espejos se ha ido mirando Salvo Montalbano para terminar siendo como es.

La sociedad
Y es como es porque sabe qué terreno pisa, conoce a sus paisanos, los locales y los nacionales, con toda su capacidad para aceptar las corruptelas de un sistema que a veces apesta, sabe que el tiempo es efímero, las sociedades lentas, y que el ser humano tiene muchas caras, tantas como el crimen. De ahí que practique la estrategia del cangrejo y siempre se mueva lateralmente, porque por aquellos lares es probable que ése sea el camino más recto para resolver sus casos. Por todo ello se ha hecho grande, inolvidable, imperfecto, pero un investigador eficaz y que se hace de querer. Lo mejor que nos podía legar Camilleri.

lunes, 26 de noviembre de 2018

CITA EN LA GLORIETA - LORENZO SILVA Y LOS 20 AÑOS DE BEVILACQUA Y CHAMORRO

«EN EL MISMO CENTRO DEL CORAZÓN», por Antonio Parra Sanz

«EN EL MISMO CENTRO DEL CORAZÓN» (Vigésimo aniversario de Bevilacqua y Chamorro), por Antonio Parra Sanz
Ni nostalgias ni tristezas ni corazones alejados, tal y como reza el último título de la serie, sino todo lo contrario. Lo quiera o noLorenzo Silva, y conociéndole un poco es lícito pensar que le alegra, tanto Rubén Bevilacqua como Virginia Chamorro se han metido hace ya tiempo en nuestros corazones, en nuestros recuerdos, e incluso en el imaginario colectivo. Así que casi podemos convenir en que veinte años son hasta poco, teniendo en cuenta tanto como ellos nos han hecho disfrutar.

Un disfrute que nos ha llegado en forma de nueve novelas y dos libros de relatos, once títulos en los que esta benemérita pareja ha tenido tiempo más que sobrado para ir evolucionando, al tiempo que lo hacíamos los lectores y lo hacía de igual forma la sociedad. Precisamente esos cambios sociales, aunque presentes también en las novelas, son los que más destacan en la narrativa breve, en los dos volúmenes de cuentos, Nadie vale más que otroTantos lobos.

En el primero de ellos, recogiendo cuatro historias que habían aparecido en diversas publicaciones de índole veraniega, Lorenzo Silva trata temas tan duros como evidentes: delitos de género, niñas violadas, ajustes de cuentas, inmigración…, como puede verse, nada a lo que el ciudadano pueda permanecer ajeno. Y esa vinculación con la realidad va un paso más allá en Tantos lobos, donde los personajes se circunscriben a la infancia, puesto que todas las víctimas son niños o adolescentes sujetos a temas como las redes sociales, el acoso escolar o incluso la violencia de género entre jóvenes parejas.

Parece como si con el relato extenso, o la novela corta, 
Lorenzo Silva quisiera hacernos reflexionar acerca de lo que nos rodea, tanto los males endémicos como el sendero que hemos ido construyendo para los jóvenes, un camino que no parece ser muy recto y que desde luego ni es de rosas ni tiene una sola baldosa amarilla.
 

Ese Lorenzo Silva más directo, demoledor en los golpes del combate rápido y al cuerpo, se transforma en las novelas, se arrellana un poco en el sillón y deja paso para que Vila yChamorro le vayan mostrando al lector todas sus miserias y algún que otro triunfo, por ejemplo sus ascensos en el escalafón, que les llevan a uno a ser subteniente y a la otra a sargento, y mientras parece que él anda ya tocando techo en la graduación, tal vez a Virginia aún le queden algunos ascensos más ante sí.

Pero es preciso volver un poco atrás, a las entregas en las queBevilacqua era sargento y Chamorro una simple número aspirante a cabo. Así nacieron dos personajes con voluntad de desafío, porque tras cuarenta años de dictadura nadie, excepto el gran García Pavón con su Plinio, se había atrevido a darle protagonismo en una novela negra a un miembro de las fuerzas del orden, y muchísimo menos a un guardia civil, cuerpo muy denostado si recordamos la posguerra y la sombra de los versos lorquianos.

Y el caso es que Lorenzo no fue el único, otra autora, Alicia Giménez Bartlett, casi por las mismas fechas alumbró a su Petra Delicado, con lo cual nos encontramos de golpe con dos investigadores oficiales dispuestos a romper muchos mitos. Para que luego haya por ahí voces que sigan denostando a un género capaz de ofrecernos este tipo de situaciones.

Ha confesado su autor que Vila y Chamorro nacieron un poco por casualidad. Pues bendito azar el que nos los presentó en aquel verano mallorquín, en el que tuvieron que desentrañar la muerte de una extranjera que les llevaría por clubes nocturnos y playas nudistas, asistiendo a diversos trapicheos y promiscuidades. El lejano país de los estanques fue el marco que vio nacer a esta pareja de veinteañeros profesionales.

A partir de ahí, ocho novelas más en las que ambos han ido caminando a nuestro lado, ascendiendo, tragando algún que otro sapo profesional, y lidiando con sus cuitas familiares y sentimentales, tales como el alejamiento del hijo adolescente enVila, el reloj biológico en Virginia, ciertos desencantos que ponían la felicidad de una pareja en una cotización imposible, y una voluntad de conocerse y entenderse todo lo posible para hincarle el diente a una amistad que ha terminado por ser el denominador común, aunque haya lectores que constantemente vayan hablando de cierta tensión sexual entre ellos.

Aquí habría que señalar que, de manera muy injusta, en las sinopsis de muchos de los títulos la figura de Virginia Chamorro queda demasiadas veces en un segundo plano, como si sólo fuera un personaje de relleno, o la amiga discreta del protagonista…, y nada más lejos de la realidad, con todo lo que hemos leído y le hemos visto pasar, es casi más justo que la balanza de la fuerza se incline un poco hacia ella, 
Lorenzo lo sabe, Vila lo sabe, pero aún hay ciegos que se empeñan en no verlo.

Aun así, como buenos compañeros, han tenido que aprender a conocerse y respetarse, y las han pasado de todos los colores, lidiando con cadáveres que tenían una vida secreta demoledora y hasta un lado oscuro, como ocurre en El alquimista impaciente, o viéndoselas con la corrupción de los políticos, los casos cerrados en falso (La niebla y la doncella), el mundo de la televisión y las apariencias (La reina sin espejo), lo cibernético y la globalización (La estrategia del agua), o el uso interesado de la violencia de género.
 

Una antología de posibilidades con la que Lorenzo Silvademuestra que nunca ha dejado que sus pies perdieran el contacto con la realidad y que no se ha alejado nunca del sustrato social que más le podía conectar con el lector, ya fuera mediante la crisis de valores o el prólogo de lo vivido en Cataluña (La marca del meridiano), lugar al que acude en varias ocasiones, tratando también de saldar allí las cuentas que tiene pendientes con su propia memoria.

Mallorca, Madrid, Canarias, Zaragoza, Barcelona, Valencia (Los cuerpos extraños), Afganistán (Donde los escorpiones) o el Estrecho de Gibraltar (Lejos del corazón) son algunos de los lugares que esta pareja ha tenido que visitar para resolver sus casos, demostrando que es posible también crear buena novela negra sin esclavizarse en la necesidad de ser fiel a un único lugar.
Lorenzo ha acudido a aquellos rincones donde la historia llamaba a sus personajes, y eso es algo que les honra, tanto a él como a ellos.


Lorenzo Silva en Cartagena Negra
- Fotografía: Aniceto Valverde -

Les honra pero también les pone en el disparadero de lo personal, dificultando bastante sus posibles relaciones sentimentales. Vila nació ya divorciado en la ficción, y ha tenido que solventar las carencias afectivas con su hijo, quien ahora le “regala” nada menos que un ingreso en el cuerpo, como si así se cerrara un círculo. A pesar de todo, hay asideros, tal y como se ve en el inicio de Lejos del corazón, cuando madre e hijo asisten a la jura de bandera del vástago, reuniendo en el evento a tres generaciones.

Chamorro, por su parte, anda lidiando con algunas parejas que no han terminado de ser de su agrado, y ha sufrido los rigores del reloj biológico, aunque sin que podamos vislumbrar del todo quién ha ganado ese combate. La conclusión, en las últimas entregas, es una madurez solitaria que parece apuntar a un camino concreto, aunque aún sin desvelar.

Como ven, veinte años dan para mucho: terrorismo, dinero negro, drogas, globalización, desencanto moral, redención, integrismo…, dan para crecer, para desvelar misterios, para ver cómo se alimenta una hoguera vanidosa, para diluir fronteras entre Madrid y Barcelona, para pasar las crisis de los cuarenta y los cincuenta, para confiar en los jóvenes, para huir de los escorpiones y hasta para perderse en tramas informáticas.

Todo ello, eso sí, desde el centro del corazón de 
Lorenzo Silva, donde cabe la condición humana, y también cabe la esperanza. Por otros veinte años junto a Vila y Chamorro.

https://citaenlaglorieta.blogspot.com/2018/11/en-el-mismo-centro-del-corazon-por.html?m=1&fbclid=IwAR1-imwUp4AceIzja5h9YP9IQG1bklI6fj7VbhCr_vrAeS6e0niwP1uOElU

lunes, 4 de junio de 2018

XAVI MASIP Y RAFA MELERO, UNA BUENA PAREJA


«Xavi Masip y Rafa Melero, una buena pareja», por Antonio Parra Sanz

«XAVI MASIP Y RAFA MELERO, UNA BUENA PAREJA», por Antonio Parra Sanz
Tres son las entregas que hemos conocido hasta el momento de las andanzas del sargento de los Mossos d’Esquadra Xavi Masip, y ya han bastado para que a su alrededor se haya formado un universo muy reconocible para el lector, lleno de nombres y caras conocidas, de gestos y modos de trabajo que logran que el lector alcance la familiaridad con mucha rapidez cuando abrimos las páginas de un nuevo caso.

La culpa, claro está, es de Rafa Melero, que se puso a la faena de presentarnos, ya en La ira del Fénix, a un hombre un tanto peculiar, no misántropo pero sí muy solitario, amigo de encerrarse en casa con una copa de buen vino y una copia del caso correspondiente empapelando sus paredes, o dicho de otra forma, un hombre incapaz de la desconexión profesional.

Con la jugosa creación del “efecto X”, algo con lo que los compañeros de Masip tratan de dar explicaciones a su intuición o a la capacidad de ver donde nadie más lo hace, Melero se guarda un naipe en la manga, el que le permite concederle al propio Masip una parcela de privacidad, la misma que a veces ha estado a punto de arrebatarle algún asesino concienzudo, o incluso alguna compañera que parece sucumbir ante ciertos encantos de su superior.

El caso es que esta pátina de soledad es algo que ya forma parte del carácter de Masip, quien a veces hasta se pierde en la Catedral del Mar para tratar de hallar el camino que le lleve a la resolución de sus casos, y Rafa Melero deberá asumir en algún momento el reto de hacernos ver si el sargento logra mejorar un poco sus habilidades sociales.

En el plano profesional, en cambio, es donde las novelas rayan la perfección, y no sólo porque su autor conozca muy bien el paño (él mismo es Mosso d’Esquadra), sino porque es capaz de reflejar y transmitir fielmente el funcionamiento y el día a día de sus compañeros, pero sin dulcificarlo, todo lo contrario, mostrando las tripas de la relación policial, ya sea de complicidad entre los miembros de un equipo, o incluso de rivalidad entre equipos distintos.

Y lo mejor es que lo hace con extrema naturalidad, sin abrumar al lector como en ocasiones les puede ocurrir a otros miembros policiales que también escriben. Lo mejor de todo es la celeridad, la precisión con la que los lectores percibimos el día a día de una investigación, con todas sus luces y sus sombras, que no son precisamente pocas.
   
Si volvemos un poco la vista atrás a las novelas de la serie, veremos que Masip ha pasado ya por varios estadios que a otros personajes les habrían costado cinco o seis novelas, es decir, ha sufrido los rigores de un asesino que le desafió por considerarle la única mente merecedora de tal reto, la pérdida de un compañero, el aislamiento del cuerpo con abandono temporal incluido, la ayuda a otro compañero retirado (La penitencia del alfil) que además es de un cuerpo con el que se supone que los Mossos no comulgan, el regreso a su puesto, la amenaza de una mafia, los tanteos con una compañera.

Y todo ello, ya se ha dicho, únicamente en tres entregas, lo que demuestra, por un lado, la potencia del personaje, y por otro la pericia de un Rafa Melero que no se ha guardado nada cada vez que volvía a reunirse con Masip.
   
Tal vez por ello se agradezca la aparición de un nuevo caso, como el reciente El secreto está en Sasha, porque nos regala a un personaje muy vivo, con sus manías, sus habilidades, sus defectos, pero por encima de todo con un afilado sentido de la profesionalidad, y no sólo para sí mismo, sino también a la hora de dirigir a sus compañeros y lidiar con sus superiores.

Honestamente, si uno tuviera que acudir a un investigador para que le esclarezca el crimen de un allegado, estaría encantado de que Xavi Masip fuera el responsable del caso, porque se aseguraría, para bien o para mal, la resolución del mismo. Amén del ya mencionado “efecto X”, este sargento es de esos policías que tienen las mandíbulas de acero, y una vez que enganchan una presa no la sueltan, aunque tengan que remojarla con el mejor de los vinos.
   
Esperemos que Rafa Melero continúe acompañando a Masipmucho más tiempo, será la señal inequívoca de que los lectores tendremos disfrute para rato.


Esta reseña ha sido escrita por Antonio Parra Sanz para la IV SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2018. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. 

http://citaenlaglorieta.blogspot.com/2018/05/xavi-masip-y-rafa-melero-una-buena.html?m=1

domingo, 26 de noviembre de 2017

SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA 2017

Un año más estoy encantado de participar en esta Semana Negra en la Glorieta, que tan acertadamente prepara Javier Alonso García-Pozuelo. En esta ocasión he vuelto a encargarme del disfrute de otra novela de Estela Chocarro, Te daré un beso antes de morir. La reseña completa se puede leer en el propio blog:

http://citaenlaglorieta.blogspot.com.es/2017/11/resena-de-te-dare-un-beso-antes-de.html