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viernes, 16 de julio de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - LEONARDO PADURA



Una vez que ha remitido el aluvión escandinavo de novelas negras que nos han helado las emociones, y en algunos casos el ánimo lector, porque era más el ruido que las nueces, conviene volver la vista a latitudes más australes, o más caribeñas, para encontrarse con una serie de novelas magníficas, protagonizadas por Mario Conde, hijo putativo, o más bien hermano de farras escritoras, de Leonardo Padura.


La última entrega de la esta serie, ‘La neblina del ayer’, ni siquiera es ya una novedad editorial, pero el verano es un momento magnífico no sólo para hacerse con ella, sino para hincarle el diente a toda la serie, una vez que la editorial Tusquets tuvo la feliz idea de reeditarla íntegra en nuestro país. Eso sí, aquellos lectores que esperen encontrarse folklore cubano, que lo olviden, al igual que tampoco encontrarán amargas quejas sobre bloqueos, dictaduras o dificultades de abastecimientos en la isla. Leonardo Padura no ignora ninguno de estos temas, habla de todos ellos siempre que su personaje se los encuentra de cara, pero los trata como la realidad de fondo, no como temas narrativos centrales, no en vano hablamos de novelas negras, donde lo vertebral siguen siendo los crímenes.


El Conde, como es conocido este investigador, no está solo, y el universo de amigos que jalonan sus páginas le hace más grande. Con él está el grupo de preuniversitarios de finales de los setenta que se unieron para siempre, y que siguen viviendo en la isla: el Conejo, Andrés, Miki Cara de Jeva, Tamara, Candito el Rojo, y sobre todo el Flaco Carlos, que ya no es flaco porque arrastra su obesidad en una silla de ruedas a la que le condenó una bala en la guerra de Angola, pero que ahora es el hermano del Conde, adoptado también por su madre, Josefina, auténtica maga de los fogones por encima de todas las precariedades.




La memoria de todos ellos salta en alguna de las novelas de la serie, empezando por el propio estreno, ‘Pasado perfecto’, y sacude la existencia y ánimo de Mario Conde cada dos por tres. En la jefatura hay también grandes fidelidades, al mayor Antonio Rangel y al sargento Manuel Palacios, tan gran conquistador como loco del volante, pero sólo hasta que el Conde, al finalizar la cuarta entrega, ‘Paisaje de otoño’, decide ser leal al mayor y abandonar el cuerpo cuando aquél es depuesto. Eso le sirve también para intentar recuperar el viejo sueño de ser escritor, sueño que alternará con labores de detective privado en las dos últimas novelas, porque ha de comer igualmente.


Un hombre que bautiza a su pez Rufino como homenaje a su abuelo, un hombre que cataloga las pestañas de una mujer como carnívoras, capaces de devorarle entero en uno de sus aleteos, sin duda merece que leamos sus andanzas. Leonardo Padura tiene la mitad de la culpa, pero Mario Conde pone lo suyo con frases lapidarias, como aquella con la que se defiende cuando le llaman ex policía: “…ni policía, ni hijo de puta, ni maricón, ni asesino tienen el privilegio del ex”. Tan contundente como sus páginas, quien se acerque a ellas no se arrepentirá.


‘Pasado perfecto’. 240 págs.

‘Vientos de cuaresma’, 232 págs.

‘Máscaras’, 240 págs.

‘Paisaje de otoño’, 264 págs.

‘Adiós, Hemingway’, 200 págs.

‘La neblina del ayer’, 360 págs.

Autor: Leonardo Padura

Editorial: Tusquets





martes, 13 de julio de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - TIENES UN E-MAIL

TIENES UN E-MAIL

Por desgracia, al otro lado de la línea no suelen estar ni Meg Ryan no Tom Hanks, y el contenido dista mucho de ser amoroso, o siquiera sentimental, me refiero a esos correos electrónicos que todos recibimos de vez en cuando, y cuyo contenido es exclusivamente…, procuraré ser educado al elegir el término: ideológico.


Y dentro de la avalancha, al menos los políticos pueden ser tolerables, sobre todo con la que está cayendo, aunque tengo ya muchas ganas de comprobar si los que ahora envían chuflas y ridiculizaciones hacia los que nos desgobiernan, hacen gala del mismo sentido del humor cuando nos desgobiernen los suyos, y sean sus bandejas de entrada las que se llenen de mofas, espero que en ese momento presuman también tanto de ingenio como de fair-play.


Los que verdaderamente me sacan de quicio, bueno, se acabó la corrección, los que me envenenan la sangre son aquellos que se permiten manipular a modo los datos y episodios de la Guerra Civil. Sí, los de aquella gente que pide que cerremos heridas cuando se habla de la represión franquista pero no duda en poner el grito en el cielo si algún familiar republicano quiere recuperar unos restos. Esa doble moral es la que me provoca náuseas. Imagino que no es tan difícil escuchar testimonios, e incluso abrir un libro (aunque esto igual sí requiere un gran esfuerzo intelectivo) para saber que crímenes y barbaridades hubo en ambos bandos, en ambos, no sólo en el que nos convenga en cada momento, así que no estaría de más, qué sé yo, que además de Paracuellos, muy utilizado como ejemplo de barbarie comunista, recordáramos también la plaza de toros de Badajoz, donde se lidió y estoqueó, tal cual, a numerosos presos republicanos.




Estos cruzados de no sé qué torticera justicia se indignan ante la Ley de la Memoria Histórica, que yo sepa, en ella se habla de las víctimas de la Guerra Civil sin especificar bando alguno, y de las víctimas del franquismo. A nadie, de ningún bando, ni se le exige que busque restos ni se le impide que lo haga, así que no entiendo estos dolores, salvo que se busque reinstaurar lo que muchos años de democracia han logrado aniquilar.


Y para quien piense que sólo piden subvenciones los familiares de republicanos, una vez más la lógica más matemática: en una guerra siempre hay más víctimas del bando perdedor, por si alguna vez se lo habían preguntado. En fin, lo más grande de esta democracia es que todo el mundo podrá seguir diciendo lo que quiera, por eso escribo este artículo, pero por favor, no manipulemos tanto. O tal vez lo que yo tenga que hacer sea filtrar mejor mi lista de contactos electrónicos. Vale.


martes, 6 de julio de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - ELOY CEBRIÁN



Con aires borgianos, cortazarianos y hasta reflejos de Poe presenta Eloy Cebrián esta docena de relatos inquietantes, dotados de una atmósfera casi británica, misteriosa, que atrapa al lector desde sus inicios. Cuentos como ‘Las luciérnagas’ o ‘La torre’ son auténticas perlas narrativas, escritas con una delicadeza extrema y un esmero en el lenguaje más que destacable. Volúmenes como éste hacen que el gran público termine de respetar de una vez el género del relato, y ayuda a que el mercado le otorgue el lugar que en justicia le corresponde.


‘Comunión’. Eloy M. Cebrián.

Editorial: Alfaqueque. Murcia, 2009. 188 páginas.


sábado, 26 de junio de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - FRANCISCO GARCÍA PAVÓN


Bacinería


Por primera vez se recopilan todos los relatos, o los casos cortos, del primer detective de la novela policíaca española, Manuel González, alias Plinio, ayudado siempre por el inefable y fiel veterinario motorizado, don Lotario. Esta recopilación hay que agradecérsela a la editorial Rey Lear, que ya antes había devuelto a las librerías algunos casos extintos del policía de Tomelloso, y se le agradece porque nos permite disfrutar de la enorme riqueza literaria de Francisco García Pavón, a quien todo el mundo ha reconocido como pionero de la novela negra hispana, aunque a veces no se le haga toda la justicia crítica que merecería.


Leyendo estos cuentos se aprecian sus innovaciones estilísticas, que convirtieron su prosa en algo particular e identificable, ejemplos de ello son esa “chispa malauvera” del policía, el uso de “pezonear” por amamantar, términos como “amanchegarse o descalzoncillao”, y sobre todo la inclusión y conjugación del verbo “bacinear” en lugar de curiosear o husmear. Rasgos muy propios que rayan en la brillantez, especialmente el último, porque esa bacinería es lo que alimenta las almas de Plinio y don Lotario, llevándolos siempre al desenlace de los casos, conlleven estos un crimen o no.


Esa voluntad de innovación lingüística se combina con la maestría literaria para trascender lo puramente criminal, en estas páginas hay casos sin asesinatos: una gemela ahogada sustituida por la hermana en la cama del cuñado, unas esquelas amenazantes, un roncador que derriba el techo con sus decibelios, y hasta la resolución de un caso de Madrid, que Plinio resuelve desde Tomelloso gracias a su memoria. La narrativa de García Pavón es social, atrevida e incluso adelantada a veces para su época, eso le da un valor añadido aun sin renunciar a la muerte, que también le arranca grandes frases como aquella que le sugiere un difunto que tenía la lengua fuera: “como si la muerte diese asco”. Una lectura más que imprescindible.


‘Plinio. Todos los cuentos’. Francisco García Pavón.

Editorial: Rey Lear. Madrid, 2010. 280 páginas.

("ABABOL", LA VERDAD, 26/6/10)


domingo, 6 de junio de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - BELLE DE JOUR


BELLE DE JOUR

La pudiente Severine, encarnada por Catherine Deneuve, se aburría de su aburguesada vida y se entregaba a ocultos vicios mañaneros en la cinta de Buñuel, y eso mismo parecen haber hecho ahora los responsables de nuestros sindicatos mayoritarios, debe de ser que la actividad sindical les tenía ya muy inmersos en el tedio y han tenido que buscarse alguna salida juguetona.


Lo digo, más que nada, por la tan cacareada huelga de funcionarios que han convocado para el ocho de junio, huelga que, con todos mis respetos, va a seguir el lucero del alba, porque un servidor desde luego no piensa secundarla. Y no es que me conforme con la bajada de sueldo, que tampoco, pero entiendo (en mi supina ignorancia sindical) que las huelgas hay que hacerlas cuando puedan servir para algo concreto, y con el ya famoso decreto aprobado, por más que busco el valor de la protesta, he de decir que me cuesta encontrarlo, salvo el derecho a un pataleo del que el gobierno de Moncloa se va a seguir riendo pero a base de bien.


Además, me repatea los higadillos la actitud servil tanto de Cándido Méndez como de Ignacio Fernández Toxo, máxime cuando pocas fechas después de que hubieran tragado con el decretazo de marras, el gobierno les desviara un fondo de más de cien millones de euros. Eso, en algunas calles de nuestras ciudades, y según a qué horas, tiene un nombre: prostitución, y por lo menos la rubia Severine ofrecía unos encantos considerables cuando la practicaba.


Así que la huelga para ellos, porque encima de que han permitido que nos metan la mano en el bolsillo, ahora pretenden, apelando a mi conciencia de trabajador, que le dé un anticipo de esa cifra al gobierno, y todo para que ellos, los macro sindicatos, limpien su conciencia después de haberse dejado f…, ya saben. No estaría de más buscar otros métodos de protesta, uno, que es profesor, se está pensando muy seriamente no calificar a ninguno de sus alumnos, como respuesta a la bajada salarial, pero lo que no haré será enarbolar banderas con las que, y ya van unas cuantas veces, estos sindicatos se han limpiado ya sus partes poco pudendas.


Y si no, pues asumo mi bajada de sueldo tal y como está el patio, pero eso sí, la asumiré cuando los políticos tengan la decencia (suponiendo que conozcan la palabrita) de cobrar un sueldo acorde con su labor, o sea, mínimo, y cuando tanto sindicalista de pacotilla no se libre de horas para rascarse la barriga, que los hay, y muchos, y que me perdonen los que sí luchan por los trabajadores, aunque cada vez sean menos. Así que menos apelar a las huelgas y más pensar en los que sí trabajan, porque quienes lo hacemos tenemos orgullo y conciencia, además de inteligencia, para saber cuándo nos han tomado el pelo, no nos pidan encima que pongamos también la cama.


Dios libre a los trabajadores españoles que no son funcionarios, que ahora se van a poner con la reforma laboral, a ver qué esquina eligen los sindicatos para menear ese nuevo bolso.


domingo, 23 de mayo de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - DONNA LEON


Un nuevo Maigret

Hace algún tiempo que la novela negra europea anda buscándole un heredero al comisario Maigret, todo cachaza, familia y tranquilidad, y en los últimos años quien acumula más méritos es el italiano Guido Brunetti, por edad, por ser familiar, por su visión social y por el lugar en el que vive y trabaja, porque aunque Venecia no sea una capital trepidante de la vieja Europa, tiene su particular idiosincrasia criminal. La candidatura le debe mucho también a su autora, Donna Leon, que la ha ido reforzando frente a otros solitarios del género, ya formen parte o no de las fuerzas del orden, y además ha sabido plantarles cara, sin estridencias, a las olas detectivescas que han llegado del frío.

Esta última entrega es quizá una de las más calmadas, los delitos se ven venir desde el inicio pero aún tardan algunos capítulos en cometerse, para dejar un margen a un Brunetti maduro, que disfruta de su amistad con Vianello, y que cada vez traga peor las hipocresías del superior de turno. Fuera de lo estrictamente profesional, Donna Leon presenta a un tipo calmado, experto y capaz de hallar el equilibrio familiar, tras unos cuantos años de ciertos bandazos, aceptando los caracteres de su mujer e hijos, de sus más estrechos colaboradores e incluso de la familia política.

El cóctel, obviamente, se completa con las irregularidades sociales de turno, los sobornos en los tribunales, las consabidas puñaladas a los perpetuos turistas de Venecia, los chanchullos inmobiliarios, las mentiras de los funcionarios, las influencias, los prejuicios sexuales. Los males endémicos de estos tiempos, aunque en este caso se lanza a la yugular de los adivinos que juegan con la credulidad y la necesidad de fe de las gentes, y con su indefensión ante las supuestas curaciones milagrosas. No obstante, no siempre pueden resolverse todos los delitos, pero eso no deja un poso amargo si como policía uno se esfuerza siempre al máximo.

‘Cuestión de fe’. Donna Leon.

Seix Barral. Barcelona, 2010. 315 páginas.

ABABOL, "LA VERDAD" (22/5/10)


miércoles, 19 de mayo de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - TODOS A LA CÁRCEL


TODOS A LA CÁRCEL

Berlanga ha sido todo un visionario, y si en esta España no fuéramos como somos deberíamos haberle colocado hace tiempo en La Moncloa o muy cerquita, porque siempre ha sabido anticiparse a las lacras patrias metiendo el dedo bien dentro de sus llagas. Ahí, en sus películas, están todos los meapilas que mueven y menean este patio de Monipodio que es nuestro país.


Si pensara bien lo que acabo de escribir, debería borrarlo o pedir disculpas, porque será un cinco por ciento, más o menos, de la extensión de este artículo, y ahora tendré que adecuar mis esfuerzos a mis nuevos emolumentos. Y es que, en efecto, tengo que pedir perdón, aunque me cueste, porque soy funcionario; perdón por ser un funcionario trabajador que procura destrozar cada día el mítico tópico (vagos y jetas hay en todos los oficios, creo yo); perdón también por haber aprobado unas duras oposiciones con el único esfuerzo de mis neuronas y de las pestañas que me dejé al no dormir; perdón por haber cometido el dislate de aprobarlas después de licenciarme en una universidad; y perdón por tener un suelo asegurado, aunque congelado desde hace unos cuantos años sin haber protestado por ello.


Me siento fatal por todo esto, pero mi contrición no ha hecho más que comenzar, debo pedir perdón por no haber especulado, cuando venían bien dadas, con mi salario y con mi trabajo, como hicieron otros muchos; perdón por no haber dado ningún pelotazo ni haber llenado de billetes alguna bolsa de basura; perdón por trabajar para los demás, para el estado de este santo país, en mi caso tratando de educar y enseñar a los hijos de muchos españoles, algunos de los cuales más de una vez me han restregado en las aulas que sus padres, cuando venían bien dadas, ganaban diez veces más que yo.

La culpa me corroe, me disculpo por no ser consejero de nada, subsecretario, secretario, vicepresidente, secretario general, alcalde, concejal, diputado, y mea, meísima culpa, me disculpo por no ser asesor, ese cargo fantasma de la vida pública que se lleva cuarenta o cincuenta mil euros al año y que nadie sabe nunca qué hace ni quién le ha contratado. Por todo ello me golpeo el pecho un sinnúmero de veces.


Y me lo golpeo también por quejarme, por estar enrabietado ante esta bajada de sueldo que seguramente es consecuencia de otras bajadas de pantalones, y entono lamentos profundos por ser un mal español que no quiere sacrificarse para que su país salga adelante mientras los funcionarios políticos, ahora que vienen mal dadas, siguen cobrando unos dinerales mareantes, cuyas cifras hay que encontrar de milagro porque son un secreto sumarísimo muy bien guardado.


Perdón por desear que desaparezca tanto cargo inútil; perdón por no querer que un diputado siga cobrando su salario parlamentario hasta año y medio después de haber cesado en el escaño (si es que alguna vez sus nalgas lo profanaron); perdón por no tener prebendas de por vida; perdón por no chupar de una teta que cada vez está más reseca. Perdón, repito ya postrándome en el frío suelo, por ser un español que no entiende que las únicas votaciones unánimes que hacen los políticos son aquellas en las que se revisan SUS sueldos, siempre al alza vengan bien dadas o no.


Perdón por levantar la voz y no querer que el resto del país vea a los funcionarios como enemigos públicos, y eso que los otros enemigos son los pensionistas, a los que creo que también les van a dar lo suyo. Perdón por no converger con una Europa a la que no entiendo, y con unos gobiernos, el de ahora y los de antes, y los de mucho antes, a los que tampoco entiendo aunque me hayan hablado en mi idioma.


Por todo ello, pido perdón al país entero. Y si me quedaba el consuelo de endulzarme la jornada con un refresco en la cafetería de mi instituto, ahora tampoco podré hacerlo, porque otro decretazo me lo prohíbe, y eso ya sí que no, podré sufrir en silencio la bajada del cinco por ciento (ahora es cuando en verdad he entendido la famosa rima del numero cinco, ahora), pero no sin mis chuches, mis bollos, mi café cafeinado. Con la que está cayendo, los gerifaltes locales, que se hinchan a comidas oficiales, no tienen nada mejor que hacer que decirnos, a nosotros y a los críos, qué dulces podemos o no podemos tomar. Yo quiero una cárcel como la de Berlanga, porque como esto siga así, me pienso muy seriamente lo de la cadena perpetua.







lunes, 10 de mayo de 2010

TRAMPANTOJOS



Picoteo una comida de aliño en una coqueta cafetería. Una pareja entra y se acomoda en la barra con toda la delicadeza del mundo, no sé cuál de los dos es el enfermo, ambos llevan gorros de lana calados casi hasta las cejas, pero bajo el de ella parece notarse la orfandad del cabello. Comparten dos copas de vino y hablan con toda naturalidad, disfrutan de su momento, de las tapas, del vino, del sábado. Se miran y se rozan las manos con la familiaridad de los años, si toman una tercera copa de vino, o yo una nueva cerveza, el cáncer se irá difuminando. Puede que los verdaderos gestos de amor radiquen en actitudes como éstas, sin luces, sin sueños, sin exagerados flechazos o estridentes fuegos de artificio.

lunes, 26 de abril de 2010

TRAMPANTOJOS


Sentado en el sillón. Tarde de domingo que descarga la primavera. El perro reclama su narcisista ración de caricias y me abstraigo rascándole la cabeza. Vuelvo la vista atrás y entre lo mucho que alguna vez imaginé nunca estuvo la posibilidad de tener animal alguno. Pero la vida siempre viene sin libro de instrucciones. A veces, mientras Amalia está con nuestro hijo en otra habitación, jugando o enseñándole matemáticas, los miro desde la distancia y me sorprendo de tener una familia, como si en vez de formar parte de ella estuviera espiando la vida de otro hombre por una ventana. Me gusta verlos sin que se den cuenta, pero en cuanto asoma el temor de que fuesen la familia de otro me entrego al impulso de acudir a abrazarlos.




martes, 20 de abril de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - 2012


2012

Hala, ya está, ya ha empezado, y sin que se hayan resquebrajado las montañas ni rebelado los océanos, el Apocalipsis se avecina y la culpa la tenemos nosotros, bueno, más concretamente nuestras ansias rijosas, como bien ha señalado el ayatolá iraní Kazem Sedighi, iluminándonos al decir que las causas de los terremotos están en las relaciones sexuales ilícitas, y en el poco decoro que mostramos a la hora de vestirnos. Es decir, que a más tangas, más grados en la escala Richter.


Así se explica el último seísmo de China, motivado por todos los internautas que se han saltado la censura a la torera para entrar en ciertas redes sociales, prohibidísimas por los caudillos de la revolución maoísta, nada menos que para acceder a la página de Sora Aoi, una célebre actriz porno japonesa que lleva el orgasmo ya escrito en el mismo apellido. Ya ven como poquito a poco vamos haciendo sonar las siete trompetas y abriendo los siete sellos…, bueno, esta chiquita con rostro inocente se ha encargado de abrir ya unos cuantos.


Y la epidemia se está extendiendo como la pólvora, en todos los continentes, debe de ser que todo el mundo se estará acordando de aquello de que “…el mundo se va a acabar” y lo que antecedía a la famosa frase. Porque en Estados Unidos han pasado de experimentar con los celos para comprobar que pueden afectar a la percepción visual femenina (y si no que se lo pregunten a Hillary Clinton) a suscribirse a una revista porno para ciegos lanzada en Gran Bretaña, y que mejora los primitivos intentos que realizó Playboy en los años ochenta, incorporando ahora relieves de desnudos y otras poses más, digamos, explícitas.



Nos vamos al garete, menos mal que siempre nos quedará el fútbol, y el bueno de Messi, que él solito vela por al decencia y hasta es capaz de romper matrimonios, como le ha ocurrido al sudafricano Bigboy Cheverevere (juro por los cuatro jinetes apocalípticos que el nombrecito del tipo es real), que montó una bronca monumental al llegar a casa y comprobar que su mujer y sus hijos no le dejaban ver cómo el argentino le marcaba cuatro goles al Arsenal inglés.


Para que luego venga Al Gore y nos intente vender la moto del cambio climático como causa de la destrucción del orbe, ni caso, es el sexo el que está dinamitando el mundo, lo que no tengo claro es si bajo el islandés glaciar Eyjafjalla estaban rodando una película equis o es que se celebró una convención mundial de recién casados, pero esa nube cenicienta ya sabemos todos de dónde ha salido.



domingo, 18 de abril de 2010

TRAMPANTOJOS


Las monedas de uno y dos céntimos son abortos de la numismática, repudiadas por todos y condenadas al abandono en las cajas registradoras y al extravío en los bolsillos o en las grietas de las aceras.





jueves, 8 de abril de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - ATERRIZA COMO PUEDAS


ATERRIZA COMO PUEDAS

Eligieron un mal día para dejar de fumar. Bueno, y para dejar de beber, y para dejar de tomar tranquilizantes y de esnifar pegamento. Hablo de las dos ínclitas criaturas que intentaron embarcar el cadáver del nonagenario Willi Jarant en un vuelo comercial de Easy Jet (eso es interpretar bien un nombre comercial y lo demás son cuentos) que las llevara de Liverpool a Berlín. Ni Jim Abrahams ni los hermanos Zucker podrían haber escrito un guión mejor que el protagonizado por esta estrambótica familia.


Y no les faltó ingenio, no, para que luego digan que la gente no tiene iniciativas para superar la crisis, a ver si aprenden los de estoloarreglamosentretodos.org. Después de la neumonía que sufrió el abuelito Willi (hay que tener cuajo para llamar Willi a un tipo de 91 años), ellas esperaron a que mejorara para sacarlo del hospital, menos mal que había mejorado..., y ni cortas ni perezosas lo metieron en un taxi camino del aeropuerto, muy tiesecito, con sus gafas de sol y una palidez de no te menees. Incluso reservaron ayuda adicional para minusválidos en el aeropuerto. Y allí que se plantaron, llevadas por un taxista un tanto “moscatel” y acogidas por un funcionario, un tal Andrew Millea, un poco cortito, porque aunque la cabeza del finado se le cayó encima cuando le sacó del taxi, él ayudó a colocar al anciano en una silla de ruedas y lo llevó al mostrador correspondiente.




Estaba muy frío, declaró luego, coño, claro, y pálido, y tieso, y si el episodio llega a ocurrir en un aeropuerto español, con los retrasos, hubiera terminado atufando la terminal correspondiente. Lo que no entiendo es cómo ninguna de las dos mujeres cayó en la cuenta de ponerle un cigarrito en la boca y un cubata en la otra mano, así lo habrían expulsado rápidamente de la Gran Bretaña, y no tendrían que esperar ahora a la autopsia, que le va a mandar a Berlín hecho rodajitas o dentro de una valija diplomática. No sé dónde vamos a ir a parar, se está perdiendo el respeto por las tradiciones más arraigadas, ¿qué ha sido de la caridad universal de abandonar ancianos en las gasolineras en pleno periodo vacacional?, vamos de cabeza al caos más absoluto.

Ellas juraban y perjuraban que no estaba muerto, que estaba de parranda, pero a los ingleses no es fácil dársela con queso, ni aunque uno quiera ahorrarse las 3000 libras que cuesta repatriar un cadáver. Al menos han tenido imaginación para ahorrarse gastos mayores, y no les ha faltado pudor para decir que tenían testigos que lo habían visto vivo, sí, creo que los veteranos de la Guerra del 14. De todas formas, hay que alabar el ingenio de las dos mujeres, igual si le hubieran embarcado con Iberia, el bueno de Willi habría llegado a Mallorca sin más incidencias. La familia de la duquesa de Alba ya se ha puesto en contacto con las alemanas, por si a Cayetana se le tuerce alguna excursioncita con su Alfonso.


viernes, 2 de abril de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - LORENZO SILVA



El instinto del sabueso


Cuando los personajes literarios cumplen años corren el riesgo de anquilosarse en un síndrome de peter pan narrativo, con lo que terminarían siendo arquetipos planos y vacíos. La mejor solución para evitarlo, y para demostrar que el personaje sigue vivo, es bañarle con la pátina del tiempo, la misma en la que nos sumergimos los lectores. Estos cinco años de ausencia del sargento Bevilacqua, ahora ascendido a brigada, nos han devuelto a un hombre un poco más viejo, más curtido, un poco más cínico y un mucho más desencantado, todos ellos rasgos que le humanizan más, suponiendo que alguna vez hubiera dejado de ser humano, y nos lo acercan hasta volverlo un amigo entrañable.


Lorenzo Silva le vuelve a entregar su voz porque sabe que nadie mejor que Vila para transmitirle al lector algunos males muy endémicos, no ya de España, sino del mundo occidental y globalizado: las mentiras, los sicarios del este, los chanchullos judiciales, y otro muy peligroso y más cercano, la utilización sectaria de las leyes sobre la violencia de género para triunfar en los divorcios. En el fondo de la novela late un homenaje a aquellos padres que sufren las calumnias de sus ex mujeres y que, sin embargo, siguen resistiendo por amor a sus hijos, como el finado Óscar Santacruz.


El panorama narrativo se vuelve duro y desolador, de ahí el cinismo de Vila, los miedos de Chamorro por si su jefe se rinde y las prevenciones de sus superiores, sabedores de la valía del investigador. Pero el instinto del sabueso es mucho más fuerte, y del pozo del desencanto judicial que ha puesto a un condenado en la calle con total impunidad sólo se sale navegando proa arriba, dispuesto a luchar contra la mentira no sólo para encontrar al asesino, sino para limpiar la imagen manchada del muerto.


Vila está menos solo que en otras entregas, tiene la amistad de Chamorro, también ascendida a sargento, la admiración de Arnau, un guardia joven nuevo en el equipo, y la camaradería que empieza a construir con su hijo adolescente. Lo demás, su equipaje de lecturas y recuerdos, le ayudará a vencer el insomnio, y tal vez le haya afilado un tanto la labia, volviéndole más rápido de lengua, aunque no tanto como para olvidarse de reconocer la verdad, o los tintes poéticos de su particular justicia, y tampoco para dejar de reconocer a la gente decente que se mueve en su mundo, como la juez de este caso, que le reconcilia, no con el estamento, pero sí con las personas.


‘La estrategia del agua’. Lorenzo Silva.

Editorial: Destino. Barcelona, 2010. 380 páginas.

(LA VERDAD/ABABOL, 02/04/10)


martes, 30 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS


Veo a un joven hablando solo por la calle y me sorprendo de que no lleve prendido en la oreja el auricular de un teléfono móvil. Dos manzanas después veo a un anciano que arrastra los pies por la acera y, al rebasarle, me sorprendo al ver que no divaga al viento, sino que le habla a un pequeño dispositivo que cuelga de su cuello. Tres manzanas después me siento en una terraza y, mientras aguardo mi café, me sacudo del hombro las nubes de prejuicios y convencionalismos absurdos.

sábado, 20 de marzo de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - HENNING MANKELL

Honras postreras

Podemos hablar de final de ciclo, de ocaso, de retirada, de adiós entre bambalinas, muchas fórmulas podríamos utilizar para ilustrar la despedida de Kurt Wallander del panorama de la novela negra internacional, pero Henning Mankell huye de todas ellas en este punto y aparte de su narrativa. De hecho, desde la mitad de la novela hacia delante deja que sea el propio inspector quien empiece a agitar pequeños pañuelos ante los ojos del lector, bien haciéndole recordar casos pasados, bien rememorando también a sus antecesores en la profesión.

La trama, pues, es casi lo de menos, incluso puede hablarse de que no es la mejor de cuantas ha resuelto Wallander, las raíces del espionaje en la guerra fría quedan un tanto poco perfiladas, y la evolución de algunos personajes extraviados hace recordar incluso al primer Larsson y a sus hombres que no amaban a las mujeres, algo impensable en la narrativa de Mankell hace un par de años. Pero no importa, porque esa trama sirve para que conozcamos a la pareja más estable de Linda Wallander, y de paso para que el sabueso se convierta en abuelo y disfrute, junto a la pequeña Klara, de los mejores momentos de la novela.

La trama, también es cierto, le exige al inspector un esfuerzo ímprobo que le cuesta realizar, porque la diabetes y otras sombras más oscuras se lo impiden, pero su dignidad y el orgullo le empujan a seguir y seguir hasta resolverla, como siempre, aunque lo que nos deje al final sea una especie de canto de cisne, o de urogallo como los que pintaba su anciano padre. Mankell, no obstante, rebosa elegancia en las páginas finales, apartándose de la escena para dejar el último plano enteramente a su criatura. Ese hombre inquieto, irascible pero sincero hasta la extenuación, se pierde entre las nieblas de la posteridad. Y puede hacerlo tranquilo porque se ha ganado el puesto a pulso.

‘El hombre inquieto’. Henning Mankell.

Editorial: Tusquets, 453 páginas. Barcelona, 2009.

(LA VERDAD, ABABOL 20/3/10)


martes, 16 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS


Existen unas cuantas frases dotadas de la infalibilidad de las costumbres lingüísticas. Expresiones tras las cuales, o junto a ellas, podemos colocar la barbaridad más mendaz sin que nadie altere un músculo de su gesto. Son, sin duda, las frases mamporreras, del tipo “según las encuestas”, “dicen los críticos”, “he visto en Internet”, “la ley dice”, “según las estadísticas”, “me han dicho”, “el otro día vi en la tele”…; lo que preceda, acompañe o siga a esas expresiones será indiferente, porque ya estará barnizado por la soberbia más recalcitrante con la que bañar la ignorancia de los demás, puesto que nunca se atreverán a rebatirlas.


miércoles, 10 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS



Las casas en las que se instala la vejez dejan asomar sus huellas de forma paulatina, un pañuelo olvidado sobre un lavabo, una pelusa resistente aferrada a un sillón, migas rancias colonizando los rincones. Hasta el papel higiénico tiene algo de hoja caduca y triste. A veces creo que uno de los peores inconvenientes de llegar a la senilidad es el acopio de manías insalubres que se produce. He de guardar un remanente monetario para dedicárselo, llegado el momento, a un asesor que me susurre en el oído, tal y como hacían los césares triunfantes, no sólo el recuerdo de que soy mortal, sino la obligación de conservar cierta decencia, cierto mínimo decoro a pesar de los años caídos.


miércoles, 3 de marzo de 2010

TRAMPANTOJOS


Una mujer mira por la ventanilla de su coche anclado en un semáforo, es hermosa, joven, rubia, parece elegante aunque la puerta mutila el resto de su imagen. Flota sobre el asfalto con delicadeza, hasta que baja el cristal, asoma media cabeza y lanza a la calzada un escupitajo demoledor. Acaso sea ése su concepto de la igualdad de los sexos, cometer las mismas barbaridades estéticas e higiénicas que muchos hombres.






sábado, 27 de febrero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - PATRICK ERICSON




Una gran tela de araña


Se habla en el prólogo de esta novela de la teoría del iceberg, que consiste en mostrarle al lector una cuarta parte de la información que maneja el escritor, y Patrick Ericson borda la interpretación de dicha teoría, porque las páginas de esta vertiginosa obra no paran de depararnos sorpresas. Claro que para sorprender así hay que saber manejar muy bien los datos y las ocurrencias argumentales, hay que ser un escritor total, a quien le apasionen las buenas historias, a quien le guste fabular y que debe estar dotado de una imaginación casi tan desbordante como fiel ha de ser su respeto por el lenguaje.


Todas estas virtudes reúne Patrick Ericson y se las regala al lector en una trama muy maquiavélica: un tétrico juego de rol puede conducir a la civilización al Apocalipsis tan anunciado en los textos de San Juan. Si esta frase la firmara algún Brown de turno en la contraportada de un ejemplar americano, todo el mundo estaría con la boca abierta, pero la firma un hombre de aquí. Y su osadía como autor va más allá implicando a las altas esferas de El Vaticano, reconociendo las miserias de la extinta Unión Soviética, dando paso a antiguas hermandades y mostrando algunos rasgos del gobierno español. Todo ello teniendo como centro resolutivo de los enigmas a un equipo estadounidense capaz de desentrañar cualquier cerebro, un equipo capitaneado por Sirius Dyer y que está lleno de peculiaridades dignas de leerse.


La novela es una gran tela de araña en la que caemos atrapados ya desde el inicio, pues no hay un instante de respiro, y eso que cada hilo de la tela tiene que engarzarse de forma cuidadosa con los demás. Y para los que crean que un exceso de imaginación puede restar credibilidad a la historia, nada mejor que llegar hasta la última página, allá donde se cuecen las sorpresas más impactantes.


‘El ocaso de las siete colinas’. Patrick Ericson.

Editorial: Vía Magna. Barcelona, 2009. 495 páginas.

(LA VERDAD, "ABABOL", 27/02/10)


martes, 23 de febrero de 2010

LA LINTERNA MÁGICA - LA ESCOPETA NACIONAL



LA ESCOPETA
NACIONAL

ADVERTENCIA: ABSTÉNGANSE DE LEER ESTAS PALABRAS LOS FANÁTICOS DEL NACIONALISMO EXACERBADO. DEDICADO A LOS CATALANES Y VASCOS SENSATOS, QUE, HABERLOS, HAYLOS, Y MUCHOS.


Si el comerciante catalán que encarnaba el gran Saza en la película de Berlanga se hubiera dedicado a la política, se habría enriquecido en menos de lo que canta un gallo, pero claro, sólo era un empresario de porteros electrónicos en pleno franquismo. Hoy las cosas han cambiado tanto que quienes no tenemos un baldón de autonomía histórica no podemos hacer nada más que ver pasar los euros ante nuestros tristes ojos.


Hoy, los “históricos periféricos”, en cambio, se dedican, con toda la hipocresía del mundo, a poner a caer de un burro a todo lo que huela a español, tal y como ocurrió, una vez más, en el último evento deportivo, la Final de la Copa del Rey de Baloncesto celebrada en Bilbao. Que llegan los Reyes a presidir la final del un torneo que lleva su nombre, a silbar como posesos hasta la extenuación, o a apagar sibilinamente la megafonía para que el himno no suene, luego se extrañarían de que saltara un energúmeno a la cancha, con semejante caldo de cultivo.



Pero, eso sí, de renunciar a los beneficios económicos que les pueda reportar este estado ultra-represor, fascista y explotador llamado España, de eso ni hablamos, se quedan con las taquillas de los partidos, los derechos televisivos, con las subvenciones y con las financiaciones autonómicas, siempre y cuando no se las envolvamos en rojo y gualda o en un impreso con membrete de ancestrales escudos, y que no se nos ocurra enviarles ese impreso en castellano, vade retro.

A estos históricos, quienes, por cierto, tendrían que fusionarse y pasar a propugnar un nuevo estado, qué sé yo, Cataluskadi, o Euskataluña, que nadie se sienta discriminado, habría que recordarles que las identidades nacionales más particulares no están reñidas con el amparo de un país, que existen otras quince autonomías que nunca los despreciarían, y en las que nadie se rasga las vestiduras por ser español, y que, por último, con qué carita se habrían quedado si cualquiera de los españoles no fanáticos se hubiera puesto a abuchear “Els Segadors” o a partirse de risa en pleno “Alderdi Eguna”.


A ver si dejamos a un lado la hipocresía, corren tiempos de globalización y dárselas de ombliguismo parece más bien retrógrado, así que lo más sensato sería dejar de practicar esa ley del embudo. O si no, si de verdad hay quienes anhelan esa independencia a toda costa, que se gestionen solos, que con este pedazo de crisis, los millones que liberen nos vendrían muy bien a los rancios españolotes, y que se vayan a jugar sus ligas y copas particulares. Que yo sepa, quince comunidades autónomas son capaces de sobrevivir en España sin esa doble moral.



miércoles, 17 de febrero de 2010

TRAMPANTOJOS

Dicen que si uno se sienta con mucha paciencia a la orilla de un río, tarde o temprano verá pasar flotando los cadáveres de sus enemigos. El problema es que esos enemigos conocen también el proverbio, lo cual dará lugar, por fuerza, a una serie de esperas eternas, salvo que algún ingeniero diabólico de la venganza dé con el sistema perfecto para construir una estructura de esclusas capaces de empujar el resentimiento y la longevidad río arriba.

domingo, 14 de febrero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - LUIS LANDERO

El don de fabular

La capacidad de fabular es un regalo del destino, un don celestial, llámese como se quiera, pero se tiene o no se tiene, es decir, que las musas son generosas o no lo son; ahora, cuando se tiene, se convierte en una joya digna de ser utilizada en todo momento. Luis Landero tiene ese don, lo cual es sabido ya desde hace muchos años, pero en esta ocasión ha decidido ser todavía más generoso y entregarle el don al protagonista de esta novela, para que sea él mismo quien narre una serie de extrañas y a veces estrambóticas peripecias.


Peripecias que, curiosamente, él casi no ha protagonizado, porque ha sido más un hombre contemplativo que un hombre de acción, y aparte de cometer algunos exabruptos verbales con algún desconocido callejero, o de haber seducido a una vecina con ansias de coqueta y vientos de mujer infeliz, este hombre inmaduro lo que ha hecho casi siempre ha sido mirar, pero mirar con la atención microscópica de un taxidermista, mirar y guardarlo todo para ir sacándolo, años después, tendido en la cama de un hospital, en esos momentos oscuros en que la sombra de la muerte viene con el libro de cuentas bajo el brazo para ver cómo resulta el balance, y lo saca para entregárselo a una mujer que le escucha.





Por esos ojos, al tiempo que por estas páginas, han pasado seres disconformes con el destino que les había tocado vivir, nómadas que soñaban con tener una familia estable, sedentarios que querían ser aventureros o descubridores, fontaneros cachazudos que rechazan chapuzas para seguir en su tertulia, tipos que apenas se movían, vecinos que vampirizan a los recién llegados bajo el pretexto de un exceso de atenciones, o mujeres que se solazan pomadeándose la una a la otra… Y todos reunidos en un bar, el Maracaná, en el madrileño barrio de Chamberí, una atalaya desde la que observar pasar la vida y decidir, llegado el caso, si uno se sube a su carro, o tal vez lo deja pasar pañuelo en mano.


Puede ser que algún purista crea que no hay argumento en esta novela, que es sólo la concatenación de posibles argumentos frustrados, pero se equivocaría, o tal vez no conozca bien la esencia creativa del autor extremeño, y lo que es aún mucho peor, olvidaría antecedentes de relatos o historias encadenadas que tuvieron su origen en nuestro pasado literario más glorioso. Lo dicho, ojalá que la legendaria pasión de contar siga viva durante muchísimos años en las expertas manos de Luis Landero.


‘Retrato de un hombre inmaduro’. Luis Landero.

Editorial: Tusquets. Barcelona, 2009. 234 páginas.

(DIARIO LA VERDAD, "ABABOL", 13/02/10)


sábado, 6 de febrero de 2010

TRAMPANTOJOS


En el ambulatorio, un cuarto de hora esperando sólo para pedir una cita. Del cubículo que hay tras el mostrador brota un tipo con bata blanca y nariz de púgil, le grita a una mujer árabe, le grita a un sudamericano. Llega mi turno y no me grita, hubiera querido preguntarle por qué a mí no, o por qué a ellos sí, pero al final no lo he hecho. Vivimos entre la complacencia del laissez passer, huyendo de las complicaciones, callando por vergüenza, mirando al suelo. Tendría que haberle exigido que me gritase también, pero en sus ojos no había ningún rastro de la sutileza necesaria para entender ese gesto. Salgo a la calle con mi cita concertada con la amargura.




lunes, 1 de febrero de 2010

CRÍTICAS LITERARIAS - JUAN JACINTO MUÑOZ RENGEL



El chamán


Armar un artefacto de precisión no es nada sencillo, hay que tener una paciencia infinita y unos dedos expertísimos y hábiles para que la maquinaria encaje y no se descuajaringue al primer embate. Juan Jacinto Muñoz Rengel puede presumir de tener unas manos sabias para la orfebrería del cuento, y no sólo por los premios que eso le ha acarreado, sino por la calidad que muestra en cada una de las once miniaturas que presenta en este volumen. En ellas hay mecánica, por supuesto, la que sólo proporciona la buena técnica, pero también hay kilos y kilos de alquimia, la magia siempre necesaria para convertir en oro lo que en otras manos habría sido sólo un pedrusco argumental.


El Toledo musulmán con un investigador muy particular, la creación del reloj de Praga, la herencia maldita de Nostradamus, un par de historias teñidas del misterio gallego de las meigas, una brigada de Diógenes en la que está muy presente el Bradbury de los bomberos quemadores de libros. Estos son algunos de los argumentos que un lector atento puede paladear en este libro, pequeños homenajes a otras literaturas, tamizados por la voluntad del autor, quien llega a fabricar un ambiente a veces gótico, aunque salpicado con un peculiar sentido del humor, negro casi siempre, y un hálito enigmático necesario para la tensión literaria.


Todo ello sin olvidar los gólems y los misterios de la creación, así como otro tema vital en una narrativa que bien podría asemejarse a la de Borges o Cortázar,: el doble. Juan Jacinto Muñoz Rengel lleva dentro las claves de la transmutación literaria, y eso le convierte en un chamán del relato, sólo así puede explicarse el último texto del libro y la suavidad con la que se entremezclan en sus páginas la ciencia y la escritura, los dos alientos que desde siempre han dado vida al ser humano.


‘De mecánica y alquimia’. Juan Jacinto Muñoz Rengel.

Editorial: Salto de Página. Madrid, 2009. 154 páginas.


jueves, 28 de enero de 2010

TRAMPANTOJOS


Entro en un bar para sumergir la pluma en un café y seguir escribiendo. Cuando no hay gente, y no hay gritos, es la televisión la que adoctrina desde lo alto a todos los oídos ciegos. Desde la pantalla brotan portadas de alguna mujer desnuda, los programas vomitan mentiras y supuestas noticias sobre las vidas de quienes llegan a la fama por no hacer nada. Se ofrece un número de teléfono para que el espectador llame si alguien de su familia le ha engañado, o si cree que la nueva mujer de su padre, treinta años más joven, se ha casado con él para estafarle y desheredar a los hijos, hay testimonios de gente anónima que exporta sus heces por las tuberías catódicas, y que luego finge en directo un pudor que nunca ha conocido. Hace tiempo que dejé de preguntarme por qué se emiten ciertas cosas, al menos he aprendido a esquivar la basura y desterrar las náuseas, pero no dejo de sentir lástima por los que miran hacia arriba, hacia el carísimo y podrido plasma, y degluten sin rechistar su vespertina dosis amnésica.