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domingo, 21 de junio de 2026

LA INTRIGA DEL FUNERAL INCONVENIENTE - EDUARDO MENDOZA

 

Eterno Mendoza

Con herencias cervantinas y hasta valleinclanescas, Eduardo Mendoza sigue a lo suyo, mostrando las costuras de nuestra sociedad y suturándolas con la ironía, el sarcasmo y la parodia, palabras mayores para cualquiera que aspire a convertirse en escritor.

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es novelista, dramaturgo, traductor y lingüista. (ANDREU DALMAU / EFE)

ANTONIO PARRA SANZ

El humor como elemento capital, con sus compañeros innatos, es decir, la ironía, el sarcasmo, la parodia, la sátira, y sin olvidar jamás la crítica social. Sobre esos cimientos edifica Eduardo Mendoza sus novelas, realizando así un permanente ejercicio de agudeza y diversión, pero siempre con los pies muy en el suelo, y sabiendo, como es lógico, lo que toca en cada momento narrativo.

 No vamos ahora a desvelar el talento literario de un hombre que, a juicio muy personal de quien esto firma, merecería estar, no ya en las quinielas del Nobel, sino en la galería de galardonados con el mismo, pero a su talento siempre hay que sumarle la manera que tiene de mirar el mundo, de asomarse a la realidad que nos rodea para luego ir metiendo los dedos en tantas llagas sociales como nos salpican.

 

Humor inteligente y crítica social

 No nos engañemos, empuñar la crítica social es algo que puede hacer cualquiera, basta con mirar y levantar la voz, y motivos para ello por desgracia no nos faltan. Practicar el humor insípido y vacío también está al alcance de muchos, o de unos cuantos. Lo verdaderamente complejo es aunar ambas cosas, es decir, practicar un humor inteligente y fino, con municiones paródicas, y hacer que sus disparos señalen a la sociedad como generadora de vicios y problemas. Eso ya solo pueden hacerlo unos pocos elegidos, pero parece que en el caso de Mendoza no se le diera el valor que tiene, porque él lo hace con tanta frecuencia como publica, y muchas veces el lector, y el crítico, lo toman como si eso fuera ya una mera obligación del autor.

 Llamarle cervantino, o quevedesco, empieza a no ser suficiente. Él es mendocista, por sí solo, y lo demuestra con la ficción literaria pero también con la opinión, aunque a veces se estrelle contra podencos ignorantes, contra gigantes cortos de entendederas, como le ocurrió hace poco en San Jordi. La literatura de Eduardo Mendoza requiere un compromiso de conciencia por parte del lector, una mirada también afilada que nos lleve entonces a interpretar de manera correcta sus planteamientos argumentales.

 Si entramos en lo técnico en esta novela, la estructura en tres partes es digna de cátedra literaria, el funeral, la intriga y el inconveniente demuestran cómo Mendoza parcela la historia modificando, mejor dicho, ampliando los puntos de vista y haciendo que el lector vuelva sobre sus pasos para poder entender, y entonces disfrutar, la totalidad de la trama. Juegos narrativos, quizá lo llamen algunos, talento, debemos denominarlo los demás.

 

Viejos conocidos

 El universo mendocista es concéntrico y a la vez se enriquece con nuevos personajes, pero aquí están, por supuesto, el detective sin nombre a quien hemos acompañado en otras novelas, su hermana Cándida y un policía retirado con unos principios más flexibles que los de Groucho Marx. Pero Mendoza retuerce un poco más sus existencias, ubicándolos en una situación en la que un entierro amañado, y el tesón de un periodista novato (impagable la figura un tanto pusilánime de Ramoncito Valenzuela) ponen patas arriba un misterio que intuimos pero que no podremos desvelar hasta bien avanzada la novela.

 Si nos detenemos en lo temático, ¡qué les voy a contar!: mezquindad, corrupción política y económica, círculos de poder, tiranías periodísticas, oscuras organizaciones, desapariciones pactadas, salud mental y supervivencia, pero también una ciudad que palpita alrededor de temas y personajes, un entorno extrapolable al resto del país o incluso del mundo, porque esos temas ya citados son del todo universales.

 

El esperpento

Antes hablábamos de Cervantes y Quevedo, y hay otra figura que planea siempre sobre la prosa de Mendoza, nada menos que la de Valle-Inclán, porque los chafarrinones del esperpento aparecen en cada página, en cada descripción, en cada diálogo. De ahí que su prosa nos arranque sonrisas, amargas, sí, pero sonrisas que constituyen muchas veces el pasaporte necesario para nuestra supervivencia.

 Otra cosa será ya la supervivencia de los propios personajes, sometidos a mil y una trampas y a las sombras de los que manejan ciertas conspiraciones. Suicidios organizados, matones sombríos, un detective zarandeado por la realidad pero con una capacidad de adaptación de lo más camaleónica, una madame que maneja hilos muy muy finos… Todos ellos irán sazonando esta intriga en la que, seguir los pasos del muerto, antes y después del óbito, será un ejercicio de lo más entretenido.

 Cualquier autor que respete la literatura debería, antes de iniciarse en ella, leerse de cabo a rabo la obra de Eduardo Mendoza, para saber cómo moverse por los rincones que marca una diosa que, en sus manos, dista mucho de ser una amante esquiva. Al contrario, él conoce todos los pliegues que el tiempo y la experiencia han ido trazando en su piel, y se mueve acariciándola con la delicadeza de quien no ha hecho otra cosa en su vida.

 Allá por el norte de Europa deberían volver los ojos, un año de estos, hacia este hombre barcelonés que sigue escondiendo bajo su bigote la más irónica de las sonrisas. Dicen que las propuestas para el citado premio llegan de la mano de organizaciones constituidas para tal efecto en el país de turno del candidato, si es así, estamos tardando en aunar voces para proponerle, aunque sabiendo cómo nos las gastamos por aquí, y cómo es esta riña de gatos en la que chapotea la literatura española, me temo que vamos listos. En fin, al menos nadie nos podrá quitar la satisfacción de abrir una novela suya cada poco tiempo, y que sea por muchos años.




  • 'La intriga del funeral inconveniente'

    • Autor Eduardo Mendoza

    • Género Novela

    • Editorial Seix Barral

    • Número de páginas 251

    • https://www.laverdad.es/ababol/eterno-mendoza-20260620075451-nt.html?fbclid=IwY2xjawSkniFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBPaWdyM3lrRnluNVRDUEJOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvr2ql9MiLvsMO67XMCuzyKovNR5sw6ODCZO5ZPm29tU2GH-XHukzibRZr23_aem_nJ0ch94bYe4-9l0u0k8n0w#goog_rewarded9&ref=https://www.laverdad.es/ababol/eterno-mendoza-20260620075451-nt.html?fbclid=IwY2xjawSkniFleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBPaWdyM3lrRnluNVRDUEJOc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHvr2ql9MiLvsMO67XMCuzyKovNR5sw6ODCZO5ZPm29tU2GH-XHukzibRZr23_aem_nJ0ch94bYe4-9l0u0k8n0w

lunes, 22 de abril de 2024

TRES ENIGMAS PARA LA ORGANIZACIÓN - EDUARDO MENDOZA

 

 ENREDO Y SÁTIRA

 

Una prosa ácida, distendida, paródica, satírica, respetuosa, unos diálogos que son oro puro en una trama tan divertida como interesante, en la Barcelona habitual de Eduardo Mendoza, que vuelve a disfrutar con una de sus historias al tiempo que nos regala unos momentos lectores verdaderamente inigualables.

  

Es una delicia encontrarse con una nueva novela de Eduardo Mendoza, y quizá aún más delicioso para los que amamos el género negro, cuando se trata de una de esas historias en las que el misterio se alía con el enredo y con la parodia, la sátira, algo muy necesario en los tiempos que estamos viviendo, en unos momentos en los que la producción patria de “papel de fumar” se está viendo seriamente amenazada.

 

En el momento en el que tenemos noticia de que esta trama está ya a la venta, lo normal es que un cosquilleo nos recorra la espalda, proveniente de aquellas pantorrillas tan del gusto del bien amado Tip, y llegue hasta nuestro cerebro, impulsándonos a cometer el irrefrenable acto de acudir a una librería y satisfacer nuestros instintos. Pero no contentos con ello, y tras haber acariciado y hasta olfateado el libro, porque las novelas de Mendoza se vuelven también sensoriales, correremos a buscar nuestro sillón más preciado, ése que atesora como oro en paño el molde de nuestro trasero, o bien, si somos dados a lo aventurero, nos ubicaremos en una buena terraza, cerveza o refresco en mano, dispuestos a que el maestro nos lleve por donde más le plazca.

 

Diálogos brillantes

 

El tiempo y su producción literaria le han concedido ese derecho, y a nosotros el privilegio de disfrutar de una prosa ácida pero distendida, paródica pero coherente, satírica pero respetuosa con la trama, y sobre todo disfrutar de unos diálogos que son oro puro, en los que cada personaje (y la fauna es muy variopinta) emplea una voz que es casi más una conciencia, para que su personalidad y su carácter no caigan en nuestro olvido.

 

Ya entrados en ese ambiente, en esas primeras habitaciones del universo Mendoza, nos queda ir hasta el salón, donde el jefe de una curiosa organización reúne a sus ocho o nueve detectives, con el fin de desentrañar tres eventos criminales aparentemente sin relación alguna y cuya resolución por parte de las fuerzas del orden no parece algo que vaya a producirse.

 

Parodiando el género negro

 

La distribución narrativa de los tres casos roza lo magistral, Mendoza conoce muy bien los resortes del misterio y los parodia con una seriedad pasmosa. Eso sí, como es habitual en él, nunca se olvida de los temas de hondo calado social, llámense prostitución, corrupción entre los poderosos o turbios manejos empresariales. Ese fresco social no está sujeto a parodia alguna, esas críticas han de llegar de la manera más cristalina al lector, aunque haya que pasar de cuando en cuando por campos minados como la política o la religión. Y para muestra, quédense con este brillante botón leído en la novela: “Todas las religiones del mundo empiezan predicando el amor y acaban matando”. Poca risa con eso.

 

En cuanto al personal humano, las galerías de Mendoza son tan variopintas como atractivas, un jefe de organización metódico pero voluble, una ayudante ya más que madura que sigue bebiendo los vientos por él, otra joven desaprovechada del mundo laboral, un ex presidiario separado y con un hijo, otro hombre con problemas de control de impulsos, un japonés que busca la integración total… En fin, una panoplia de inadaptados que sólo bajo el ala de esta organización extraoficial y extrapolicial pueden hallar acomodo. Un grupo que, mal que bien, va camino de convertirse en una familia.

 

Siempre Barcelona

 

Y como toda familia ha de tener un lugar, una casa o un punto de reunión, Mendoza recurre una vez más al que mejor conoce, la ciudad de Barcelona, aunque hace mucho, y así lo recoge él mismo un tanto dolorido, que ya no es la Barcelona que fue, pero sigue siendo la suya, con su puerto, sus Ramblas y sus barrios un tanto peligrosos, aunque no tanto como los turistas. Pero también la trama sale de la ciudad, llegando hasta Palamós, punto neurálgico de gran importancia en la trama.

 

Del misterio en sí, me van a perdonar que nos les cuente mucho, ni siquiera las implicaciones vaticanas, porque debe ser el lector el que vaya pasando página tras página con fruición, y conteniendo la risa en algunos episodios, como también tendrá que sofocar la ternura en otros, y aguantarse las ganas de comerse a besos a alguno de estos personajes.

 

Eduardo Mendoza ha recuperado una vez más la esencia de una magnífica literatura entregada a los lectores sin engaño ni artificio alguno, como debe hacerse con las cosas buenas de verdad, ya sean para comer, escuchar, beber o leer. La cuestión es ser receptivo y estar dispuesto a paladear el manjar a base de bien, aunque al final tengamos incluso la sensación de que nos puede haber sabido a poco. De esa forma, cuando llegue la siguiente, cuando Eduardo Mendoza nos invite a un nuevo festín, acudiremos con los ojos cerrados y las papilas literarias bien dispuestas.


‘TRES ENGIMAS PARA LA ORGANIZACIÓN’.

EDUARDO MENDOZA.

Género: Novela.

Seix Barral.

408 páginas.


(LA VERDAD, ABABOL, 13/04/2024)

sábado, 12 de diciembre de 2015

EL SECRETO DE LA MODELO EXTRAVIADA - EDUARDO MENDOZA

Cuesta abajo

          Quinta entrega de este detective sin nombre que tanto popularizase Eduardo Mendoza en títulos tan señeros como El laberinto de las aceitunas o El misterio de la cripta embrujada, y que tantos buenos ratos ha hecho pasar a varias generaciones de lectores, convirtiéndolos en fieles “mendocistas”. Quinta ocasión en la que nuestro hombre sale de su retiro frenopático dispuesto a sembrar el caos y una buena pizca de pánico a la hora de solucionar un nuevo caso, en esta ocasión la muerte en extrañas circunstancias de una modelo barcelonesa. Por cierto, que alguien tendrá que explicar algún día el porqué de la expresión “extrañas circunstancias”, y si hay forma de que alguien se muera en circunstancias familiares.

          Con el peculiar tono que se convirtiera en seña de identidad de la serie, y que ya se nos ha hecho tan familiar, este personaje deambula de nuevo por una ciudad que cada vez le resulta más ajena, una ciudad post-corrupta en la que sobreviven políticos más allá de la caspa y las comisiones del tres por ciento, transexuales que dejaron el cuerpo de la Guardia Civil, comisarios zumbones como el inefable Flores, hermanas que practican la prostitución casi por empecinamiento, porque la belleza huyó de ellas cuando eran bien pequeñas, e incluso círculos de grandes hombres, oligarcas catalanes de pura cepa, que hacían de los secretos económicos y los consejos de administración en la sombra la mayor de las mafias.

          Todo prometía, la verdad, incluso la extensión, algo mayor que la de entregas anteriores, y sin embargo la sensación que deja la novela tras su lectura es un tanto agridulce, como si el personaje hubiera emprendido la inevitable cuesta abajo del tiempo y la falta de facultades, o como si el propio Mendoza hubiera completado esta nueva historia casi por compromiso editorial. La trama anda sobre una cuerda floja, y se vuelve muy lacia hacia la mitad del libro, algo a lo que contribuye el hecho de que nuestro héroe vuelva al caso varios años después, un detalle que no termina de encajar del todo con la personalidad a la que su autor nos tenía acostumbrados.

          Aun así, se deja leer, por supuesto, hablamos de Eduardo Mendoza, y la sátira, los guiños y los sarcasmos brutales siguen estando presentes, al menos en la primera parte de la novela. Esperemos que esto sólo haya sido un pequeño borrón de descanso en las carreras tanto de Mendoza como de su detective sin nombre, porque ni el padre ni la criatura merecerían terminar así, tibios, extraviados y rozando de manera un tanto evidente lo descafeinado.

El secreto de la modelo extraviada. Eduardo Mendoza.
Seix Barral. Barcelona 2015. 318 págs. 18’50 euros.

(LA VERDAD, "ABABOL", 12/12/2015)